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Criterios metodológicos-estratégicos
Foco
en el sujeto de atención e innovación de la tecnología
educativa
Si conceptualmente sostenemos que el trabajo en
el actual contexto requiere de sujetos que construyan en forma activa
su derrotero laboral, con capacidad de identificar y valorar sus
recursos y capacidades y con voluntad de superación de sus
limitaciones para posicionarse como gestores de sus propias oportunidades
de empleo tenemos que tener claro que la ausencia o el debilitamiento
de estas competencias personales y sociales marcan una significativa
diferencia respecto a la incorporación al mundo del trabajo
y, paralelamente, determinan la inclusión o la marginalidad
respecto al desarrollo económico y social imperante.
Ahora bien, reconocer la incidencia personal favorecedora
del acceso al empleo no implica de ninguna manera responsabilizar
o culpabilizar a quienes carecen de esta potestad y exonerar a las
políticas de su papel y de su responsabilidad en la habilitación
de oportunidades y en el desarrollo o fortalecimiento de las competencias
requeridas.
El desafío para las políticas de formación
y apoyo al empleo es poner el foco en el sujeto individual y
colectivo como protagonista de los procesos de enseñanza-aprendizaje
y de inserción laboral acompañándolo y
fortaleciendo las competencias que necesita para cambiar una situación
de partida desfavorable por otra más satisfactoria.
- Poner el foco en el sujeto individual: implica
concebirlo como el punto de intersección de múltiples
ejes de diferencias y singularidades: género, etnia,
clase social, situación ocupacional, inserción urbana
o rural, pero también su propia historia, la incidencia
familiar y comunitaria, etc. e inscripto en un sistema de valorización
jerarquizada de sus competencias y capacidades.
- Poner el foco en el sujeto colectivo: implica
reconocer que en un escenario en el que el empleo se crea mediante
estrategias de cooperación y articulación, se constituyen
en sujetos de atención de las políticas no sólo
los individuos y los grupos sino las organizaciones: las micro
y pequeñas empresas, las asociaciones y cooperativas, las
empresas recuperadas, las cadenas productivas, los sectores y
las empresas en sus esfuerzos de innovación tecnológica
y mejora de la productividad y la competitividad.
El foco en el sujeto es el correlato metodológico
de:
- la perspectiva de género
- el aprendizaje permanente, la formación
por competencias, para la empleabilidad y la ciudadanía
- la doble pertinencia
- la calidad y equidad como dimensiones interdependientes.
¿Por qué el foco en el sujeto es
el correlato metodológico y estratégico de la perspectiva
de género y equidad social?
Como señalábamos anteriormente, la
perspectiva de género nos enseña a concebir a la persona
situada y condicionada por su género y su realidad social
y como un ser integral que se vale de capacidades y vivencias, conocimientos,
sentimientos y valores que nutren tanto su dimensión física
como intelectual y social. A partir de estas capacidades las personas
pueden cambiar y mejorar sus condicionamientos mediante estrategias
individuales y colectivas.
Esta concepción se aplica en las políticas
o intervenciones mediante la planificación estratégica
de género y equidad social..
¿Qué es la planificación
estratégica de género y equidad social?
- Es una herramienta de diagnóstico,
análisis, reflexión y toma de decisiones colectiva
para la acción, que parte de dos premisas centrales:
- teórica: género es uno de
los criterios básicos de clasificación y jerarquización
de las relaciones sociales que se entrecruza y potencia,
incrementando discriminaciones, con los otros criterios
(etnia, raza, clase social, edad, etc.);
- ética: es imprescindible para lograr
un desarrollo humano autosustentable, poner el foco en un
sujeto situado y condicionado e instrumentar las acciones
necesarias para asegurar la equidad en el acceso y en la
distribución de los bienes y beneficios así
como en la igualdad de oportunidades, trato y resultado.
- Es la llave de entrada a la construcción
de planes, programas y proyectos puesto que refiere a la capacidad
de observación y anticipación frente a los desafíos
y oportunidades que se generan para lograr la equidad de género
tanto en las condiciones externas a la organización (en
nuestro caso, el mundo del trabajo, el desarrollo local, la
comunidad, la familia y la sociedad de inserción) como
en su realidad interna (áreas débilmente interrelacionadas,
fallas comunicacionales, falta de conocimiento de los actores
de la propia perspectiva, etc.). Sin ella, por tanto, estaremos
afectando la pertinencia y por ende la cuantía y la calidad
de los resultados. Como ambas fuentes de cambio son dinámicas,
la relación debe estar en permanente evolución
y retroalimentación.
