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Articulación con el entorno productivo-social
Así como las personas, para enfrentar la
crisis del empleo permanente, estable, ascendente y formalizado,
tienen que desarrollar y fortalecer nuevas competencias y constituirse
en gestoras de sus propias estrategias de empleabilidad, la formación
profesional y los servicios de empleo tienen que generar capacidades
nuevas para una lectura certera y sistemática del mundo productivo.
Estas competencias institucionales son las necesarias tanto para
definir y actualizar la oferta como para apoyar a la población/meta
en la identificación y apertura de nuevos espacios de inserción
laboral.
La vinculación con la demanda laboral
no puede circunscribirse al sector empresarial formalizado y de
ahí la propuesta de una denominación más abarcativa:
entorno productivo y social. De esa manera no sólo se
amplían las posibilidades de identificar perfiles ocupacionales
y alternativas de inserción nuevas o insatisfechas en el
sector formal sino que se está convocando y promoviendo la
participación activa de los diversos actores e instituciones
que pueden confluir en la generación de puestos de trabajo.
En un escenario de contracción del empleo,
no basta con indagar sobre las demandas de formación no cubiertas,
ya sea por inadecuación de los perfiles formativos como por
carencias o desactualización de las competencias de quienes
buscan trabajo. Se hace necesario inducir la demanda e identificar
nuevos nichos de empleo mediante un amplio espectro de estrategias
de cooperación y de articulación, lo que implica:
- sumar creatividades y recursos provenientes
de ámbitos que puedan complementarse para la identificación
de demandas a futuro, provenientes de nuevas materias primas,
alternativas y exigencias de las nuevas tecnologías, avances
científicos para identificar impactos positivos y negativos
para la formación y el empleo (en este sentido la conexión
con universidades y centros de ciencia y tecnología es
cada más un imperativo para las políticas de formación
profesional y técnica);
- explorar las potencialidades productivas locales,
sectoriales o de cada sujeto (individual o colectivo como ya se
ha señalado) para desarrollar un bien o servicio, añadir
valor agregado al que se está ofreciendo - ya sea en términos
de singularidad, calidad, atención más precisa o
atractiva de las nuevas pautas de consumo o de los intereses de
los potenciales compradores, etc. Para que esta exploración
se concrete en puestos de trabajo no basta con el diseño
curricular, con la formación en el aula y, menos aún,
con la voluntad de un solo actor como puede ser el centro de formación.
En síntesis no basta con la identificación
de la demanda insatisfecha o potencial: se requiere simultáneamente
de la interacción y abordaje conjunto con los componentes
de Orientación Laboral y Estrategias Complementarias para
establecer su compatibilidad y pertinencia con el perfil de la oferta,
o sea con los sujetos de atención.
Ello conduce a un abordaje multidisciplinario que,
idealmente, debería estar presente desde la definición
misma de la metodología y de los instrumentos de análisis.
Normalmente se ha asimilado este componente o función con
la realización de estudios de mercado o con un observatorio
del mercado de trabajo, generalmente desde el exclusivo enfoque
económico o tecnológico y se ha considerado que esa
información es suficiente para alimentar la oferta de servicios
de derivación a brindar.
Las múltiples experiencias de observatorios
laborales con este tipo de enfoque, el camino recorrido para apoyar
y promover la participación femenina sumadas a las incertidumbre
y giros drásticos en materia de conocimiento, globalización
económica, naturaleza del trabajo, han demostrado que para
el diseño de políticas - cuyos resultados en términos
de capital humano con nuevas capacidades no pueden medirse en lo
inmediato o en el corto plazo- no basta con una fotografía
de la realidad actual.
Se requiere, además, de informaciones, reflexiones
y valorizaciones sobre capacidades, conocimiento y aptitudes "puestos
en práctica", de ahí la centralidad que han ido
adquiriendo las metodologías y estrategias de identificación
de competencias.
Asimismo, y dado que el objetivo esencial de las
acciones educativas es la incorporación de nuevos conocimientos
y capacidades, la mejora del punto de partida, la "mirada"
con la que se aborda el análisis de la realidad es fundamental
para poder aportar a estos cambios, particularmente para revisar/transformar
los paradigmas y los estereotipos.
Por ello desde este modelo de referencia se plantea
que la mirada pedagógica, la didáctica de la formación
técnica, la perspectiva de género, las estrategias
de Orientación Laboral entre otros enfoques multidisciplinarios,
deben estar presentes e incluidos en la recolección y análisis
tanto de la demanda como de la oferta laboral. Desde el punto de
vista de la oferta ello es lo que faculta identificar las competencias
de empleabilidad de las personas, abrir el ingreso de mujeres en
ocupaciones "no tradicionales" y, particularmente, dar
respuesta a las necesidades de la inserción autogestiva o
microempresarial.
Muchas veces basta con preguntar al sector empleador
por qué solicita hombres, blancos, o una persona con experiencia
previa para determinado puesto de trabajo para desencadenar la reflexión
e incluso la modificación de los requerimientos del perfil
pero si estos "lentes de género y equidad" no están
presentes en la elaboración de los instrumentos de recolección
de información, esta oportunidad se pierde y, peor aún,
lo que se "lee" desde la oferta formativa o desde la Intermediación
Laboral es que es una ocupación o una demanda para hombres
o a la que no puede acceder un/a joven que está iniciando
su trayectoria laboral.
El mayor desafío y potencialidad de este
componente se encuentra en la complementación entre la función
de captor de ondas o señales y la de promotor del encuentro
entre la demanda y la oferta laboral, o sea en concebirse como
figura de articulación y cooperación, de promoción,
que le otorga a los servicios de empleo y a la formación
un rol proactivo respecto al entorno productivo y social. Así
entendido, el servicio de empleo o la institución de formación
si esta actuando sola, o sea si no esta relacionada a un servicio
de empleo existente en el territorio, se constituye en una herramienta
fundamental para las políticas de empleo, trabajo y renta
por cuanto tiene la capacidad técnica de mediar, planificar
e instrumentar estrategias y acciones para asegurar la doble pertinencia
y responder a las necesidades y potencialidades de un desarrollo
económicamente sostenible y socialmente incluyente.
Así concebido el componente puede desarrollar
múltiples líneas de acción. A título
de ejemplo citamos:
- Sistema de información y orientación
de la demanda / Observatorio Laboral a nivel central y a nivel
territorial
- Sensibilización y capacitación
del sector productivo
- Mecanismos de articulación y coordinación
con el desarrollo local, las intervenciones y/o programas públicos
o territoriales de promoción del empleo y los centros de
formación a nivel nacional y a nivel territorial
- Promoción y servicios de apoyo para emprendimientos
productivos
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