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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

Monitoreo y evaluación

Si bien el monitoreo de las acciones y la evaluación de resultados han estado siempre presentes como preocupación y como requisito en el diseño de las políticas sociales, generalmente se los considera como dimensiones externas, controladoras y posteriores al proceso de desarrollo e implementación. Sin embargo, sin ellos no se dispone de insumos para orientar el rumbo y, menos aún, la mejora continua. Sólo conociendo lo que pasa se puede transformar. Por ello, una concepción sistémica e integral de las políticas requiere incorporar el Monitoreo y la Evaluación como componente, en cuanto ambos son herramientas interdependientes y básicas para la gestión. Por tanto, no pueden pensarse como acciones a encarar en forma separada y a encarar luego de finalizada la intervención. Sin ellos, el aprendizaje individual e institucional no es posible.

Caja de herramientas

>> Materiales conceptuales

>> Estrategias y experiencias de aplicación

>> Resultados e impactos

El Monitoreo es el proceso continuo y sistemático mediante el cual verificamos la eficiencia y la eficacia de un proyecto mediante la identificación de sus logros y debilidades y en consecuencia, recomendamos medidas correctivas para optimizar los resultados esperados del proyecto. Es, por tanto, condición para la rectificación o profundización de la ejecución y para asegurar la retroalimentación entre los objetivos y presupuestos teóricos y las lecciones aprendidas a partir de la práctica. Asimismo, es el responsable de preparar y aportar la información que hace posible sistematizar resultados y procesos y, por tanto, es un insumo básico para la Evaluación.

Para que el monitoreo sea exitoso requiere del establecimiento de un sistema de información gerencial, identificando a l@s usuarios de la información, identificando los tipos de información prioritaria, vinculando las necesidades y las fuentes de información, estableciendo métodos apropiados para efectuar la recopilación de datos e identificando los recursos necesarios.

La Evaluación, es el proceso integral y continuo de investigación y análisis de los cambios más o menos permanentes que se materializan en el mediano y largo plazo, como una consecuencia directa o indirecta del quehacer de un proyecto en el contexto, la población y las organizaciones participantes. Por ello, se constituye en una herramienta para la transformación que arroja luz sobre las alternativas para la mejora permanente de las intervenciones presentes y futuras, o sea transfiere buenas prácticas. Desde esta concepción, el Monitoreo y la Evaluación tienen que ser coherentes con su objeto de análisis, o sea, en nuestro caso, la política de formación y, por tanto, deben colocar en el centro del análisis al sujeto situado en su contexto lo cual implica incorporar la perspectiva de género y concebirse como una herramienta para la acción y para habilitar e incluir la participación de los diferentes actores.

A su vez ambos tienen que efectuarse durante todo la intervención lo que, en el caso de la evaluación, plantea la necesidad, como mínimo, de una evaluación ex ante, una evaluación intermedia y otra ex post.

Desde estas convicciones, el Programa FORMUJER incluyó entre sus objetivos el desarrollo de un sistema de Monitoreo y de un Modelo de Evaluación con perspectiva de género en forma tal de poder entregarlos como referencia e insumos al sistema de formación.

Como puede visualizarse en la Caja de Herramientas adjunta, con relación al Monitoreo, a lo largo de la ejecución de FORMUJER se fueron construyendo una batería de instrumentos que van desde las fichas de inscripción y seguimiento de alumn@s (que forman parte del Subsistemas de Información y Orientación), las encuestas a actores, a la instrumentación de Talleres Anuales Nacionales y Regionales de Monitoreo y Evaluación que se constituyeron en herramientas fundamentales para la gestión.

