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El componente Desarrollo Curricular así concebido comprende:
las
intenciones educativas que se traducen en saberes, destrezas
y actitudes a desarrollar, objetivos y contenidos a enseñar;
la
planificación de acciones que nos hablan de cómo
enseñar a través de metodologías, secuencias
didácticas, elaboración y selección de materiales,
actividades y criterios de evaluación;
la
evaluación de las intenciones y de los planes de
acción que permite analizar, corregir y diseñar
la propuesta curricular;
la capacitación y actualización del personal
técnico-docente para llevar adelante las intenciones,
la planificación y la evaluación del currículo.
Incluye entonces tanto la dimensión de la prescripción
- el plan o la idea de lo que se espera que suceda en una institución
educativa- como la de la realidad - lo que realmente sucede en ella.
Asimismo, y en el caso de la formación para el trabajo, el
componente Desarrollo Curricular involucra a distintos actores:
el
centro de formación donde se concreta y realiza la propuesta
curricular;
los sujetos de atención, los y las destinatarias individuales
y colectivas de la formación;
los
referentes del mercado de trabajo que comprenden las necesidades
del entorno productivo y social y de la población destinataria.
En esta interacción de recursos, prácticas
y actores se ponen de manifiesto concepciones, prejuicios, representaciones
que también operan como contenidos de enseñanza y
que, si bien no están explicitados en el diseño curricular,
constituyen los currículos ocultos y omitidos. .
Algunos indicios de ambos son el uso del poder en estas relaciones,
el manejo de la autoridad, las modalidades de asignación
de tareas, los roles adjudicados, la denominación o el lenguaje
aplicado, etc. Por ello, es de fundamental importancia convertir
esos "contenidos ocultos" en visibles, es decir explicitarlos,
"ponerlos sobre la mesa" para poder así revisarlos,
suprimirlos o incorporarlos tanto en el diseño curricular
como en la práctica de aula de modo que la experiencia "vivida"
durante la formación sea coherente con las concepciones que
la sustentan
y que han sido expresadas en el diseño. En este sentido,
y desde los principios rectores de este Modelo de políticas,
la "perspectiva de género y equidad social" advierte
que se ponen de manifiesto modos diferenciales de acceso y apropiación
de saberes y de desarrollo de habilidades entre mujeres y varones
en contextos de trabajo y en contextos de aprendizaje.
Por
ello, junto a los "contenidos ocultos" es necesario
considerar en todas las instancias del desarrollo curricular o currículo
tanto el contexto como la experiencia de vida de la
población con la que se va a trabajar. Esto le otorga su
sentido situacional y dinámico y hace posible la doble
pertinencia que define a las políticas de formación
profesional y técnica. La contextualización se basa
en el establecimiento de relaciones en forma continua las características
y necesidades de la población a formar y con los requerimientos
y posibilidades del entorno productivo y social en el cual los sujetos
de atención pondrán en juego sus competencias. Ello
implica construir el currículo incluyendo las particularidades
de la comunidad en la que los sujetos viven y se desempeñan.
Por último y desde este enfoque, se
considera imprescindible la atención en el proceso de desarrollo
curricular de la retroalimentación permanente entre teoría
y práctica . La teoría permite comprender y explicar
los problemas que se van planteando en la práctica y fundamenta
las soluciones técnicas para resolver estas situaciones.
Un desarrollo curricular es más completo y representativo
cuanto más colectivamente ha sido pensado y elaborado, lo
que supone en el proceso de construcción, establecer acuerdos
acerca de concepciones de enseñanza y de aprendizaje, propósitos
y principios que constituyen el marco teórico en el que se
fundamenta.
Por ende el enfoque propuesto,
si bien tiene una decidida impronta de revisión y elaboración
de nuevas metodologías didácticas, va más allá
de ello: implica un cambio en las formas de hacer formación
y promueve la incorporación de modificaciones estructurales
en la concepción y en la práctica pedagógica.
Exige cambios culturales, personales y corporativos de largo plazo.
Sus ejes nodales son la concepción sistémica de
la política formativa, el cruce de los enfoques de formación
por competencia y género y la conceptualización de
la formación para la empleabilidad, la ciudadanía
y la perspectiva de género como dimensiones transversales
del desarrollo curricular. 1
Se trata entonces de un proceso
inacabado, espiralado y en constante revisión. Aceptar y
pensar la formación a lo largo de la vida y fuera del aula;
la identificación de conocimientos puestos en práctica
o sea de competencias laborales; la obsolescencia o insuficiencia
del saber técnico; el trabajo desde las diferencias existentes
y las que el mercado genera, el rol transformador o reforzador de
diferencias y estereotipos de la entidad educativa y del/la docente,
la valorización no compartimentada o sectorializada de la
propia actividad en función de sus aportes o frenos al objetivo
mayor de mejorar o fortalecer la empleabilidad y las oportunidades
de los sujetos de atención y en una interacción permanente
que es la que produce las propiedades y el comportamiento del sistema
son apenas unos pocos ejemplos de las profundas transformaciones
que hay que procesar y de la necesidad de entenderlas como un proceso
gradual, acumulativo y dinámico.
