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Fecha de actualización:
23/06/2009

 

 

 

Gestionando la igualdad

LA SINDICALIZACIÓN DE LAS MUJERES TRABAJADORAS DE LA MAQUILA

EQUIDAD DE GENERO Y TRABAJO DE LA MUJER EN CENTROAMERICA


Janina Fernández, ATP Proyecto Redevterm Women Maquila
Carolina Quinteros, Consultora del Proyecto

Proyecto para el Mejoramiento de las Condiciones Laborales y de Vida de las Trabajadoras de la Maquila
OIT/Gobierno Real de los Países Bajos

3. LA ORGANIZACION DE LAS Y LOS TRABAJADORES EN LA INDUSTRIA DE LA MAQUILA TEXTIL EN CENTROAMERICA

La situación de los sindicatos ha cambiado notablemente en los últimos años y varios factores han contribuido para ello. La aplicación de políticas de ajuste y una nueva economía marcada por la globalización, en la cual el actor principal del desarrollo ya no es el estado sino el mercado, implican de suyo, un cambio importante en las relaciones laborales (anteriormente definidas en torno al estado y los espacios políticos y políticos partidarios) y, por tanto, en la forma y los espacios de la acción sindical.

En este nuevo período, el estado deja de ser el encargado de la asignación de recursos y de la distribución del bienestar. Las tareas relacionadas con estos asuntos son delegadas al mercado y, desde ese momento, cuestiones relacionadas con la protección al empleo y a la población trabajadora, pasan a ser competencia del mercado. Los sindicatos ven reducir sus márgenes de acción frente al estado. Para éste, los sindicatos ya no constituyen interlocutores políticos válidos y no se vuelve necesario establecer un nuevo pacto con ellos, en tanto que es el mercado será quien decida la suerte de los y las trabajadoras .El desarrollo se evaluará según la satisfacción de las demandas del mercado y la competitividad dentro del contexto de la globalización. Los sindicatos ven, pues, disminuir su papel como actores políticos, que era el elemento que en el pasado le daba la capacidad de movilización. Sin embargo, desde otro ángulo, esta situación podría de alguna manera, presionar por la búsqueda de un movimiento sindical remozado por nuevas prácticas de organización e incidencia en la mejoría de las condiciones de trabajo y vida de las obreras y obreros de la maquila.

En años anteriores, el movimiento sindical se incorporaba a las luchas populares y mezclaba sus demandas económicas con las demandas políticas y sociales que exigían aquellos momentos históricos. Antiguamente, los sindicatos se unían a las luchas populares y a la acción de otras organizaciones sociales. Actualmente, cuando se abren las posibilidades para un accionar sindical más autónomo y más ubicado en el ámbito de la empresa, se da un movimiento inverso. Ahora son las organizaciones sociales internacionales o nacionales (derechos humanos, iglesias, organizaciones de mujeres,organizaciones para el avance de la democracia)las que están entrando a lo laboral y diversas organizaciones no sindicales se unen a los sindicatos en la defensa de los derechos de los y las trabajadoras.

Por otro lado, la naturaleza transnacional misma de la maquila insinúa la presencia de actores tanto dentro como fuera de las fronteras centroamericanas: Los y las trabajadoras del Norte que han sido o que pueden llegar a ser afectados y, por tanto, de las organizaciones que les representan o que actúan en su nombre. Así como los y las trabajadoras del Sur que se han incorporado al nuevo estilo de producción y de las correspondientes organizaciones que les representan y/o defienden.

En el caso del Sur, la presencia masiva de mujeres jóvenes implica una población a la que los actores laborales tradicionales - tales como los sindicatos - no están acostumbrados. Las dificultades que éstas trabajadoras tienen para participar activamente de la vida sindical no vienen solamente de la actitud antisindical de los empresarios maquileros, ni de las condicionantes que como mujeres sufren (doble jornada, sumisión a la jerarquía del compañero, discriminación, etc.), que efectivamente son una barrera a cualquier intento de organización. Cuentan, además, con limitaciones para lograr identificación con el puesto de trabajo y con su condición de trabajadoras. Las jornadas de trabajo excesivamente largas, la alta rotación laboral y la falta de experiencias organizativas previas, complica el panorama para la formación de una identidad obrera, en estas trabajadoras.

