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Fecha de actualización: 23/06/2009
Gestionando la
igualdad
La dimensión de género en la formación y en las
relaciones laborales Sara Silveira (*)
5.- Desafíos
y lineamientos actuales para una política de formación con perspectiva
de género
Las constataciones reseñadas
y las experiencias recogidas de las acciones realizadas en la región
y en el mundo llevan a que en la actualidad se registre una clara consciencia
de la necesidad de generar, desde las instituciones educativas, políticas
activas que den prioridad a las oportunidades educacionales de las mujeres
para asegurar que:
sus necesidades y especificidades
sean tenidas en cuenta
se conciba su derecho a
la formación como un derecho humano fundamental que, al desarrollar
y potenciar sus capacidades, se constituye en una herramienta fundamental
para:
promover y fortalecer su
empleabilidad e inserción laboral;
habilitar una participación
social, económica y política plena, en pie de igualdad con los hombres
y desde una mayor autonomía;
alcanzar el cumplimiento
del principio democrático de equidad entre los géneros y contribuir
al combate de la pobreza,
disminuir y/o eliminar
las discriminaciones y avanzar en la reducción de las brechas entre
los géneros tanto en términos salariales como de posicionamiento y
capacidad de negociación;
incidir en otros aspectos
del desarrollo social como la mortalidad maternal e infantil, la salud,
nutrición y educación de las nuevas generaciones, el control demográfico
y ambiental, la integración social y la construcción de la ciudadanía.
Parece evidente que la integración
de la perspectiva de género en la formación profesional y técnica en
América Latina deberá manifestarse simultáneamente en las lógicas de
transversalización ("mainstreaming") y especificidad lo que
demanda:
Forjar alianzas estratégicas
entre los diferentes actores públicos y privados para fomentar la
igualdad de género, estimulando el compromiso político con ese fin.
A título de ejemplo pueden señalarse: la coordinación con las autoridades
educativas de programas no discriminatorios, que incluyan la orientación
vocacional con dimensión de género y modelos femeninos exitosos en
áreas científicas, tecnológicas e innovadoras; la promoción de la
inclusión en la negociación colectiva, en el accionar sindical y en
las políticas de recursos humanos de las empresas de la consideración
sistemática de los temas relativos a la situación de la mujer trabajadora,
a su formación y a las relaciones de género en el trabajo.
Potenciar las articulaciones
posibles y los recursos -siempre escasos- a nivel inter y extrainstitucional-
con el objetivo de lograr la replicabilidad de modelos, estrategias
e instrumentos desarrollados a nivel internacional y difundir/compartir
las lecciones y experiencias exitosas.
Hacer que las cuestiones
y singularidades de las mujeres constituyan una dimensión integral
en la planificación, diseño, implementación, monitoreo y evaluación
de las estrategias a todos los niveles encaradas por el sistema de
formación profesional.
Estimular la construcción
de abordajes multi, inter y transdiciplinarios, especialmente para
el desarrollo de metodologías de investigación, análisis y evaluación
que garanticen la desagregación por sexo, mejoren y actualicen los
descriptores de desempeño y resultados de la inserción laboral femenina
y de las intervenciones formativas y permitan avanzar en una reconceptualización
de la calidad del empleo desde la perspectiva de género, definiendo
nuevos indicadores del mismo que den cuenta del hecho innegable que
un "buen empleo" para un hombre no es necesariamente lo
mismo que un "buen empleo" para una mujer.
Implementar programas y
acciones focalizados en grupos de mujeres en condiciones desfavorables
(pobres, con bajos niveles educativos, jefas de hogar, madres adolescentes,
etc.) o con problemáticas y objetivos específicos (acceso a puestos
directivos; a áreas tecnológicamente innovadoras, al campo de la ciencia
y tecnología; formación para dirigentes empresariales y sindicales,
micro y pequeñas empresarias, etc.) fomentando y aprovechando siempre
la complementación y articulación con otros programas o servicios
institucionales relacionados.