- Es un proceso y un instrumento. En cuanto proceso
es participativo e iterativo y debe de formar parte de todo
el ciclo del plan o programa, o sea desde los objetivos generales
y específicos a cada una de las actividades. Refiere
al conjunto de acciones y tareas que involucran a los miembros
de la institución en la búsqueda de orientaciones
y criterios para que su quehacer y estrategias sean las más
adecuadas para promover la equidad. En cuanto instrumento es
el marco referencial para direccionar los cambios necesarios
para avanzar hacia una efectiva equidad de género y social.
¿Qué se requiere para adoptar una
planificación estratégica de género y equidad
social?
- Requiere de competencias y éstas se logran
o fortalecen mediante la capacitación/sensibilización.
Se debe partir de un diagnóstico de los conocimientos,
de la sensibilidad respecto a ambos enfoques en el equipo y la
institución e incluir la creación de un proceso
de concientización de los ejecutores sobre algo que antes
no existía o que necesita ser profundizado y, especialmente,
vinculado a la calidad y la innovación de la "manera
de hacer". No se puede planificar lo que se desconoce y no
se puede planificar sobre lo que se invisibiliza o se desdeña.
La apropiación de la mirada de género no es exclusivamente
un proceso de conocimiento racional sino un proceso de interiorización
subjetiva que modifica la visión del mundo y de uno mismo,
por ello su aprendizaje es, ante todo, un auto-aprendizaje. El
objeto de aprendizaje es la propia persona, es la experiencia
personal la que se problematiza y se constituye en material de
análisis crítico primero y propositivo después.
El objetivo es "desaprender" para poder cambiar y por
ello no se reduce a pensar y actuar desde las mujeres o desde
la raza, desde el asistencialismo o desde la exclusiva discriminación
positiva.
Se estará formando en la perspectiva de género y
equidad cuando se desarrollan metodologías de análisis
del mercado de trabajo, de orientación laboral, de diseño
y evaluación de competencias, de desarrollo curricular,
pero también cuando se gestionan los recursos humanos de
la institución y se fijan criterios de selección
y capacitación del personal, cuando se articula con el
desarrollo local y con programas de microemprendimiento, etc.
- Requiere actuar, simultáneamente,
en la doble lógica de la transversalización de la
perspectiva y en la focalización de metodologías
y acciones.
- La transversalización de la perspectiva
de género y equidad social es el proceso de valorar
las implicaciones que tiene para los hombres y para las mujeres
y, a su interior para los diferentes colectivos caracterizados
por el entrecruzamiento de otras variables (raza, etnia, clase
social, ingreso, nivel socio económico y educativo,
condición rural y urbana, etc.) cualquier acción
que se planifique, ya se trate de legislación, políticas
o programas, en todas las áreas y en todos los niveles.
Implica indagar cuál es la situación de cada
uno en la realidad a abordar, cómo participan y cómo
se benefician ambos de la intervención, de qué
manera incorpora sus necesidades, intereses, contribuciones.
Refiere a la capacidad de observación y anticipación
frente a los desafíos y oportunidades para lograr la
equidad de género y social por lo que tiene que estar
presente en todo el ciclo de la intervención, desde
los objetivos a las actividades y estrategias generales y
específicas y desde el análisis de las condiciones
externas a las internas de las organizaciones ejecutoras.
Por ello ésta es la lógica de actuación
a largo plazo que tiene por objetivo transformar el orden
y las representaciones de género y las categorías
de identidad basadas en criterios arbitrarios y desvinculados
de la capacidad y el desempeño del sujeto.
- La focalización refiere a la implementación
de metodologías, acciones y estrategias para la atención
de la población-meta, lo que conduce a la discriminación
positiva para enfrentar las desventajas de partida y/ o las
especificidades de los diferentes colectivos y grupos afectados
por discriminaciones, desventajas y/o vulnerabilidades. No
es posible la igualdad de oportunidades y, menos aún,
la igualdad de resultados tratando igual a desiguales. La
focalización requiere un amplio espectro de medidas:
metodológicas, estratégicas, económicas,
pedagógicas, etc. que tienen que ser siempre coherentes
con la lectura desde la transversalización. Es la lógica
de actuación coyuntural, para atender el hoy y para
ir avanzando hacia la verdadera y efectiva equidad.
