|
Criterios
conceptuales
Calidad
y equidad: enfoque integrado y objetivos interdependientes
Para enfrentar el déficit de trabajo decente
se necesita desarrollar nuevas estrategias de crecimiento con generación
de más y mejores empleos para todos. La implementación
de nuevas estrategias para la creación de empleo remite a
la calidad de las respuestas e intervenciones en el sistema económico
y productivo.Y la meta de trabajo decente para todos, nos instala
frente a la necesidad de asegurar la equidad, la no discriminación
en el acceso y en el mantenimiento del empleo así como la
igualdad de oportunidades y trato.
Por ello, una primera generación de respuestas
a este desafío se centró en la mejora de la calidad
y la equidad pero como objetivos en sí mismos e incluso por
separado. Esta búsqueda fue impulsando la evolución
de ambos conceptos. Obviamente esta evolución no ha sido
lineal porque se fue adaptando a los cambios económicos y
sociales de los diferentes contextos, procesando los logros y las
lecciones aprendidas pero, un ejercicio de sistematización,
permite distinguir tres momentos en la conceptualización
de ambos términos.
| Calidad es: |
Equidad es: |
| 1) Conformación de las características
de un objeto, material o inmaterial, con una norma, criterio
o patrón. Ajuste entre las especificaciones y el producto
logrado, implica control del producto para lograr la conformidad
o el cumplimiento de la norma. |
1) Disponer de la legislación que asegure
la igualdad y prohíba las discriminaciones: asegurar
la equidad ante la ley. |
| 2) Satisfacción de las demandas y exigencias
de los clientes externos e internos: gestión eficaz de
los procesos para evitar rechazos. |
2) Distribuir recursos a individuos y grupos
en situación de desventaja; responder a la insatisfacción
con la situación de empleo por carencia o por malas condiciones.
|
| 3) Alcanzar la excelencia, lo mejor posible:
construir la calidad mediante la mejora continua. |
3) Generar cambios en las estructuras, en las
prácticas institucionales y en las modalidades organizativas
para atacar las causas de la desigualdad y para lograr redistribuir
recursos y beneficios asegurando la igualdad de derechos, oportunidades
y trato. |
La comparación muestra que estos tres momentos corresponden
a similares posiciones teóricas y estratégicas y que
los objetivos de cada uno no son excluyentes sino complementarios.
Desde esta apreciación, en el modelo de referencia que estamos
analizando postulamos la construcción de un enfoque de calidad
y de equidad como objetivos interdependientes que tienen a la doble
pertinencia,-con el entorno productivo y social y con la población
destinataria - como condición de existencia e integran los
aspectos legales o normativos, la atención y satisfacción
de las necesidades específicas de los sujetos de atención
(clientes en el léxico de calidad) y la creación de
nuevas actitudes y conocimientos para la mejora continua.
La aplicación de esta concepción a
la formación profesional y a los servicios de apoyo al empleo
nos lleva a considerar que una política de calidad y equitativa
es aquella que:
| Cumple con los requisitos y procesos mínimos
consistentes con sus objetivos y para conseguir buenos resultados.
[cumplimiento de la normativa] |
| Tiene capacidad de adaptar sus respuestas
pedagógicas y la tecnología educativa a las
necesidades, expectativas y requerimientos del sistema productivo
y de quienes producen [satisfacción de los actores
y usuarios e integración de lo general con lo específico] |
| Posibilita los cambios, incrementa las oportunidades
creando nuevos conocimientos y actitudes y fortaleciendo el
aprender a aprender y a desaprender [lo mejor posible, la
mejora continua]. |
Por supuesto, esta no pretende ser una definición
cerrada o definitiva del enfoque sino una propuesta para convocar
y contribuir a la reflexión continua y colectiva en la que
está comprometida la comunidad americana de la formación
profesional y de los servicios de apoyo al empleo. De lo que sí
no tenemos dudas, como se señala en el documento homónimo
de Cinterfor/OIT es que para la formación profesional y técnica
así como para el apoyo al empleo, en el siglo XXI "Calidad,
pertinencia y equidad son (
) tres dimensiones estrechamente
interrelacionadas que no alcanzan a lograr o satisfacer plenamente
los objetivos específicos de cada una en tanto no se encuentren
integradas y articuladas entre sí. En esta área central
de integración se ubican los efectos que las políticas
de formación profesional y de apoyo al empleo persiguen
"
.
Sin duda no es fácil coordinar e integrar
en la práctica esta interdependencia, pero la experiencia
acumulada demuestra que ella es la que requiere el abordaje del
escenario laboral contemporáneo. Por ende, es la que debería
orientar el accionar de las políticas de formación
y de apoyo al empleo para poder cumplir con su responsabilidad básica
de ser el punto de encuentro entre el entorno productivo de bienes
y servicios y de quienes producen, sus sujetos individuales y colectivos
de atención. Todos deberán ser atendidos apostando
a la calidad de los procesos y los resultados, con pertinencia respecto
a las demandas y necesidades del entorno productivo y a sus características
y condicionamientos (o sea con doble pertinencia) y mediante un
enfoque de equidad, buscando superar obstáculos y solucionar
problemas que provocan desigualdades.
Con respecto al sistema de formación regional,
en la última década ha logrado significativos avances
en materia de calidad. Como señala Carlos Patiño,
los mismos "corresponden básicamente a los tres modelos
que poseen en la actualidad mayor reconocimiento internacional:
el de las Normas ISO, especialmente las de la familia ISO 9000;
el de los Sistemas de Acreditación de Programas e Instituciones
que se han desarrollado particularmente en el ámbito de la
educación superior; y el de los Premios (nacionales e internacionales)
de Calidad (que en algunos casos incluyen Galardones de Excelencia
para la gestión escolar). Cada vez más IFP de la región
están desarrollando sus sistemas de gestión de la
calidad aplicando uno o varios de los tres modelos
Los tres coinciden en buscar que las organizaciones
generen y mantengan sistemas que las conduzcan hacia la calidad
total, es decir, calidad en todos los ámbitos de la organización,
concebida ésta como un sistema y no como un agregado de partes
en el que alguna pueda fallar sin afectar a las otras y al objetivo
misional. La manera de cumplir este objetivo es diferente en cada
modelo. Así mismo, todos tienen la concepción -en
unos, implícita (premios) y en otros, explícita (ISO
9000 y Acreditación) -de que la operación plena de
un buen sistema de gestión de calidad será una garantía
mayor para la obtención de buenos resultados en la gestión
misional y, por lo tanto, para la entrega de excelentes productos
y servicios a los clientes
. (Asimismo) no parece haber una
razón técnica que impida la aplicación simultánea
o consecutiva de varios modelos de gestión de calidad en
una misma organización. De hecho, se encuentran ejemplos
de IFP de la región que lo hacen, aunque con diferencias
en sus motivaciones y objetivos. " .
