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El Monitoreo es el proceso continuo y sistemático
mediante el cual verificamos la eficiencia y la eficacia de un proyecto
mediante la identificación de sus logros y debilidades y
en consecuencia, recomendamos medidas correctivas para optimizar
los resultados esperados del proyecto. Es, por tanto, condición
para la rectificación o profundización de la ejecución
y para asegurar la retroalimentación entre los objetivos
y presupuestos teóricos y las lecciones aprendidas a partir
de la práctica. Asimismo, es el responsable de preparar
y aportar la información que hace posible sistematizar resultados
y procesos y, por tanto, es un insumo básico para la Evaluación.
Para que el monitoreo sea exitoso requiere del establecimiento
de un sistema de información gerencial, identificando a l@s
usuarios de la información, identificando los tipos de información
prioritaria, vinculando las necesidades y las fuentes de información,
estableciendo métodos apropiados para efectuar la recopilación
de datos e identificando los recursos necesarios.
La Evaluación, es el proceso integral
y continuo de investigación y análisis de los cambios
más o menos permanentes que se materializan en el mediano
y largo plazo, como una consecuencia directa o indirecta del quehacer
de un proyecto en el contexto, la población y las organizaciones
participantes. Por ello, se constituye en una herramienta para
la transformación que arroja luz sobre las alternativas para
la mejora permanente de las intervenciones presentes y futuras,
o sea transfiere buenas prácticas. Desde esta concepción,
el Monitoreo y la Evaluación tienen que ser coherentes con
su objeto de análisis, o sea, en nuestro caso, la política
de formación y, por tanto, deben colocar en el centro del
análisis al sujeto situado en su contexto lo cual implica
incorporar la perspectiva de género y concebirse como una
herramienta para la acción y para habilitar e incluir la
participación de los diferentes actores.
A su vez ambos tienen que efectuarse durante todo
la intervención lo que, en el caso de la evaluación,
plantea la necesidad, como mínimo, de una evaluación
ex ante, una evaluación intermedia y otra ex post.
Desde estas convicciones, el Programa FORMUJER incluyó
entre sus objetivos el desarrollo de un sistema de Monitoreo y de
un Modelo de Evaluación con perspectiva de género
en forma tal de poder entregarlos como referencia e insumos al sistema
de formación.
Como puede visualizarse en la Caja
de Herramientas adjunta, con relación al Monitoreo, a
lo largo de la ejecución de FORMUJER se fueron construyendo
una batería de instrumentos que van desde las fichas de inscripción
y seguimiento de alumn@s (que forman parte del Subsistemas
de Información y Orientación), las encuestas a
actores, a la instrumentación de Talleres Anuales Nacionales
y Regionales de Monitoreo y Evaluación que se constituyeron
en herramientas fundamentales para la gestión.
Asimismo, y a través de la conjunción
de esfuerzos y recursos con un proyecto del BID y la Unión
Europea, se elaboró un Modelo
de Evaluación con perspectiva de género que contiene
instrumentos e indicadores más sensibles y pertinentes para
caracterizar y analizar tanto la apropiación e institucionalización
de los enfoques de empleabilidad, equidad y perspectiva de género
en las IFP, pasando por las diversas dimensiones y componentes de
la política como para definir y analizar los perfiles objetivos
y subjetivos de la población destinataria y los cambios y
resultados logrados por la formación en términos de
mejoramiento de la empleabilidad, la participación ciudadana
y la conciencia de género. Este Modelo fue aplicado en la
Evaluación
Intermedia del Programa FORMUJER, sirvió de base y se
enriqueció en la Evaluación
Final, ha sido transferido al Programa PROIMUJER, a otras intervenciones
en la región y en España.
De esa manera y con el aporte de todos se ha abierto
un proceso de validación y mejoramiento constante de metodologías
e instrumentos de evaluación que constituye un aporte sustantivo
para el mejoramiento de la calidad del sistema de formación
profesional. El propósito, como plantea María Ángeles
Sallé en el Manual de Evaluación con enfoque de
genero para programas y proyectos de empleo ha sido obtener
una información significativa y sistematizada que sirva como:
A nivel interno de las Instituciones y Programas:
- Herramienta de aprendizaje: Promover
un aprendizaje compartido que influya en la realización
de cambios positivos de los modelos de intervención, induciendo
para ello a una reflexión colectiva basada en el contraste
con caminos que otr@s -dentro o fuera de cada uno de los organismos
implicados- hayan recorrido ya con éxito.
- Herramienta de gestión: Ofrecer
complementariamente un "check list" que, de un modo
rápido y sencillo, posibilite cotejar las presencias o
carencias de un enfoque de género en todas las vertientes
de planificación y ejecución de un Programa, así
como rastrear su evolución y vicisitudes a lo largo del
tiempo.
- Herramienta de información:
Poner al alcance de gestor@s y evaluador@s nuevos indicadores
pertinentes y fuentes sistematizadas de recogida de datos sobre
las personas beneficiarias (por sexo, edad, ingresos, nivel de
estudios, hábitat, valores sociolaborales
), que faciliten
un seguimiento longitudinal y completo de sus trayectorias vital-profesionales
y que logren situar a éstas, por otra parte, como agentes
fundamentales del propio proceso evaluativo. Porque esto es lo
primero: sin información no hay evaluación o ésta
será cuando menos superficial.
A nivel externo:
- Herramienta de comparación y contraste:
"Equalizar" la mirada sobre diferentes Programas, generando
parámetros que permitan propiciar marcos comparativos y
una socialización más profunda y sistematizada de
los logros y barreras detectados, como fuente para la creación
de una verdadera inteligencia colectiva en torno a esta materia.