Sin duda, la dimensión
más afectada y también con más contundente
incidencia en este proceso, es la actualización permanente
de los perfiles ocupacionales y diseños curriculares
para que respondan a la doble pertinencia. Desde esta convicción,
la estrategia de implementación tiene que pivotearse en torno
a dos mecanismos fundamentales de gestión: la habilitación
de instancias periódicas de intercambio y reflexión
dirigidas a la recuperación de saberes y la construcción
colectiva de conocimiento y un programa sistemático de capacitación
de actores que alimente una lógica de proceso y un avance
en espiral. Los avances y progresos sólo pueden medirse en
términos de revisión, maduración y enriquecimiento
constante de las propuestas.
Esta convicción, está
presente en el modelo propuesto desde la denominación no
sintetizada del componente: Metodologías e instrumentos
para la revisión y actualización del desarrollo curricular
y para la formación docente.
Para su instrumentación
se implementaron las siguientes líneas de acción:
Elaboración y validación de metodologías
y materiales para el desarrollo curricular basado en formación
por competencia y con perspectiva de género
Objetivos
- Explorar y formular metodologías de diseño y actualización
curricular basada en formación competencia y para la atención
de las necesidades y peculiaridades de la población desfavorecida
y con bajos niveles educativos.
- Apoyar el desarrollo curricular de los perfiles seleccionados
en conjunto con el componente de Enlace para dictar las acciones
formativas del Programa.
Desarrollo e implementación de metodologías y materiales
para la formación de personal en los enfoques y criterios
conceptuales y estratégicos propuestos
Objetivos
- Asegurar la incorporación, apropiación y sostenibilidad
de la perspectiva de género y de equidad social así
como de las metodologías de diseño curricular propuestas,
mediante la capacitación sistemática y la apertura
de espacios compartidos de reflexión de todo el personal,
prioritariamente l@s docentes y orientador@s.
- Desarrollar y validar metodologías y estrategias didácticas
para la atención de poblaciones con desventajas educativas
y socio-culturales.
- Impulsar un nuevo rol docente.
Revisión curricular desde la perspectiva de género
y equidad social.
Objetivos
- Dejar instalada en las instituciones la capacidad de elaborar
y revisar los desarrollos y materiales didácticos para
eliminar las marcas de género, apoyar la valorización
de las competencias de mujeres y varones por igual y combatir
la segmentación profesional.
En concordancia con los principios
rectores del Programa FORMUJER, en todas las líneas acción
de este componente primero se recuperaron y valorizaron las prácticas
institucionales vigentes en términos de actualización
curricular y formación docente y luego se las revisó
o innovó para asegurar que respondieran a los criterios de
doble pertinencia e igualdad y expansión de las oportunidades.
Por ello, fueron múltiples y variados los caminos transitados
para la identificación de perfiles y requerimientos así
como para su transposición didáctica pero en todos
los casos se tuvo un único norte: la simultánea y
articulada mejora de la calidad y la equidad de la oferta formativa.
En 1998, cuando el Programa FORMUJER se inició, la formación
por competencia recién comenzaba a enunciarse, por ello uno
de los esfuerzos centrales y que más impacto tuvo en la innovación
y fortalecimiento institucional fue su exploración y la promoción
y formación de capacidades en las instituciones para el desarrollo
de experiencias demostrativas de diseño que fueran permitiendo
la apropiación del enfoque y la instrumentación de
metodologías y estrategias que, a su vez, fueron fortaleciéndose
y mejorándose con la propia práctica y, fundamentalmente,
con el intercambio y retroalimentación entre las instituciones
participantes, Cinterfor/OIT y los avances del conjunto del sistema
de formación de la región.
Las estrategias utilizadas,
los materiales desarrollados, los principales impactos así
como algunos ejemplos de diseños curriculares basados en
estos enfoques en los Programas FORMUJER y PROIMUJER se presentan
en el ítem especifico de la Caja de Herramientas adjunta.
Asimismo un mayor detalle sobre productos e impactos en cada uno
de los países participantes se encuentra en la publicación
Un modelo de políticas de formación para el mejoramiento
de la Empleabilidad y la equidad de género: el Programa FORMUJER,
Cinterfor/OIT, 2004, a la que se accede desde este portal.
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1- Ver en este subsitio la presentación
del Modelo de Políticas y sus fundamentas
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