Orientación Laboral
La apelación a la orientación profesional
cuenta con una larga trayectoria en el ámbito de los recursos
humanos pero fundamentalmente se la ha entendido como un servicio
adicional y, por ende, independiente del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Por tanto, podía prestarse o no y estaba circunscripta a
lo vocacional y a lo instrumental para la búsqueda de empleo.
Por ello, en lo referido al apoyo para la opción
vocacional, el énfasis se ponía en la información
precisa sobre las especialidades y cursos de capacitación
y formación y en lo que hace a la búsqueda específica
de empleo, en la elaboración del currículo, la lectura
de los avisos de oferta de trabajo, el manejo de las entrevistas
de selección, etc. En cuánto al público destinatario,
se priorizaba a niños y adolescentes y a las personas que
se querían incorporar a la fuerza de trabajo. Así,
en la Recomendación 150 de la OIT, del año 1975, se
planteaba " Todo Miembro debería ampliar gradualmente
sus sistemas de orientación profesional incluida la información
permanente sobre el empleo, a fin de asegurar que se ponga a disposición
de todos los niños, adolescentes y adultos una información
completa y una orientación tan amplia como sea posible, incluidos
programas apropiados para todos los minusválidos".
Con la participación creciente de las mujeres
en el mundo del trabajo, la orientación vocacional y profesional
se constituyó en una de las estrategias centrales para romper
los estereotipos vocacionales, apoyarlas en la reinserción
luego del alejamiento del mercado laboral durante largos períodos
dedicados a la crianza de los hijos y para incrementar su participación
en la formación.
Los aprendizajes y herramientas desarrolladas a
partir de la década de los 70 desde el ámbito de la
formación para mujeres, se transfirieron y nutrieron las
políticas de formación para jóvenes y para
poblaciones afectadas por discriminaciones y vulnerabilidad.
Así, la generación de programas masivos
de capacitación de jóvenes que han caracterizado el
último decenio del siglo XX en la región latinoamericana,
incluyen sistemáticamente acciones de Orientación,
fundamentalmente dirigidas a dotar de información sobre mecanismos
de búsqueda de empleo y adquisición de habilidades
y comportamientos para mejorar las oportunidades de inserción
laboral.
Asimismo, con las primeras manifestaciones de la
crisis del empleo, se intensificó el desarrollo de Sistemas
de Intermediación Laboral para apoyar el acercamiento entre
la oferta y la demanda.
El escenario actual, y el que se proyecta a futuro
tanto en el mundo del desarrollo económico y social como
en los procesos de integración económica regional
e interregional, está imponiendo nuevas formas de organización
del trabajo, nuevos estilos de liderazgo, nuevas culturas organizacionales
y, consecuentemente, plantea cambios en el comportamiento de l@s
trabajadores y nuevas competencias que serán imprescindibles
para desenvolverse en el medio laboral, que permitan enfrentar con
éxito las nuevas modalidades de trabajo, planteando desafíos
inéditos a los sistemas de formación profesional.
Las exigencias de nuevas competencias personales,
comportamentales y técnicas para desempeñarse tanto
en trabajos dependientes como independientes y la creciente significación
de las hasta hace poco "atípicas" formas de relacionamiento
laboral (trabajo a domicilio, a tiempo parcial, contratos a término,
teletrabajo, etc.) requieren abordar al sujeto de atención
de las políticas sociales de manera integral y, particularmente,
fortalecer su protagonismo en el empleo, la formación y los
procesos comunitarios.
Se trata de poner el "foco en el sujeto"
para entenderlo como "situado y condicionado" pero
también como protagonista del proceso de cambio o fortalecimiento.
Desde esta concepción, las competencias de empleabilidad
y ciudadanía que tiene que poner en juego para una inserción
laboral y social satisfactoria tienen un carácter relacional,
contextual y dinámico. Relacional y contextual, porque la
empleabilidad y la ciudadanía se ponen en juego en la interacción
de los sujetos en el campo laboral, es decir, en las relaciones
que éstos establecen en contextos productivos, laborales
y sociales específicos. Por lo tanto, no pueden ser definidas
de un modo universal o neutro, ni tratadas como un fenómeno
individual, sino que sus contenidos están "situados",
con marcas personales, sociales y temporales. Tienen carácter
dinámico, porque las competencias y saberes a desarrollar
ya no pueden limitarse a un puesto específico y para toda
la vida. La alta movilidad laboral implica la necesidad de generar
condiciones que permitan a las personas desenvolverse en campos
ocupacionales amplios y en situaciones de empleo y desempleo.