Algunos estudios realizados en el área centroamericana muestran que las trabajadoras de las maquilas (especialmente las más jóvenes), antes de verse a sí mismas como explotadas, se ven a si mismas frente a la oportunidad que les brinda la maquila de experimentar una situación de emancipación y de liberación contra la sujeción a las autoridades patriarcales a las que se habían visto sujetas. El poder adquisitivo que les dan los sueldos que reciben, les permiten cierto nivel de independencia respecto a los padres o compañeros de vida.

En los estudios exploratorios que se han realizado en centroamerica sobre la autopercepción de las trabajadoras de la maquila se evidencia que el "ser operarias de una fábrica" es valorado como una situación de trabajo mejor que el "ser empleada doméstica".

"La maquila es un espacio donde convergen diferentes tipos de mujeres, es un lugar donde podemos encontrar un abanico de experiencias humanas y femeninas. La reunión de diversidades, combinada con la independencia económica por el manejo del dinero, puede ser la matriz donde se esté gestando otro modelo de mujer cuyo perfil aún no alcanzamos a visualizar"

Este nuevo proletariado es mayoritariamente muy joven : entre los 18 y 30 años; es mayoritariamente femenino, prácticamente no tiene experiencias anteriores en el sector formal de la economía, y si las tiene es en el mismo sector de la industria de la maquila, aproximadamente en un 40% son madres jefes de hogar, su nivel de alfabetismo es similar o incluso mayor que el de los hombres del mismo sector.

¿Quién podrá representar a este nuevo proletariado? En este contexto, parecería como si la formación de conciencia obrera es más factible para los y las trabajadoras con más años en la fábrica y con mayor capacitación y/o especialización en ciertas tareas, no fácilmente sustituibles. "Los y las trabajadoras jóvenes conversan poco acerca de las condiciones de empleo y, en algunos casos, muestran mayor identificación con la empresa y procuran explicitarla frente a los supervisores".

Los sindicatos ciertamente han intentado acercarse a esta población, con poco éxito, por cierto.

Según información preliminar de la OIT, para 1999, en la región centroamericana existe un total de 881 empresas maquiladoras, de las cuales, solamente 57 tienen presencia sindical (incluyendo aquí a algunos sindicatos que se encuentran en acefalía). 28 de esos sindicatos se ubican en Honduras, 10 en Nicaragua, 4 en El Salvador, 15 en Costa Rica (aunque todos en acefalía) mientras que en Guatemala no se encuentra ni un solo sindicato, para 1999. El sindicalismo en la maquila de Centroamérica (exceptuando a Honduras) no logra reunir ni siquiera al 0.5% de la población trabajadora de estas fábricas.

Si restamos los sindicatos que se encuentra acéfalos y que por tanto no operan en las empresas la suma se reduce a 42 sindicatos activos en las 881 empresas existentes.

En materia de contratación colectiva la situación es aún más preocupante, ya que con excepción de Honduras, no existen actualmente contratos vigentes en ningún país centroamericano.

Según las organizaciones sindicales, la violación al derecho de libertad de organización sindical, es una de las más graves cometidas dentro de las maquiladoras. Es común la práctica de despidos al menor indicio de organización sindical y las empresas realizan acciones para impedir y/o dificultar la organización sindical. Entre éstas se encuentran:

"…Contratación de mano de obra joven, con poca o nula experiencia organizativa gremial; el desarrollo de programas de influencia psicológica ara evitar la organización del trabajador en sindicatos; el uso de modalidades de contratación temporal que facilita la no-renovación del contrato en cuanto la empresa lo estime conveniente; la asignación de tareas más difíciles y peor remuneradas a los/as trabajadores/as sindicalizados/as; y la promoción de organizaciones solidaristas…"

Los dirigentes mencionan, además, la existencia de "listas negras", consistentes en los nombres de aquellas personas que hubieran sido despedidas por razones sindicales y que circulan entre los empresarios maquiladores, para evitar las contrataciones en otras empresas. Los problemas para la organización sindical provienen también de la falta de una fiscalización rigurosa por parte de los Ministerios de Trabajo, así como la localización geográfica dispersa de las maquilas.