Poner el foco en el sujeto y hacerlo desde la
perspectiva de género y equidad social es producir un cambio
en las tecnologías de desarrollo de los recursos humanos
(que aquí llamamos sintéticamente tecnologías
educativas), es decir en la forma de hacer políticas de formación
y de apoyo al empleo que se inicia con el reconocimiento simultáneo
de la demanda de los sectores económicos y de las necesidades
de las personas y se extiende hasta la inserción laboral.
Implica concebir al sujeto como protagonista
y gestor de sus procesos de aprendizaje y para ello desde el modelo
de políticas se desarrolló el Proyecto Ocupacional
que presentaremos más adelante.
Por ello se constituye en un factor de impulso a
la innovación, de mejora de la tecnología educativa
y también en una contribución para una lectura diferente
y más amplia de la productividad y la competitividad, al
introducir en su análisis los factores externos e internos
que inciden en ella. Las soluciones técnicas y la incorporación
permanente de la innovación en el diseño y gestión
de las intervenciones son también opciones políticas
y sociales por lo que es fundamental pensar su transformación
incorporando las necesidades y potencialidades diferenciadas de
los sujetos de atención; mujeres y hombres, rurales y urbanos,
empleados en reconversión y desempleados, jóvenes
y adultos.
¿Cuál es la relación entre
foco en el sujeto y formación por competencias, para la empleabilidad
y la ciudadanía y perspectiva de género?
Como ya vimos este enfoque en la Recomendación
195 se sostiene enfáticamente la necesidad de desarrollar
políticas para fortalecer la empleabilidad, la responsabilidad
de todos los actores sociales y, por supuesto de los países,
en las implementaciones de estas políticas, pero también
la necesidad de que las personas asuman un compromiso explícito
de desarrollo de competencias y con sus trayectorias ocupacionales.
Ahora bien , es necesario apoyar a las personas
para que asuman este compromiso y tal como decíamos antes,
esto reclama de políticas y éstas requieren de metodologías
y estrategias que promueven el protagonismo pero teniendo bien claro
cuáles son las condicionantes que frenan o facilitan el accionar
individual .
Teniendo en cuenta el contexto actual del empleo
y de la organización social así como las barreras
y discriminaciones que deben enfrentar las mujeres y los grupos
en condiciones desfavorecidas cabe preguntar ¿qué
significa fortalecer la empleabilidad y la ciudadanía desde
una perspectiva de género y cuáles serían los
criterios para medir o evaluar su adquisición?
A través de sucesivas experimentaciones,
constatamos que la empleabilidad y la participación ciudadana
de las personas se incrementa cuando son capaces de:
- conjugar sus capacidades, necesidades y saberes
con las competencias que requiere el contexto laboral,
- reconocerse como creadoras de su futuro, identificando
habilidades, posibilidades y dificultades para construir su camino.
Por ello sostenemos que fortalecer la empleabilidad
y la ciudadanía significa:
1. incrementar las capacidades de las personas
para que mejoren sus posibilidades de inserción y desarrollo
laboral y social mediante competencias clave que disminuyan el
riesgo de la obsolescencia y que permitan a hombres y mujeres
permanecer activos y productivos a lo largo de su vida, no necesariamente
en un mismo puesto o actividad;
2. formar para un aprendizaje permanente y complejo que implica
aprender a aprender, aprender a ser, aprender a hacer y aprender
a emprender;
3. apoyar a las personas para que identifiquen los obstáculos
internos y externos que interfieren en el logro de sus objetivos,
así como las demandas y competencias requeridas en el mundo
del trabajo y para que valoren sus habilidades y saberes. Incluye
una información y orientación sobre el mercado educativo
y de trabajo que despliegue la diversidad de alternativas, sus
exigencias y sus posibilidades, eliminando estereotipos que encasillan
los trabajos como femeninos y masculinos e instrumentando para
la búsqueda y/o generación de trabajo;
4.estimular y fortalecer la capacidad de cada persona para
definir y gestionar su propio itinerario profesional, lo que
es especialmente necesario en el entorno incierto en el que se
desenvuelve, y desenvolverá, la vida profesional.