Ello impone el desafío de articular distintas
áreas y estrategias de atención hacia los sujetos
de atención y hacerlo en las etapas previas, durante y post
formación para poder lograr el objetivo último de
habilitar mayores oportunidades. Se trata de orientar, formar
y acompañar a la población-meta para que puedan construir
proyectos personales viables de formación y empleo, orientados
a mejorar o transformar un punto de partida desfavorable, en virtud
de condicionamientos subjetivos y del contexto, es decir para lograr
un "equipaje" más adecuado y potente de competencias
que le permitan fortalecer su posicionamiento en el mundo del trabajo.
Todo ello hace que el rol de la información
y orientación profesional y laboral se intensifique y complejice
para poder hacer efectivamente Intermediación Laboral: debe
descubrir y desarrollar capacidades y aptitudes en los sujetos de
la formación para que, en concordancia con las demandas del
mercado laboral, se informen y reflexionen para tomar decisiones
que las conduzcan a una vida activa, productiva y satisfactoria.
Por ende, es responsabilidad de la OL acompañar
e instrumentar a la población destinataria:
- desde el momento en que se acercan al servicio
de empleo o la entidad de formación para brindarles apoyo
en la opción vocacional, información sobre el
mercado de trabajo y, fundamentalmente, sobre las posibilidades
y condiciones de los distintos perfiles formativos;
- durante el proceso de atención para
facultarles el conocimiento del mundo del trabajo y las pautas
conductuales y culturales que lo rigen, incluyendo el apoyo
para hacer factible las prácticas laborales;
- al finalizar, para brindarles instrumentos
para la búsqueda de empleo dependiente, para la autogestión
de su propio empleo o para la asociación con otros para
la generación de actividades productivas (microempresas,
cooperativas, etc.), acompañamiento en el proceso de
incorporación al mundo del trabajo y seguimiento. El
seguimiento es, asimismo, un insumo para el propio servicio
o IFP en cuanto permite evaluar la pertinencia y calidad de
lo ofertado y recolectar información para su actualización.
Para todo este proceso es nodal la incorporación
de la perspectiva de género porque ella permite abordar a
las personas, de manera integral y valorando sus historias de vida,
sus características y competencias personales y relacionales.
Su adopción es, igualmente, lo que fundamenta y direcciona
la promoción de la diversificación vocacional, combatir
la segmentación y, mediante el diálogo con el entorno
productivo y social así como formando parte de los Servicios
de Intermediación Laboral, combatir la segmentación
ocupacional por género e incrementar las posibilidades de
inserción de mujeres y varones, muchas veces bloqueadas simplemente
por preconceptos o desconocimiento.
Desde una concepción sistémica de
la política, esta valorización de la OL es lo que
fundamenta su consideración como un componente del proceso
de enseñanza-aprendizaje y no como un servicio adicional
y aleatorio.
Así concebida la Orientación Laboral es:
- una instancia de aprendizaje en sí misma
determinante para el mejoramiento de la empleabilidad y la equidad
de género;
- un mecanismo para estructurar los distintos componentes
o servicios del proceso de atención, articulando la formación
en competencias clave para resolver con autonomía, reflexión
y flexibilidad las cuestiones atinentes a la planificación
y organización del propio trabajo con la formación
técnica especifica;
- una potente herramienta de equidad para lo cual
tiene que adoptar la perspectiva de género como dimensión
transversal de la política y también para la instrumentación
de estrategias y acciones focalizadas. Así se constituye
en promotora de una actitud proactiva que incita al cambio, "desnaturaliza"
las opciones vocacionales y permite avanzar hacia la igualdad
de oportunidades.
