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Fecha de actualización:
12/09/2008

 

 

 

Formación para la empleabilidad y la ciudadanía y perspectiva de género: dimensiones interdependientes y transversales en el diseño y la gestión de las políticas de formación

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Los cambios en la organización y en la naturaleza del trabajo y la crisis del mercado laboral (desempleo, precarización, informalidad) cuestionan el concepto de profesión o de oficio y plantean una concepción más amplia y dinámica de los contenidos del trabajo mismo, así como nuevos requerimientos a los sujetos que trabajan.

Si los contenidos técnicos se desactualizan rápidamente por el dinamismo de las innovaciones en el proceso de trabajo, y cobran relevancia, en el desempeño laboral, habilidades y competencias generales relacionadas con la gestión, el trabajo en equipo, la tolerancia a la incertidumbre, entre otras; ya no será suficiente centrar la formación exclusivamente en aquellos contenidos técnicos.

Caja de herramientas

>> Materiales conceptuales

>> Materiales didácticos / Aplicaciones

>> Resultados e impactos

La formación centrada exclusivamente en los contenidos no identifica al sujeto al cuál va dirigida ni al contexto, está lejos de él aunque sus contenidos estén técnicamente bien planteados y sean los más actualizados y pertinentes.

Para que la vida laboral o profesional de las personas pueda desarrollarse, necesita nutrirse permanentemente de conocimientos nuevos pero, fundamentalmente, necesita de un nuevo tipo de aprendizaje. Un aprendizaje que, en tiempos de cambio e incertidumbre, aporte capacidad de incorporar permanentemente nuevos saberes y que instrumente para trayectorias ocupacionales móviles antes que para el empleo predecible y estable.

O sea, se requiere de una formación para la empleabilidad entendida, tal como lo plantea la Recomendación 195 de la OIT sobre el Desarrollo de Recursos Humanos: educación, formación y aprendizaje permanente como el "conjunto de competencias y cualificaciones transferibles" que refuerzan las capacidades y la aptitud de las personas para "encontrar, crear, conservar, enriquecer un trabajo y pasar de uno a otro obteniendo a cambio una satisfacción personal, económica, social y profesional". 1

Esta concepción de empleabilidad aleja cualquier tipo de confusión respecto a entenderla como sinónimo de inserción y la centra en el conjunto de competencias personales, sociales y técnicas que las personas requieren para autogestionar sus procesos de desarrollo laboral y profesional en un escenario donde el empleo "necesita ser creado mediante capacidad de emprendimiento y estrategias de cooperación". 2

Este nuevo tipo de aprendizaje ya no puede circunscribirse a una etapa en el inicio de la vida profesional sino que se trata de una formación a lo largo de la vida, de un aprendizaje permanente. Asimismo, no puede ser la sumatoria de acciones formativas específicas por cuanto busca que la persona sepa lograr los resultados requeridos para su desempeño profesional pero también que comprenda la razón por la cual lo hace, cuáles son las implicancias e impactos de su acción y que desarrolle la capacidad de relacionar lo aprendido, de transferirlo a otras situaciones, de adaptarse a nuevos contextos sociales y laborales.

Las competencias requeridas tienen que ver con los contextos de vida de cada sujeto y por tanto, se deben complementar y articular con las necesarias para insertarse y participar socialmente. Como nunca antes, la formación del trabajador y de la trabajadora converge con la formación del ciudadano y la ciudadana. En ambos casos, se debe actuar en las tres dimensiones fundamentales del desarrollo de la vida: las relaciones consigo mismo; las relaciones con l@s demás (vida en familia y participación en el espacio social más amplio) y las relaciones con el entorno. En todos los casos se requiere de capacidad de expresarse y comunicar, de tomar decisiones, de optar, de comprensión del medio en el cual se actúa, valoración de la complejidad, abordaje sistémico de la realidad, trabajo en equipo, solidaridad, participación, autocuidado y cuidado de los/as demás, etc.

