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Fecha de actualización:
23/06/2009

 

 

 

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EL SIGLO DE LAS MUJERES

CLAVES IDENTITARIAS DE LAS LATINOAMEARICANAS EN EL UMBRAL DEL MILENIO

Marcela Lagarde

LA DOBLE VIDA Y LA TRANSICION

Las latinoamericanas sintetizan cada día una doble jornada que no es la simple suma de dos tiempos de trabajo. Se trata de una doble vida configurada por dobles espacios, dobles tiempos intensificados, actividades simultáneas y el sobre uso del tiempo. Las normas y los códigos de comportamiento de cada espacio y cada relación son diferentes, contradictorios y conflictivos. Las actividades exigen habilidades especializadas, lenguajes particulares y desfases entre poderes, deberes y prohibiciones. Innumerables conflictos surgen de esta simultaneidad.

La doble vida abarca actividades, normas, valores morales, lenguajes, lenguas e idiomas distintos, puestos en juego al mismo tiempo. Cada mujer debe desarrollar artes malabares para pasar de un ámbito a otro sin equivocarse de clave. Requiere una subjetividad que le permita, por ejemplo, vivir en un ámbito en el que realice actividades y funciones desvalorizadas y no reconocidas, sin sitio propio, posicionada en un rango menor, subordinada casi a todos, y transitar el mismo día a otro espacio, ocupar posiciones de mando, asumir jerarquías (de segunda), cumplir con responsabilidades, ganar dinero, tener algunos derechos sociales y ser evaluada en su desempeño individual.

La doble vida implica para las mujeres además de conflictos prácticos, rupturas y dramas identitarios que dejan huella. Las ideologías neoliberales de género descalifican la queja y la victimización y exigen éxito y disfrute en el empeño. Las mujeres deben reaccionar bien ante identidades estereotipadas y totales que no corresponden con lo que son. Pero las contradicciones y las expectativas se entrecruzan en conflictos internos de escisión que pueden ser desgarradores cuando las mujeres los interpretan desde la cultura de la culpa como errores, incapacidad propia o falta. Se sienten fallidas por no ser perfectas o no "dar el ancho" al no soportar la carga. En el extremo, la sociedad, los otros o ellas mismas, consideran que están locas.

Sin embargo, cuando las mujeres avanzan en la resolución creativa de conflictos o por el aprovechamiento de hitos, la doble vida y la escisión sustentan innovaciones imaginativas de la existencia. En dichos hitos individuales y colectivos se dan grandes avances y formas de superación personal, para el género y desde luego para la sociedad y la cultura. Entonces la rebeldía, la insumisión, la audacia y la perseverancia en la consecución de los sueños y las metas se asientan en la subjetividad de las mujeres como mecanismos de autonomía.

Quienes están más definidas por una condición premoderna funcionan como pilares del conservadurismo patriarcal y pueden ser atropelladas en el camino, sucumbir en el intento o vivir una existencia gris y amarga. La condición premoderna limita a las mujeres y las hace apéndices de otros, seres satelitales y dependientes que corresponden con fórmulas de sometimiento, subordinación e incluso con daño y violencia para mantenerlas en cautiverio.

La condición moderna individualista las aisla, las masculiniza o feminiza como supermacistas de la opción que sigan y desde luego, las cubre con el velo de la igualdad natural mítica o ideológica. Mujeres modernas individualistas y patriarcales se ajustan a la exigencia de perfección subordinada (estudio y trabajo, éxito y belleza, en la competitividad rival) sobrevaloran la inteligencia, la astucia y la capacidad de salir adelante, pero persiste en ellas la entrega de pareja, familiar o a una causa moderna (el trabajo, la política, la empresa). Quienes para enfrentar los conflictos de la escisión se mueven a favor del éxito de manera acrítica, apuntalan la modernidad individualista y modelos y relaciones de género patriarcales actualizados. Asertividad y obediencia coexisten en este camino de género y las mujeres se adaptan como seres satelitales elegidas por méritos propios, ligadas al éxito, la jerarquía y el ascenso en plena identificación con la norma patriarcal.

Las latinoamericanas experimentamos el sincretismo muchas veces como dualismo entre el yo y los hombres, yo y los otros, yo y la tradición, yo y la revolución, yo y la causa (mis causas). Para superar los esquemas binarios, algunas sincréticas modernas se desubican y disienten de ese destino; al hacerlo, mueven al mundo. Esta es la vertiente feminista. No sólo disidente, sino creativa de opciones personales y sociales. La construcción social de un nuevo paradigma imaginado desde la filosofía feminista, sucede en las mujeres mismas. Su transformación discontinua, compleja y contradictoria, trastoca espacios, costumbres, relaciones, maneras de vivir y aspiraciones. La búsqueda de oportunidades y la conciencia de mismidad, las lleva a enfrentarse al orden para desmontar poderes de dominio y a la creación de alternativas.

En las últimas décadas, como nunca antes, millones de latinoamericanas feministas vivimos en ruptura con el patriarcado. El esfuerzo vital ha consistido en darle otro sentido a la vida a través de experiencias inéditas para eliminar los cautiverios y profundizar los avances de la modernidad. Las mujeres han contribuido a cambios profundos en la sociedad, las mentalidades, la cultura y la generación de derechos, recursos, caminos y poderes positivos. Lo han hecho prácticamente en los espacios, las instituciones, las organizaciones y en interacción con otras personas para que su visión del mundo ocupe cada vez más espacios. La clave más relevante de las acciones feministas ha sido el convencimiento, lo que de por sí es un aporte democrático a la cultura y la convivencia si se considera el ambiente hostil, la descalificación y hasta las maneras bravuconas imperantes. Con el rechazo activo al patriarcado de las modernas disidentes, las feministas, se inaugura un nuevo horizonte cultural en América Latina.

La diversidad

 

 

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