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Impactos laborales del proceso de globalización
1. Las tecnologías de la información
El actual escenario internacional se caracteriza por
un sostenido proceso de globalización económica sustentado en las oportunidades
y posibilidades que están abriendo las tecnologías de la informacion.
En particular los avances técnicos en materia de transporte, y los que
derivan de la unión de la informática y de las telecomunicaciones (telemática)
han conducido a una mejor coordinación de actividades productivas entre
lugares distantes y a una significativa reducción de los costos internacionales
de transacción.
La globalización en el plano económico puede caracterizarse
como un proceso convergente y complementario de transnacionalización
de empresas y de internacionalización de naciones.
La transnacionalización productiva de las empresas,
en esta nueva fase, se caracteriza por una localización dispersa de
los eslabones de la cadena de valor que conduce a la elaboración de
manufacturas (automóviles, computadores, etc.) durables de uso final.
La transnacionalización financiera se vincula con la creciente interconexión
e interdependencia de las actividades bursátiles, bancarias, y cambiarias
a nivel mundial. En el plano más amplio de la producción de otros bienes
y servicios también se nota el uso creciente de técnicas y procedimientos
asociados a la revolución informática: robotización y automación, intercambio
electrónico de datos, uso de técnicas "justo a tiempo" para
el manejo de inventarios, etc.
La internacionalización económica de las naciones,
se expresa en una mayor interdependencia recíproca derivada de la reducción
y hasta eliminación de las barreras institucionales a los movimientos
internacionales de mercancías, servicios, capitales y tecnologías. En
consecuencia se ha incrementado el peso de las variables internacionales
respecto de las variables domésticas en materia de comercio, inversión,
financiamiento, etc. Estas modificaciones han redundado en la adopción
de nueva estrategias de desarrollo abierto, en que la asignación de
los recursos depende mucho más de decisiones privadas y mecanismos de
mercado, y el criterio de la competitividad internacional ocupa un lugar
predominante. Estas nuevas tendencias y procesos también están acarreando
consecuencias en la esfera del empleo y de la distribución de los ingresos
tanto en el norte desarrollado como en el sur en desarrollo.
2. En los países desarrollados
En el norte desarrollado, la propagación de las tecnologías
de la información reduce las oportunidades de empleo y de ingresos para
los trabajadores de escasa calificación que desempeñan tareas repetitivas
o rutinarias en la producción de bienes o servicios, y aumenta las de
los altamente calificados productores de bienes inmateriales o simbólicos
intensivos en conocimiento (Reich, 1995, Rifkin 1996)). Los principales
damnificados por estas tendencias son los trabajadores de menor educación
de los países desarrollados, primero porque allí las tecnologías de
la información se han propagado de manera más amplia, y segundo porque
la globalización productiva comentada más arriba traslada los procesos
rutinarios de producción a las zonas procesadoras de exportaciones de
los países en desarrollo (Thurow, 1994). De esa manera las subsidiarias
de las grandes firmas manufactureras obtienen ventajas competitivas
combinando la alta productividad de sus avanzadas tecnologías con los
bajos costos (laborales, ambientales, etc.) de las zonas donde localizan
su producción. Se está gestando así en los países desarrollados un problema
potencial (cuyos alcances son aún inciertos) que suscita reacciones
de naturaleza social, sindical y política tendientes a proteger las
oportunidades de empleo amenazadas por estas tendencias.
3. En los países en desarrollo
Los impactos ocupacionales y distributivos del proceso
de globalización económica son más complejos entre los países en desarrollo,
entre otros cabe sugerir los dos siguientes.