De esa manera se dejarán atrás los
esquemas de acciones desarrolladas en compartimentos estancos: la
OL tiene que interactuar y complementarse con todos los otros componentes
del modelo de políticas propuesto con el fin último
de preparar a las personas para un contexto productivo y organizativo
dinámico, incierto, que demanda disposición y capacidad
de aprendizaje permanente y un fuerte protagonismo en el desarrollo
de estrategias de autogeneración o de asociatividad para
la generación de empleo. Como se plantea en la presentación
de cada uno de los otros componentes, estas interrelaciones tienen
objetivos y resultados específicos.
A título de ejemplo:
- Articulación con el entorno productivo
y social para procesar sus requerimientos y orientar las
opciones y los proyectos ocupacionales de la población-meta.
Para que la Orientación Laboral sea exitosa debe disponer
de información, tanto cuantitativa como cualitativa sobre
el contexto económico, las condiciones laborales y tecnológicas,
las competencias tanto técnicas como aptitudinales que
ellas plantean a las personas trabajadoras. En un escenario
donde el empleo se genera en pequeñas cantidades, casi
de uno en uno, esta interacción es fundamental para identificar
nuevos nichos de empleo y/o para ampliar o mejorar las condiciones
y potencialidades de los existentes.
- Desarrollo Curricular para la planificación
y administración de las acciones formativas ( accesibilidad
de horarios y locales, infraestructura, requerimientos de ingreso,
pruebas de selección en caso de corresponder, etc.);
el abordaje y la formación en las competencias de empleabilidad
tanto a nivel general como las que se requieren para la especialidad
concreta pero también para instrumentar las metodologías
didácticas más adecuadas para el perfil de los
distintos grupos de participantes.
- Monitoreo, evaluación, sistematización
y diseminación para instrumentar el acompañamiento
y el seguimiento de la población y retroalimentar a las
políticas con los resultados.
- Estrategia de comunicación para
encarar la difusión de la oferta, la convocatoria más
acorde a la población- meta y los mecanismos de incorporación
o selección de corresponder y, fundamentalmente, para
llevar adelante la actitud proactiva de promoción de
la diversificación ocupacional, de combate a la discriminación
y eliminación de estereotipos y barreras.
- Estrategias complementarias para enfrentar
las desigualdades e inequidades, atender las necesidades y singularidades
de las personas y, tal como se desarrollo en dicho componente,
para utilizarlas como metodología didáctica para
el fortalecimiento de la autoestima, la autonomía, el
poder de decisión y, ante todo, para la revisión
y superación de las marcas de género.
Esta concepción de la Orientación
condujo al desarrollo del dispositivo de Proyecto Ocupacional (PO)
cuyo diseño fue el resultado de la revisión y reflexión
en torno al significado que adquiere la empleabilidad, la ciudadanía
y el género desde la focalización en las personas
y en su contexto. Como se visualiza en el gráfico del modelo
de políticas el PO se constituye en el punto de confluencia
de los enfoques, y componentes de la política.
Como recién se dijo, de acuerdo a sus características,
organización y estructura, las instituciones de formación
pueden incorporar las tareas y responsabilidades de la Orientación
internamente, es decir de manera directa, o en coordinación
o convenios con el Servicio de Empleo, público o privado,
con otras entidades y con los diversos interlocutores sociales.
La Recomendación 195 de la OIT reafirma estos enfoques.
En primer lugar y, en comparación con la
normativa anterior que proponía "ampliar gradualmente
los servicios" la actual Recomendación plantea, con
relación a la formación previa al empleo, la necesidad
de "asegurar la provisión de información y
orientación profesional, información sobre mercados
de trabajo, trayectorias profesionales y asesoramiento sobre el
empleo" y afirma su responsabilidad en lo que hace a las
condiciones básicas para el ejercicio de una ciudadanía
activa y para el respeto de los derechos del trabajo al establecer
que la orientación debe ser "complementada con información
relativa a los derechos y obligaciones de todas las partes, en virtud
de la legislación del trabajo y otras formas de reglamentación
laboral" (Punto III - d).
Asimismo, en el punto VII, afirma que los países
deberían "asegurar y facilitar durante toda la vida
de la persona la participación y acceso a la información
y orientación profesional" -o sea no sólo
en la niñez y adolescencia o para quienes buscan trabajo
por primera vez- y la une a los servicios de colocación,
a las técnicas de búsqueda de empleo y a los servicios
de apoyo a la formación, entre los cuales la "Investigación
en materia de desarrollo de recursos humanos" (Punto VIII)
tiene un rol fundamental.
