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El resultado desde el punto de vista social del nuevo modelo de
crecimiento agroindustrial ensayado en la década pasada no
podría haber sido más perverso: aumento drástico
y concentración de la renta en el campo, la proporción
de pobres creció y los pobres se tornaron relativamente más
pobres. Las cuestiones que este libro coloca se refieren al hasta
cuándo y hasta dónde es posible reproducir este modelo.
Cualquiera sea la respuesta a estas cuestiones fundamentales, imponen
un tercer cuestionamiento: qué hacer con aquellos que ya
están excluidos, desposeídos, pobres del campo o cualquier
otro nombre con que se identifique a esta población sobrante
desde el punto de vista de las necesidades internas de acumulación
del sistema? En este sentido, este libro es un espacio para discutir
nuevas políticas sociales para el campo, entre ellas, la
de una reforma agraria que garantice al menos casa y comida a quienes
no tienen la posibilidad de ser absorbidos productivamente en este
nuevo patrón tecnológico que se avecina.
El primer capítulo es un texto escrito junto
con Angela Kageyama, para la introducción de un trabajo más
amplio titulado "O novo padrão agrícola brasileiro:
do complexo rural aos complexos agroindustriais". El libro
representó una verdadera ruptura en el modo de pensar la
agricultura brasilera como un sector relativamente autónomo
que se integraba cada vez más a la economía nacional.
En él se desarrolla la idea de que había una dinámica
en gestación por detrás de aquello que se llamó
modernización conservadora" de la agricultura. O sea,
que posterior a 1964 se constituyen y consolidan varios complejos
agroindustriales con determinaciones internas y externas muy distintas,
de manera que a partir de mediados de los años 70, no se
puede hablar más de una única agricultura brasilera
como unidad analítica relevante.
El segundo capítulo intenta mostrar cómo
por detrás de varios complejos había una "administración"
de Estado a través de las políticas agrícolas
y no agrícolas, las cuales eran diferentes de las políticas
de épocas anteriores porque expresaban intereses de otros
grupos económicos.
El tercer capítulo representa un intento
de contribución para el debate teórico al respecto
de las unidades relevantes de análisis en la agricultura
brasilera actual. Introduce el abordaje neocorporativista por influencia
de Eduardo Moyano, a quien se le deben los primeros pasos en un
terreno que parecía pantanoso: la relación Estado-grupos
privados.
El capítulo cuarto remite a la evaluación
de la acción del Estado en el periodo entre los gobiernos
de Figueiredo y Collor. Aunque se imagine lo contrario, los años
de peor crisis económica que empobreció a millones
de brasileros no fueron malos para los grandes productores agropecuarios.
La acción del Estado fue decisiva para separar a los ganaban
de los que perdían, a través de una perversa combinación
de un brutal rigor salarial con una política de cambio desfasado
y la administración de abultados subsidios direccionados
a grupos de intereses específicos.
El quinto capítulo discute la relación
entre la distribución de la renta, precios de los alimentos
y padrón de desarrollo agrícola. Se argumenta que
el problema del hambre en el Brasil de los años 90 está
fundamentalmente relacionado con la cuestión del bajo poder
adquisitivo de la clase trabajadora.
El capítulo sexto, discute las principales
tendencias en el espacio rural brasileiro, que no puede ser reducido
apenas a su dimensión agrícola o agraria. Así,
por ejemplo, las tradicionales actividades productivas no consiguen
explicar más, por sí sola, la dinámica del
empleo y la población rural del país.
Finalmente, en el anexo se presentan algunas notas
para la formulación de un abordaje alternativo para el análisis
de la formación de costos agrícolas del país.
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