Desde este eje conceptual, postulamos que, con independencia
modelo de calidad adoptado, el impacto de la oferta de servicios
de orientación, formación e intermediación
debería ser evaluado en estas tres áreas o niveles
.
- A nivel personal una oferta de calidad promueve
cambios profundos en las personas que les posibilitan un desarrollo
profesional continuo a lo largo de su vida. En este sentido "aprender
a aprender" continuamente es importante, pero también
"aprender a desaprender", ser capaces de revisar lo
establecido para poder descubrir nuevas posibilidades de pensar
y hacer.
- A nivel organizacional las entidades de formación
y apoyo al empleo no se limitan a transmitir conocimientos: son
organizaciones que generan y gestionan conocimientos. Y lo hacen
a partir del contacto permanente con los avances científicos
y tecnológicos, del contexto productivo y social en el
que están insertos y de sí mismas, de su propia
experiencia permanentemente revisada. Se constituyen así
en organizaciones que aprenden , desatando procesos colectivos
en que el conocimiento tácito, el saber hacer de las personas
y los equipos que las integran, se transforma en conocimiento
explícito y puede ser entonces revisado y repensado colectivamente.
Y dónde también el conocimiento explícito,
formalizado, se convierte en conocimiento tácito, en saber
hacer concreto que se expresa en la práctica cotidiana
de la organización.
- A nivel social, una oferta de calidad es la que
lucha contra la desigualdad, sirviendo efectivamente de puente
entre las necesidades y posibilidades productivas del contexto
y de quienes producen, entre el empleo y las personas, entre el
contexto y los individuos y grupos sociales. Un contexto que condiciona
a las personas y a la formación, pero que la formación
también desafía y busca transformar.
De esta manera, tanto en la formación como
en los servicios de apoyo al empleo se estará construyendo
una nueva mirada del quehacer institucional que debe compatibilizarse
y reflejarse en una cultura de la autoevaluación que adopte
el análisis de los impactos y resultados de la propia actuación
en términos del enfoque integrado de calidad y equidad. Ello
implica considerar, entre otras cuestiones, los cambios y logros
en términos de mejora de la empleabilidad, la capacidad de
emprender, la calidad del trabajo, la remuneración, la productividad
y, por supuesto, de concretar el aprendizaje permanente por parte
de cada sujeto de atención.
Una política de formación y apoyo
al empleo contemporáneo "no podría estar completa
si, además de procurar elevar constantemente su calidad y
mejorar su pertinencia, no incluyese un enfoque de equidad. La formación
profesional y el apoyo al empleo son, simultáneamente, instrumentos
de política económica y de política social.
Desde un punto de vista económico, un país o un territorio
determinado resulta más o menos competitivo en función
del grado en que consiga reducir el déficit en materia de
equidad y, con ello, las consecuentes tensiones sociales y políticas.
También lo será, en la medida en que logre aprovechar
eficazmente el potencial productivo y fundamentalmente creativo
de sus ciudadanos y ciudadanas. Desde el punto de vista social,
la formación profesional y los servicios de apoyo al empleo
son una herramienta de primer orden en la promoción de la
igualdad de oportunidades mediante el mejoramiento de la calidad
de vida y la integración de las personas en materia laboral,
social y ciudadana. Asimismo, la falta de equidad alcanza no sólo
a determinados colectivos de la población, sino también
a vastos sectores de la economía y el universo empresarial
de nuestros países. Este último se encuentra compuesto
en forma ampliamente mayoritaria por micro y pequeñas empresas,
dentro de las cuales son, a su vez, ampliamente mayoritarias las
ubicadas en la economía informal. Estos vastos sectores adolecen
de serios problemas en materia de productividad, de acceso a servicios
financieros y no financieros y, con frecuencia, son escenario de
situaciones laborales de alto grado de precariedad. En tal sentido,
y a modo de ejemplo, la formación profesional y los servicios
de apoyo al empleo resultan fundamentales en las estrategias de
elevación de la productividad de la micro y pequeña
empresa, en su vinculación con cadenas de agregación
de valor, en la ayuda a los procesos de formalización y,
en definitiva, en sentar las bases de un desarrollo económico
de tipo integrador. "
Desde estas consideraciones, formación y
los servicios de apoyo al empleo de calidad y con equidad son aquellos
que:
- tienen la doble pertinencia como referencia y
objetivo permanente,
- promueven la participación plena de los
sujetos en el mundo del trabajo, acompañando sus procesos
de reconocimiento y adquisición de saberes y habilidades;
- procuran remover inequidades que se originan
en visiones estereotipadas sobre el papel que juegan las distintas
personas según su sexo, origen, situación social,
conocimientos, etc. Estas visiones obstaculizan el libre acceso
a opciones de formación y de trabajo;
- fomentan la igualdad de oportunidades, la participación
democrática, la multiculturalidad, la atención a
grupos desfavorecidos y su inserción social, laboral y
económica;
- se construyen como herramientas sensible y, por
tanto, pertinentes a los requerimientos que plantea el contexto
laboral y social así como sus diversos actores;
- buscan mejorar el impacto de sus intervenciones,
articulándose en estrategias más amplias de desarrollo
local o colectivo.
Un enfoque integrado de calidad y equidad permea
necesariamente las diversas dimensiones de la formación profesional
y de los servicios de apoyo al empleo en los planos laboral, tecnológico,
educativo y en la organización y gestión institucional.
Asimismo - como se verá en los ejes metodológico-estratégicos
que se plantean a continuación - innova fuertemente los enfoques
pedagógicos, las modalidades de aprendizaje, los mecanismos
de determinación de demandas, las estrategias de focalización,
es decir la tecnología formativa.
En el caso de la orientación y la formación
profesional, en términos de su dimensión laboral,
el accionar con calidad, pertinente y con un enfoque de equidad
es fundamental para combatir el déficit de trabajo decente.
Por otra parte, y en la perspectiva del aprendizaje permanente,
reconoce la relevancia de nuevos espacios de aprendizaje , en particular
los ámbitos de trabajo y producción y el requerimiento
de que éstos sean, también, espacios calificantes
(aspecto éste que hace parte integral del concepto de trabajo
decente). Asimismo, convoca a la activa participación de
los actores laborales (empresarios y trabajadores a través
de sus organizaciones y Ministerios de Trabajo) y, por ende, al
diálogo social.