Precisamente, poner el foco sujeto colectivo
es incluir el aprender a emprender entre los desafíos del
aprendizaje permanente y, por ende, la empresarialidad o emprendedurismo
entre las competencias de empleabilidad. El aula y los servicios
de apoyo se constituyen así en espacios generadores de asociatividad
y es todo el proceso de infancia, desarrollo y madurez de la organización
que debe ser atendido. Las organizaciones también aprenden
y cambian y para ello hay que concebirlas como un sistema de interacciones
en distintos niveles (personas, recursos, entorno) basado en objetivos
compartidos y en la sinergia como dinámica.
Es entonces en el proceso de construcción
de un proyecto viable de formación y empleo que puede ser
individual o/y colectivo - y con independencia del resultado, es
decir, de las posibilidades de ponerlo en marcha- que las personas
van desarrollando y fortaleciendo las competencias clave, el conjunto
de saberes necesarios para resolver con autonomía, reflexión
y flexibilidad la obtención, organización y planificación
del propio trabajo.
Desde este enfoque, entendemos que las competencias-clave de empleabilidad
y ciudadanía son las que habilitan para:
- Realizar un diagnóstico sobre sí
mismos y su contexto de vida familiar, comunitaria, grupos de
pertenencia, así como del entorno productivo y laboral
(competencias de lectura y análisis de contexto, interpretación
de información, comprensión de mensajes, interpretación
de datos de la realidad, identificación de problemas, etc.)
- Planificar objetivos y metas en relación
al trabajo y la formación, elección de trayectorias
formativas y/o laborales, análisis de la viabilidad
(competencias de conocimiento e interpretación de información
de la realidad, organización del tiempo, negociación,
planificación, análisis de alternativas, toma de
decisión, resolución de problemas, argumentación,
uso de recursos): EMPRENDER
- Gestionar y ejecutar actividades: programar
organizar el tiempo y los recursos EMPRENDER
- Resolver problemas vinculados a la formación
y al trabajo, en el ámbito de trabajo, en el entorno familiar
y/o comunitario (competencias de análisis de problemas
y alternativas, negociación, toma de decisiones, vinculación
con otros/as, comunicación). - EMPRENDER
- Trabajar en equipo / asociatividad (capacidad
de escucha, de incorporar aportes de otros/as, competencias de
coordinación, de negociación, vinculación
con otros/as en la construcción de estrategias productivas
y/o laborales): EMPRENDER
- Ser autónomos / negociar / tomar de
decisiones (cambios en la posición ante el mundo laboral,
la formación, la organización familiar, el ejercicio
de los derechos, incorporación de la perspectiva de género
en esos cambios)
- Comunicarse (cambios en las formas de
expresión oral, escrita, corporal, capacidad para trasmitir,
etc.).
Dicho de otro modo bastante más repetido
y habitual, formar para la empleabilidad y la ciudadanía
es formar para un aprendizaje complejo que integra el aprender a
aprender, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a emprender.
Todas estas competencias tienen dimensiones específicas
según el género y el entorno de inserción de
los sujetos de atención. Por ello para cambiar comportamientos
es imprescindible conocer con la mayor precisión posible
las características de partida de los mismos Para fortalecer
la empleabilidad y la ciudadanía se requiere conocer en
profundidad no sólo los datos sociodemográficos sino
las expectativas, obstáculos y facilidades para formarse,
incluyendo tanto la indagación sobre las necesidades prácticas
y estratégicas de las mujeres de sectores desfavorecidos
como los requerimientos y condiciones de las diferentes modalidades
del accionar colectivo: microempresas, cooperativas, comunidades
productivas, etc.. Esta contextualización tiene su impacto
en las metodologías utilizadas por las instituciones en la
formación y por los servicios de empleo y lleva necesariamente
a poner el foco en el sujeto que, desde su situación histórico-social,
contribuye a definir los contenidos de la empleabilidad y las formas
más pertinentes de abordarla en un proceso de orientación
y formación. En términos de estrategias educativas
esto conlleva el uso de metodologías que hagan eje en la
reflexión individual y grupal, el uso de lenguaje oral, la
participación, el desarrollo de procesos diferenciados.
