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TRABAJO
DECENTE PARA LA MUJER.
Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica
de la Plataforma de Acción de Pekín
Índice
La
cuestión del género
en la agenda internacional
La
Plataforma de Acción de Pekín y el mandato
de la OIT
La
mujer en el mundo
del trabajo: progresos
y desfases
La
respuesta de la OIT: La agenda del Trabajo Decente
Conseguir
que se respeten los principios
y derechos fundamentales en el trabajo
Promover
el empleo y
las oportunidades de ingresos
Extender
la protección social
Promover
el diálogo
social
Conclusión
Anexo
Apéndice
1
Apéndice
2
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Promover el desarrollo de la empresa
La empresa está en el centro del
desarrollo sostenible y por ello debe prestarse el ímpetu necesario
para crear y desarrollar empresas. En los últimos años, la mayoría
de puestos de trabajo han sido creados por empresas pequeñas y
medianas.
Se da una altísima concentración
de mujeres propietarias de empresas en las categorías de microempresas
y pequeñas empresas, y una proporción muy pequeña en las de grandes
y medianas empresas. Son también muchas las mujeres ocupadas en
sectores de baja rentabilidad y una gran mayoría de ellas se concentra
en el sector no estructurado. Sin embargo, las tendencias emergentes
en varios países de la OCDE muestran que las empresas propiedad
de mujeres componen hoy el grupo que crece más rápidamente y que
muchas de estas empresas corresponden a sectores de alto valor
añadido, en lugar de pertenecer al nivel inferior de subsistencia
que es el que ha predominado tradicionalmente en los países en
desarrollo. Los estudios también han observado diferencias de
género en lo tocante a estilos de gestión y cultura. Las mujeres
empresarias tienden a fomentar relaciones laborales más cooperativas
y horizontales, así como a mostrarse más sensibles a las necesidades
de los trabajadores con responsabilidades familiares.
Debe prestarse apoyo a las mujeres
empresarias, planeándolo y poniéndolo en práctica en el contexto
de la igualdad entre los géneros para que su impacto sea más duradero.
En este contexto, los principales cuellos de botella son:
- titularidad y acceso a los recursos
productivos, en particular al crédito; y
- acceso a los mercados con el fin
de encontrar mejores y más rentables oportunidades de negocio.
En muchos países se ha apoyado el
empleo por cuenta propia, el desarrollo de capacidades empresariales
y de la pequeña empresa mediante programas destinados a las mujeres.
Estos programas son significativos por tres razones, cuando menos:
porque el empleo por cuenta propia y las pequeñas empresas representan
una alternativa potencialmente viable al empleo asalariado; porque
en ocasiones ese tipo de empleo facilita a la mujer combinar mejor
el trabajo con las responsabilidades familiares; y porque el venturoso
desarrollo del empleo por cuenta propia y de las microempresas
determinará si el sector no estructurado es un último recurso
o si pudiera ser, más bien, una fuente viable de empleo decente
para la mujer. Para ser eficaces, estos programas deberían consistir
en un conjunto coordinado e integrado de las medidas necesarias
para incluir el acceso a la propiedad de la tierra, al crédito
y a otros recursos productivos, la formación de habilidades y
destrezas, asistencia en la planificación de la empresa y en su
seguimiento, servicios de comercialización, un marco legislativo
propicio y otros servicios de apoyo como la prestación de cuidados
a los hijos.
Debería prestarse apoyo, asimismo,
a la promoción de la mujer en las grandes y medianas empresas
y no sólo en las pequeñas y en las microempresas. Habría que poner
mayor énfasis en reforzar los conocimientos y destrezas de las
mujeres en campos cruciales como el de dirección, producción y
finanzas. La ayuda a las mujeres empresarias debe fijarse en el
contexto de la totalidad de la cadena productiva. No basta con
proporcionar créditos a las mujeres si luego no producen bienes
con la calidad adecuada o si no cuentan con accesos a los canales
de distribución.
Para ser eficaz, un marco de medidas
para promover el desarrollo de competencias y gestión empresarial
de la mujer debe contar con el respaldo de un cambio institucional
y ser dotado de recursos. Habría que poner mayor énfasis en el
paso de las mujeres a sectores no tradicionales y de alto valor
añadido. Las organizaciones de empleadores deberían recibir ayuda
para incorporar y representar los criterios de las mujeres empresarias
y asistirlas a la hora de crear redes propias.
Erradicación de la pobreza
La Conferencia de Pekín reconoció
la existencia de un vínculo cada vez más estrecho entre género
y pobreza al identificar ésta como un sector crítico y de máxima
preocupación en la Plataforma de Acción. En todas las regiones
del mundo hay bolsas de pobreza, incluso en los países industrializados,
pero la mitad de los pobres del mundo se concentran en el sur
de Asia y en el Africa subsahariana. La mayoría de esos pobres
son mujeres y en casi todas partes el género es una línea divisoria
y determinante de la pobreza. La pobreza está muy relacionada
con el aumento de hogares en los que la mujer es la cabeza de
la familia. Estos hogares no sólo se encuentran más expuestos
al riesgo de la pobreza, sino que también les resulta mucho más
difícil salir de ella. Los procesos que conducen a la pobreza
son diferentes para los hombres y para las mujeres: entenderlos
es clave para desarrollar estrategias adecuadas para combatir
la pobreza. A medida que se producen cambios de carácter general,
cambian también los procesos que inducen la pobreza. Lo mismo
vale para los prejuicios relacionados con el género.
Una estrategia eficaz para erradicar
la pobreza tiene que incluir cuatro elementos principales: promoción
del empleo, protección social, organización y reforma de políticas
estructurales. La OIT ha venido insistiendo en el papel central
del empleo en las estrategias de mitigación de la pobreza. La
mayoría de las mujeres que viven en la pobreza son mujeres trabajadoras
que están explotadas y realizan múltiples tareas pero cuyas ganancias
son bajas. Definir estrategias apropiadas que promuevan mejores
empleos para esas mujeres con bajos ingresos en los diversos sectores
de actividad es, por consiguiente, el primer paso imprescindible
para acabar con la pobreza.
Normalmente las estrategias de erradicación
de la pobreza consisten en programas focalizados a grupos meta,
pero la experiencia demuestra que, sin una reforma de las políticas
generales, el impacto de estos programas puede ser mínimo y limitado.
Hace falta un enfoque integrador. Basándose en la experiencia
obtenida a través de los años con sus proyectos de cooperación
técnica, la OIT ha desarrollado un enfoque que contempla e integra
múltiples aspectos en la tarea de reducir la pobreza. El programa
de la OIT sobre Género, pobreza y empleo va mucho más allá
de los proyectos para generar ingresos y de las redes de seguridad
que han caracterizado la mayoría de las respuestas nacionales
al problema de la erradicación de la pobreza. Manteniendo como
su objetivo central el propósito de aliviarla, maneja todos los
aspectos de la promoción de un trabajo decente: la expansión del
empleo, por supuesto, pero también el acceso a los bienes, a los
recursos financieros, a la protección social, a las destrezas
y a la formación, y a la capacitación para iniciar el cambio a
través de la organización y la negociación. Organizar a las mujeres
de bajos ingresos y hacer que su voz esté eficazmente representada
es clave para las estrategias de erradicación de la pobreza.

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