"La actualización tecnológica,
tanto en términos de tecnología "dura" como
"blanda", dice mucho también de los niveles de
calidad y equidad alcanzados por la oferta formtiva. Su articulación
con la pertinencia es directa, tanto en lo que refiere a la adecuación
de los contenidos, recursos y métodos formativos a las realidades
tecnológicas de la producción y el trabajo, como en
la puesta a disposición de sus sujetos de atención.
Finalmente, el acceso a las tecnologías constituye uno de
los aspectos fundamentales en el grado de equidad que alcanzan nuestras
sociedades vistas tanto desde el universo empresarial como de los
mercados de trabajo. La formación profesional y las instituciones
que la gestionan tienen en consecuencia un papel fundamental a efectos
de garantizar un acceso igualitario a dichas tecnologías."
De igual modo, el enfoque integrado de calidad y
equidad debe estar presente en todas las formas, modalidades y niveles
de la educación. En la perspectiva del aprendizaje permanente
se refuerza la interdependencia y necesidad de articulación
entre las diversas formas de educación y el potencial de
aporte de cada una a su concreción. "Si bien se han
registrado importantes avances en materia de cobertura de la educación
básica, continúan existiendo importantes inequidades
en materia de calidad de la misma y aun de acceso a ella por parte
de ciertos colectivos. Ello repercute inevitablemente sobre los
grados de efectividad que puede alcanzar la formación profesional,
en la medida en que ella se asienta sobre la disponibilidad previa
de una buena educación de base. Simultáneamente, la
formación profesional continúa siendo probablemente
la principal alternativa educativa para los sectores más
vulnerables de nuestras sociedades y, por tanto, uno de los principales
caminos para su acceso al conocimiento. La necesidad de que dicho
aporte al objetivo de una mayor equidad social sea simultáneamente
atento a los objetivos de calidad y pertinencia, es indudable.
Por último, en lo que refiere a la organización
y gestión de la formación y de los servicios de apoyo
al empleo, la adopción de arreglos institucionales que promuevan
la innovación y creatividad, la interacción interna
y externa, la participación y el diálogo social, estarán
en mejor posición de responder eficazmente a logro de los
objetivos integrados de calidad y equidad.
El compromiso con la calidad conduce a la política
de formación y apoyo al empleo a fortalecer el conocimiento
y las capacidades productivas y sociales de individuos, organizaciones
y de la economía en su conjunto de modo que puedan incrementar
su productividad y competitividad, aprovechar las oportunidades
potenciales de la mundialización, de los mercados más
abiertos, etc. El compromiso con la equidad apunta a desarrollar
la capacidad de las personas y emprendimientos que se encuentran
en una situación más desfavorecida en el mercado de
trabajo para incrementar sus oportunidades de obtener o mejorar
sus ingresos y su calidad de vida.
Así la formación profesional y
los servicios de apoyo al empleo se constituyen en herramientas
proactivas y en instrumentos clave del desarrollo, pero de un desarrollo
entendido no sólo como crecimiento económico sino
como oportunidades crecientes para todos y todas.
Enfoque
sistémico e integrador del trabajo y del accionar formativo
Ya no caben dudas que el concepto de sistema - conjunto
organizado y complejo de elementos, dinámicamente relacionados
que generan una actividad operando sobre datos, materia, recursos
de distinta índole para lograr un objetivo o producto - es
el más pertinente para caracterizar el trabajo y el accionar
formativo. Ambos son sistemas abiertos en los que el cambio de una
de las unidades o componentes genera cambios en la otra y donde
el intercambio con el ambiente en el que están insertos es
fundamental. Asimismo ninguno puede vivir aislado del otro, son
subsistemas de un sistema mayor cuyo objetivo es aportar al logro
de un desarrollo económico y social competitivo e incluyente.
Ahora bien, la condición de sistema es tanto
una cualidad intrínseca de la cosa como una actitud o apreciación
de cada uno. Se requiere de una mirada intencional para entender
a los componentes del sistema como integrantes de un todo que es
diferente a sus partes.
A ello nos referimos al plantear la necesidad de
una actitud y un pensamiento sistémico para "mirar"
la política de formación y apoyo al empleo. Y esta
mirada, al igual que la perspectiva de género y equidad social,
no se logra "naturalmente", implica un cambio profundo
de paradigmas en las personas y en las entidades por lo que requiere
de una planificación estratégica del enfoque y la
actitud sistémica , lo que implica la confluencia y simultaneidad
de una metodología, una estrategia y una ética del
compartir:
- una metodología basada en la definición
de presupuestos y lineamientos conceptuales rectores comunes y
la atención a los roles, frenos y aportes de cada área,
función y actor interviniente para el objetivo común;
- una estrategia de gestión que, siendo
rigurosa en los criterios metodológicos comunes, conciba
la flexibilidad, la multiactoralidad y las coordinaciones como
las herramientas para la inclusión y las focalizaciones
en las diversas realidades productivas, poblacionales e institucionales
involucradas;
- una ética que explicite y promueva la
diseminación y la construcción conjunta de conocimientos
y lecciones.
Es este enfoque y esta actitud la que da sustento
al modelo de referencia propuesto. Desde dicho modelo se entiende
a las políticas de formación y de apoyo al empleo
como una realidad compleja, como un todo cuyas dimensiones y componentes
están conectados directa o indirectamente y en permanente
interacción entre sí y con el mundo el trabajo. Las
dimensiones y los componentes son, a su vez, subsistemas interconectados.
Por lo tanto, para el cumplimiento de los objetivos así como
para generar cualquier transformación de esa realidad se
hace necesario tener presente cómo interactúan, qué
funciones cumplen y cómo aportan e inciden en los logros
y efectos del todo. Es en las intersecciones y en la interacción
donde se hace posible la articulación de aportes, recursos
y actores, la doble pertinencia y, en definitiva, la interdependencia
entre calidad y equidad.
Concebir sistémicamente el empleo y la formación,
conduce a responder cómo se genera hoy el empleo, cómo
se accede, cómo se garantizan los derechos, cómo se
habilitan (identifican, encuentran y gestionan) las oportunidades.
Ello requiere integrar políticas activas y pasivas de empleo,
abordar integral y conjuntamente los diversos ámbitos del
accionar formativo y, de manera determinante, identificar y trabajar
todos los espacios y dimensiones donde opera y se retroalimenta
la inequidad o la exclusión.
Esta concepción sistémica, se expresa
en el modelo de referencia en:
- la centralidad de las interrelaciones entre
los componentes y dimensiones de la política;
- la convergencia de todos los componentes en
el Proyecto Ocupacional
- la modalidad de gestión y las estrategias
de implementación adoptadas.
