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Fecha de actualización:
23/06/2009

 

 

 

Noticias bibliográficas

La pesquisa sistemática desde el género para el análisis de los problemas laborales de las mujeres.

Janina Fernández- Pacheco

 

B. La perspectiva de la Organización Internacional del Trabajo sobre la participación y la situación de las mujeres en el mundo del trabajo.

Tendencias en la participación femenina en la mano de obra (2)

"Desde principios de la década de 1980, la participación de las mujeres en el trabajo retribuido ha aumentado significativamente y ha disminuido la diferencia entre las tasas de participación del hombre y de la mujer en el total de la población activa. Las mujeres representan ahora más del cuarenta por ciento de la fuerza de trabajo total. Varios factores explican las diferencias existentes entre los países en cuanto a nivel y plazos de la participación de las mujeres: la estructura y la organización del sistema de producción; las condiciones del mercado de trabajo y sus regulaciones; el sistema educativo y de formación; y las actitudes sociales dominantes, incluidas las relativas a los roles atribuidos al género. Pero en todas partes se han venido creando más puestos de trabajo para las mujeres que para los hombres. Cada vez son más numerosas las mujeres mejor educadas que están alcanzando puestos de responsabilidad y son también más las mujeres que crean sus propias empresas.

Estos cambios positivos en relación con la participación de la mujer en el empleo retribuido hacen ciertamente más visible su contribución económica. Pero... ¿ha mejorado su situación en el empleo? Las mujeres siguen encontrándose predominantemente en ciertos tipos de ocupaciones en el sector de los servicios, en la economía no regulada y en la agricultura.

…En conjunto, al crecimiento cuantitativo del empleo de la mujer no le ha correspondido un aumento en la calidad de su empleo. Se han producido algunas mejoras, pero el avance ha sido desigual y limitado. Ha habido oportunidades de mejores empleos para una pequeña minoría, pero la mayoría de las mujeres trabajadoras siguen en una situación desventajosa:

i) en cuanto a la oferta del mercado de trabajo: las mujeres están en desventaja con respecto a los hombres en términos del trabajo que ofertan y de su preparación para dicho mercado de trabajo. Persiste la desigualdad por razón del género en el acceso a los recursos productivos y el control de éstos, así como en las oportunidades de formación y readaptación profesional. Las mujeres no se han visto respaldadas por las medidas prácticas y los servicios e infraestructura básicos de apoyo que necesitan para poder aprovechar realmente las oportunidades en el mercado de trabajo estructurado;

ii) en cuanto a la demanda del mercado de trabajo: la segregación de los géneros por ocupación representa aún un importante elemento de rigidez en el mercado de trabajo y es una gran fuente de desigualdades en él. Las mujeres siguen encontrándose con discriminación a la hora de ser elegidas para un puesto de trabajo y con barreras para su movilidad ocupacional. Siguen existiendo diferentes valores y remuneración asociados a los empleos de los hombres y de las mujeres, de forma que los mercados de trabajo se caracterizan aún por diferenciales salariales y por la discriminación en función del género;

iii) en términos de procesos del mercado de trabajo: las mujeres tienden a encontrarse con mayores dificultades que los hombres para acceder a los planes del mercado de trabajo y a otras diversas formas de asistencia si están desempleadas o si se hallan en posiciones económicas o sociales particularmente vulnerables. Puede ser también que necesiten formas especiales de asistencia que las capaciten para competir por el empleo en pie de igualdad con los hombres."

Una investigación realizada por la OIT en América Latina en el año 2000 y publicada en el Panorama Laboral, muestra las tendencias siguientes:(3)

* Existen fuertes desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado de trabajo en América Latina

Las tasas de participación de las mujeres en la actividad económica son bastante inferiores a las observadas en los países desarrollados, en especial las de las mujeres más pobres y con menores niveles de escolaridad. En 1998, la tasa de participación femenina en América Latina alcanza a 44.7%, en tanto que en Estados Unidos y Canadá es cercana al 60%.

Sin embargo, las tasas de desempleo de las mujeres de la región son significativamente más elevadas que las de los hombres (en 1998 las superan en casi un 50%), en especial las de aquellas provenientes de los hogares de más bajos ingresos.

Las mujeres están sobrerepresentadas en las ocupaciones informales, y la calidad del empleo al interior de esas ocupaciones es inferior a la de los hombres. La incidencia de las ocupaciones informales en el total del empleo femenino crece en los noventa, y en 1998 era un 12% superior a la de los hombres. Su presencia en la microempresa (segmento caracterizado por contar con los empleos de mejor calidad del sector informal) es menor que la de hombres; además, el peso del servicio doméstico en el total de la ocupación femenina es elevado y sigue creciendo.