Sostiene que todos los interlocutores sociales tienen
funciones y responsabilidades a cumplir con la información
y orientación profesional al igual que con la prestación
de formación y de servicios de empleo y que estas responsabilidades
deben surgir de la consulta y el diálogo.
Con respecto a los contenidos que la Orientación
debe proporcionar a lo largo de la vida de las personas enfatiza
el "proporcionar información y orientación
en materia de capacidad empresarial, promover las competencias empresariales
y sensibilizar a educadores e instructores acerca del importante
papel que desempeñan las empresas, entre otros, en lo que
atañe al crecimiento y a la creación de empleos decentes"(punto
d). También plantea la necesidad de "promover y facilitar
el uso de las tecnologías de la información y la comunicación"
(punto b) a las que, a su vez, esta Recomendación entiende
como formando parte de la educación básica obligatoria
(Capítulo II, 6-2).
Obviamente si la Orientación tiene que promover
capacidades y competencias no hay duda de su papel formativo que
se vuelve especialmente oportuno en el actual escenario de empleo
donde las microempresas representan un porcentaje determinante en
la generación de oportunidades de trabajo. Aprender a emprender
así como la alfabetización tecnológica, constituyen
competencias clave de empleabilidad y ciudadanía.
Asimismo, esta relación que la Recomendación
establece entre las tecnologías de la información
y comunicación y la orientación da cuenta, por un
lado, de los drásticos cambios en el procesamiento de datos
y de la enorme potencialidad que las TIC tienen para relacionar
y cruzar información- por ejemplo oferta de cursos con perfiles
ocupacionales con mayor requerimiento por parte del mercado, demanda
de trabajadores con egresados de la formación, tendencias
y potencialidades del desarrollo local con desarrollo de productos
o implementación de servicios por parte de personas individualmente
o asociadas en micro y pequeñas empresas, cooperativas, etc.
Por otro, abre un rico espacio para desplegar metodologías
de orientación a distancia. A través de ellas las
personas puedan ser guiadas y apoyadas en el diseño y gestión
de su trayectoria profesional accediendo a información actualizada
sobre la oferta formativa y sobre las respuestas que la formación
brinda a los diversos requerimientos de competencias personales,
de especialización y actualización, de reconversión
profesional, de demanda de competencias transversales en otras familias
ocupacionales, etc.
En la última década, los Ministerios
de Trabajo y las entidades de formación profesional del continente
han venido otorgando significación creciente a la Información
y Orientación Profesional así como a los servicios
para acercar la oferta con la demanda. Tal como se ha señalado,
esta valorización se ha visto fuertemente promovida y facilitada
por la centralidad de la formación por competencias laborales
y de las Tecnologías de la Información y Comunicación
(TIC). Se trata de un proceso en desarrollo que responde a una lógica
incremental y con diversos grados de maduración tanto al
interior de los servicios específicos brindados como en la
configuración sistémica, pero se percibe que se está
avanzando paulatinamente hacia la concepción de la Orientación
Laboral no sólo como una instancia de información
previa a la elección vocacional sino como una herramienta
para dotar a las personas de competencias y recursos para manejar
mejor y más autónomamente su itinerario laboral, incrementar
sus oportunidades de inserción o mejorar su situación
profesional. Para ello se articulan e interrelacionan distintos
servicios o subcomponentes: Oferta Formativa; Demanda laboral; Intermediación
Laboral, Orientación propiamente dicha o Apoyo formativo.
Un claro testimonio de esta evolución se obtiene al navegar
por las páginas web institucionales.
Así concebido al interior del componente
pueden desarrollarse varias líneas de acción. A título
de ejemplo citamos:
- Diseño e implementación del Subsistema
de Información, Orientación e Intermediación
Laboral
- Sensibilización y capacitación
de personal y/o de los centros de atención a nivel territorial
- Desarrollo e implementación del Proyecto
Ocupacional. A nivel central implica orientaciones y metodologías.
A nivel territorial la formación de la población-meta
y el apoyo para la implementación efectiva de los proyectos
individuales y colectivos
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