Una de las preguntas
claves en el actual contexto es ¿de qué manera los cambios productivos,
tecnológicos y organizacionales afectarán la posición de la mujer en
el mundo del trabajo? ¿Estos cambios, profundizarán las discriminaciones
existentes, crearán incluso nuevas desventajas para las mujeres trabajadores
o minimizarán la segmentación del mercado por género aumentando las
oportunidades para lograr una mayor igualdad entre los sexos?.
Los estudios disponibles muestran que los
procesos de globalización y creciente integración regional significan
tanto ventajas como desventajas para las mujeres y que no es posible
constatar una evolución homogénea y unidireccional. No obstante lo cual,
la opinión mayoritaria es escéptica en cuanto a los efectos positivos
de estos procesos salvo que se desarrollen políticas, programas y mecanismos
específicos que contrarresten los impactos negativos y que eviten profundizar
las brechas entre las propias mujeres, entre las altamente calificadas
y las semi o no calificadas.
En diversos documentos en esta misma página
se analizan con profundidad las características de la participación
femenina y en especial los
desafíos de una política de formación con perspectiva de género
y ello no deja dudas dudas acerca de que generar, desde las instituciones
educativas pero también desde las prácticas de negociación colectiva
y desde el accionar sindical cotidiano, políticas activas que den prioridad
a las oportunidades educacionales de las mujeres, respetando su diversidad
y eliminando prejuicios y estereotipos, promoviendo y mejorando la formación
profesional y educación técnica es un herramienta fundamaetnal para
poder utilizar todo el potencial de los recursos humanos disponibles
y, por tanto, una de las formas más efectiva de promover el progreso
social y económico general.
Es necesario igualmente tener presente
que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo plantea nuevos
desafíos a los sindicatos y las prácticas de negociación colectiva en
cuanto es una expresión más del proceso de aumento de la heterogeneidad
de la clase trabajadora que se expresa en diferentes modalidades del
empleo- muchas de ellas muy distintas del empleo asalariado típico-,
formas de contratación, tipos de relaciones laborales.
Por otra parte nos erá posible modificar
las condiciones y mejorar la participación de las mujeres en el trabajo
y en la formación si no se fortalece y amplia su base de poder para
alcanzar grados más altos de autonomía y autosuficiencia y para ello
el accionar sindical resulta fundamental y deberá manifestarse en todos
los ámbitos pero, en el que nos ocupa en estos momentos, o sea en formación
profesional y técnica, esta intervención debería expresarse tanto en
la definición y diseño de las políticas formativas como en su propia
gestión. En esa línea las incipientes experiencias de gestión bi o tripartita
de la formación constituyen un espacio ya abierto en el que resulta
impostergable la inclusión de la perspectiva de género. i
La incorporación de esta gender
mainstreaming - a todos los objetivos y actividades presupone tomar
en consideración las funciones, situaciones, necesidades e intereses
privativos de las mujeres, en comparación con los hombres para que las
mujeres puedan participar eficazmente y aprovechar tales objetivos y
actividades en un plano de igualdad con los hombres. Implica también
la determinación de los posibles efectos diferenciados de cada accionar
en las mujeres y los hombres y la adopción de las disposiciones necesarias
con objeto de contrarrestar sus inconvenientes para las mujeres y conseguir
un efecto positivo en materia de igualdad.
En definitva, se trata de desarrolla "programas
de acción positiva", concebidos como el conjunto de medidas
y mecanismos, generales o específicas, que implican un tratamiento favorable
para superar las desigualdades existentes - cuidando especialmente que
no resulten en una discriminación inversa- y llegar a la igualdad de
oportunidades real.
La política de igualdad como instrumento
de la acción sindical
Para ser eficaz, una política de igualdad
debe proponerse:
- Eliminar los obstáculos existentes para
la consecución de la igualdad real, tanto a nivel de normas como de
costumbres
- Compensar los efectos que la discriminación
histórica padecida por las mujeres ha producido
- Fomentar la participación de la mujer
en aquellos ámbitos en los que hasta ahora ha sido excluida
Para ello las organizaciones sindicales
cuentan con la negociación colectiva , que le permite incluir muchos
aspectos de un programa de este tipo en los convenios, pero también
con la posibilidad de instrumentar y negociar al interior de las empresas
programas de acción positiva que se inscriben muy adecuadamente en una
nueva concepción y gestión del capital humano.
¿Cuáles serían las principales líneas de
acción que los organizaciones sindicales pueden desarrollar o promover
para cumplir con este objetivo?
1.- Difusión de la política de igualdad
- Incluir regularmente la temática de
la igualdad entre hombres y mujeres en las actividades, reuniones,
etc.
- Publicar folletos destinados a la dirigencia
sindical pero también al personal al interior de las empresas
2.- Procedimientos
de reclutamiento, selección y contratación de mujeres y de promoción