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Género, formación y trabajo

 

 

TRABAJO DECENTE PARA LA MUJER.
Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica de la Plataforma de Acción de Pekín

 

Índice

La cuestión del género
en la agenda internacional

La Plataforma de Acción de Pekín y el mandato
de la OIT

La mujer en el mundo
del trabajo: progresos
y desfases

La respuesta de la OIT: La agenda del Trabajo Decente

Conseguir que se respeten los principios
y derechos fundamentales en el trabajo

Promover el empleo y
las oportunidades de ingresos

Extender la protección social

Promover el diálogo
social

Conclusión

Anexo

Apéndice 1

Apéndice 2

 

Extender la protección social

Todos los trabajadores necesitan un nivel mínimo de seguridad social y de seguridad en la percepción de ingresos. En el actual contexto socioeconómico, el objetivo primordial de la protección social es reducir la inseguridad en el mundo del trabajo, garantizar condiciones de trabajo seguras y decentes, mantener los ingresos y garantizar a todos el acceso adecuado a los servicios sociales y de asistencia. En muchos países, una gran parte de los trabajadores y de sus familias, mayoritaria a veces, carecen o se ven excluidos del acceso a la protección básica.

 

Seguridad humana y protección social

La seguridad y la protección básicas son la piedra angular del trabajo decente. Los mecanismos de protección social deben garantizar que las personas estén en situación de trabajar productivamente, en condiciones de seguridad, y de encarar contingencias como el desempleo, la incapacidad, la enfermedad, la maternidad y la vejez. La protección social no llega por igual a todos los trabajadores. Los ocupados en el sector estructurado están mucho mejor protegidos que los del sector no estructurado. Y dentro de aquél, las medidas de protección afectan de forma diferente a los hombres y a las mujeres por las características de sus respectivos empleos, por la forma como están estructuradas las prestaciones y por la discriminación existente entre los roles sociales y económicos que desempeñan. El aumento de la flexibilidad en el empleo se ha traducido en una proliferación de formas de trabajo atípicas y ha introducido una diversidad mucho mayor de situaciones individuales y pautas de vida laboral tanto para los hombres como para las mujeres. La inferior remuneración de la mujer y sus pautas de empleo irregulares socavan su capacidad para participar en los planes de seguridad social contributiva y beneficiarse de ellos.

A la hora de abordar la igualdad de trato en la seguridad y en la protección sociales es menester tener en cuenta las características específicas de la mujer en el empleo, que varían de un país a otro. En los países industrializados se ha producido un gran avance en protección social, aunque no ha respondido en suficiente grado al crecimiento de formas atípicas de empleo para la mujer: empleos a tiempo parcial o con remuneraciones irregulares, o empleos en empresas familiares. En los países en desarrollo el avance ha sido muy limitado porque los programas de seguridad social existentes están pensados para dar cobertura principalmente a los trabajadores del sector estructurado, en el que las mujeres representan una proporción pequeña. En las economías en transición existe el riesgo de un retroceso ligado a los efectos del ajuste económico sobre el empleo y sobre los planes de seguridad social, particularmente en las áreas que afectan más a las mujeres que trabajan: instalaciones para cuidar a los hijos, atención sanitaria y pensiones de vejez.

Las vidas de las mujeres trabajadoras están fuertemente condicionadas por la presencia de hijos en la familia. Para conseguir la igualdad de trato, deben adoptarse medidas que garanticen que el papel específico de la mujer en la reproducción no tenga un efecto adverso sobre su empleo. Estas medidas incluyen:

  • asistencia sanitaria para las mujeres gestantes y madres;
  • subsidios en metálico y licencia por maternidad;
  • disposiciones para conciliar mejor las responsabilidades familiares y las laborales, así como dar a los padres la oportunidad de desarrollar un papel reconocido en el cuidado de los hijos;
  • otros tipos de responsabilidad colectiva; asignaciones familiares, acuerdos impositivos, sistemas de atención a los niños.

El tema de la protección a la maternidad ha suscitado inquietudes, y en ocasiones controversias, relativas a la protección del empleo, igualdad y no discriminación, y protección de la salud de madres e hijos. En respuesta a estas inquietudes, el Consejo de Administración de la OIT ha incluido en la agenda de las sesiones de la Conferencia Internacional del Trabajo, en 1999 y 2000, la revisión del Convenio sobre la protección de la maternidad (revisado), 1952 (núm. 103) y su correspondiente Recomendación (núm. 95).

