OIT

CINTERFOR
Centro Interamericano para el Desarrollo del
Conocimiento en la Formación Profesional


Búsqueda avanzada
Gestión del conocimiento en la formación profesional para contribuir a la creación de trabajo decente y productivo en América Latina y el Caribe de acuerdo a la Agenda de Trabajo Decente de la OIT

 

 

Género, formación y trabajo

 

 

TRABAJO DECENTE PARA LA MUJER.
Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica de la Plataforma de Acción de Pekín

 

Índice

La cuestión del género
en la agenda internacional

La Plataforma de Acción de Pekín y el mandato
de la OIT

La mujer en el mundo
del trabajo: progresos
y desfases

La respuesta de la OIT: La agenda del Trabajo Decente

Conseguir que se respeten los principios
y derechos fundamentales en el trabajo

Promover el empleo y
las oportunidades de ingresos

Extender la protección social

Promover el diálogo
social

Conclusión

Anexo

Apéndice 1

Apéndice 2

 

APENDICE 2: La contribución de la OIT a la puesta en práctica de la Plataforma de Acción de Pekín mediante sus actividades operativas

 

1. Las actividades operativas de la OIT ayudan a sus mandantes tripartitos a realizar la agenda del *Trabajo Decente+ respondiendo a sus necesidades y preocupaciones en los niveles nacional y regional. Los medios de acción de la OIT son muy vastos: fijación y control de normas, cooperación técnica, servicios de asesoramiento, creación de capacidades, reuniones y otras actividades promocionales, investigación y publicaciones, creación de redes y diseminación de información. Todas estas actividades generan información y experiencia que enriquecen y refuerzan la base de conocimientos de la Organización. Además, las actividades de cooperación técnica contribuyen a identificar políticas adecuadas y fructíferas, así como medidas que pueden ser copiadas o adaptadas en otros programas y proyectos.

2. En el marco de la nueva política de género de la OIT, se están realizando esfuerzos sistemáticos y dando pasos específicos para integrar el género en las actividades de cooperación técnica de la OIT. La estrategia de integración del género consta de dos componentes que se integran y complementan: i) la perspectiva de género se *incorpora+ en todos los programas y proyectos, y ii) se diseñan intervenciones, destinadas a mujeres, a hombres o conjuntamente a unas y a otros, cuyo objetivo es reducir las diferencias existentes en la igualdad entre los géneros y contrarrestar las consecuencias de pasadas discriminaciones.

3. Desde Pekín, las peticiones de asistencia por parte de los mandantes de la OIT en el campo de la igualdad de género en el trabajo han venido aumentando continuamente, lo que confirma el positivo impacto de las actividades de concienciación sobre el género y de los esfuerzos por integrarlo. La OIT aborda la igualdad de géneros en el mundo del trabajo como un tema de derechos humanos y justicia social. Y que es de la máxima importancia para un desarrollo sostenible, el uso eficaz de los recursos humanos y el bienestar de la familia y de los niños. Se contemplan tanto la dimensión cuantitativa como la dimensión cualitativa del empleo, así como la potenciación de las mujeres. La asistencia hoy prestada se centra en la creación del empleo y la mitigación de la pobreza, en promover la calidad del empleo, en la provisión de protección social a grupos concretos de mujeres trabajadoras, así como en combatir la trata de mujeres y niños. Las actividades relacionadas con los derechos de las trabajadoras reciben también una atención importante. Muchas de estas actividades dirigidas a grupos específicos asumen un enfoque integrador y tocan simultáneamente algunas de las áreas críticas definidas por la Plataforma de Acción de Pekín. Se indican a continuación algunas de las actividades operativas elegidas en las áreas de la Plataforma de Pekín relacionadas con el mandato de la OIT. Se pone énfasis en las lecciones aprendidas a través de estos proyectos.

 

Mujeres y pobreza

 4. Se siguen formulando proyectos para aliviar la pobreza con una perspectiva de desarrollo, pero cada vez son más los que tienen a mitigar las consecuencias sociales de las reformas y de la reestructuración económica, de las crisis económicas y financieras, de los conflictos y de los desastres naturales. Se ha dado una gran flexibilidad a la hora de variar el enfoque geográfico o sustantivo de algunos programas para incluir, por ejemplo, como grupo especialmente destinatario, a las mujeres afectadas por la crisis en Asia. Las actividades en situaciones resultantes de un conflicto bélico han ampliado su alcance y desviado su énfasis de los excombatientes a las familias, ofreciendo ayudas que incluyen a las mujeres y a los hijos.