Por lo expuesto y en las actuales
circunstancias no parecen caber dudas que una política formativa y,
en especial, cuando está dirigida a mujeres deberá formular estrategias
multidisciplinares, proponer formaciones de amplio espectro que abarquen
familias ocupacionales antes que ocupaciones específicas y encontrar
"soluciones pedagógicas" que las instrumente tanto para resolver
los problemas inmediatos y puntuales de inserción como para poder, por
sí, en el futuro adaptarse a nuevas e impensadas demandas y alternativas
ocupacionales e incorporar, de manera permanente, nuevos saberes en
una concepción de formación a lo largo de toda la vida.
Para el logro de esos objetivos,
aparecen como prioritarias las siguientes líneas de acción:
Estrechar los vínculos
entre el sistema formativo y el sector productivo: para determinar
la necesidades y actualizar los perfiles ocupacionales, alimentar
el sistema de información sobre demanda y oferta laboral identificando
la demanda insatisfecha actual y en el mediano plazo, definir los
posibles nichos de empleo femenino existentes y abrir nuevos mediante
la tarea de sensibilización y promoción. También esta vinculación
es básica para habilitar la práctica laboral -que dé visibilidad a
las mujeres y les aporte la formación práctica requerida y para concretar
la formación por competencias
Sensibilizar a la sociedad
y a sus actores para:
apoyar y estimular un cambio
en los patrones culturales y empresariales en forma tal de otorgar
un nuevo valor social y económico a las cualidades y singularidades
femeninas aprovechando su correspondencia con los perfiles ocupacionales
emergentes del nuevo paradigma productivo y organizacional, la búsqueda
del mejoramiento de la calidad de vida y la preservación del medio
ambiente;
generar conciencia de las
relaciones entre una política de igualdad en la formación y el empleo
y una adecuada gestión del capital humano.
Desarrollar competencias
claves para la empleabilidad que le permitan a las mujeres proyectarse,
adaptarse y cambiar su entorno. El empleo en el actual contexto ya
se no se genera masivamente y necesita ser creado mediante capacidad
de emprendimiento y estrategias de cooperación. Su conservación requiere
de una aptitud de adaptación y aprendizaje constante para poder enfrentar
los cambios en los contenidos y en las modalidades de hacer las cosas,
de ahí la priorización de la empleabilidad, especialmente para las
mujeres que están sometidas a particulares barreras culturales en
materia de contratación por cuenta ajena, se han encontrado tradicionalmente
alejadas de los canales de creación y usufructo de la riqueza y al
crear su propio empleo, contribuyen a su vez a habilitar puestos para
otras mujeres.
Las mujeres han de posicionarse
ante el nuevo empleo, consolidando, ampliando y potenciando su equipaje
de competencias, especialmente las transversales y actitudinales dada
su validez para múltiples ocupaciones y ramas de actividad y su funcionalidad
para el desarrollo del propio itinerario ocupacional y formativo y para
adaptarse a la desigual y fuertemente heterogénea organización productiva
y tecnológica de nuestros países. Para una amplia proporción de la población
latinoamericana, los trabajos disponibles siguen siendo de baja calidad
y las tareas, en aquellos sectores cuasi artesanales de la industria
que sobreviven o en el trabajo informal y la microempresa aún son repetitivas
y parcializadas. Modernidad y marginalidad coexisten y se desarrollan
en esta nueva etapa de crecimiento. Nueve de cada diez nuevos puestos
generados están en el sector servicios; pero por cada nuevo puesto de
trabajo generado en los servicios de alta calidad se crean nueve en
los de servicios informales Paralelamente, el crecimiento en los puestos
de trabajo en microempresas, si bien no puede compensar la pérdida de
plazas de la industria tiende a mejorar la calidad del empleo informal,
e incluso en algunos servicios presentan altas exigencias formativas
y tecnológicas, como puede ser el área del software y su soporte técnico,
las telecomunicaciones, la medicina radiológica, etc., convirtiéndose
en opciones válidas de creación de empleo, aunque continúen manteniendo
condiciones de inestabilidad y desprotección laboral y social fuertes.
