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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

Articulación con el entorno productivo y social

No es posible formar para el trabajo sin saber para qué y en qué, qué carencias hay que superar y qué recursos hay que potenciar en aquél o aquélla a la que se está formando. Menos aún es posible lograr una formación profesional de calidad y equitativa sin conocer tanto los requerimientos, las expectativas y las potencialidades del sector productivo como de quienes producen, mujeres y varones. Este axioma ha sido siempre motivo de preocupación para las políticas de formación pero, desde los últimos tramos del siglo XX se ha constituido, en un desafío mayor y en una fuente de cuestionamiento para su rol, su organización y sus metodologías.

Caja de herramientas

>> Materiales conceptuales

>> Materiales didácticos / aplicaciones

>>

Así como las personas, para enfrentar la crisis del empleo permanente, estable, ascendente y formalizado, tienen Estrategia de vinculación y cooperación con el entorno productivo y socialque desarrollar y fortalecer nuevas competencias y constituirse en gestoras de sus propias estrategias de empleabilidad, las políticas de formación tienen que generar capacidades nuevas para una lectura certera y sistemática del mundo productivo. Estas competencias institucionales son las necesarias tanto para definir y actualizar la oferta formativa como para apoyar a sus estudiantes en la identificación y apertura de nuevos espacios de inserción laboral.

Dado que el mundo laboral es uno de los espacios donde más clara y persistentemente se expresan las discriminaciones de género, una lectura certera no parece posible sin la inclusión transversal y sistemática de la mirada de género.

A la voluntad de leer la demanda se han dedicado los más importantes esfuerzos y recursos de las instituciones en las últimas décadas, lo que ha conducido a la irrupción de nuevas modalidades organizativas de la formación y a la centralidad que hoy tiene la formación por competencia, la gestión de calidad y la instrumentación, con diferentes alcances, de la Intermediación Laboral. Las dos primeras se proponen el ajuste entre la oferta y la demanda de mano de obra a través de una correspondencia actualizada entre perfiles formativos y requerimientos y, la última, facilitar el encuentro y reducir el desempleo. La necesidad de esta correspondencia es indiscutible pero también lo son las dificultades metodológicas y estratégicas y los costos en términos de recursos humanos preparados y de tiempo requerido para la identificación, primero, y la transposición didáctica, luego, de los requerimientos en un escenario signado por la incertidumbre, la obsolescencia vertiginosa de los conocimientos y el cambio y/o desaparición de los perfiles ocupacionales y los puestos de trabajo. En la actualidad se ha llegado a una mayoritaria aceptación acerca de que la solución más adecuada es la formación por competencia, con independencia de la metodología aplicada, pero aún no puede decirse que se haya generalizado la definición de perfiles y el desarrollo de currículos por competencia.

Con respecto a la lectura de género, el avance ha llegado hasta la consideración de la conveniencia de tenerla en cuenta pero, salvo escasas excepciones, no se ha avanzado más allá de la enunciación del principio de la igualdad de oportunidades y de la necesidad de la diversificación ocupacional.

En 1998, cuando el Programa FORMUJER inició sus actividades, la revisión y actualización de la oferta a partir de la interacción con el sector productivo era muy incipiente y la transversalización de género apenas comenzaba a formularse. Por ello, uno de sus primeros desafíos fue generar conciencia de la necesidad de institucionalizar espacios y recursos específicos para atender el relacionamiento con el sector productivo y para desarrollar metodologías de análisis y estrategias de vinculación con el mercado de trabajo que, además, incorporaran la perspectiva de género. Se entendía que sólo así se podría alcanzar la doble pertinencia con la demanda y con la oferta laboral, sin la cual no es posible la mejora de la calidad y la equidad de las políticas formativas. Desde esta convicción y desde su diseño, el Programa FORMUJER incluyó el Enlace con el Sector Productivo como un componente específico de su accionar, con recursos y objetivos bien definidos y estableció, como condición para el desarrollo de acciones formativas, una previa identificación de la demanda efectiva de capacitación a nivel sectorial o local así como de las potencialidades de inserción laboral, en particular para mujeres en condición de pobreza.

Para ello desarrolló las siguientes líneas de acción,

Conceptualización, promoción y organización de un Sistema de Información, Orientación e Intermediación de la oferta y demanda laboral, con perspectiva de género (SIOL).

Objetivos

  • Sistematizar la información nacional sobre oferta y demanda para caracterizar la insatisfacción presente, la factible en el mediano plazo y la potencial a ser generada mediante articulaciones con actores y agentes del desarrollo local.
  • Identificar las áreas, especialidades y perfiles ocupacionales con potencialidad de inserción prestando atención priorizada a la inserción de mujeres de bajos ingresos.

Sensibilización y capacitación del entorno productivo y social.