5. El programa mundial Estrategias y Técnicas contra la Exclusión Social (STEP) promueve la extensión de medidas innovadoras de protección social a los grupos más vulnerables y busca llegar a los trabajadores y trabajadoras insuficientemente protegidos por los servicios sociales existentes. La principal lección aprendida de las actividades del STEP es la de que, a menos que las mujeres se incluyan ya en la primerísima etapa del proceso de planificación, se tornan crecientemente invisibles en las subsiguientes etapas. El STEP aborda la inclusión de las mujeres y la dimensión de género garantizando que todos cuantos colaboran en él tengan sensibilidad por las cuestiones de género, identificando y elaborando indicadores relevantes de los logros para las actividades relacionadas con el género y, en fin, controlando plenamente el proceso de integración del género.

6. A la luz de la creciente feminización de la pobreza, la OIT ha desarrollado y puesto en marcha un programa de capacitación sobre Género, Pobreza y Empleo, basado en estrategias de erradicación de la pobreza con el triple objetivo de reforzar el acceso de la mujer a las oportunidades de un empleo de calidad; potenciar su capacidad de negociación y transacción; y concebir estrategias innovadoras de protección social, especialmente para los trabajadores menos organizados, como los que se ocupan en la economía no estructurada y los trabajadores a domicilio.

 

Educación y formación de mujeres

7. En las dos últimas décadas, las tasas de escolarización de niñas y de mujeres se han elevado en casi todos los países, y las estudiantes han dado pruebas de su capacidad para rendir en las clases, tanto o mejor aún que sus compañeros varones. Sin embargo, el rendimiento académico no ha tenido su correspondiente traducción en igualdad de empleo y de oportunidades de formación en el mercado de trabajo. Aunque la educación y la formación profesional pueden dar acceso a mejores empleos, no han bastado para romper las barreras de la segregación ocupacional o de la disparidad salarial por razón del género. Ampliar la educación y las opciones de formación de las mujeres, garantizarles el acceso a nuevas tareas basadas en nuevas tecnologías, facilitar el acceso de la mujer a la formación en la empresa y a programas de formación continua son factores clave para alcanzar la igualdad entre los géneros.

8. En América Latina se puso en marcha en 1998 un programa regional sobre Fortalecer la Educación Técnica y la Formación Profesional para mujeres de bajos recursos, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Combina la sistematización y divulgación de información y de materiales sobre el tema; servicios de asesoramiento técnico para los institutos nacionales de formación profesional implicados, sobre cuestiones tales como revisión de currículos, orientación profesional, y formación en cuestiones de género para el personal técnico; y, finalmente, la cooperación entre departamentos relevantes de la OIT e instituciones que tratan con las cuestiones de género y el empleo en el nivel nacional, especialmente con los sectores productivos.

 

Las mujeres y la economía

9. Los cambios económicos han reestructurado los mercados de trabajo mundiales y abierto nuevas oportunidades y nuevos retos. A pesar de su creciente participación en la fuerza de trabajo y de algunos avances positivos, la mayoría de las mujeres trabajadoras siguen enfrentándose a persistentes barreras en el mercado de trabajo. Al aumento cuantitativo del empleo femenino no le ha correspondido una mejora comparable en la calidad de ese empleo. Las mujeres se encuentran principalmente en trabajos mal pagados, en formas atípicas de trabajo asalariado poco o medianamente calificado o empleadas por cuenta propia. Mal protegidas con frecuencia, son más vulnerables a la creciente inseguridad del mercado de trabajo.

10. En varios países se han formulado planes nacionales de acción bajo el Programa Internacional sobre Más y Mejores Empleos para la Mujer. Identifican áreas prioritarias para la reforma legislativa, promoción del empleo y medidas de protección social. Algunas de estas actividades tienen como meta garantizar que el empleo productivo de la mujer lleve a la reducción del trabajo infantil, combatiendo la trata de mujeres y niños para formas de trabajo que supongan su explotación, y procurando mejoras que en conjunto aumenten el bienestar de la familia y alivien la pobreza.

