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Noticias bibliográficas
Introducción Las personas depositan una gran confianza en la familia. Es la primera institución a la que se recurre en situaciones difíciles o de crisis. Se ha afirmado que "la familia conforma un espacio de acción en el que se definen las dimensiones más básicas de la seguridad humana: los procesos de reproducción material y de integración social de las personas" (PNUD, 1998, p. 192). En la mayoría de los análisis y propuestas de política se le atribuye un papel central, tanto en la explicación de comportamientos individuales como en el desarrollo de medidas de contención frente a diversos problemas sociales. Al mismo tiempo, se suele hacer especial hincapié en que los cambios experimentados por las estructuras tradicionales de la familia se asociarían a la desintegración social. Durante los años sesenta y setenta el discurso del modelo desarrollista otorgó importancia al fortalecimiento de la familia, entendida implícita o explícitamente como ajustada a un modelo único y deseable de familia, y se la examinó más bien como intermediaria entre los individuos y las políticas públicas. La distancia entre modelo único y realidad, junto con la ausencia de enfoques actualizados sobre las familias en las políticas públicas, impidieron un adecuado análisis de los efectos de esas políticas en las familias y sus miembros. Llama la atención, entonces, la contradicción entre la extrema importancia asignada a la familia en el discurso de los gobiernos, las instituciones civiles y religiosas y las personas, por una parte, y su omisión o subvaloración en los diagnósticos sociales y en las políticas públicas, por otra, así como el notable rezago legal de esta institución frente a nuevas situaciones sociales. La familia como institución compleja y dinámica enfrenta otra paradoja. Por una parte, es refugio y apoyo frente a condiciones cambiantes que generan inseguridad en el ámbito laboral (desempleo, bajos salarios); de la salud (drogadicción, enfermedad y muerte); de la educación (exclusión) y de la violencia (delictual). Al mismo tiempo, las modificaciones de las familias en el tiempo y el efecto que provocan en ellas tanto las tensiones externas como las relaciones en su propio seno pueden activar fuentes importantes de inseguridad interna, como cambios de estado civil (separación, divorcio), migraciones y violencia intrafamiliar. Desde esta perspectiva, la familia es muy vulnerable a las crisis, aunque a la vez constituye la institución más socorrida de protección frente a ellas. En este artículo adoptamos una perspectiva de género. La familia es analizada como ámbito para el ejercicio de derechos individuales, pero al mismo tiempo es el espacio en que interactúan miembros de poder desigual y asimétrico. Interesa destacar las nuevas combinaciones de desigualdad de género, de trayectorias de vida y de ingresos, así como las nuevas paradojas, que presentan las familias en un contexto de modernidad y modernización con exclusión, propias de las sociedades latinoamericanas. Se quiere contribuir a esclarecer los cambios que han afectado a la familia en un contexto socioeconómico y cultural mayor, develando las relaciones que existen entre los procesos de modernización, la modernidad y los cambios en las familias. Para reflexionar sobre estas relaciones se ofrece un diagnóstico de las familias latinoamericanas, mostrando los cambios ocurridos y la diversidad existente entre familias en distintos estratos sociales. Al respecto, es esencial poner de relieve la dificultad de elaborar diagnósticos y formular políticas en relación con las familias, ya que el concepto de familia está teñido ideológicamente. No existe neutralidad frente a él: a diferencia de lo que sucede frente a otros temas sociales y económicos, sobre éste hay un saber empírico en cada persona, por haber nacido y por haber fundado una familia. La familia es percibida como una institución inmutable que desempeña funciones esenciales para el bienestar de las personas, las que no se han modificado en el tiempo. Estos conocimientos, sentimientos y percepciones individuales en muchos casos tienden a generalizarse, plasmándose en modelos únicos e ideales y oscureciendo la diversidad de situaciones y experiencias reales. Otro aspecto que dificulta un análisis adecuado sobre la situación de las familias es el enfoque ahistórico que habitualmente se aplica. Hay dos dimensiones temporales básicas que deben considerarse, entre muchas otras: la evolución histórica de las formas familiares que se asocian con la modernización, con su diferente desarrollo en las distintas clases sociales y la evolución de una misma familia en el tiempo, que remite a las etapas del ciclo de vida familiar y muestra fluidez y cambio (por ejemplo, desde uniones consensuales a uniones formalizadas hasta divorcios y familias "complejas"). Estas dimensiones son difíciles de captar a través de la información estadística tradicional, que suele mostrar a las diversas familias en un momento del tiempo y que entre sus categorías no incluye la familia compleja. Las fuentes de la información para realizar este
diagnóstico son las encuestas de hogares de 1990 y 1999, las que por considerar sólo dos
puntos en el tiempo no permiten analizar la evolución de las familias. En este texto se entiende por familias complejas aquéllas que resultan del divorcio, la nulidad del matrimonio o la ruptura de la convivencia de hecho y la constitución de nuevos vínculos.
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