Para poder entregar a las personas este "equipaje"
todas las dimensiones de la política y de las prácticas
institucionales deberían revisarse y pensarse desde su aporte
y responsabilidad para el logro del Proyecto Ocupacional (PO) de
la población-meta.
A ello apunta este Modelo de referencia al colocar
el PO en el punto de convergencia de todos los componentes y dimensiones
y al postular que la adopción de la perspectiva de género
y equidad social así como la formación para la empleabilidad
y la ciudadanía deben atravesar la definición de los
contenidos, las metodologías, la construcción global
de la oferta y de la práctica institucional.

¿Por qué el foco en
el sujeto es el correlato metodológico de la interdependencia
de calidad y equidad?
Nuestra experiencia nos ha demostrado
que la calidad y la equidad se juegan precisamente en las intersecciones,
que son las que expresan y facultan la articulación de aportes,
recursos y actores, la doble pertinencia con el entorno y los sujetos
así como el encuentro entre lo general y lo particular, entre
lo dinámico y lo sincrónico. Cuando logramos la confluencia
del enfoque sistémico, la perspectiva de género y
equidad y la metodología de proyecto, las interrelaciones
no sólo se vuelven evidentes y necesarias sino que se multiplican
en su índole y sus posibilidades. Por ello también
visualizarlas y fortalecerlas es una estrategia potente para identificar
criterios de evaluación de calidad y equidad teniendo presente
que, como señalábamos en el enfoque conceptual correspondiente,
estamos avanzando hacia ambas dimensiones cuando atendemos simultáneamente
al respeto de la normativa, a la satisfacción de nuestros
"usuarios" (empresarios, actores del desarrollo local
o sectorial y personas buscadoras de empleo) y la modificación
de la situación de partida insatisfactoria; o sea, estamos
instrumentando a nuestros sujetos de atención para que puedan
ser gestores de procesos de cambio, dirigidos a incrementar sus
oportunidades ya sea de empleabilidad - si se trata de sujetos individuales-
o de mejora de su competitividad y productividad - si se trata de
sujetos colectivos.
Trabajo por proyecto
como dispositivo estratégico para generar cambios
Un proyecto responde a una voluntad deliberada de
actuar sobre la realidad para mejorarla, para resolver sus problemas.
Es una herramienta de gestión de actividades y procesos dirigidos
a generar cambios y, por ende, al logro de objetivos concretos.
El trabajo por proyecto implica pensar en términos de resultados
y procesos, se sustenta en una actitud de "descontento creativo",
o sea de insatisfacción acerca de la manera como suceden
las cosas y de disposición para hacerlas de forma distinta,
direcciona el camino, estableciendo desde dónde se parte,
adónde se quiere llegar (resultados) y visualiza cómo
hacerlo (el proceso). Requiere de la adquisición de competencias
para plantear y resolver problemas, puesto que éstos constituyen
un elemento detonante del proceso de cambio, para el trabajo participativo
y en equipo para encontrar las soluciones e implica el compromiso
con la obtención de resultados.
Un proyecto contiene tres elementos básicos:
- una actitud sistémica y prospectiva
que conduce a visualizar un futuro distinto, deseado y posible
que se concreta en la conformación de una nueva identidad,
entendiendo por tal lo que hace singular, lo que caracteriza y
diferencia a una persona o a una organización frente a
su comunidad;
- un análisis crítico de la situación
de partida que no debe ser una mera fotografía de la
realidad personal o institucional sino que debe identificar fortalezas,
debilidades, oportunidades y desafíos (FODA) desde los
enfoques y perspectivas adoptados;
- la implementación de un plan de acción
o de innovación conformado por el conjunto de objetivos,
metas, estrategias, actividades, mecanismos de ejecución
y seguimiento necesarios para transitar del presente insatisfactorio
al futuro deseado.
Asimismo, un proyecto se estructura en etapas cuyos
resultados están dirigidos a responder a las preguntas-guía
del proceso de cambio: de dónde partimos, qué queremos
alcanzar, cómo lo vamos a hacer, qué logramos y qué
queda por hacer. Por su parte y desde una concepción de aprendizaje
permanente y mejora continua, cada logro debería constituirse
en un nuevo punto de partida.
Por todo lo expuesto, este modelo adoptó
la construcción de proyectos como una metodología
coherente y efectiva para concretar sus criterios rectores y con
un doble alcance: como metodología de formación de
la población-meta - Proyecto Ocupacional- y para fortalecer
e innovar el quehacer institucional -Proyecto Institucional de Intervención
(PI).