11. Desde 1996 se ha desarrollado un programa interregional para trabajadores de zonas francas industriales, que integra las cuestiones de género. Este programa proporciona asesoramiento político y capacitación entre organismos gubernamentales y organizaciones de trabajadores y de empleadores en el nivel de zona y en el nivel de empresa. Ha puesto de relieve que, si no se adopta una perspectiva de género, no es probable que se alcancen mejoras en las condiciones de trabajo, rendimiento empresarial, desarrollo de los recursos humanos y relaciones laborales. El ambiente social y laboral de los trabajadores, y en particular el de las mujeres trabajadoras, afecta a la productividad de la misma manera que influye sobre su sentimiento de satisfacción personal. A finales de 1998 se inició en América Central un proyecto para organizar a las trabajadoras de las zonas francas industriales, con el fin de mejorar las condiciones de trabajo y de vida en este sector. Aplica el mismo enfoque para forjar un consenso entre todos los que tienen intereses en el país o en la zona en cuestión e imbuirles el convencimiento de que el respeto de los principios y derechos fundamentales en el trabajo conducirá a una situación ventajosa.

12. Un programa interregional sobre Promoción del Empleo para la Mujer en el Contexto de la Reforma y la Reestructuración Económicas aborda, desde 1993, el impacto de la mundialización económica sobre las mujeres trabajadoras. El programa ha mejorado la conciencia, la comprensión y el conocimiento de los gobiernos, de las organizaciones de empleadores y de trabajadores, de las asociaciones de mujeres y de otras organizaciones no gubernamentales en relación con los diferentes impactos, atendiendo al género, que la reestructuración tiene sobre el empleo. Las consideraciones de género han sido incorporadas en el debate político y en la agenda de las redes de seguridad social gracias a un enfoque participativo que requirió un amplio apoyo por parte de todos los implicados.

13. En 1996 en Asia sudoriental, y posteriormente en América Latina, se puso en marcha un programa sobre Trabajadores a Domicilio en la Economía Mundial. La estrategia del programa combinaba tres objetivos estrechamente relacionados entre sí, a saber, el mejoramiento de la productividad de los trabajadores a domicilio, la promoción de su protección social y la afirmación de su capacidad organizativa. A pesar de las diferentes situaciones nacionales y contextos políticos, la persecución de este enfoque integrado ofreció a todos estos trabajadores a domicilio la posibilidad de cambiar e iniciar otras actividades.

14. Las actividades de cooperación técnica que pretenden mejorar el empleo y las oportunidades de ingresos de la mujer tienen más probabilidades de conseguir resultados positivos si adoptan estrategias polifacéticas dirigidas a diversos aspectos de las actividades económicas de las mujeres. Los elementos fundamentales de estas estrategias fueron la formación profesional y los servicios de extensión, la organización de las mujeres y el fortalecimiento de los gobiernos y organizaciones no gubernamentales para proporcionar a las mujeres los necesarios servicios de apoyo. Potenciar el empleo de la mujer es un proceso social, institucional y económico, que no sólo requiere acción por parte de mujeres tomadas individualmente o por parte de grupos de mujeres, sino también reformas en las instituciones, las políticas y las leyes. Puede implicar cambios en las prácticas socioculturales y en las relaciones entre el grupo contemplado y otros grupos sociales. Los proyectos, además, necesitan un marco temporal de varios años de duración en el que planear y poner en práctica sus estrategias.

15. Desde 1994 han empezado a funcionar en Chile y en los cuatro países del MERCOSUR comisiones tripartitas acerca de la igualdad entre los géneros. Dichas comisiones actúan como defensoras en materia de género y empleo en sus propias instituciones y a la vez como organismos asesores nacionales en la misma. En la línea del programa mencionado en el párrafo 12, se creó en Tanzanía en 1996 una fuerza de acción tripartita, que fue institucionalizada después, a principios de 1998, por el Ministerio de Trabajo como un foro nacional sobre cuestiones de género, trabajo y empleo.

 

Mujeres en el poder y en puestos de decisión

16. Se han abierto nuevas y mayores oportunidades para que las mujeres calificadas ocupen puestos directivos en los niveles inferior y medio. Sin embargo, en las estructuras y procesos organizativos de las empresas, al igual que en la sociedad, persiste la habitual discriminación que las impide alcanzar puestos de máximo nivel. La naturaleza de las carreras profesionales de la mujer es un factor muy importante que bloquea su progreso y que se suma a su falta de acceso a las redes de contactos indispensables y a la necesidad de armonizar sus responsabilidades familiares con las profesionales. El limitado acceso de la mujer a los puestos directivos es también un reflejo del efecto acumulativo de las desigualdades en razón del género en el mercado de trabajo.