Objetivos

  • Impulsar la toma de conciencia de las relaciones entre una política de igualdad en el trabajo, una adecuada gestión del capital humano y el fortalecimiento de la competitividad empresarial. El ámbito de las relaciones laborales es especialmente potente para la prédica de la equidad porque permite incluir en los acuerdos muchos aspectos de un programa de acción positiva.
  • Otorgar un nuevo valor económico y social a las cualidades y singularidades femeninas aprovechando su correspondencia con los perfiles ocupacionales emergentes del nuevo paradigma productivo y organizacional, la aplicación generalizada de las nuevas tecnologías, la búsqueda del mejoramiento de la calidad de vida y la preservación del medio ambiente.
  • Informar sobre el rol de la formación y los aportes que puede realizar a las necesidades del sector.
  • Identificar y promover nuevos nichos de empleo para mujeres y hombres- con especial énfasis en los hasta el momento no disponibles para mujeres por efecto de la discriminación de género- o los que se puedan crear a partir de la articulación con los agentes de desarrollo local y comunitario.

Generación de mecanismos de articulación entre el centro de formación y el entorno productivo y social.

Objetivos

  • Acordar la realización de acciones formativas conjuntas o a pedido de los actores productivos y sociales.
  • En articulación con el componente de Desarrollo Curricular, promover y organizar la participación de trabajador@s y empresari@s en la identificación de las competencias y las necesidades de capacitación requeridas para cada perfil así como para contribuir al desarrollo de las metodologías correspondientes.
  • Habilitar y dar seguimiento a la fase práctica del aprendizaje lo que implica la identificación de lugares; la negociación de las condiciones; la firma de convenios para su realización, el relacionamiento con el personal instructor, el acompañamiento de l@s beneficiari@s prestando, en todos los casos, especial atención a la situación de las mujeres para evitar los frenos y las discriminaciones de género, etc.

Ahora bien, por un lado, la ejecución del Programa FORMUJER (1998-2004) se procesó paralelamente a la agudización de la crisis del empleo formal en la región. Por otro, en la medida en que se fue avanzando en la implementación de estas líneas de acción así como en el identificación de las competencias para la empleabilidad y la ciudadanía, en el desarrollo de las metodologías de formación por competencia y género, el dispositivo de Proyecto Ocupacional, etc., se comprobó la necesidad de revisar las funciones, los alcances y las propias estrategias de relacionamiento con los actores productivos. Así, se llegó a la actual conceptualización del componente que ha demostrado ser eficiente y potente tanto para responder a los requerimientos del empleo formal, como de la economía informal y del trabajo autogestivo. Esta reformulación procura atender a las nuevas condiciones del escenario laboral e incorpora las lecciones aprendidas en los esfuerzos realizados para que la oferta formativa responda de la manera más pertinente y con la mayor calidad posible a las necesidades y potencialidades del mundo del trabajo y de sus sujetos de atención - ya fueran estos individuales o colectivos, personas, empresas, microempresas, cooperativas, comunidades locales, sectores o cadenas productivas, Así, desde el Modelo de políticas para el mejoramiento de la empleabilidad y la equidad se postula que:

La vinculación con la demanda laboral no puede circunscribirse al sector empresarial formalizado sino que debe concebirse como Articulación con el entorno productivo y social. De esa manera no sólo se amplían las posibilidades de identificar perfiles ocupacionales y alternativas de inserción nuevas o insatisfechas sino que se está convocando y promoviendo la participación activa de los diversos actores e instituciones que pueden confluir en la generación de puestos de trabajo.
En un escenario de contracción del empleo, no basta con indagar sobre las demandas de formación no cubiertas, ya sea por inadecuación de los perfiles formativos como por carencias/desactualización de las competencias de l@s buscador@s de trabajo. Se hace necesario inducir la demanda e identificar nuevos nichos de empleo mediante un amplio espectro de "estrategias de cooperación y de articulación" lo que implica:

  • sumar creatividades y recursos provenientes de ámbitos que puedan complementarse para la identificación de demandas a futuro, nuevos materiales, alternativas y exigencias de las nuevas tecnologías, avances científicos para identificar impactos positivos y negativos para la formación y el empleo ( en este sentido la conexión con universidades y centros de ciencia y tecnología es cada más un imperativo para las políticas de formación profesional y técnica);
  • explorar las potencialidades productivas locales, sectoriales y/ o de cada sujeto ( individual o colectivo como se ha señalado) para desarrollar un bien o servicio, añadir valor agregado al que se está ofreciendo - ya sea en términos de singularidad, calidad, beneficio adicional, atención más precisa o atractiva de las nuevas pautas de consumo o de los intereses de l@s potenciales comprador@s Para que esta exploración se concrete en puestos de trabajo no basta con el diseño curricular, con la formación en el aula y, menos aún, con la voluntad de un solo actor como puede ser el centro de formación ( Ver ejemplos en la Caja de Herramientas adjunta).

