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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Seminário Internacional: Emprego e Desenvolvimento Tecnológico no Mercosul

Florianópolis, Brasil
Canto da Ilha Hotel
29 a 30 de Setembro de 1998

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América Latina: empleo y equidad en los noventa

 

La mayor contribución de la nueva estrategia de desarrollo en los años noventa ha radicado en su capacidad de generar nuevas dinámicas de crecimiento en un marco de estabilidad macroeconómica y de exitoso control de la inflación, reduciendo la pobreza absoluta e incrementando el ritmo de creación de empleo, aunque en ocupaciones de baja calidad, mientras se mantiene o empeora el nivel de desigualdad distributiva que ha caracterizado históricamente a la región.

1. Tendencias en materia de empleo

Como promedio para la región, entre 1990 y 1997 el desempleo abierto se elevó, mientras que la productividad no agrícola se mantuvo practicamente estancada. Estos resultados fueron consecuencia de significativos aumentos de productividad en los sectores modernos con especial referencia a las actividades de exportación y a los servicios a ellas vinculados. Paralelamente el producto medio por trabajador ocupado en actividades informales no vinculadas a sectores dinámicos tendió a reducirse.

Nueve países que abarcan más del 85% de la población regional, entre comienzos y mediados de la década actual registraron un incremento de 11% en la brecha de productividad media entre los sectores productores de bienes y los de servicios. Los datos se refieren a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú y Venezuela. El sector productor de bienes comprende industria manufacturera, electricidad, gas y agua, y construcción y excluye agricultura y minería. El sector servicios incluye comercio, transporte, almacenamiento y comunicaciones, establecimientos financieros, seguros, bienes inmuebles y servicios prestados a las empresas, además de servicios personales, sociales y comunales. De acuerdo a las estimaciones de OIT, el producto por ocupado en el sector productor de bienes aumentó en 1,6% por año, mientras en los servicios la productividad media habría disminuido en siete de los nueve países. Dentro del sector servicios, el producto por ocupado de los establecimientos financieros, bienes inmuebles y servicios prestados a las empresas aumentó a una tasa anual de 3% como promedio simple de los nueve países. (OIT, 1997, Anexo, Cuadro 2). Ahora bién las actividades de exportacion se ubican mayoritariamente en los sectores productores de bienes (semimanufacturas intensivas en recursos naturales, y manufacturas con diferentes grados de incorporación tecnológica). Los sectores moderno nacional y transnacional invierten en estos sectores productores de bienes y en las actividades de servicios que los complementan técnicamente como es el caso del transporte, el almacenamiento, las comunicaciones, los establecimientos financieros, los seguros y los servicios prestados a las empresas. Es precisamente en estos sectores donde la productividad aumentó, disminuyendo en la otra vasta gama de servicios correspondientes a las actividades informales de mala calidad.

Desde otro ángulo, entre 1990 y 1996 aumentó la ocupación en los estratos de baja productividad e ingreso y disminuyó al mismo tiempo la participación de los sectores modernos que demandan fuerza de trabajo más calificada y generan empleos de mejor calidad (mayores niveles de protección social, estabilidad e ingresos). En el conjunto de la región, el sector informal habría aumentado su participación en el empleo no agrícola en cerca de seis puntos porcentuales (de 51,6% a 57,4%). Alrededor de ocho de cada diez puestos de trabajo creados en los años noventa correspondieron a ocupaciones en el sector informal. De ellos, la mitad correspondió a asalariados de microempresas, y la otra mitad fué autoempleo o servicio doméstico. Con fluctuaciones nacionales la informalidad en materia de empleos creció en los catorce países relevados (véase cuadro 1). Nótese sin embargo que en las microempresas la productividad y el ingreso de los trabajadores ocupados son cercanos a los promedios nacionales.

Ver gráfico 1

2. Tendencias distributivas

En materia distributiva, las remuneraciones medias crecieron más lentamente que el producto por habitante y se acentuaron las disparidades entre los ocupados de mayor y menor calificación. En este sentido América Latina no es ajena a la pauta mundial en tal dirección agudizada por la propagación de las tecnologías de la información. La evolución de las remuneraciones de los ocupados con distintos niveles de calificación indica que en ocho de diez países aumentaron las distancias entre los ingresos medios de los profesionales y técnicos y los ingresos de la mano de obra ocupada en sectores de baja productividad. Las cifras anteriores se refieren a las zonas urbanas de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela y corresponden en la mayoría de los casos al período 1990 - 1994. (Véase CEPAL, la brecha de la equidad, capítulo II, cuadro II, 5).

El decil superior de la distribución evidenció capacidad para sostener su participación en el ingreso en los períodos en que la economía se estancó o decreció y para acrecentarla con mayor rapidez en las fases de recuperación del crecimiento. En cambio el 40% de hogares más pobres, en similares circunstancias enfrentó caída de las remuneraciones medias, del salario mínimo y elevación de los niveles de desempleo. De otro lado la recuperación del crecimiento y de la estabilidad macroeconómica contribuyeron a la desconcentración del ingreso. La recuperación del poder adquisitivo de los salarios por el control de la inflación y el aumento del gasto social por habitante en los años noventa también fueron influencias positivas.

El gráfico 2, muestra el saldo neto de estas influencias a través del índice de Gini. En siete (Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, México, Panamá y Venezuela) de los once países para los que se dispuso de información la desigualdad se mantuvo, en tres de ellos (Argentina, Colombia, Paraguay) aumentó, y sólo disminuyó en Uruguay.

Ver gráfico 2

 3. Tendencias en materia de pobreza

Respecto de los niveles de pobreza, el gráfico 3 muestra que en nueve (Colombia, Perú, Brasil, México, Panamá, Chile, Costa Rica, Uruguay y Argentina) de doce países para los que se dispuso de información la pobreza disminuyó en más de 10% con respecto a sus niveles iniciales, en dos (Bolivia y Paraguay) la disminución fue menor, y sólo aumento en Venezuela. El promedio simple de las cifras anteriores indica que el porcentaje de hogares urbanos pobres, durante la primera mitad de los noventa, bajó de 32% a 27%. Es más difícil evaluar el impacto de los cambios en el área rural. La tendencia general, empero, indica que las mejoras fueron allí mínimas: el porcentaje de hogares pobres se habría reducido marginalmente de 56% a 55%.

Ver Gráfico 3

 

 

 


 

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