- El PO es el dispositivo estratégico
de acción en torno al cual se propone estructurar el proceso
de enseñanza-aprendizaje y de desarrollo de las competencias
requeridas por la población-meta para mejorar su empleabilidad,
incrementar sus oportunidades de inserción laboral y mejorar
su calidad de vida (futuro deseado)
- El PI es la herramienta de gestión
que se propone adopte la entidad de formación y/o el servicio
de empleo para articular y dar coherencia a todas las acciones
y procesos dirigidos a incrementar la calidad y la equidad de
su oferta y para la innovación y mejora continua de su
tecnología educativa (futuro deseado)
El PI y el PO tienen, por tanto, una relación
de interdependencia que hace que la instrumentación de uno
necesite del otro y viceversa.
Como decíamos anteriormente, el modelo
de referencia tiene al PO como "punto de convergencia",
pero su concepción sistémica permite múltiples
puntos de entrada, diferentes énfasis y estrategias generales
de intervención y se adapta, como ya hemos dicho, a diversos
escenarios. Desde cualquiera de ellos necesariamente se llegará
a la reflexión sobre las propias prácticas y sus interrelaciones.
Ello fundamenta la revisión metodológica y estratégica
para que los diversos componentes y líneas de acción
converjan en el logro del objetivo último de mejora de la
calidad y la equidad de la política de desarrollo de recursos
humanos.
Los énfasis y estrategias de intervención
que cada entidad se da son los que hacen de este modelo de referencia
común, un "modelo propio de intervención"
que se expresa en el PI.
Gestión participativa,
multiactoral e interinstitucional
La modalidad de gestión debería igualmente
ser coherente con los ejes conceptuales, instrumentar la recuperación
de saberes, la retroalimentación entre teoría y práctica,
entre el conocimiento acumulado a nivel regional, nacional e interinstitucional
y hacer posible las complementaciones en términos de responsabilidad
y aportes; en síntesis, concebirse como una gestión
estratégica del conocimiento institucional. Asimismo, debe
incluir y sumar a todos los actores involucrados en las dinámicas
de desarrollo: empleadores, trabajadores, gobiernos locales, agentes
y organizaciones de la sociedad civil, otras entidades de formación,
organismos e instancias de financiamiento y los distintos estamentos
y poblaciones al interior de la institución.
Esta inclusión o promoción de la
participación es lo que conduce a que cada uno cumpla roles
complementarios, acordes a sus potencialidades y a las contribuciones
que pueden o deben realizar para el cumplimiento del objetivo común.
El establecimiento de coordinaciones y acuerdos
y la metodología de diálogo social sobre formación
y servicios de apoyo al empleo son los mecanismos de una gestión
de esta índole.
La centralidad del diálogo social es enfáticamente
señalada en la Recomendación 195 que abunda en ejemplos
del protagonismo que se espera de los interlocutores sociales en
todas las instancias del proceso formativo y de los servicios de
apoyo al empleo; convoca a "fortalecer, en los planos internacional,
nacional, regional y local, así como en los planos sectorial
y de la empresa, el diálogo social y la negociación
colectiva respecto de la formación, como un principio básico
para el desarrollo de sistemas, y para la pertinencia, la calidad
y la relación costo-beneficio de los programas".
La gestión participativa, multiactoral e
interinstitucional tiene que estar presente en las modalidades de
impartir asistencia, en la identificación de nichos, perfiles
y competencias a desarrollar pero también en los apoyos para
la concreción de los proyectos ocupacionales, en el acompañamiento
en el proceso de incorporación en el mercado laboral, etc.
Si las personas ya no se forman exclusivamente en los centros de
estudio, sino que lo hacen además en sus casas y en sus trabajos,
entonces la responsabilidad por el fortalecimiento de la empleabilidad
y el desarrollo de competencias la comparten las entidades de formación,
los empresarios, los gobiernos y los propios individuos (y las organizaciones
en que participan y los representan).