Asimismo, y a través de la conjunción de esfuerzos y recursos con un proyecto del BID y la Unión Europea, se elaboró un Modelo de Evaluación con perspectiva de género que contiene instrumentos e indicadores más sensibles y pertinentes para caracterizar y analizar tanto la apropiación e institucionalización de los enfoques de empleabilidad, equidad y perspectiva de género en las IFP, pasando por las diversas dimensiones y componentes de la política como para definir y analizar los perfiles objetivos y subjetivos de la población destinataria y los cambios y resultados logrados por la formación en términos de mejoramiento de la empleabilidad, la participación ciudadana y la conciencia de género. Este Modelo fue aplicado en la Evaluación Intermedia del Programa FORMUJER, sirvió de base y se enriqueció en la Evaluación Final, ha sido transferido al Programa PROIMUJER, a otras intervenciones en la región y en España.

De esa manera y con el aporte de todos se ha abierto un proceso de validación y mejoramiento constante de metodologías e instrumentos de evaluación que constituye un aporte sustantivo para el mejoramiento de la calidad del sistema de formación profesional. El propósito, como plantea María Ángeles Sallé en el Manual de Evaluación con enfoque de genero para programas y proyectos de empleo ha sido obtener una información significativa y sistematizada que sirva como:

A nivel interno de las Instituciones y Programas:

  • Herramienta de aprendizaje: Promover un aprendizaje compartido que influya en la realización de cambios positivos de los modelos de intervención, induciendo para ello a una reflexión colectiva basada en el contraste con caminos que otr@s -dentro o fuera de cada uno de los organismos implicados- hayan recorrido ya con éxito.
  • Herramienta de gestión: Ofrecer complementariamente un "check list" que, de un modo rápido y sencillo, posibilite cotejar las presencias o carencias de un enfoque de género en todas las vertientes de planificación y ejecución de un Programa, así como rastrear su evolución y vicisitudes a lo largo del tiempo.
  • Herramienta de información: Poner al alcance de gestor@s y evaluador@s nuevos indicadores pertinentes y fuentes sistematizadas de recogida de datos sobre las personas beneficiarias (por sexo, edad, ingresos, nivel de estudios, hábitat, valores sociolaborales…), que faciliten un seguimiento longitudinal y completo de sus trayectorias vital-profesionales y que logren situar a éstas, por otra parte, como agentes fundamentales del propio proceso evaluativo. Porque esto es lo primero: sin información no hay evaluación o ésta será cuando menos superficial.

A nivel externo:

  • Herramienta de comparación y contraste: "Equalizar" la mirada sobre diferentes Programas, generando parámetros que permitan propiciar marcos comparativos y una socialización más profunda y sistematizada de los logros y barreras detectados, como fuente para la creación de una verdadera inteligencia colectiva en torno a esta materia. Porque sin información comparable se hace sumamente difícil colectivizar los resultados y aprendizajes de las evaluaciones y, por ende, superar los dramáticos "puntos cero".

En consonancia con lo anterior, el modelo propuesto ha elegido centrarse, de una parte, en los efectos e impactos de la formación en sus usuari@s y, de otro, en los procesos de cambio operados en los diferentes actores de los sistemas; es decir, en el grado de avance en sus compromisos, en la profundidad de la cooperación interna y externa que éstos desarrollan, en la extensión de inteligencia colectiva respecto a esta materia, en la creación de normas, redes y culturas…siempre desde la consideración de que integrar la perspectiva de género, al igual que adaptar los sistemas de formación a las nuevas realidades, representa un proceso paso a paso, de carácter modular y acumulativo, protagonizado por colectivos de personas que, en el camino, van realizando en paralelo sus propios procesos individuales (gestor@s, participantes, actores del entorno…)

Estamos apostando, en esa medida, por una evaluación de tendencias y procesos; aquéllos que se operan en los diferentes núcleos de actores y beneficiari@s que constituyen el corazón de los sistemas de formación para el empleo.