Sin embargo, en este problema influye la falta de estrategias adecuadas al nuevo proletariado que se encuentra en las maquiladoras, tal y como se mencionó anteriormente. Una evidencia de la necesidad de hacerse preguntas sobre estas nuevas estrategias es la resistencia de las mujeres a sindicalizarse no solo por la represión patronal sino porque no visualizan claramente en qué medida la sindicalización les será beneficiosa . En investigaciones hechas en Honduras (Centro de Estudios de la Mujer Hondureña) se evidencia que las mujeres perciben que sus "necesidades e intereses como mujeres no son prioritarios en los sindicatos" . En este sentido es necesario conocer cuáles son esas necesidades y esos intereses para lograr acercar a las trabajadoras a las organizaciones sindicales.

La magnitud de los problemas laborales de la maquila, las dificultades de los sindicatos para darles respuesta y la presencia masiva de mujeres en este tipo de fábricas, han motivado a que diversas organizaciones, tales como las de mujeres, pro derechos humanos y religiosas que tradicionalmente no se habían ocupado de asuntos laborales, se hayan volcado a esta área. Este fenómeno responde, además, al incremento de la primacía que éstas han alcanzado en los últimos años y a la evolución que las mismas han experimentado luego de los años de la guerra. Estas organizaciones han formado espacios de acción que se distancian en diferente grado de la acción sindical. Vale la pena pues, conocer un poco sobre las formas de trabajo y la trayectoria de algunas de estas organizaciones.

La relación entre sindicatos, organizaciones de mujeres y de derechos humanos son bastante complejas. Por un lado, ambas representan estilos diferentes de trabajo y de manera de ver los problemas y las soluciones para los y las trabajadoras de la maquila. Por otro, la presencia misma de actores no sindicales, cambia completamente el estilo de las reivindicaciones laborales y cuestiona, indirectamente, la suficiencia de las organizaciones laborales para tratar con estos problemas. Los celos institucionales, las críticas a la capacidad de representación "legítima" y los espacios de acción y competencias, están a la orden del día y vuelven compleja y conflictiva la articulación y la coordinación de esfuerzos.

Si ya es complicada la relación entre los locales, en el momento que consideramos la presencia de organizaciones del Norte, el panorama se vuelve aún más complejo.

Diversas organizaciones laborales y sindicales de los EE.UU. y grupos de activistas, han emprendido campañas enormes para llamar la atención de la opinión pública estadounidense sobre el asunto de los sweatshops (talleres de sudor), en que se elabora la ropa que consume la población. De hecho, el movimiento anti-sweatshop es en ese país, representa el sector de mayor actividad en los últimos años y las campañas organizadas por estudiantes universitarios son el movimiento estudiantil más importante en varias décadas, realizado sobre asuntos laborales.

El movimiento anti-sweatshop ha creado algunos lazos con organizaciones sindicales y ONGs del Sur que están vinculadas al tema de la maquila y se han realizado, de hecho, acciones conjuntas en algunas oportunidades, aunque esta coordinación ha adquirido diferentes connotaciones en cada país. Las acciones comenzaron en 1994, cuando trabajadoras hondureñas fueron llevadas a testificar ante el senado de los EE.UU. como parte de las primeras acciones de coordinación entre organizaciones de los EE.UU. con otras locales. Sin embargo, la primera campaña internacional con participación de actores sindicales y no sindicales, así como sindicatos y activistas en los EE.UU., se registra en 1995, cuando se presiono a la marca The Gap a responder por el despido de cientos de sindicalistas de una maquila que trabajaba para ellos en El Salvador.

Sin embargo, las relaciones entre estos dos actores no son simétricas y no sólo por la disponibilidad de recursos con que cada una de ellas cuenta. Las iniciativas vienen casi todas de los países consumidores y no siempre, la opinión y los intereses de las organizaciones de los países maquiladores son escuchados y valorados.

Cierto que, generalmente, las organizaciones solidarias de los países consumidores se transforman también en cooperantes y es bastante conocido el hecho que el aspecto económico es fundamental a la hora de medir fuerzas con otras instancias. Sin embargo, la asimetría es mucho más profunda que esto. Hay que tomar en cuenta que las organizaciones sindicales y de activistas de Norte, pertenecen a sociedades con mayor tradición democrática, mayor desarrollo de las ciudadanías sociales y políticas de sus habitantes, y una trayectoria más avanzada por parte de la sociedad civil tendiente a la organización con base en intereses y a la formación de demandas hacia el estado.

Las organizaciones de la mayoría de los países centroamericanos por el contrario, son organizaciones que recién han salido de procesos dictatoriales o de guerras civiles ocasionadas, precisamente, por la falta de democracia y de espacios de expresión, dificultades para la agregación de intereses en organizaciones de la sociedad civil y problemas de representatividad de éstas organizaciones.