En el ámbito de la producción de bienes el cambio técnico
posibilita, cabe reiterarlo, una mayor dispersión geográfica de los
eslabones de las cadenas de valor que concurren a la elaboración de
un producto manufacturado final. El comercio intraindustrial e intrafirma
son las vías a través de las cuales, esas piezas partes y componentes
convergen al sitio donde se elabora el bien final. En el eje norte-sur
las subsidiarias de empresas transnacionales se localizan en las zonas
procesadoras de exportaciones para aprovechar costos (laborales, ambientales,
etc.) más reducidos en la elaboración de manufacturas durables de uso
final (microelectrónica, automotores, indumentaria, etc.), o explotar
recursos naturales más accesibles y baratos en las fases primarias de
los procesos de agregación de valor. Como acontece con las "maquiladoras"
de México, Centroamérica y el Caribe, estas zonas procesadoras de exportaciones
se localizan cercanamente a grandes mercados, como el estadounidense,
para aprovechar al máximo los costos más reducidos de transporte.
Las empresas transnacionales generan cantidades de
empleos directos con productividad superior al promedio nacional del
país anfitrión que pueden ser importantes en términos absolutos, pero
no tanto en términos relativos a la población económicamente activa
de los países donde se asientan. Así por ejemplo las empresas maquiladoras
instaladas en la frontera norte de México, generan más de un millón
de empleos, pero la población activa mexicana supera los cuarenta millones
de personas, con lo que su gravitación directa sobre el empleo global
es escasa. Esto es atribuible además a la compartimentalización de las
zonas procesadoras de exportaciones orientadas al mercado estadounidense
con escasa creación de eslabonamientos tecnológicos en otras zonas de
México. La creación de empleos indirectos se verifica en el campo de
los servicios que se prestan a los trabajadores de éstas áreas y es
de gran importancia cuantitativa.
Distinta puede ser la situación en materia de empleos
en las actividades altamente globalizadas (automotriz, alimentaria,
química) que se destinan al propio mercado de los países en desarrollo
donde se localizan (caso del MERCOSUR). En este segundo caso los eslabonamientos
tecnológicos pueden eventualmente dinamizar otras actividades productoras
de bienes; sin embargo el efecto neto en materia de empleos exige descontar
la desaparición de pequeñas y medianas empresas instaladas previamente
en ramos afines (por ejemplo pymes argentinas productoras de "autopartes")
e incapaces de competir con las formas globalizadas de producir. Evidentemente
los resultados de estos efectos contradictorios requieren ser testados
empíricamente para cada caso específico.
En el plano de la producción de servicios orientados
al consumidor final, la reducción de los costos de transacción ha facilitado
la proliferación de actividades comerciales y financieras en los países
en desarrollo. Entre las primeras se propagan los centros comerciales
("malls" o "shopping centers") que reúnen locales
de "comida rápida" otorgados en sistema de franquicia según
especificaciones técnicas fiscalizadas por las casas matrices, así como
sucursales de grandes "supermercados" tiendas y almacenes,
o pequeños locales de "marcas" cotizadas internacionalmente.
También proliferan (dentro y fuera de esos centros comerciales) las
actividades de prestación de servicios bursátiles, cambiarios y financieros
en general. Pero el campo de la proliferación transnacional en materia
de servicios es mucho más amplio. Por ejemplo en las zonas turísticas
la industria hotelera, se suma a la prestación de los otros servicios
mencionados, contribuyendo a configurar un cuadro de creciente transnacionalización
del sector terciario.
La presencia transnacional en materia de capitales
y de tecnología, se orienta masivamente a aprovechar los mercados emergentes
de los países en desarrollo, con lo que su contribución al empleo y
al producto domésticos en las actividades de servicios puede ser más
amplia y sostenida en el tiempo. Al igual que en las actividades productoras
de bienes es necesario computar dos efectos. De un lado la creación
de empleos derivada de la presencia transnacional, y del otro la eliminación
eventual de empleos preexistentes en empresas locales especializadas
en actividades similares. Especialmente en materia de servicios, el
proceso de transnacionalización productiva no se reduce a las grandes
empresas transnacionales con casa matriz en los países desarrollados.
También incursionan empresas latinoamericanas de mayor escala que difunden
sus actividades a países vecinos. Un buen ejemplo lo constituye Chile
con sus abundantes inversiones manufactureras y de servicios destinadas
a aprovechar (por mediación de Argentina) los mercados y las condiciones
preferenciales del MERCOSUR.