Ahora bien, la empleabilidad y la ciudadanía tienen relación con procesos que ocurren en distintos niveles: estructurales, normativos, culturales. Pero también la empleabilidad y la ciudadanía están relacionada con factores de carácter personal y relacional, que se articulan con los contextos de vida concretos de cada sujeto, dando por resultado diferencias e inequidades en las posibilidades de acceso a los recursos, en las oportunidades de empleo o generación de actividades productivas, en la participación y toma de decisiones respecto de cuestiones atinentes a su comunidad o grupo de pertenencia.

La problemática de la empleabilidad y la ciudadanía de la población beneficiaria supone, por tanto, analizar y articular:

  • el contexto productivo y laboral
  • las marcas de género existentes en el campo laboral
  • las características de los sujetos
  • las condicionantes de género
  • las ofertas de formación profesional
  • las "marcas de género" presentes en los contenidos y modalidad de las ofertas formativas

Por ello, el mejoramiento y/o fortalecimiento de la empleabilidad y la ciudadanía debería ser un objetivo prioritario de las políticas de formación y también por ello requieren necesariamente ser abordadas desde la perspectiva de género.

La perspectiva de género es:

un instrumento de análisis de la realidad que pone en cuestión las relaciones de poder que se establecen entre varones y mujeres y en las relaciones sociales en general;
un marco conceptual, una metodología de interpretación que orienta las decisiones, amplia y cambia la mirada, permite reconstruir conceptos, analizar actitudes para identificar los sesgos y los condicionamientos de género que producen sistemas sociales no equitativos y encarar, luego, mediante el diálogo, su revisión y modificación.

La mirada de género permite evidenciar cómo los grupos humanos, a partir de las diferencias biológicas, construyen los conceptos de masculinidad y feminidad y atribuyen simbólicamente competencias, posibilidades de actuación y valoración diferentes a las mujeres y a los hombres. Al hacer visible estas "naturalizaciones" construidas socialmente, esta metodología contribuye a interpretar los otros mecanismos de discriminación o exclusión social que interactúan potenciando los de género (edad, nivel educativo, etnia, pobreza, violencia, etc.). Los logros alcanzados en equidad de género encuentran sus frenos en la supervivencia de las otras inequidades y viceversa por lo que la perspectiva de género es básica para analizar y reconstruir el conjunto de las relaciones sociales y, fundamentalmente, para abordar el mundo del trabajo. El trabajo es protagonizado por sujetos sexuados que construyen su identidad en torno a él, y por ello es un componente primordial del proyecto de vida, de la autoafirmación y de la valoración social tanto para los hombres como para las mujeres. Asimismo, es la fuente primordial de inclusión social. Pero, para las mujeres implica la transformación del modelo asignado de proyecto de vida dedicado al trabajo reproductivo y no remunerado, lo que se traduce en una carga adicional para poder superar las barreras y prejuicios sociales respecto a sus derechos y capacidades que se constituyen en frenos de muy diversa índole para su participación equitativa en el empleo.
Entre dichos frenos, la segmentación profesional horizontal y vertical es uno de los más notorios. La formación profesional también tiene responsabilidad en esta segmentación, reproduciéndola y reforzándola con sus propias barreras internas. Para contribuir a la superación de las diversas discriminaciones e inclusiones pero también para mejorar su calidad y pertinencia tiene que transversalizar la perspectiva de género en la definición de sus contenidos, en sus metodologías, en la construcción de su oferta y en toda la práctica institucional.

Empleabilidad, ciudadanía y perspectiva de género son, por tanto, dimensiones interdependientes que conciben a las personas, mujeres y varones, en su integralidad y en su condicionamiento social y de género y como protagonistas activos de su proceso de formación e inserción. Por ello, deben necesariamente ser adoptadas como enfoques transversales en el diseño y la gestión de las políticas.

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1- Ducci, María Angélica. La formación al servicio de la empleabilidad. Boletín Técnico Interamericano de Formación Profesional n.142, Montevideo, Cinterfor, 1998.
2- Salle, M.A. Ponencia Género y formación profesional. 1er Seminario Latinoamericano sobre Género y Formación Profesional, organizado por INAFORP y Programa de Promoción de la Igualdad (PROIGUALDAD), Panamá, 17-19 octubre 2000.

 

 

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