Planificación
y Desarrollo Curricular
Es el componente responsable del diseño,
planificación, desarrollo e implementación de las
acciones y estrategias dirigidas a generar en los sujetos de atención
las capacidades necesarias para desarrollarse como ser humano y
desempeñarse competentemente en el mundo laboral.
El Desarrollo Curricular se encarga del proceso
por el cual los conocimientos seleccionados como aquellos que deben
enseñarse y aprenderse en un tiempo y en lugar dados, son
transformados en contenidos pedagógicos y el saber científico
y el saber práctico se transforman en capacidades posibles
de ser puestas en práctica en el desempeño personal,
social y laboral.
Por su parte, el itinerario formativo es el encuentro
del referente productivo con los instrumentos y metodologías
didácticas que hacen posible que - a partir de lo que los
sujetos de aprendizaje traen (reconocimiento y validación
de saberes y actitudes - competencias adquiridas) se les entregue
lo que le falta para lograr desempeñar la tarea y producir
los bienes y servicios.
Desde esta responsabilidad constitutiva, el componente de Planificación
y Desarrollo Curricular ha instrumentado profundas transformaciones
en las dos últimas décadas. Es así que se ha
pasado de la formación para el puesto de trabajo a la formación
para la empleabilidad y a trayectos formativos basados en competencias
que trascienden y atraviesen diversos desempeños a lo largo
de la vida y en distintos campos ocupacionales
Asimismo, como señalábamos anteriormente,
la FP actual ha incorporado nuevos sujetos de atención:
ya no sólo personas sino los grupos -meta de los programas
sociales y de las políticas de empleo y desempleo, pero también,
empresas, cadenas productivas o de territorio: todos deben ser atendidos
con calidad, pertinencia y equidad, para superar obstáculos
y desigualdades.
Por su parte, el desafío de la autogestión
del propio empleo, instala la centralidad de la formación
para la empresarialidad: la infancia y el desarrollo de la empresa
se incorporan al proceso de formación.
Todo ello explica la preocupación central
por:
- la certificación de competencias
dirigida a instrumentar el aprendizaje permanente y facilitar
la navegabilidad de las personas en el mercado de trabajo;
- la adopción de los principios de gestión
y certificación de la calidad. Las Normas ISO, los
Sistemas de Acreditación de Programas e Instituciones,
los Premios Nacionales e Internacionales de Calidad son diferentes
modalidades de volver cada vez más pertinente y de calidad
su oferta y, al mismo tiempo, de rendir cuentas a la sociedad
Si a ello le agregamos que situarse en el siglo
XXI, en la Sociedad del Conocimiento modelada por el avance científico
permanente y la voluntad de globalización económica
y cultural, implica ante todo el reconocimiento y valorización
de la penetración, en todas sus dimensiones, de los medios
de comunicación de masas, de los ordenadores y del incremento
incesante de la información, cada vez más audiovisual,
multimedial e hipertextual, no cabe dudas que pensar el desarrollo
curricular actual implica plantearse la irrupción de una
nueva forma de cultura. Se trata de una cultura caracterizada por
la superposición - cuando no la sustitución lisa y
llana- de la cultura de la pantalla con la cultura del libro y la
de las relaciones personales; es sinónimo de Tecnologías
de la Información y la Comunicación, aprendizaje permanente
y gestión del conocimiento. Son sus pilares fundamentales
y, son dimensiones infaltables para la competitividad, el progreso
económico y el futuro de las personas así como para
avanzar hacia la mejora continua de la calidad, la pertinencia y
la equidad de las políticas a implementar.
Las TIC se instalaron definitivamente en la vida
productiva pero también en la vida cotidiana y ciudadana
y, por ende, la oferta formativa actual tiene necesariamente
que abordar la alfabetización digital y también la
brecha digital. Quienes no sepan leer a través de las
fuentes de información digital, escribir con procesadores
y comunicarse a través de los canales telemáticos
están condenados a la marginación cultural y exclusión
social.
Se instala así en la formación profesional la interdependencia
entre TIC, integralidad del sujeto, competencias para la empleabilidad,
género, equidad y formación docente
Todos estos enfoques y cuestiones se expresan en
el currículo, por ello el desarrollo curricular es el corazón
del quehacer formativo. Es a través de él que se puede
evaluar la calidad, pertinencia y equidad de la oferta y su coherencia
con los criterios rectores de la política.