El intento de abordar de un modo integral y, en cierta medida, "universalizado" de esta propuesta evaluativa no implica, de ninguna manera, que las herramientas no hayan de adaptarse a cada realidad específica y caso concreto. Lo que se ofrece, y esto es algo muy importante a resaltar, es un conjunto de herramientas flexibles que cada Programa habrá de utilizar a su conveniencia, bien sea privilegiando determinados instrumentos en relación a otros, adecuando el contenido de los propuestos, añadiendo otros nuevos o utilizando las guías y cuestionarios como "listas de control" para apoyar la planificación o la dinamización de talleres de debate. Porque, obviamente, un abordaje extensivo como el propuesto aquí no puede, ni es su finalidad, trasladarse mecánicamente a cualquier realidad sin considerar las especificidades que le son propias. "

Estamos convencid@s que la interacción programa/organización o programa/sistema representa, cada vez mas, una cuestión decisiva para interpretar adecuadamente el antes, el durante y el después de cualquier tipo de actuación que sea objeto de nuestras evaluaciones. Incide en su génesis, incide también en su pertinencia, calidad, eficacia y eficiencia intrínseca e incide, sobre todo, en la sostenibilidad, en tanto que elemento crucial que nos indica la eficiencia global de una estrategia, cualquiera que sea su tipología.

Esto significa que el éxito de un programa no podemos medirlo apropiadamente si no es incorporando también una mirada que lo trascienda, que lo analice desde una perspectiva mas amplia, que vaya mas allá, que le otorgue significado y valor referenciado a su contexto. Porque, por muy positiva y exitosa que resulte una intervención aislada, de poco servirá sino se institucionalizan sus buenas practicas, si no se multiplican y generalizan sus efectos.

Por ello, la evaluación, en la línea que se apunta aquí, siempre ha de mirar en las dos direcciones: actuaciones en si y actuaciones contextualizadas en sus sistemas de referencia.

En definitiva, la evaluación, tal y como está concebida en este Modelo de Políticas, es una herramienta de transformación (conocer para transformar), que coloca en el centro del análisis a los sujetos, que da cuenta de lo que ha pasado (los qué) pero también de sus causas (los porqué y cómo) y, por encima de todo, pretende arrojar luz acerca de las alternativas para la mejora permanente de las intervenciones, concibiéndola como una fuente de aprendizaje participativo para el conjunto de adores comprometidos en la acción.

Estamos hablando, pues, de "EVALUACCION"

Y por ello sostenemos que incorporar el enfoque de género en las políticas y programas de formación y empleo supone emprender un proceso comprometido y profundo de reestructuración, innovación, mejora continua de la calidad y la equidad de las políticas y programas. Es decir, implica una revisión profunda de los propios cimientos de dichas políticas. Por ello es clave gestionar su adopción a partir de actuaciones innovadoras y mostrar la profunda relación entre género, innovación y calidad de las intervenciones

Ello implica:

  • Evitar concebir la perspectiva de género como una cuestión estrictamente de participación numérica igualitaria de mujeres y hombres
  • No confundir la adopción del enfoque de género con un mero "tratamiento igualitario" a beneficiarios y beneficiarias.
  • Dejar de tratar a las personas beneficiarias - mujeres y varones - como un colectivo homogéneo.
  • Tener en cuenta otras dimensiones aparte de las meramente profesionales (incorporar elementos subjetivos).
  • Considerar, en toda su extensión, las implicaciones que, de cara al empleo, poseen las relaciones de género tanto a nivel social como individual.
  • Tener siempre presente que el perfil profesional de las personas forma parte de un perfil psicosocial más amplio. Ambos se retroalimentan y se determinan. No basta con actuar sólo sobre las competencias específicas o técnicas sino que se hace necesario intervenir sobre otros aspectos más subjetivos: autoestima, expectativas, motivación, etc., en definitiva formar para la empleabilidad y la ciudadanía y, ante todo, reforzar el protagonismo de las personas en los procesos de enseñanza-aprendizaje y en la definición y gestión de sus Proyectos Ocupacionales.
  • Plantear intervenciones integrales y comprometidas activamente con objetivos de innovación y mejora de la calidad.
  • Otorgar protagonismo a los y las participantes en los procesos de cambio.

 

 

 

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