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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Seminário Internacional: Emprego e Desenvolvimento Tecnológico no Mercosul

Florianópolis, Brasil
Canto da Ilha Hotel
29 a 30 de Setembro de 1998

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Impactos laborales del proceso de globalización

 

1. Las tecnologías de la información

El actual escenario internacional se caracteriza por un sostenido proceso de globalización económica sustentado en las oportunidades y posibilidades que están abriendo las tecnologías de la informacion. En particular los avances técnicos en materia de transporte, y los que derivan de la unión de la informática y de las telecomunicaciones (telemática) han conducido a una mejor coordinación de actividades productivas entre lugares distantes y a una significativa reducción de los costos internacionales de transacción.

La globalización en el plano económico puede caracterizarse como un proceso convergente y complementario de transnacionalización de empresas y de internacionalización de naciones.

La transnacionalización productiva de las empresas, en esta nueva fase, se caracteriza por una localización dispersa de los eslabones de la cadena de valor que conduce a la elaboración de manufacturas (automóviles, computadores, etc.) durables de uso final. La transnacionalización financiera se vincula con la creciente interconexión e interdependencia de las actividades bursátiles, bancarias, y cambiarias a nivel mundial. En el plano más amplio de la producción de otros bienes y servicios también se nota el uso creciente de técnicas y procedimientos asociados a la revolución informática: robotización y automación, intercambio electrónico de datos, uso de técnicas "justo a tiempo" para el manejo de inventarios, etc.

La internacionalización económica de las naciones, se expresa en una mayor interdependencia recíproca derivada de la reducción y hasta eliminación de las barreras institucionales a los movimientos internacionales de mercancías, servicios, capitales y tecnologías. En consecuencia se ha incrementado el peso de las variables internacionales respecto de las variables domésticas en materia de comercio, inversión, financiamiento, etc. Estas modificaciones han redundado en la adopción de nueva estrategias de desarrollo abierto, en que la asignación de los recursos depende mucho más de decisiones privadas y mecanismos de mercado, y el criterio de la competitividad internacional ocupa un lugar predominante. Estas nuevas tendencias y procesos también están acarreando consecuencias en la esfera del empleo y de la distribución de los ingresos tanto en el norte desarrollado como en el sur en desarrollo.

2. En los países desarrollados

En el norte desarrollado, la propagación de las tecnologías de la información reduce las oportunidades de empleo y de ingresos para los trabajadores de escasa calificación que desempeñan tareas repetitivas o rutinarias en la producción de bienes o servicios, y aumenta las de los altamente calificados productores de bienes inmateriales o simbólicos intensivos en conocimiento (Reich, 1995, Rifkin 1996)). Los principales damnificados por estas tendencias son los trabajadores de menor educación de los países desarrollados, primero porque allí las tecnologías de la información se han propagado de manera más amplia, y segundo porque la globalización productiva comentada más arriba traslada los procesos rutinarios de producción a las zonas procesadoras de exportaciones de los países en desarrollo (Thurow, 1994). De esa manera las subsidiarias de las grandes firmas manufactureras obtienen ventajas competitivas combinando la alta productividad de sus avanzadas tecnologías con los bajos costos (laborales, ambientales, etc.) de las zonas donde localizan su producción. Se está gestando así en los países desarrollados un problema potencial (cuyos alcances son aún inciertos) que suscita reacciones de naturaleza social, sindical y política tendientes a proteger las oportunidades de empleo amenazadas por estas tendencias.

3. En los países en desarrollo

Los impactos ocupacionales y distributivos del proceso de globalización económica son más complejos entre los países en desarrollo, entre otros cabe sugerir los dos siguientes.