Esta asimetría tiene consecuencias para las nuevas acciones y para la formación de los nuevos actores que podrían estarse gestando, en el marco de las luchas reivindicativas en la maquila. Obviamente, en el corto plazo las consecuencias más notorias serán las relacionadas con la poca capacidad de respuesta y de propuesta que las organizaciones locales tienen frente a los problemas de la maquila, así como a la debilidad de las coaliciones que puedan establecerse entre ellas y las del Norte.

Las acciones

Las acciones reivindicativas realizadas en la maquila centroamericana pueden resumirse como sigue:

  1. Acción sindical tradicional: Acciones dirigidas a la empresa maquiladora y al Estado a través de los Ministerios de Trabajo, o bien de paros y huelgas. Los actores fundamentales son los sindicatos.
  2. Campañas corporativas: Estrategias emprendidas para presionar a una transnacional para que ésta se responsabilice por el trato recibido por la gente que elabora sus productos, sean o no directamente contratados por éstas. Puede ser realizada por sindicatos y/o organizaciones locales, pero el sello distintivo es que involucra actores fuera de las fronteras de los países maquiladores: sindicatos y/o organizaciones solidarias y de activistas del Norte.
  3. Monitoreos: Es un proceso de verificación de cumplimientos de instrumentos jurídicos (Leyes, Tratados, Códigos de Conducta empresariales) en materia de derechos laborales. Existen diferentes tipos de monitoreo. Está por un lado el monitoreo interno, realizado por cada compañía. Existe también el monitoreo externo, que puede ser realizado por organizaciones directamente contratadas por la transnacional. Generalmente, este monitoreo es sobre asuntos puntuales y no necesariamente requiere de la permanencia en el tiempo. Finalmente, existe también el monitoreo externo independiente, realizado por ONGs y organizaciones de la sociedad civil del país maquilador, en una fábrica determinada. Este monitoreo implica cierta permanencia en el tiempo y las organizaciones mantienen presencia en la maquila, por un período indeterminado.
  4. Otras Iniciativas: Certificaciones y auditorías sociales: Como un derivado de los monitoreos, se han planteado las llamadas certificaciones sociales. En este caso, se trata de monitoreos puntuales que dan como resultado una certificación de "no sweat" (sin explotación). Para certificaciones sociales, la más conocida es la Norma SA8000, que ha elaborado su propio estándar para evaluar las condiciones y el respeto a los derechos laborales de las fábricas que estén certificando. Dicha certificación es otorgada por organizaciones certificadoras, acreditadas ante las organizaciones que manejan la SA8000 (Consejo de Prioridades Económicas, es una organización certificadora de los EE.UU. con experiencia en normas tales como la ISO 9000 e ISO 14000). A diferencia de los monitoreos anteriores, este trabajo es realizado con fines de lucro y las organizaciones certificadoras (al menos las existentes en CA) tienden a ser organizaciones y empresas privadas. El caso de las auditorías sociales, es similar al anterior, en tanto que quienes lo realizan son generalmente empresas privada de auditoría, tales como la Price Waterhouse Coopers. Sin embargo, en este caso, no se extiende una certificación, son que más bien, se redactan informes privados a las transnacionales que han contratado los servicios de la auditora.

Todas estas acciones han sido desarrolladas en Centroamérica, desde 1994 a la fecha. Los resultados han sido diferentes en cuanto a los beneficios que han tenido los y las trabajadoras, así como respecto a las consecuencias para el movimiento laboral y las relaciones establecidas entre los diferentes actores involucrados.

Encontramos acciones realizadas por organizaciones sindicales locales en coordinación con organizaciones del Norte. Las organizaciones del Norte pueden ser, a su vez, a) sindicales y b) no sindicales. En el caso a) tenemos al caso de la fábrica Kimi de Honduras, en el que se realizaron acciones sindicales tradicionales y transnacionalizadas, mediante la alianza entre el sindicato de trabajadores de la fábrica (SITRAKIMI) y el sindicato textil de los EE.UU. (UNITE). En el caso b), podríamos colocar la situación generada en Guatemala con la campaña realizada contra la firma Phillips Van Heusen, en donde se coordinaron esfuerzos entre el sindicato de la fábrica Camisas Modernas y la ONG estadounidense US GLEP.

La dignificación del trabajo de las mujeres y la OIT

 

 

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