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Fecha de actualización:
23/06/2009

 

 

 

Gestionando la igualdad

La dimensión de género en la formación y en las relaciones laborales
Sara Silveira (*)

3.- El impacto de las desigualdades de género en los sistemas de formación profesional

Entre las variables explicativas de la segmentación del mercado laboral, la formación profesional tiene un papel relevante. Pese a que la segunda mitad del siglo en América Latina se caracterizó por el acelerado incremento de los niveles educativos de la población y, esto es especialmente notorio, para las mujeres jóvenes, la persistencia de los estereotipos y la segregación formativa persiste. Las mujeres continúan asistiendo en menor proporción a la de formación profesional pero los signos distintivos no están tanto en la participación como en la segmentación a doble vía que la caracteriza: por niveles y por especialidades. Las mujeres concurren mayoritariamente a los niveles más bajos ofertados, o sea a la formación profesional y a las acciones de capacitación puntuales que testimonia una intención de socialización y/o de búsqueda de complementación de los ingresos hogareños después de haber criado a sus hijos. A ello se le suma que concentran su participación en las especialidades "tradicionalmente femeninas". Así, la presencia femenina ha sido y sigue siendo casi monopólica en las áreas de corte y confección, gastronomía, belleza, administración y manualidades en sus distintas expresiones lo que expresa en forma inequívoca la perspectiva de una inserción asociada a los más bajos ingresos, los menores perfiles de calificación e incluso a las actividades artesanales mayoritariamente de aplicación en el ámbito doméstico. O sea que el direccionamiento en la selección de las orientaciones -que, como ya se ha dicho, tienen una determinada "valuación" en el mercado laboral según el sexo que en ellas predomina- continúa.

El mercado laboral y los sistemas educativos y formativos interactúan en el fomento de la segmentación profesional, iniciada en el discurso escolar y cristalizada en las opciones vocacionales. Los preconceptos sobre la inadaptabilidad femenina para los trabajos técnicos, agudizada por la falta de práctica y la ajenidad con la máquina herramienta hace que tengan mayores dificultades para satisfacer los perfiles de calificación requeridos en el mercado. La fuerza de los preconceptos, cada vez menos fundados, sobre la inadaptabilidad de las mujeres a los trabajos técnicos, de alto contenido tecnológico o en ramas tradicionalmente consideradas como "masculinas" ha sido una de las limitantes del trabajo femenino y ha condicionado la baja autoestima y la reticencia femenina respecto a las opciones técnicas. En síntesis, el proyecto educativo vigente no incentiva la autonomía, la seguridad en sí mismas, el desarrollo de las capacidades de logro, de empoderamiento y de toma de decisiones de las niñas.

Las instituciones no son actores neutrales que actúan siempre según los procedimientos establecidos sino que reflejan y reproducen valores, normas y sesgos vigentes en la sociedad en la que están inmersas, incluyendo las ideas y concepciones respecto a lo femenino y lo masculino por lo que el sistema de formación profesional presenta sus propias barreras internas para la participación femenina entre las que destacan:

  • la escasa y/o lenta pertinencia y actualización de la oferta formativa derivada de las dificultades de vinculación entre ésta y las demandas y tendencias del sector productivo, que afecta a todos los educandos pero, en especial, a las mujeres por cuanto ellas requieren de especiales apoyos para acceder a las áreas de actividad innovadoras o con mayores y mejores posibilidades de empleo y a las pasantías, prácticas rentadas, talleres, etc. -para adquirir idoneidad práctica y demostrar sus aptitudes de manera de romper con los prejuicios vigentes. Paralelamente, cada vez de manera más contundente las mujeres quedan circunscriptas al autoempleo, a las actividades microempresariales y al sector terciario de la economía lo que requiere una recomposición sectorial de la oferta, nuevos contenidos formativos (gestión y administración contable-empresarial, diseño y gestión de proyectos, promoción de la creatividad y desarrollo de la empresarialidad, etc) y estrategias de apoyo adicionales (acceso a la información y orientación sobre viabilidad de las actividades y emprendimientos, intermediación para el acceso al crédito, asesoramiento y seguimiento de la gestión, etc.) que exigen intervenciones específicas y personalizadas que aún no están extendidas ni son fácilmente aceptadas por las instituciones de formación;
  • las carencias de un sistema de información y orientación vocacional y ocupacional con enfoque de género que estimule nuevas opciones y rompa los estereotipos
  • una casi inexistente intermediación laboral y ausencia de formación sobre búsqueda de empleo;
  • la persistencia de un lenguaje sexista y estereotipos en la divulgación y definición de la oferta, en los materiales didácticos, en los desarrollos curriculares así como en las prácticas y metodologías docentes lo que constituye una de las manifestaciones más sutiles pero eficaces de la discriminación indirecta;
  • la rigidez y falta de flexibilidad en la estructura de los cursos (elevados requisitos de ingreso, larga duración, no reconocimiento de aprendizajes obtenidos en el trabajo o en la vida societaria, horarios incompatibles con las responsabilidades familiares, ausencia de servicios de apoyo para el cuidado de los niños),
  • la no inclusión de las necesidades femeninas en la infraestructura (ausencia de baños, lugares de difícil o peligroso acceso, no consideración de facilidades en la operación de equipos y/o tareas manuales, etc.)
  • una participación muy baja de mujeres en los puestos directivos de las entidades de formación y como docentes en las áreas técnicas y tecnológicas (índice)

 

La evolución de la formación de mujeres en América Latina

 

 

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