De esta manera se estará articulando el entorno
económico y productivo, el perfil objetivo y subjetivo de
la población destinataria y las dimensiones específicas
de la formación. Así se procura fortalecer el rol
de la política de formación y apoyo al empleo como
herramienta proactiva de articulación y promoción
de actores y recursos locales y nacionales para incrementar la competitividad
y las oportunidades de inserción laboral de su población-meta.
Doble
pertinencia con el entorno productivo y social y con los sujetos
de atención
Para que la formación y los servicios de
apoyo al empleo puedan ser efectivamente el espacio de encuentro
entre los requerimientos, potencialidades del sistema productivo
y, fundamentalmente, de las innovaciones vertiginosas que en él
se procesan y quienes realizan el trabajo, no basta con una fotografía
del entorno y tampoco con el conocimiento estandarizado y formalizado
que ofrece el perfil objetivo de hombres y mujeres. La pertinencia
con la demanda requiere un diálogo técnico con el
sector productivo y con informantes claves que vaya más allá
de la detección de las necesidades inmediatas de capacitación
o de empleo. Ser pertinente con la demanda requiere también
unir esfuerzos para identificar tendencias futuras, para contribuir
a desarrollar todas las potencialidades de las innovaciones tecnológicos
que el sector productivo tiene previsto incorporar así como
definir nuevos perfiles profesionales que, basándose en conocimientos
técnicos específicos ya existentes, puedan ser aplicados
en otros puestos de trabajo mediante la incorporación de
nuevas o más amplias competencias, en definitiva hacer prospección
tecnológica.
Pero si solo leemos una de las columnas del "puente
formativo" éste no se sostiene. De ahí la necesidad
de la "doble pertinencia". Para quienes buscan trabajo,
la autogestión del propio empleo se torna cada vez con mayor
intensidad la alternativa más efectiva y para quienes procuran
un mejor horizonte profesional, la adquisición de nuevas
competencias y el aprendizaje permanente es la estrategia a la que
tienen que recurrir. En ambos casos, las personas necesitan conocer
en profundidad sus potencialidades y frenos, valorizar sus competencias
en relación a las oportunidades de inserción que el
entorno le brinda e identificar qué les falta y cómo
lograrlo. La formación profesional necesita poner el foco
en los sujetos de atención para conocer todos estos aspectos
y poder así fortalecerlos como gestores de estrategias de
oportunidades.
Teniendo la doble pertinencia como meta de todas
sus orientaciones, dimensiones y componentes, la formación
y los servicios de apoyo al empleo serán una herramienta
proactiva del cambio planificado y estarán efectivamente
siendo el espacio de encuentro entre sus dos pilares: el trabajo
y las personas. A su vez, la doble pertinencia como ya lo expresáramos
es condición para la calidad y equidad en cuanto objetivos
cruciales e interdependientes
La doble pertinencia se expresa en el modelo en:
- la concepción de "Articulación
con el entorno productivo-social"como componente de la política
- la focalización en los sujetos de atención
que se traduce en la integración de la Orientación
Laboral y las Estrategias Complementarias que representan el eje
del sujeto o vector diacrónico de la política.
- la promoción de una estrategia de interacción
activa entre Información, Orientación e Intermediación
de la oferta y demanda Laboral
- la atención simultánea y articulada
del entorno económico y social, el perfil objetivo y subjetivo
de la población y las dimensiones propias de la política
que se concretan a través de la oferta de formativa y/o
de servicios de apoyo al empleo.
Perspectiva
de género y equidad social como marco conceptual e instrumento
de análisis de las relaciones sociales y, por ende, del mundo
del trabajo y la formación.
Abordar las relaciones sociales, el desarrollo económico
y las formas de organización social y política en
el actual contexto, implica analizar cómo se distribuye el
acceso y la administración de los bienes, los recursos y
las oportunidades entre los seres humanos, es decir, incluir la
dimensión de la equidad. Al hacerlo, lo primero que se constata
es el carácter desigual de esta distribución. Actuar
para erradicar, o al menos, modificar las condiciones que generan
la desigualdad, los sistemas de clasificación y jerarquización
de personas y actividades que las justifican y sus manifestaciones
concretas es la responsabilidad prioritaria de los Estados nacionales
y de sus diversos actores sociales así como de los Organismos
e instancias internacionales.
La herramienta a la que se acude es la política,
o sea el conjunto de actividades o líneas de acción
dirigidas a encarar un problema que afecta a la sociedad en su conjunto
o a determinados sectores y cuya consecuencia es impedir o retardar
el desarrollo económico, social, científico- tecnológico,
etc.
La acción de la política puede ser
de índole sustantivo o simbólico e idealmente debe
combinar ambos:
- Sustantivo: a su vez, puede ser distributiva
(adjudica recursos nuevos a individuos o grupos generalmente en
forma de subsidios); regulatoria (crea nuevas leyes o condiciones
jurídicas) o redistributiva (transfiere recursos o beneficios
de un grupo social a otro)
- Simbólico: se expresa en el plano de lo
discursivo para instalar el tema y generar los consensos básicos
en torno a la legitimidad de la intervención para resolver
la situación en cuestión promoviendo una redistribución
más equitativa de los recursos tangibles e intangibles.
Por ello, el análisis de las políticas
socio-económicas y, particularmente, las referidas al mundo
del trabajo, es un buen indicador del grado de democratización
y modernización alcanzado por una sociedad. En síntesis,
el reto de la equidad es inherente y debe ser compartido por todas
las políticas de desarrollo económico y social ya
sean estas de carácter público, privado o mixto.
Con independencia del tipo de organización
económica y social que los seres humanos han ido adoptando,
la cuestión de género no ha sido nunca un injerto
en las relaciones sociales sino, por el contrario, un elemento constitutivo:
ellas son el resultado de la interacción entre hombres y
mujeres, o sea entre sujetos sexuados, situados y condicionados.
Hombres y mujeres estamos inmersos en un orden y una ideología
de género. El primero está constituido por reglas
formales e implícitas y códigos de conducta, que se
construyen y reproducen en las instituciones sociales -la familia,
la escuela, los medios de comunicación, el mundo del trabajo-
y fijan posiciones, prescripciones y sanciones diferenciadas para
unos y otras.
Como lo definía Enrique Pichón-Rivière,
el ser humano es una unidad bio-psico-social en una relación
mutuamente modificante con su entorno. "El sujeto no es sólo
un sujeto relacionado, es un sujeto producido. No hay nada en él
que no sea la resultante de la interacción entre individuos,
grupos, clases y contexto" . Por ello, la subjetivización
y la socialización son planos convergentes e interactuantes
de un mismo proceso: el de la construcción de la identidad
del ser humano. El orden de género rige la dimensión
de la socialización en el proceso de construcción
de la identidad y se internaliza mediante las representaciones en
el plano simbólico e imaginario, o sea mediante la ideología
de género, en torno a la cual se construye la subjetivización.