En el ámbito de la producción de bienes el cambio técnico posibilita, cabe reiterarlo, una mayor dispersión geográfica de los eslabones de las cadenas de valor que concurren a la elaboración de un producto manufacturado final. El comercio intraindustrial e intrafirma son las vías a través de las cuales, esas piezas partes y componentes convergen al sitio donde se elabora el bien final. En el eje norte-sur las subsidiarias de empresas transnacionales se localizan en las zonas procesadoras de exportaciones para aprovechar costos (laborales, ambientales, etc.) más reducidos en la elaboración de manufacturas durables de uso final (microelectrónica, automotores, indumentaria, etc.), o explotar recursos naturales más accesibles y baratos en las fases primarias de los procesos de agregación de valor. Como acontece con las "maquiladoras" de México, Centroamérica y el Caribe, estas zonas procesadoras de exportaciones se localizan cercanamente a grandes mercados, como el estadounidense, para aprovechar al máximo los costos más reducidos de transporte.

Las empresas transnacionales generan cantidades de empleos directos con productividad superior al promedio nacional del país anfitrión que pueden ser importantes en términos absolutos, pero no tanto en términos relativos a la población económicamente activa de los países donde se asientan. Así por ejemplo las empresas maquiladoras instaladas en la frontera norte de México, generan más de un millón de empleos, pero la población activa mexicana supera los cuarenta millones de personas, con lo que su gravitación directa sobre el empleo global es escasa. Esto es atribuible además a la compartimentalización de las zonas procesadoras de exportaciones orientadas al mercado estadounidense con escasa creación de eslabonamientos tecnológicos en otras zonas de México. La creación de empleos indirectos se verifica en el campo de los servicios que se prestan a los trabajadores de éstas áreas y es de gran importancia cuantitativa.

Distinta puede ser la situación en materia de empleos en las actividades altamente globalizadas (automotriz, alimentaria, química) que se destinan al propio mercado de los países en desarrollo donde se localizan (caso del MERCOSUR). En este segundo caso los eslabonamientos tecnológicos pueden eventualmente dinamizar otras actividades productoras de bienes; sin embargo el efecto neto en materia de empleos exige descontar la desaparición de pequeñas y medianas empresas instaladas previamente en ramos afines (por ejemplo pymes argentinas productoras de "autopartes") e incapaces de competir con las formas globalizadas de producir. Evidentemente los resultados de estos efectos contradictorios requieren ser testados empíricamente para cada caso específico.

En el plano de la producción de servicios orientados al consumidor final, la reducción de los costos de transacción ha facilitado la proliferación de actividades comerciales y financieras en los países en desarrollo. Entre las primeras se propagan los centros comerciales ("malls" o "shopping centers") que reúnen locales de "comida rápida" otorgados en sistema de franquicia según especificaciones técnicas fiscalizadas por las casas matrices, así como sucursales de grandes "supermercados" tiendas y almacenes, o pequeños locales de "marcas" cotizadas internacionalmente. También proliferan (dentro y fuera de esos centros comerciales) las actividades de prestación de servicios bursátiles, cambiarios y financieros en general. Pero el campo de la proliferación transnacional en materia de servicios es mucho más amplio. Por ejemplo en las zonas turísticas la industria hotelera, se suma a la prestación de los otros servicios mencionados, contribuyendo a configurar un cuadro de creciente transnacionalización del sector terciario.

La presencia transnacional en materia de capitales y de tecnología, se orienta masivamente a aprovechar los mercados emergentes de los países en desarrollo, con lo que su contribución al empleo y al producto domésticos en las actividades de servicios puede ser más amplia y sostenida en el tiempo. Al igual que en las actividades productoras de bienes es necesario computar dos efectos. De un lado la creación de empleos derivada de la presencia transnacional, y del otro la eliminación eventual de empleos preexistentes en empresas locales especializadas en actividades similares. Especialmente en materia de servicios, el proceso de transnacionalización productiva no se reduce a las grandes empresas transnacionales con casa matriz en los países desarrollados. También incursionan empresas latinoamericanas de mayor escala que difunden sus actividades a países vecinos. Un buen ejemplo lo constituye Chile con sus abundantes inversiones manufactureras y de servicios destinadas a aprovechar (por mediación de Argentina) los mercados y las condiciones preferenciales del MERCOSUR.

 

 

 


 

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