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TRABAJO
DECENTE PARA LA MUJER.
Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica
de la Plataforma de Acción de Pekín
Índice
La
cuestión del género
en la agenda internacional
La
Plataforma de Acción de Pekín y el mandato
de la OIT
La
mujer en el mundo
del trabajo: progresos
y desfases
La
respuesta de la OIT: La agenda del Trabajo Decente
Conseguir
que se respeten los principios
y derechos fundamentales en el trabajo
Promover
el empleo y
las oportunidades de ingresos
Extender
la protección social
Promover
el diálogo
social
Conclusión
Anexo
Apéndice
1
Apéndice
2
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Respuesta a la crisis y reconstrucción:
países afectados por conflictos
La volatilidad de los actuales mercados
financieros y de productos, más la creciente precariedad del empleo,
han agravado la vulnerabilidad a las crisis de hombres, mujeres
y familias, ya se produzcan a consecuencia de un conflicto armado,
de desastres naturales, de caídas financieras y económicas o de
transiciones sociales y políticas. La meta del trabajo decente
es vital para devolver a una vida decente a las personas afectadas
por la crisis. Pero la crisis influye negativamente sobre el propio
trabajo. La crisis aumenta la pobreza, empeora la situación del
empleo y las oportunidades de generar rentas, y reduce los activos
de producción.
En el contexto del conflicto bélico
y en la reconstrucción posterior pueden señalarse algunas repercusiones
de las crisis relacionadas con las cuestiones de género, en la
medida en que la paz es una de las aspiraciones más hondas de
las mujeres. La guerra moderna ha cambiado y hoy afecta a muchos
civiles, incluidas mujeres y niños. Se producen cambios demográficos.
Disminuye la población masculina y aumenta el número de hogares
encabezados por una mujer sola. Se dan también algunos cambios
de rol por razón del género porque las mujeres tienen que asumir
nuevas responsabilidades. Crecen las cifras de niños huérfanos
y de personas discapacitadas, que en general han de ser atendidos
por mujeres. Con frecuencia se ha visto en las mujeres la única
red de seguridad asequible a una sociedad afectada por el conflicto
bélico.
La reconstrucción tras el conflicto
y los procesos de reintegración y construcción de la paz no deberían
aspirar a restablecer el anterior statu quo de la situación
entre hombres y mujeres: proporcionan, por el contrario, un horizonte
de oportunidades para procurar justicia social, para abordar las
desigualdades en razón del género y para reducir estados de vulnerabilidad.
Deberían aprovecharse todos los recursos presentes en la sociedad,
los de las mujeres y los de los hombres. En un contexto de crisis,
las mujeres tienen que resolver multitud de problemas y han aparecido
algunas soluciones muy innovadoras. La formulación de los programas
de reintegración debería capitalizar estos cambios positivos en
los roles relacionados con el género. Y, sin embargo, las mujeres
siguen siendo las grandes ausentes en las mesas donde se negocia
la paz.
Las consideraciones de género deberían
incorporarse en la planificación y puesta en práctica de todos
los programas de superación de las secuelas del conflicto y de
reconstrucción. Un enfoque alternativo es el basado en un principio
integrador de la comunidad. Significa esto planificar para la
comunidad como una totalidad, es decir, abarcando hombres, mujeres
y niños a un tiempo, en lugar de contemplar grupos específicos
como, por ejemplo, el de los combatientes desmovilizados.
Son muchos los grupos de mujeres
que trabajan incansablemente en estos temas. Debería reforzarse
su capacidad para que puedan hacer más y conseguir que sean oídas
sus voces. Los programas de formación de habilidades y destrezas
y otros de cooperación técnica deberían potenciar la capacidad
de la mujer para salir de las tradicionales ocupaciones vulnerables
de bajo nivel e ingresar en ocupaciones remuneradoras y decentes.
El complejo contexto de crisis reclama respuestas complejas, uno
de cuyos principales aspectos es el de la integración de dimensiones
de género que emergen de las crisis.

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