Por ello, adoptar la perspectiva de género
y equidad social en el diseño y en la gestión de las
políticas es disponer de un marco conceptual, de una metodología
de interpretación y un instrumento crítico de análisis
que:
- orienta las decisiones,
- amplia y cambia la mirada,
- permite reconstruir conceptos, analizar actitudes
para identificar los sesgos y los condicionamientos de género
y encarar, luego, mediante el diálogo, su revisión
y modificación.
Incorporar la perspectiva
de género y equidad social es considerar a las personas como
sujetos situados en una realidad social que los condiciona, pero
que están en capacidad de transformar a partir de aprendizajes
y estrategias personales y colectivas
Es desde esta concepción que sostenemos que
el género es una categoría central del sistema de
clasificación y valorización de las personas. Se entrecruza,
potenciándolos, con los otros factores de jerarquización
y diferenciación presentes en la sociedad: raza, etnia, edad,
clase social, ingreso, educación, condición rural
o urbana, etc. Todos ellos se asientan en relaciones de poder, de
acceso diferenciado a los recursos y oportunidades y contienen,
adicionalmente, dimensiones subjetivas y de orden simbólico
que traen como resultado la creación o la racionalización
de la inequidad que, históricamente, se ha expresado en el
predominio masculino, de la raza blanca, de la cultura occidental,
de los adultos, los ricos, los educados, etc.
La perspectiva de género
y equidad social da cuenta de este entrecruzamiento sin el cuál
no podemos entender, no podemos mirar con pertinencia las relaciones
sociales.
La raza, la etnia y la edad clasifican a las personas
basándose, respectivamente, en las especificidades fenotípicas,
en las características culturales, de lenguaje y territorio,
en los años de vida, y traducen o singularizan el criterio
primario de agrupación por sexo jugando un papel determinante
en la construcción de la identidad individual y colectiva.
Ahora bien, si nos centramos en las instituciones
y en las políticas, tenemos que tener presente que al ponernos
los lentes de género y equidad social, también vemos
cómo las instituciones y las organizaciones sociales reproducen
los criterios de clasificación y jerarquización. En
nuestro ámbito, un ejemplo paradigmático es la división
sexual del trabajo y la segmentación profesional por género.
Esta segmentación no comienza cuando se cruza
el umbral del mercado de trabajo. La orientación laboral
y la formación profesional y técnica presentan sus
propias barreras internas para una participación diversificada
femenina.
Basta señalar los más obvios:
- la inexistencia o carencias de un sistema de
información y orientación vocacional y ocupacional
con enfoque de género que estimule nuevas opciones y rompa
los estereotipos. La internalización de los estereotipos
y de los preconceptos, por ejemplo, sobre la inadaptabilidad femenina
para trabajos técnicos, se ha traducido en mecanismos internos
de represión que modelan deseos, expectativas, anhelos
y motivaciones, de forma tal que algunas opciones profesionales
se tornan "naturalmente orientadas" haciendo que las
elecciones pautadas por normas se interpreten como autodeterminantes;
- la persistencia de un lenguaje sexista y de estereotipos
en la definición y la divulgación de la oferta de
servicios (plomero, técnico en electrotécnica, técnico
en hotelería, secretaria, maestra de jardín de infantes,
etc.), en los materiales didácticos, en los desarrollos
curriculares, así como en las prácticas y metodologías
de orientadores y docentes;
- la no consideración de las necesidades,
horarios y disponibilidades femeninas en la estructura y organización
de la oferta ;
- al interior de las entidades de formación,
la existencia de una participación muy baja en los puestos
directivos y como docentes en las áreas técnicas
y tecnológicas lo que no promueve modelos a imitar;
- " la no inclusión sistemática
de la perspectiva de género en la búsqueda de empleo
y en la intermediación laboral
Estos factores, si bien afectan a todos los educandos,
inciden aún más en la situación de las mujeres,
por cuanto ellas requieren de especiales apoyos para romper con
los prejuicios vigentes. Paralelamente, cada vez de manera más
contundente las mujeres quedan circunscritas al autoempleo, a las
actividades microempresariales y al sector terciario de la economía.
La Encuesta sobre Participación de la Mujer
en la Formación Profesional y Técnica, realizada por
OIT/Cinterfor y el Programa FORMUJER entre dieciséis instituciones
de formación latinoamericanas, con el objetivo de visualizar
la evolución del comportamiento femenino entre 1990 y 2000
demostró, entre otros aspectos, que:
- si bien la matrícula femenina tuvo un
crecimiento sostenido, persistía la inequidad cuantitativa:
las mujeres eran el 28% de la matrícula en 1995 y llegaban
al 39% en 1999;
- los avances en la diversificación, con
ser muchos, no alcanzaron para superar la concentración
de la matrícula ni las expresiones más intensas
de la segmentación vocacional. Al finalizar el siglo
XX, los diez subsectores con mayor número de alumnas
daban cuenta del 77% de la matrícula femenina, mientras
que en la masculina representaban 51%;
- en este limitado abanico de opciones se registraron
cambios importantes que claramente buscan responder a las transformaciones
del paradigma económico y social: la demanda crece en
las áreas de formación de amplio espectro, habilitantes
de inserciones múltiples y que ofrecen competencias necesarias
tanto en el trabajo para terceros como por cuenta propia. El
crecimiento general del sector terciario definitivamente ha
sido femenino: aumentó la participación en la
matrícula total, en el colectivo femenino y al interior
de la amplia mayoría de los subsectores y el sector de
servicios pasó a dar cuenta de casi la mitad de la participación
femenina, la capacitación para empresas casi cuadriplicó
su incidencia, el subsector industrial la triplicó e
Informática la duplicó;
- se agudizó la heterogeneidad y segmentación
al interior del colectivo femenino que se traduce en: importantes
diferencias de oportunidades entre las escasas mujeres que pueden
llegar a formaciones de nivel superior y la amplia mayoría
que, en el mejor de los casos, solo accede al nivel básico
y en las especialidades "tradicionales" ;
- una nueva y sutil manifestación de la
discriminación a partir de que el crecimiento del capital
formativo se expresa, como hemos visto, en que se reclama a
las mujeres un perfil significativamente superior al de los
varones para acceder a las mismas oportunidades de empleo y,
además, su mayor formación no les garantiza más
y mejores empleos.