No basta con la identificación de la demanda insatisfecha o potencial: se requiere simultáneamente de la interacción y abordaje conjunto con los componentes de Orientación Laboral y Estrategias Complementarias para establecer su compatibilidad y pertinencia con el perfil de la oferta, o sea con los sujetos de atención.

Ello implica un abordaje multidisciplinario que, idealmente, debería estar presente desde la definición misma de la metodología y de los instrumentos de análisis. Normalmente se ha asimilado este componente o función a la realización de estudios de mercado, generalmente desde el exclusivo enfoque económico o tecnológico y se ha considerado que esa información es suficiente para realizar la transposición didáctica. Las múltiples experiencias de observatorios laborales con este tipo de enfoque, el camino recorrido para apoyar y promover la participación femenina sumadas a las incertidumbre y giros drásticos en materia de conocimiento, globalización económica, naturaleza del trabajo han demostrado que para el diseño de políticas formativas - cuyos resultados en términos de capital humano con nuevas capacidades no pueden medirse en lo inmediato o en el corto plazo- no basta con una fotografía de la realidad actual. Se requiere, además, de informaciones, reflexiones y valorizaciones sobre capacidades, conocimiento y aptitudes "puestos en práctica" de ahí la centralidad que han ido adquiriendo las metodologías y estrategias de identificación de competencias. Asimismo, y dado que el objetivo esencial de las acciones educativas es la incorporación de nuevos conocimientos y capacidades, la mejora del punto de partida, la "mirada" con la que se aborda el análisis de la realidad es fundamental para poder aportar a estos cambios, particularmente para revisar /transformar los paradigmas y los estereotipos. Por ello entendemos que la mirada pedagógica, la didáctica de la formación técnica, la perspectiva de género, las estrategias de Orientación Laboral y Vocacional, entre otros enfoques multidisciplinarios, deben estar presentes e incluidos en la recolección y análisis tanto de la demanda como de la oferta laboral. Desde el punto de vista de la oferta ello es lo que faculta identificar las competencias de empleabilidad de las personas, abrir el ingreso de mujeres en ocupaciones "no tradicionales" y, particularmente, dar respuesta a las necesidades de la inserción autogestiva o microempresarial. Muchas veces basta con preguntar al sector empleador por qué solicita hombres o una persona con experiencia previa para determinado puesto de trabajo para desencadenar la reflexión e incluso la modificación de los requerimientos del perfil pero si estos "lentes de género y equidad" no están presentes en la elaboración de los instrumentos de recolección de información, esta oportunidad se pierde y, peor aún, lo que se "lee" desde la oferta formativa o desde la Intermediación Laboral es que es una ocupación o una demanda para hombres o a la que no puede acceder un/a joven que está iniciando su trayectoria laboral.

El mayor desafío y potencialidad de este componente se encuentra en la complementación entre la función de captor de ondas o señales y la de promotor del encuentro entre la demanda y la oferta laboral, o sea en concebirse como figura de articulación y cooperación, de promoción, que le otorga a la formación un rol proactivo respecto al entorno productivo y social. Así entendida, la formación profesional se constituye en una herramienta fundamental para las políticas de empleo, trabajo y renta por cuanto tiene la capacidad técnica de mediar, planificar e instrumentar estrategias y acciones para asegurar la doble pertinencia y responder a las necesidades y potencialidades de un desarrollo económicamente sostenible y socialmente incluyente.


Para cumplir con este rol proactivo se requiere acudir a un variado y muy flexible repertorio de estrategias basadas en la complementación y coordinación de tareas y recursos. Así, corresponde a este componente viabilizar vínculos y complementaciones con los proyectos de desarrollo local, las autoridades y organizaciones comunitarias, las fuentes de financiamiento y crédito, las iniciativas de cluster, viveros de empresas, apoyo microempresarial, etc. Pero también el acompañamiento en la etapa de "infancia" del emprendimiento productivo, para desarrollar o fortalecer las competencias para emprender y de gestión de l@s participantes, las que pueden abordarse tanto a través de las diversas "ventanillas" de la propia IFP o generando articulaciones y complementaciones con otras entidades especializadas o complementarias.

Los principales productos y resultados alcanzados por este componente en los Programas FORMUJER y PROIMUJER se presentan en la Caja de Herramientas adjunta. Asimismo un mayor detalle sobre las estrategias de implementación aplicadas y los impactos logrados en cada uno de los países participantes se encuentra en la publicación Un modelo de políticas de formación para el mejoramiento de la Empleabilidad y la equidad de género: el Programa FORMUJER, Cinterfor/OIT, 2004, a la que se accede desde este portal.

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