Porque sin información comparable se hace sumamente difícil
colectivizar los resultados y aprendizajes de las evaluaciones
y, por ende, superar los dramáticos "puntos cero".
En consonancia con lo anterior, el modelo propuesto
ha elegido centrarse, de una parte, en los efectos e impactos de
la formación en sus usuari@s y, de otro, en los procesos
de cambio operados en los diferentes actores de los sistemas; es
decir, en el grado de avance en sus compromisos, en la profundidad
de la cooperación interna y externa que éstos desarrollan,
en la extensión de inteligencia colectiva respecto a esta
materia, en la creación de normas, redes y culturas
siempre
desde la consideración de que integrar la perspectiva de
género, al igual que adaptar los sistemas de formación
a las nuevas realidades, representa un proceso paso a paso, de carácter
modular y acumulativo, protagonizado por colectivos de personas
que, en el camino, van realizando en paralelo sus propios procesos
individuales (gestor@s, participantes, actores del entorno
)
Estamos apostando, en esa medida, por una evaluación
de tendencias y procesos; aquéllos que se operan en los diferentes
núcleos de actores y beneficiari@s que constituyen el corazón
de los sistemas de formación para el empleo.
El intento de abordar de un modo integral y, en
cierta medida, "universalizado" de esta propuesta evaluativa
no implica, de ninguna manera, que las herramientas no hayan de
adaptarse a cada realidad específica y caso concreto. Lo
que se ofrece, y esto es algo muy importante a resaltar, es un conjunto
de herramientas flexibles que cada Programa habrá de utilizar
a su conveniencia, bien sea privilegiando determinados instrumentos
en relación a otros, adecuando el contenido de los propuestos,
añadiendo otros nuevos o utilizando las guías y cuestionarios
como "listas de control" para apoyar la planificación
o la dinamización de talleres de debate. Porque, obviamente,
un abordaje extensivo como el propuesto aquí no puede, ni
es su finalidad, trasladarse mecánicamente a cualquier realidad
sin considerar las especificidades que le son propias. "
Estamos convencid@s que la interacción programa/organización
o programa/sistema representa, cada vez mas, una cuestión
decisiva para interpretar adecuadamente el antes, el durante y el
después de cualquier tipo de actuación que sea objeto
de nuestras evaluaciones. Incide en su génesis, incide también
en su pertinencia, calidad, eficacia y eficiencia intrínseca
e incide, sobre todo, en la sostenibilidad, en tanto que elemento
crucial que nos indica la eficiencia global de una estrategia, cualquiera
que sea su tipología.
Esto significa que el éxito de un programa
no podemos medirlo apropiadamente si no es incorporando también
una mirada que lo trascienda, que lo analice desde una perspectiva
mas amplia, que vaya mas allá, que le otorgue significado
y valor referenciado a su contexto. Porque, por muy positiva y exitosa
que resulte una intervención aislada, de poco servirá
sino se institucionalizan sus buenas practicas, si no se multiplican
y generalizan sus efectos.
Por ello, la evaluación, en la línea
que se apunta aquí, siempre ha de mirar en las dos direcciones:
actuaciones en si y actuaciones contextualizadas en sus sistemas
de referencia.
En definitiva, la evaluación, tal y como
está concebida en este Modelo de Políticas, es una
herramienta de transformación (conocer para transformar),
que coloca en el centro del análisis a los sujetos, que da
cuenta de lo que ha pasado (los qué) pero también
de sus causas (los porqué y cómo) y, por encima de
todo, pretende arrojar luz acerca de las alternativas para la mejora
permanente de las intervenciones, concibiéndola como una
fuente de aprendizaje participativo para el conjunto de adores comprometidos
en la acción.
Estamos
hablando, pues, de "EVALUACCION"
Y por ello sostenemos que incorporar el enfoque
de género en las políticas y programas de formación
y empleo supone emprender un proceso comprometido y profundo de
reestructuración, innovación, mejora continua de la
calidad y la equidad de las políticas y programas. Es decir,
implica una revisión profunda de los propios cimientos de
dichas políticas. Por ello es clave gestionar su adopción
a partir de actuaciones innovadoras y mostrar la profunda relación
entre género, innovación y calidad de las intervenciones
Ello implica:
- Evitar concebir la perspectiva de género
como una cuestión estrictamente de participación
numérica igualitaria de mujeres y hombres
- No confundir la adopción del enfoque de
género con un mero "tratamiento igualitario"
a beneficiarios y beneficiarias.
- Dejar de tratar a las personas beneficiarias
- mujeres y varones - como un colectivo homogéneo.
- Tener en cuenta otras dimensiones aparte de las
meramente profesionales (incorporar elementos subjetivos).
- Considerar, en toda su extensión, las
implicaciones que, de cara al empleo, poseen las relaciones de
género tanto a nivel social como individual.
- Tener siempre presente que el perfil profesional
de las personas forma parte de un perfil psicosocial más
amplio. Ambos se retroalimentan y se determinan. No basta con
actuar sólo sobre las competencias específicas o
técnicas sino que se hace necesario intervenir sobre otros
aspectos más subjetivos: autoestima, expectativas, motivación,
etc., en definitiva formar para la empleabilidad y la ciudadanía
y, ante todo, reforzar el protagonismo de las personas en los
procesos de enseñanza-aprendizaje y en la definición
y gestión de sus Proyectos Ocupacionales.
- Plantear intervenciones integrales y comprometidas
activamente con objetivos de innovación y mejora de la
calidad.
- Otorgar protagonismo a los y las participantes
en los procesos de cambio.
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