Las competencias claves para
la empleabilidad son fundamentales para las mujeres pobres y de baja
escolaridad porque para ellas uno de los mayores obstáculos es precisamente
la demostración de competencias. Desde el punto de vista de género,
y con independencia de las diversas categorizaciones existentes, merecen
especial atención:
Las competencias básicas:
referidas fundamentalmente a la capacidad de aprender a aprender que
afirma la erradicación definitiva de la concepción de que es posible
aprender de una vez y para siempre y de que en el aula se puede reproducir
todo el conocimiento. Requiere de instrumentaciones básicas como la
idoneidad para la expresión oral y escrita y del manejo de las matemá-ticas
aplicadas y pone en movimiento diversos rasgos cognitivos tales como
la capacidad de situar y comprender, de manera crítica, las imágenes
y los datos que le llegan de fuentes múltiples; la aptitud para observar,
la voluntad de experimentación, la capacidad de tener criterio y tomar
decisiones, etc.
Las competencias transversales:
destinadas a adaptarse a lo que vendrá entre las que se encuentran
el desarrollo de culturas tecnológicas (trabajar con tecnología, aplicarla
a la tarea. Seleccionar procedimientos, instrumentos y equipos y prever
e identificar los problemas de su funcionamiento, etc.), de las capacidades
de iniciativa, emprendizaje, de integrar y de desarrollar una visión
sistémica de la realidad, sus problemas y alternativas;
Las competencias actitudinales:
destinadas a eliminar las autolimitaciones y aprender a construir
proactivamente el futuro. En este terreno, las mujeres han de superar
importantes barreras mentales y sociales que limitan su posicionamiento
y empoderamiento, y que van mucho más allá de la idoneidad o no de
sus conocimientos, formación y experiencia laboral. Se incluyen, por
tanto, entre ellas: el crecimiento personal (reforzamiento de la identidad
y seguridad personal y de género, promoción de estrategias de autoestima;
autoaceptación y manejo de la culpa, auto-responsabilidad y protagonismo
en el propio proceso o itinerario de empleo-formación; el desarrollo
de la iniciativa (liderazgo, organización y planificación, manejo
de la gestión del riesgo, fomento de la toma de decisiones e incremento
del margen de maniobra), la capacidad de acción interpersonal y asociatividad
(trabajo con otros, responsabilidad, autorregulación, discriminación
emocional en las situaciones laborales, etc.)
Las competencias técnico-sectoriales:
Para las mujeres ello significa: el aprendizaje de competencias no
tradicionales (la diversificación de competencias), el acceso a nuevos
nichos de empleo (la creación de nuevas competencias), la valorización
de viejas competencias, desempeñadas históricamente por las mujeres
de manera gratuita dentro del hogar (promoviendo la autovalorización,
la innovación y el marketing en el ámbito de los nuevos yacimientos
de empleo ).
Estimular la elaboración
de un proyecto personal viable de empleo y formación que pueda
actuar como eje estructurador del proceso de aprendizaje. El Sistema
de Información y Orientación Ocupacional y Vocacional es la herramienta
más idónea en la medida en que promueva en las mujeres la reflexión
sobre el mercado laboral y un balance realista de sus capacidades
y limitaciones que alimente la definición de un proyecto formativo
superador y en el que se visualice el rol de la formación permanente.