Las mujeres ganan en promedio el 64% de lo que ganan los hombres. La brecha de ingresos es más acentuada entre las ocupadas en el sector informal (que perciben el equivalente al 52% de los ingresos masculinos) y las que tienen altos niveles de escolaridad. Los diferenciales salariales entre las mujeres también son más acentuados que los observados para los hombres en los distintos segmentos del empleo: las ocupadas en el sector informal ganan menos de la mitad (44%) que las que trabajan en el sector formal, mientras que este porcentaje alcanza a 65% en el caso de los hombres.

Las mujeres necesitan un nivel de escolaridad significativamente superior al de los hombres para acceder a las mismas oportunidades de empleo: cuatro años más para obtener el mismo ingreso y dos años más en promedio para tener oportunidades similares de acceder a una ocupación formal.

La cobertura promedio de la protección social de las mujeres, que es un 5% menor que la de los hombres, ha disminuido en la década. Esa diferencia es del 10% en el sector informal. Por el contrario, el grado de protección de las mujeres es un 5% superior al de los hombres en el sector formal.

* Algunas desigualdades entre hombres y mujeres se reducen en los noventa

Se reduce la diferencia entre las tasas de participación de hombres y mujeres, así como entre las de las mujeres pobres y las demás. La tasa de participación de las mujeres equivalía a la mitad de la tasa de participación de los hombres en 1990. Sin embargo, esa proporción se eleva a un 60% en 1998, registrándose un aumento más acentuado entre los sectores de bajos ingresos.

Aumentan las oportunidades de empleo para las mujeres en comparación con los hombres y también mejoran sus posibilidades de acceso a ocupaciones formales. La tasa de ocupación femenina creció más que la masculina. A su vez, el proceso de informalización del empleo durante los años noventa fue más acentuado para los hombres que para las mujeres (de cada 100 nuevos empleos masculinos, 70 fueron generados en el sector informal, en tanto que esa cifra alcanza a 54 en el caso de las mujeres).

Se reduce moderadamente la diferencia de ingresos: 4.3 puntos de por ciento en la década. Esa reducción fue más acentuada en las ocupaciones informales, en especial en la microempresa y el servicio doméstico.

Se reduce moderadamente la brecha de protección social, especialmente en el sector informal, donde ésta era más acentuada en 1990. El porcentaje de asalariados masculinos que cotiza en algún sistema de seguridad social disminuye 5.2 puntos de por ciento entre 1990 y 1998, mientras que en el caso de las mujeres esa reducción fue de 4.8 puntos de por ciento.

* Sin embargo, las desigualdades entre hombres y mujeres siguen siendo grandes

La tasa de desempleo promedio de las mujeres prácticamente se duplica en los noventa, alcanzando en 1998 a 11.2% promedio y a casi 20% entre las más pobres. También aumenta la brecha de desempleo entre los sexos, al contrario de lo que ocurre con la tasa de participación.

No mejora la calidad del empleo de las mujeres en comparación con los hombres al interior del sector informal: la tasa de crecimiento de las ocupadas en la microempresa fue inferior a la observada para los hombres. Además, sigue aumentando la incidencia del servicio doméstico femenino, ocupación informal con bajos niveles de ingreso y de protección social.

El crecimiento de los niveles de escolaridad de las mujeres no les garantiza más y mejores empleos en comparación con los hombres. A pesar de que el nivel educacional de las mujeres ocupadas ha aumentado significativamente durante la década y de que tienen una escolaridad superior a la de los hombres, ello no les garantiza el acceso a mejores empleos. Ellas necesitan una cantidad de años de estudio significativamente superior para acceder a las mismas oportunidades ocupacionales que los hombres.

En situación de especial desprotección están las ocupadas en el servicio doméstico. Ellas representan en 1998 el 16% del empleo total de las mujeres en América Latina y explican el 22% de los nuevos empleos generados por mujeres en la década, sin embargo tienen los niveles más bajos de salarios y de protección social.

 

2. OIT, Trabajo decente para la mujer: una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica de la Plataforma de Acción de Pekín , Oficina para la Igualdad de Género, Ginebra 2001
3. OIT, Panorama Laboral, 1999, Oficina Regional para América Latina.

La respuesta de la OIT: La agenda del Trabajo Decente

 

 

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