El desarrollo curricular, así entendido,
contiene para cada perfil formativo:
- las intenciones educativas que se traducen en
saberes, destrezas y actitudes a desarrollar, objetivos y contenidos
a enseñar;
- la planificación de acciones que aborda
el cómo enseñar a través de metodologías,
secuencias didácticas, elaboración y selección
de materiales, actividades y criterios de evaluación;
- la evaluación de las intenciones y de
los planes de acción que permite analizar, corregir y re-diseñar
la propuesta curricular;
- la capacitación y actualización
del personal técnico-docente para llevar adelante las intenciones,
la planificación y la evaluación del currículo.
La planificación curricular aborda tanto
la dimensión de la prescripción - el plan o la idea
de lo que se espera que suceda en una institución educativa-
como la de la realidad - lo que sucede en la interacción
del espacio educativo. En la formación para el trabajo, a
ello se agrega la articulación con los referentes del mercado
de trabajo, es decir la atención de las necesidades del entorno
productivo y social y de la población destinataria.
En esta interacción de recursos, prácticas
y actores se ponen de manifiesto concepciones, prejuicios, representaciones
que también operan como contenidos de enseñanza y
que, si bien no están explicitados en el diseño curricular,
constituyen los currículos ocultos y omitidos. Algunos indicios
de ambos son el uso del poder en estas relaciones, el manejo de
la autoridad, las modalidades de asignación de tareas, los
roles adjudicados, la denominación o el lenguaje aplicado,
etc. Por ello, es de fundamental importancia convertir esos contenidos
ocultos en visibles, es decir explicitarlos, ponerlos sobre la mesa
para poder así revisarlos, suprimirlos o incorporarlos tanto
en el diseño curricular como en la práctica de aula
de modo que la experiencia vivida durante la formación sea
coherente con las concepciones que la sustentan y que han sido expresadas
en el diseño. En este sentido, y desde los principios rectores
de este modelo de referencia, la perspectiva de género y
equidad social advierte que, en los contextos de aprendizaje y de
trabajo, se ponen de manifiesto modos diferenciales de acceso, de
apropiación de saberes y de desarrollo de habilidades entre
mujeres y varones; entre blancos, negros e indígenas; entre
jóvenes y adultos.
Por ello, junto a los contenidos ocultos
es necesario considerar en todas las instancias del desarrollo curricular
tanto el contexto como la experiencia de vida de la población
con la que se va a trabajar. Esto le otorga sentido situacional
y dinámico al currículo y hace posible la doble
pertinencia como criterio rector de las políticas de formación
profesional y técnica.
A esta concepción responde, en el modelo
de referencia, la adopción del Diseño curricular
basado en el cruce de los enfoques de formación por competencia
y género.
Después de múltiples esfuerzos por
desarrollar metodologías que efectivamente ofrecieran el
tipo de información requerida para el desarrollo curricular
de perfiles, para identificar/ promover la demanda potencial y/o
nuevos nichos de empleo así como para contribuir a la eliminación
de estereotipos sobre la oferta (de género, etnia, edad.
etc.) se definió el cruce de estos enfoques como el marco
conceptual y metodológico para mejorar la empleabilidad y
la ciudadanía y, particularmente, para atender a los colectivos
en situación de pobreza y vulnerabilidad.
La formación basada en competencias profesionales
o laborales se entiende como el proceso de desarrollo de diseños
curriculares, materiales didácticos, actividades y prácticas
de aula destinadas a desarrollar en los/as participantes el conjunto
de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes que la persona
combina y utiliza para resolver problemas relativos a su desempeño
laboral, de acuerdo a criterios o estándares provenientes
del campo profesional.
El cruce de género y formación por
competencias faculta:
- la doble pertinencia con el contexto y con la
población beneficiaria, asumiendo la formación como
una herramienta para promover un desarrollo social y económico
más incluyente y equitativo;
- el reconocimiento integral de las personas y
la consideración y valoración de su diversidad y
la de la realidad lo que posibilita y favorece intercambios y
aprendizajes y, ante todo, el fortalecimiento de las competencias
de diseño y gestión del PO;
- la valorización de los distintos espacios
de aprendizaje y producción de saberes; facilitando la
construcción de recorridos personales adecuados a intereses
diversos y a entornos de referencia también variados;
- operacionalizar el valor de empleabilidad de
la formación como criterio de calidad por cuanto permite
establecer los requerimientos y condiciones para el desempeño
profesional de mujeres y varones en contextos diversos;
- visualizar y, luego, remover barreras e inequidades
que se originan en visiones estereotipadas sobre el papel que
juegan las distintas personas según su sexo, origen, situación
social, conocimientos, etc. y que obstaculizan el libre acceso
a opciones de formación y de trabajo.