Desde el punto de vista de las acciones realizadas
por el sistema de orientación y formación profesional
de la región en la temática de género, la Encuesta
resulta contundente respecto a que la década del noventa
es el tiempo de la instalación en la agenda del reconocimiento
de las inequidades entre mujeres y hombres y de las potencialidades
que tiene la orientación laboral y la formación profesional
de incidir para su modificación por lo que éste pasa
a ser su rasgo distintivo y la mayor expresión del cambio.
Ahora bien, la misma información pone en
evidencia un panorama de profunda heterogeneidad y fragmentación,
que atraviesa desde la propia conceptualización hasta el
nivel de compromiso que genera, pasando desde ya por el cómo
y desde dónde abordarlo.
Mientras la aceptación o el reconocimiento
de limitaciones y trato diferenciado entre hombres y mujeres ha
sido unánime, la intencionalidad de enfrentarlo fue de dos
tercios de las entidades, la decisión de hacerlo de los tres
quintos, la postulación de la igualdad de oportunidades como
norte se detectó apenas en un tercio y la visualización
del género como una variable transversal que implica una
consideración sistemática de las especificidades y
necesidades de varones y mujeres y de un abordaje multidimensional
solo apareció en algo menos del 2%. .
Este es, entonces, el desafío que se definió
para la primera década del nuevo siglo y su abordaje es lo
que propone el modelo de referencia al sostener que adoptar la perspectiva
de género y equidad social es mucho más que un acto
de justicia social, es una condición para la doble pertinencia
y por ende, es determinante para el logro de la calidad y la equidad
de las intervenciones.
Aprendizaje
permanente, formación por competencias, formación
para la empleabilidad y la ciudadanía, perspectiva de género
y equidad social como dimensiones transversales de la política
de formación y apoyo al empleo
La continua y rápida sucesión de cambios
en la configuración del trabajo y en el contenido de las
ocupaciones rebasa la respuesta tradicional de la orientación
y formación profesional sustentada en cursos con un inicio
y un fin determinado y certificaciones con validez permanente.
La necesidad de aprender a lo largo de la vida
o dicho de otro modo de contar con mecanismos que faciliten
el acceso permanente a oportunidades de formación y empleo
es una demanda insoslayable tanto para el sistema educativo como
para el de formación, capacitación profesional y apoyo
al empleo.
La Recomendación 195 de la OIT sobre Desarrollo de los recursos
humanos, educación, formación y aprendizaje permanente
(junio 2004) define el "aprendizaje permanente" como
"el conjunto de actividades de aprendizaje realizadas a lo
largo de la vida con el fin de desarrollar las competencias y cualificaciones"
(art. 2a) y reconoce a la educación y la formación
como un derecho para todos al que los interlocutores sociales de
los distintos países deben esforzarse por asegurar.
A su vez define a las "competencias"
como "los conocimientos, las aptitudes profesionales y el
saber hacer que se dominan y aplican en un contexto específico"
y a las "cualificaciones" como "la expresión
formal de las habilidades profesionales del trabajador, reconocidas
en los planos internacional, nacional o sectorial".
Los cambios en la organización y en la naturaleza del trabajo
y la crisis del mercado laboral (desempleo, precarización,
informalidad) cuestionan el concepto de profesión o de oficio
y plantean una concepción más amplia y dinámica
de los contenidos del trabajo mismo, así como nuevos requerimientos
a los sujetos que trabajan. Si los contenidos técnicos se
desactualizan rápidamente por el dinamismo de las innovaciones
en el proceso de trabajo, y cobran relevancia, en el desempeño
laboral, habilidades y competencias generales relacionadas con la
gestión, el trabajo en equipo, la tolerancia a la incertidumbre,
entre otras. La formación centrada exclusivamente en los
contenidos no identifica al sujeto al cual va dirigida ni al contexto,
está lejos de él aunque sus contenidos estén
técnicamente bien planteados y sean los más actualizados
y pertinentes.
La educación básica e inicial debería
ser el elemento primero y fundamental del proceso de aprendizaje
permanente pues es el que inculca las "calificaciones de
base" como son la alfabetización, el cálculo
elemental, el civismo, las calificaciones sociales, la capacidad
de "aprender a aprender" y la disposición para
resolver los problemas en colaboración. Por lo tanto, contribuye
a desarrollar la capacidad de una persona para encontrar y retener
un empleo y también debería apuntar a la comprensión,
desde una edad temprana, de los deberes y derechos de los ciudadanos.
Por ello, es cada vez más difícil separar la enseñanza
de la formación, en especial debido a que la noción
de empleo para toda la vida está siendo sustituida por la
necesidad de un aprendizaje a lo largo de toda la vida. En esta
concepción coinciden la OIT y la UNESCO que, cada vez con
mayor centralidad, procuran que sus lineamientos y estrategias al
respecto deriven de consultas entre los Estados Miembros de ambas
Organizaciones, las federaciones de asociaciones profesionales,
las organizaciones de empleadores y trabajadores y organizaciones
no gubernamentales.
Respecto a la enseñanza y formación
técnica y profesional contemporánea, la preocupación
de la UNESCO se centra en la enseñanza técnica y profesional
- como parte integrante de la iniciativa mundial de Educación
para Todos -, mientras que la OIT hace hincapié en la formación
previa y para el empleo, el trabajo decente y el bienestar de los
trabajadores en el contexto del Programa Mundial de Empleo. Sin
embargo, es posible advertir gran cantidad de coincidencias y similitudes
en los planteos que ambas entidades realizan respecto a los principales
lineamientos y estrategias que deben orientar las políticas
de formación y de apoyo al empleo y educación en el
mundo.
En primer lugar, teniendo en cuenta que la UNESCO
emplea la expresión "enseñanza técnica
y profesional" para abarcar todos los aspectos del proceso
educativo, se destaca la necesidad de establecer nuevas relaciones
entre la educación, el mundo del trabajo y la comunidad en
general. En este marco, la enseñanza técnica y profesional
"debería formar parte de un sistema de aprendizaje a
lo largo de toda la vida adaptado a las necesidades de cada país
y al progreso tecnológico mundial".
En segundo lugar, la coincidencia de la UNESCO y
la OIT en que la educación permanente no debe considerarse
un gasto sino una inversión y que el gobierno ha de asumir
la primera responsabilidad de invertir en la educación básica,
se ve reflejada con contundencia en la Recomendación 195
cuando plantea que "la consecución del aprendizaje permanente
debería basarse en un compromiso explícito por parte
de los gobiernos, de invertir y crear las condiciones necesarias
para mejorar la educación y la formación en todos
los niveles; por parte de las empresas, de formar a sus trabajadores,
y, por parte de las personas, de desarrollar sus competencias y
trayectorias profesionales" (art. 4 b.)