Diversificar la participación
femenina en la formación profesional y técnica para facultarles:
i) movilidad horizontal mediante el direccionamiento hacia actividades
dinámicas y con altas potencialidades de desarrollo; ii) movilidad
vertical para que accedan a las funciones de gestión, supervisión
y dirección tanto en las áreas en las que se encuentran subrepresentadas
como en las que son mayoría pero en las que han tenido notorios techos
para su desarrollo profesional; iii) acceso y dominio de las nuevas
tecnologías y las formaciones innovadoras que las desencasillen profesionalmente;
iv) formación para la autogeneración de empleo a través de una mejor
y más sólida preparación para la creación y el desarrollo de actividades
empresariales;
Revisar los desarrollos
curriculares para asegurar su pertinencia y actualización respecto
a las competencias requeridas, prestando especial atención en la identificación
de las mismas para que no repitan y consoliden estereotipos y segmentaciones
de tareas y ocupaciones
Identificar y eliminar
estereotipos en los materiales didácticos y en las distintas manifestaciones
del currículo, en especial las prácticas docentes. Entre éstas
merecen especial atención la interacción y transmisión de mensajes,
el uso diferenciado del espacio para hombres y mujeres, la descalificación
o ignorancia de necesidades e intereses, los temas no tratados, etc.
Esta línea de acción impone la sensibilización y formación en género
de docentes, autoridades y personal administrativo;
Flexibilización y adecuación
de la organización curricular para adaptarlas a las capacidades
y posibilidades femeninas (horarios, movilidad, recursos económicos).
La organización modular, con fases sucesivas y diferenciadas, es en
estos momentos valorada como la más potente para dar respuesta a la
formación por competencia, permitir salidas ocupacionales sucesivas
pero con valor de empleabilidad y para viabilizar las estrategias
de articulación horizontal y vertical ya referidas que son especialmente
apropiadas para los programas destinados a las mujeres por cuanto
permiten coordinar y combinar recursos y capacidades institucionales
diversificadas así como intervenciones formativas específicas con
acciones generales (por ejemplo algunos de los aspectos de la formación
para la empleabilidad o para la puesta a nivel, en sus dos vertientes:
nivelación para asegurar el equilibrio de participación femenina en
cursos mixtos y cobertura de déficits no cubiertos por el sistema
educativo que se consideren imprescindibles para la asimilación de
los aprendizajes ocupacionales)
Crear un ambiente de
aprendizaje participativo, que se proponga rescatar y respetar
las capacidades, tiempos y formas de abordaje de la realidad de las
mujeres participantes, combinando la modalidad presencial con la de
distancia o autoformación, apelando a las estrategias de estudio de
casos, resolución de problemas, trabajo por proyecto, trabajo en equipo
porque permiten la superación de la enseñanza asignaturista y teórica,
exigiendo la muldisciplinariedad, la integración y aplicación de conocimiento
y reproducen la actuales prácticas productivas introduciendo la asunción
de responsabilidades, el dilema de la gestión, la identificación de
prioridades y movilizando la inteligencia y la subjetividad.
Instrumentar el monitoreo
y seguimiento permanente y la evaluación como una experiencia de aprendizaje
y una oportunidad de empoderamiento femenino: se trata de acompañar
el proceso de enseñanza-aprendizaje para poder corregirlo en la marcha
y posteriormente el de búsqueda de empleo e inserción laboral y de
concebir la evaluación -ya sea de resultados, de impacto o la autoevaluación-
como una herramienta para hacerse cargo del propio proceso de aprendizaje
Ofrecer mecanismos
de apoyo económico y doméstico tales como becas, servicios de
guardería, etc.
Articular con otras
organizaciones públicas y privadas y con entidades crediticias la
prestación de los servicios y apoyos complementarios para las actividades
de autogeneración de empleo. Dispersa y desaprovecha capacidades
y resulta difícil y costoso en la mayoría de los casos para las entidades
de capacitación el brindar estos servicios pero sí pueden, en una
concepción sistémica de la formación, propiciar los relacionamientos
y la coordinación necesaria.(índice)
Centro Interamericano para
el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
Avda. Uruguay 1238 - Montevideo - Uruguay - Tel: (5982) 908 6023 - 902 0557
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