El cruce de ambos enfoques se aplica de manera sistemática
a todas las fases del planeamiento curricular y ello es lo que faculta
el diseño de una oferta formativa con doble pertinencia:
hacia los requerimientos y posibilidades del mercado laboral y hacia
el perfiles de las personas, consideradas en su condición
de género y valorizando sus saberes y conocimientos como
competencias que pondrán en juego en el desempeño
de la tarea.
Un desarrollo o revisión del plan de estudios
que incorpora los enfoques de género y competencia permite
dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿a quién
se forma?, ¿en qué se forma?, ¿para qué?,
¿con quiénes?, ¿cómo?, ¿cuándo?
En todas ellas existen riesgos de género que interactúan
con los derivados de los perfiles socio- económico, educativo,
etario, etc. de la población destinataria a los que es necesario
estar alertas para poder diseñar las respuestas didácticas
adecuadas para su abordaje y atención.
Esta aplicación requiere de un plan intensivo
de formación de planificador@s, curriculistas y docent@s
para que puedan revisar su rol, apropiarse de los enfoques, aplicarlos
y estar atentos, tanto en las fases de diseño como en la
práctica del aula, a las diversas expresiones del currículo
oculto en el que las marcas de género se despliegan más
allá de su intencionalidad así como a todos los factores
personales, relacionales y culturales que favorecen y limitan las
competencias de empleabilidad y ciudadanía de mujeres y varones.
Las estrategias y metodologías de identificación
de perfiles y requerimientos así como para su trasposición
curricular pueden ser bien diversas así como para la formación
de personal pero parecería que no cabe duda que tendrían
que tener a la doble pertinencia y al foco en el sujeto como norte,
Por último y desde estos enfoques, se considera
imprescindible la atención en el proceso de desarrollo curricular
de la retroalimentación permanente entre teoría
y práctica. La teoría permite comprender y explicar
los problemas que se van planteando en la práctica y fundamenta
las soluciones técnicas para resolver estas situaciones.
Un desarrollo curricular es más completo y representativo
cuanto más colectivamente ha sido pensado y elaborado, lo
que supone en el proceso de construcción, establecer acuerdos
acerca de concepciones de enseñanza y de aprendizaje, propósitos
y principios que constituyen el marco teórico en el que se
fundamenta.
Desde los enfoques y aprendizajes del modelo de
referencia propuesto, la adopción del Proyecto Ocupacional
es una innovación metodológica que permite dar respuesta
al mejoramiento de la empleabilidad y, por ende, de la capacidad
de aprender a emprender, promoviendo el protagonismo del sujeto
que aprende, personalizando y contextualizando la formación.
El PO conduce a la reformulación del rol
docente para que se constituya en promotor y compañero de
ruta de sus alumnos y a su vez, en norte del Proyecto institucional
de intervención (PI)
Como señalábamos antes el PI es el
plan estratégico de acción por el cual se define y
revisa el accionar de cada componente y de la política y
del centro de formación específico en función
de sus aportes y frenos al PO de los sujetos de atención
y, por ello, debe estar inserto y articulado con el desarrollo local.
Ello conduce a promover la conceptualización de la oferta
formativa como un servicio de acompañamiento a los proyectos
ocupacionales y productivos de sus sujetos de atención. Para
hacerlo necesita de los insumos que brindan los restantes componentes.
Así concebido al interior del componente
pueden desarrollarse varias líneas de acción. A título
de ejemplo citamos algunas que, a su vez, tienen alcances diferentes
según se trate del nivel central, en un Ministerio o entidad
de formación o del nivel del centro de formación específico.
- Elaboración, validación, diseminación
de metodologías y materiales para el desarrollo curricular
desde los enfoques de formación por competencia, género,
proyecto ocupacional, etc.
- Revisión de la planificación curricular
desde los enfoques propuestos
- Formación y evaluación del personal
docente y/o técnica
- Desarrollo de sistemas/mecanismos de certificación
de competencias
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