En el ámbito específico de la orientación,
la formación profesional y la educación técnica,
la OIT mediante la Recomendación 195, consagra la significación
de la formación previa al empleo al establecer que los Miembros
deberían "reconocer la responsabilidad que les incumbe
en materia de educación y formación previa al empleo
y, en colaboración con los interlocutores sociales, mejorar
el acceso de todos a éstas, con el fin de incrementar la
empleabilidad y facilitar la inclusión social" (art.
8, a). E integrada y articulada con ella, la centralidad la adquiere
la formación para la empleabilidad.
Los cambios en la organización y en la naturaleza
del trabajo y la crisis del mercado laboral (desempleo, precarización,
informalidad) cuestionan el concepto de profesión o de oficio
y plantean una concepción más amplia y dinámica
de los contenidos del trabajo mismo, así como nuevos requerimientos
a los sujetos que trabajan. Si los contenidos técnicos
se desactualizan rápidamente por el dinamismo de las innovaciones
en el proceso de trabajo, y cobran relevancia, en el desempeño
laboral, habilidades y competencias generales relacionadas con la
gestión, el trabajo en equipo, la tolerancia a la incertidumbre,
entre otras. La formación centrada exclusivamente en los
contenidos no identifica al sujeto al cual va dirigida ni al contexto,
está lejos de él aunque sus contenidos estén
técnicamente bien planteados y sean los más actualizados
y pertinentes.
Para que la vida laboral o profesional de las personas
pueda desarrollarse, necesita nutrirse permanentemente de conocimientos
nuevos pero, fundamentalmente, necesita de un nuevo tipo de aprendizaje.
Un aprendizaje que, en tiempos de cambio e incertidumbre, aporte
no sólo la capacidad de incorporar permanentemente nuevos
saberes sino que las instrumente para ser gestoras y detectoras
de oportunidades, para desempeñarse en trayectorias ocupacionales
no lineales y para la eventualidad de que tengan que orientar su
carrera varias veces a lo largo de la vida puesto que ya no se encontrarán
con un empleo previsible, estable y permanente.
Estas tendencias, sumadas a la necesidad de generar
ofertas abiertas y de acceso continuo para facilitar la formación
previa al empleo, la formación inicial y la actualización
permanente refuerzan el concepto de empleabilidad, que se
torna central en la Recomendación 195 entendida como "las
competencias y cualificaciones transferibles que refuerzan la capacidad
de las personas para aprovechar las oportunidades de educación
y de formación que se les presenten con miras a encontrar
y conservar un trabajo decente, progresar en la empresa o al cambiar
de empleo y adaptarse a la evolución de la tecnología
y de las condiciones del mercado de trabajo".
Esta significación de la empleabilidad conduce
a fortalecer la concepción de la orientación y la
formación como una acción de desarrollo de los
recursos humanos y al aprendizaje permanente como todas y cada una
de las actividades de aprendizaje realizadas por las personas a
lo largo de la vida con el fin de desarrollar las competencias y
cualificaciones, independientemente de la forma de acceso, la modalidad
educativa o la institución en las que la adquieran.
Al contrario de unas décadas atrás,
cuando la tendencia dominante era hacia la especialización,
hoy parece necesario contar con una serie de competencias básicas,
transversales y aptitudinales que habilitan tanto para actuar en
ambientes de trabajo con menor grado de control y situaciones imprevistas
que deben resolverse sobre la marcha, como para navegar en un mercado
de trabajo difícil y competitivo. El desarrollo de habilidades
como iniciativa, creatividad, capacidad de emprendimiento, pautas
de relacionamiento y cooperación ha de ir acompañado
por las nuevas competencias técnicas requeridas que son relativamente
menos específicas que en el pasado: idiomas, informática,
razonamiento lógico, capacidad de análisis e interpretación
de códigos diversos, etc. Con relación a la especialidad
tecnológica, la actualización es, cada vez más,
adquirida en el propio trabajo y algunas empresas prefieren tomarlas
a su cargo. El aprendizaje en el lugar del trabajo así como
el autoaprendizaje, facilitados por las oportunidades que ofrecen
las Tecnologías de la Información y la Comunicación
se extiende rápidamente requiriendo fuertes transformaciones
en las metodologías y prácticas formativas.
Las instituciones de formación profesional
y los servicios de apoyo al empleo encuentran en el aprendizaje
permanente un nuevo paradigma para su trabajo. En efecto, antes
se podía medir plenamente la acción por el número
de cursos abiertos y de cupos ofrecidos para participantes que con
pocas excepciones no retornaban jamás. Ahora se debe abrir
la puerta para opciones de reingreso, actualización, perfeccionamiento,
articulación con la educación formal y reconocimiento
de las certificaciones en el mercado de trabajo. Y todas ellas deben
apuntar a la alta calidad como instrumentos poderosos para mejorar
las condiciones sociales y económicas generales y para prevenir
y luchar contra la exclusión social y la discriminación,
en especial en los aspectos que involucran a la empleabilidad de
las personas.
Tanto el enfoque de formación a lo largo
de la vida como el de aprendizaje permanente se sustentan en la
necesidad de mantener la competitividad en un mundo de productos
y tecnologías cambiantes, la rápida obsolescencia
de los conocimientos, la desvalorización de los diplomas
académicos, la valorización de los aprendizajes en
los diversos ámbitos de actuación de las personas
y la lucha contra el desempleo.
El desarrollo del aprendizaje permanente se relaciona
con el establecimiento de mecanismos de articulación (abiertos
y flexibles) entre la capacitación, la formación profesional
y técnica, la educación técnica y los programas
de educación superior así como con la disponibilidad
de diversos regímenes de programas (dedicación completa,
parcial, enseñanza a distancia), permisos y facilidades para
la formación de personas que trabajan, el personal orientador,
docente y administrativo e incentivos a la investigación
en relación a la enseñanza técnica y profesional,
en especial en relación con las posibilidades que brinda
el aprendizaje a lo largo de la vida.
Por otro lado, en el ámbito nacional, la
apuesta a la educación permanente implica incrementar la
difusión de información sobre los programas existentes
y la adopción de medidas con la participación de empleadores,
asociaciones profesionales y otros interlocutores sociales relevantes
teniendo presente que no existe ningún modelo universal de
inversiones en formación. Las medidas para la promoción
de la educación y el aprendizaje permanentes constituyen
una cuestión de diálogo social que mediante
acuerdos colectivos, convenios bipartitos y tripartitos, etc., facilite
la gestión de recursos, la creación de marcos de calificaciones,
la gestión de calidad y el logro de objetivos de equidad
en la formación y la educación.