El reto que se le plantea a la protección social es concebir soluciones que eliminen la discriminación en la aplicación de los principios básicos de la seguridad social, a la vez que se extiende su cobertura a aquellos que hoy están excluidos. Por una parte es necesario mejorar el gobierno y la eficacia de los sistemas de seguridad social existentes, pero también hay que diseñar nuevos e innovadores planes, en especial para los trabajadores ocupados en la economía no estructurada. Los microplanes de seguridad sanitaria han demostrado que la extensión de la cobertura no es un mero problema financiero, sino también una cuestión de capacidad para responder a las necesidades específicas de los trabajadores, tomando en consideración los diferentes roles, limitaciones, características y preocupaciones de los hombres y de las mujeres.

 

Seguridad y salud en el trabajo

Las condiciones y medio ambiente de trabajo son fuentes de riesgos para la salud. La segregación ocupacional lleva a la exposición a riesgos particulares de salud y seguridad. En general, las mujeres asumen tareas con menores riesgos de accidentes que los hombres, pero están más expuestas a riesgos específicos para la salud. Existen determinadas dolencias relacionadas con las ocupaciones o industrias que dan empleo a importantes contingentes de trabajadoras. Por citar unos pocos ejemplos:

  • En la agricultura, las mujeres se enfrentan a pesticidas nocivos y trabajos pesados durante el cultivo y la recogida de la cosecha. Las tareas tradicionalmente *femeninas+ suelen estar menos asistidas por artilugios mecánicos que las *masculinas+.
  • Los trabajadores de las industrias microelectrónicas, en las que se da un exceso de representación de la mujer, están expuestos a productos químicos peligrosos. Los procesos de montaje pueden provocar dolencias traumáticas repetitivas, así como otros daños del aparato locomotor.
  • En las tareas de enfermería, una ocupación dominada por las mujeres, se da una alta incidencia de lesiones de espalda por la naturaleza del trabajo.

Las mujeres trabajadoras son más proclives a padecer estrés, fatiga crónica, envejecimiento prematuro y otros trastornos psicosociales y de salud por causa de su doble papel reproductor y económico. Una de las principales causas de estrés es el temor a situaciones desconocidas y al hecho de no controlar las obligaciones que han de desempeñar y la organización de su trabajo. Es frecuente que las mujeres ocupen puestos menos calificados y más precarios que los hombres, y que realicen actividades que no estén relacionadas con la toma de decisiones.

 

Una preocupación apremiante: VIH/SIDA

En el mundo hay actualmente unos 34 millones de personas que viven con VIH/SIDA, y las mujeres totalizan el 43 por ciento de las personas mayores de quince años infectadas por el VIH y el SIDA. El problema es particularmente grave en Africa, donde viven seis de cada diez hombres, ocho de cada diez mujeres y nueve de cada diez niños infectados por el VIH. Las jóvenes en edad de tener hijos (15-24 años) están dos veces más expuestas a sufrir la infección que los muchachos de su mismo grupo de edad.

El VIH/SIDA está comprometiendo los esfuerzos por desarrollar el capital humano y obligando a familias enteras a sumirse en una pobreza todavía mayor. La pandemia ha traído consigo discriminación en el empleo, exclusión social, desigualdades en razón del género y trabajo infantil. Impacta negativamente sobre el empleo porque afecta a las personas de los grupos de edad más productivos (15-49). Determina una baja productividad y un agotamiento del capital humano. Ha puesto en crisis los sistemas de seguridad social y ha amenazado la seguridad laboral y la salud entre determinados grupos de riesgo, como son los trabajadores migrantes y sus familias, así como los ocupados en los sectores médico y del transporte. La pandemia provoca un aumento de los costos laborales por la baja productividad, el absentismo, la escasez de mano de obra, el menor número de horas trabajadas, el aumento de los costos sanitarios, etc. Los ahorros de las familias han disminuido y sus recursos han sido desviados hacia los gastos sanitarios y la atención a los enfermos.

La estructura tripartita de la OIT ofrece un mecanismo para intensificar la respuesta al VIH/SIDA. La Organización está desarrollando un Programa de Acción en Africa para ayudar a combatir la propagación del VIH/SIDA y proporcionar protección y apoyo a sus víctimas.

Promover el diálogo social

 

 

 

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