Se revitaliza así la gestión tripartita
y bipartita y se favorece, también, el surgimiento de nuevas
formas de gestión especialmente a nivel local. Ellas no reconocen
modelos únicos: así como hablamos de servicios públicos,
nacionales municipales o a cargo de entidades privadas que hacen
intermediación laboral, también podemos estar hablando
de acuerdos sociales o políticos que permiten, por ejemplo,
el desarrollo de modalidades de alternancia o formación dual,
como se puede hablar también de centros de formación
y producción cogestionados por cámaras empresariales
o sindicatos. Cualquiera que sea la forma que se adopte lo fundamental
es establecer las alianzas que permitan aprovechar los recursos
que las sociedades poseen a través de los diversos actores,
con el fin de utilizarlos más eficientemente y al servicio
del aprendizaje permanente e integral de los ciudadanos.
Esta modalidad de gestión responde metodológica
y estratégicamente a:
- el enfoque sistémico
- la construcción y gestión colectiva
del conocimiento
¿Cómo se traduce metodológica
y estratégicamente el enfoque sistémico?
Al igual que la perspectiva de género, el
pensamiento y la actitud sistémica requiere de capacitación,
de un alerta para incorporar la mirada sistémica. Somos las
personas las que, al mirar sistémicamente, hacemos del conjunto
de factores y dimensiones un sistema. Así, cuando no tenemos
una actitud sistémica, cuando somos miopes en este sentido
podemos padecer de:
1 ceguera espacial - no vemos los mundos de
los otros;
2 ceguera temporal - no vemos el pasado que generó nuestro
presente;
3 ceguera de procesos - caemos en "danzas improductivas"
que destruyen la interacción;
4 ceguera relacional - no nos vemos en nuestros roles
Si entendemos las políticas de formación
y los servicios de empleo como sistema, como un todo a su vez integrado
por subsistemas, se constituye como tal a partir de las interfases
y de la fuerza centrípeda que hace que lo separado o lo diverso
se amalgame en un todo diferente y, por tanto, es a ellas a las
que tenemos que estar siempre atentos. Y esas interfases siempre
pueden ser mejorables, enriquecidas y, desde lo estratégico,
ofrecen diversas y abundantes posibilidades.
Planificar sistémicamente requiere establecer
de manera precisa las articulaciones y coordinaciones; no basta
con el enunciado se necesita establecer los mecanismos, los recursos
y el seguimiento a dichas coordinaciones. Actuar sistémicamente
implica que todas las estrategias encaradas tengan previstas dichas
articulaciones y que existan controles, tiempos y recursos para
ellas. En la Lectura 4 presentamos algunos ejemplos concretos de
cómo puede concretarse una mirada atenta a las interrelaciones.
¿Cómo se traduce metodológica
y estratégicamente la construcción y gestión
colectiva del conocimiento?
Uno de los desafíos centrales de la sociedad
del conocimiento es pasar del dato, de la información cada
vez más abundante y abrumadora a la gestión del conocimiento
lo que requiere: identificar, recuperar, sistematizar, compartir,
utilizar el conocimiento tácito (know-how) y explícito
(formal) existente en un espacio determinado para desplegar alternativas
nuevas de respuesta a las necesidades y de resolución de
problemas.
La formación profesional y los servicios
de apoyo al empleo son una herramienta potente de gestión
estratégica del conocimiento para el diseño de políticas
en la medida en que puedan disponer, procesar y operar recursos
e insumos de forma confiable, completa, precisa, oportuna. Se trata
de mapear y relacionar en forma estructurada el conocimiento colectivo
para que se constituya en ventaja comparativa y en estrategia de
desarrollo.
Para ello tienen que:
- Dar cuenta del estado de situación y
de las necesidades de la oferta y la demanda: INFORMAR.
- Seguir los procesos, modificaciones y posibilidades;
MONITOREAR.
- Instrumentar a oferentes, demandantes y diseñadores
de políticas acerca de cómo y hacia dónde
actuar para cumplir con su propósito, satisfacer su búsqueda
y requerimientos: ORIENTAR Y FORMAR.
- Sistematizar, diseminar y retroalimentar: EVALUAR.
Estas tareas o funciones en el modelo de referencia
que planteamos son asumidas por los componentes y a su interior
por las líneas de acción; pero a partir de responder
siempre a una cuestión central: ¿qué y cómo
aporta cada uno al objetivo común de mejora de la calidad
y equidad y, por ende, de la empleabilidad, la competitividad y
la productividad de los sujetos de atención?
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