La instrumentación del aprendizaje permanente
en la formación para el trabajo viene de la mano del término
competencia laboral que refiere, hoy por hoy, a una de las
innovaciones más citadas y recurrentemente analizadas, particularmente,
en la formación profesional de la región de las Américas
en los últimos cinco años. A lo largo del continente
se han implementado de una u otra forma, nuevos programas o actualizaciones
a los ya existentes que se centran en desarrollar capacidades productivas
y sociales verificables en el contexto laboral, más allá
de la preocupación por la mera transferencia de conocimientos
o el adiestramiento en habilidades.
En el proceso de construcción de la noción
de competencia laboral se fueron desarrollando diferentes definiciones
pero, como hemos visto, la Recomendación 195 la ha sistematizado
en forma tal que hoy se puede decir que se manejan matices de dicho
término y que hay plena coincidencia en entender la orientación
y formación basada en competencias profesionales o laborales
como el proceso de desarrollo de diseños curriculares, materiales
didácticos, actividades y prácticas de aula destinadas
a fortalecer un conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas
y actitudes que la persona combina y utiliza para resolver problemas
relativos a su desempeño laboral, de acuerdo a criterios
o estándares provenientes del campo profesional.
Siguiendo el encadenamiento, aunque no necesariamente
siendo estrictos con la irrupción histórica de los
conceptos, el aprendizaje permanente y la formación basada
en competencias dan sustento a la formación para la empleabilidad
y la ciudadanía.
Como decíamos anteriormente, si bien las políticas
de formación y de apoyo al empleo no pueden por sí
solas generar empleo, pueden y deben apoyar a las personas para
que se transformen en detectoras y constructoras de oportunidades
y de estrategias de inserción.
Como hemos visto, la definición de empleabilidad
de la Recomendación 195 despeja cualquier tipo de confusión
acerca de considerar a la empleabilidad como sinónimo de
empleo o de logro de un puesto de trabajo y la centra en el conjunto
de competencias personales, sociales y técnicas, que permiten
a las personas autogestionar sus procesos de desarrollo laboral
y profesional en un escenario donde el empleo necesita ser creado
mediante capacidad de emprendimiento y estrategias de cooperación.
Este nuevo tipo de aprendizaje ya no puede circunscribirse
a una etapa en el inicio de la vida profesional sino que se trata
de una orientación laboral y una formación a lo largo
de la vida, de un aprendizaje permanente. Asimismo, no puede ser
la sumatoria de acciones formativas específicas por cuanto
busca por un lado que la persona sepa lograr los resultados requeridos
para su desempeño profesional y, por otro, que comprenda
la razón por la cual lo hace, cuáles son las implicancias
e impactos de su acción y que desarrolle la capacidad de
relacionar lo aprendido, de transferirlo a otras situaciones, de
adaptarse a nuevos contextos sociales y laborales.
Por eso en la actualidad, la formación
del trabajador y de la trabajadora converge con la formación
del ciudadano y la ciudadana. El derecho al trabajo es uno de
los aspectos sustantivos del derecho ciudadano y la cuestión
pasa entonces porque el trabajo desempeñado no menoscabe
a la persona, le permita no sólo alcanzar su sustento sino
que habilite su desarrollo personal y su autonomía, entendida
como la capacidad de pensar y actuar por sí misma, de elegir
lo que es valioso para ella. En ambos casos, se debe actuar en las
tres dimensiones fundamentales del desarrollo de la vida: las relaciones
consigo mismo; las relaciones con l@s demás (vida en familia
y participación en el espacio social más amplio) y
las relaciones con el entorno. Para un ejercicio ciudadano consciente
y respetuoso de la diversidad, al igual que para el trabajo actual,
se requiere de capacidad de expresarse y comunicar, de tomar decisiones,
optar, comprender el medio en el cual se actúa, abordar sistémicamente
la realidad, trabajar en equipo, ser solidario, participar, autocuidarse
y cuidar de los/as demás, etc.
La empleabilidad y la ciudadanía se constituyen
entonces en dimensiones fundamentales para el desarrollo personal
y la integración social.
No caben dudas, por tanto, que mediante la formación
para la empleabilidad y para la ciudadanía se incrementan
las competencias que el hombre y la mujer trabajadores requieren
para tener mayores posibilidades de preservar su empleo, obtener
uno nuevo, acceder a empleos mejor remunerados y con adecuadas condiciones
de trabajo así como para ejercer efectivamente sus derechos
y responsabilidades comunitarias y ciudadanas.
Ahora bien, la empleabilidad y la ciudadanía tienen relación
con procesos que ocurren en distintos niveles: estructurales, normativos,
culturales. Pero también la empleabilidad y la ciudadanía
están relacionadas con factores de carácter personal
y relacional, que se articulan con los contextos de vida concretos
de cada sujeto, dando por resultado diferencias e inequidades en
las posibilidades de acceso a los recursos, en las oportunidades
de empleo o generación de actividades productivas, en la
participación y toma de decisiones respecto de cuestiones
atinentes a su comunidad o grupo de pertenencia.
Y son estos factores los que atañen específicamente
a las políticas de formación y apoyo al empleo por
lo que la problemática de la empleabilidad y la ciudadanía
de sus sujetos de atención supone analizar y articular:
- el contexto productivo y laboral
- las marcas de género e inequidad social
existentes en el campo laboral, entre las cuales se destaca
la segmentación profesional horizontal y vertical
- las características de los sujetos
- las condicionantes de género, raza,
clase social, ingreso, educación, etc.
- las ofertas de orientación y formación
professional disponibles
- las marcas de género e inequidad social
presentes en los contenidos y modalidad de las ofertas de servicios
Mejorar la empleabilidad y la ciudadanía
implica poner el foco de atención en un sujeto situado y
condicionado por su género, su raza, su entorno económico
y cultural, su edad, etc. Este es el aporte que realiza la perspectiva
de género y equidad social que, además, demuestra
que las mujeres, las personas de color o indígenas, etc.,
han estado sometidas a particulares barreras y prejuicios sociales
respecto a sus derechos y capacidades y se han encontrado tradicionalmente
alejadas de los canales de creación y usufructo de la riqueza.
Por ello, aprendizaje permanente, formación
por competencias, formación para la empleabilidad y la ciudadanía
y perspectiva de género y equidad social son consideradas
en este modelo de referencia como dimensiones transversales y articuladas
en el diseño y gestión de una política de formación
y apoyo al empleo para el siglo XXI y por ello están en el
punto de convergencia de todos los criterios y componentes.
Regresar
al mapa
|