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TRABAJO
DECENTE PARA LA MUJER.
Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica
de la Plataforma de Acción de Pekín
Índice
La
cuestión del género
en la agenda internacional
La
Plataforma de Acción de Pekín y el mandato
de la OIT
La
mujer en el mundo
del trabajo: progresos
y desfases
La
respuesta de la OIT: La agenda del Trabajo Decente
Conseguir
que se respeten los principios
y derechos fundamentales en el trabajo
Promover
el empleo y
las oportunidades de ingresos
Extender
la protección social
Promover
el diálogo
social
Conclusión
Anexo
Apéndice
1
Apéndice
2
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Conclusión
El género se proyecta sobre todas
las esferas de la sociedad: económicas, sociales, políticas y
culturales. Las estrategias para promover la plena e igual participación
de hombres y mujeres requieren un enfoque integral. Los problemas
que se implican estrechamente no pueden ser manejados mediante
soluciones sectoriales. Hasta ahora las cuestiones de género han
sido abordadas principalmente a través de políticas sectoriales
(por ejemplo, prestando apoyo a las microempresas u orientando
hacia la mujer medidas de protección social), pero el análisis
de género ha calado menos en el ámbito de la política macroeconómica.
Las políticas macroeconómicas, tales como cambios en la fiscalidad,
programas de liberalización y desestructuración, marcos de política
industrial, perfiles de deuda nacional, distintos regímenes de
política monetaria y programas de ajuste estructural, se han mostrado
en su inmensa mayoría ciegas con relación al género. Y, sin embargo,
cada una de estas políticas ha tenido un impacto sobre las mujeres,
en su acceso al trabajo, en su seguridad en el empleo, en la calidad
de su empleo, en sus ingresos, en su desarrollo personal y en
el bienestar de su familia. Hay que hacer mucho más para introducir
las consideraciones de género en el corazón de las políticas de
alto nivel.
Debe prestarse asimismo mayor atención
a las necesidades prácticas y estratégicas de las mujeres. Participar
en la fuerza de trabajo no es sólo un medio de ganarse la vida
y la independencia económica, sino una parte sustancial de la
percepción que la mujer tiene acerca de sí misma y de su sensación
de identidad. En las sociedades actuales, el trabajo colectivo
es la red social más importante. El vínculo entre el valor social
y económico del trabajo y las condiciones en las que se realiza
está en el centro de cualquier estrategia que busque promover
un trabajo decente. Y ampliar la comprensión de esta realidad
es, en sí mismo, una fuente de progreso social; comprender mejor,
por ejemplo, las desigualdades en función del género que se dan
en la experiencia del trabajo pone en entredicho la legitimidad
de los modelos dominantes de desarrollo. Es preciso crear otro
modelo de desarrollo para el que cuenten tanto la producción económica
como la reproducción social.
La agenda del *Trabajo Decente+ es
la respuesta de la OIT a las oportunidades y retos de la mundialización.
Destaca y aborda, desde una perspectiva integradora, la brecha
que existe a nivel mundial entre crecimiento económico y desarrollo
social, y ofrece una dimensión crucial y central: un camino para
que los principios sociales se conviertan en desarrollo y en una
participación eficaz en la economía internacional. Esta puede
ser la mayor aportación de la OIT a la configuración de la nueva
arquitectura mundial. Pero el objetivo de un trabajo decente para
los hombres y para las mujeres sólo podrá conseguirse mediante
un esfuerzo concertado y conjunto en todos los niveles: nacional,
regional e internacional.
En el seno del sistema de las Naciones
Unidas, se ha venido dando un seguimiento crecientemente integrado
de las conferencias mundiales de las Naciones Unidas. Y aunque
se han producido algunos progresos en la colaboración entre sus
organismos, todavía queda mucho por hacer. Una colaboración fuerte
entre las Naciones Unidas y las otras organizaciones internacionales,
en la que cada una aportara toda su experiencia en el terreno
que le compete pero dentro de un marco integrado y coherente,
sumaría un valor añadido a los programas de desarrollo y a su
sostenibilidad en el nivel nacional. Pero, además de reforzar
a los interlocutores existentes, tendrían que hacerse nuevos esfuerzos
para forjar nuevos interlocutores y extender el alcance del diálogo,
implicando a todos los actores de la sociedad civil en un empeño
concertado para promover la igualdad entre los hombres y las mujeres.
La colaboración en los organismos y entre los organismos, individual
y colectivamente, y con los actores de la sociedad civil es un
elemento clave para el desarrollo eficaz y el logro de los objetivos
comunes.

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