17. Las actividades de formación llevadas a cabo por el proyecto interregional sobre Promoción de la Mujer en las Actividades del Sector Privado a través de las Organizaciones de Empleadores han ayudado a las mujeres empresarias y a las que trabajan en grandes corporaciones a desarrollar su autoestima y su confianza, y las han animado a asumir retos y a competir por su ascenso. El citado proyecto dirigió también la atención hacia los convenios básicos de la OIT sobre los temas de igualdad en el empleo y abogó por la ratificación de estos convenios entre las organizaciones nacionales de empleadores.

18. Los proyectos dirigidos a potenciar a las mujeres trabajadoras a través de los sindicatos se han concentrado en unas pocas estrategias combinadas: suscitar la conciencia del tema entre los líderes sindicales, tanto hombres como mujeres; potenciar capacidades organizativas; centrarse en la formación de mujeres activistas para que asuman papeles de liderazgo; y garantizar que las mujeres participen en todas las actividades puestas en marcha por el proyecto y se beneficien de ellas. Tal fue el caso, por ejemplo, de un proyecto regional sobre Ayuda a la Educación de los Trabajadores para reforzar la Acción Sindical sobre las Mujeres Trabajadoras con vistas a eliminar el Trabajo Infantil, puesto en práctica entre 1995 y 1999 en unos países elegidos de Asia sudoriental.

 

Derechos humanos de la mujer

19. Las normas de la OIT que contemplan cuestiones de género cuentan ya con una larga historia. Desde la década de 1950 en adelante ha habido un cambio de énfasis, que ha pasado de la preocupación de carácter protector a la perspectiva de igualdad de los géneros. El Informe del Director General Trabajo decente señala tres prioridades para la acción de la OIT en el campo de los derechos humanos en el trabajo: la promoción de la Declaración relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo, intensificación de la lucha contra el trabajo infantil y renovación de sus actividades en lo referente a las normas.

20. El proyecto sobre Formación y Divulgación de Información sobre los Derechos de las Mujeres Trabajadoras, iniciado en 1996 y completado en 1999, actuó en diez países (China, Egipto, El Salvador, Hungría, India, Malí, Suriname, Ucrania, Viet Nam y Zimbabwe). El proyecto mostró la necesidad de crear una base de conocimientos acerca de los derechos de las mujeres trabajadoras en los Estados Miembros de la OIT y organizaciones colaboradoras, a la luz de las Normas Internacionales del Trabajo. Se alcanzó un amplio consenso tripartito acerca de los temas prioritarios concernientes a la promoción de la mujer en el empleo. Esto proporcionó una contribución útil para el diseño y puesta en marcha de los planes nacionales de acción de seguimiento de la Conferencia de Pekín.

 

Mujeres y el medio de trabajo

21. Las condiciones de trabajo y el medio en que se realiza son fuentes de riesgos tanto para los hombres como para las mujeres. La distinta respuesta de trabajadores y trabajadoras a los riesgos para la salud y medioambientales se debe esencialmente a los riesgos laborales de determinados tipos de trabajo y a los múltiples roles que la mujer desempeña en la sociedad. En general, las trabajadoras asumen tareas con un menor riesgo de accidentes ocupacionales, pero están más expuestas a ciertos peligros específicos para la salud (por ejemplo, contacto con pesticidas en la agricultura y con productos químicos en las industrias de microelectrónica).

22. Se ha hecho hincapié en la seguridad en las ocupaciones peligrosas, en la lucha contra las enfermedades ocupacionales y en mejorar el ambiente de trabajo. Varias actividades en el nivel nacional y en de la industria se han orientado a mejorar las condiciones de trabajo y la productividad en empresas medianas y pequeñas y en ramas de actividad en las que predominan las trabajadoras. Programas de concienciación, cursos en formación de formadores y talleres para empresarios en el nivel industrial se han llevado a cabo en Asia (Mongolia y Filipinas), Africa (Ghana, Mauricio, Nigeria, Seychelles, Tanzanía y Uganda), y en América Central y del Sur (Chile, Costa Rica, El Salvador, Haití y Uruguay).

 

La niña trabajadora

23. Las niñas que trabajan merecen especial atención porque son particularmente vulnerables a la explotación y a los abusos, y porque es más fácil que se les niegue el derecho a la educación. El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) ha llevado a cabo proyectos destinados a las niñas sometidas al trabajo forzoso, a la prostitución, al trabajo doméstico y a la industria. El objetivo del IPEC no es sólo rescatar a los niños del trabajo en que son explotados, sino una meta a largo plazo que se conseguirá cuando a las nuevas generaciones de niños se les impida eficazmente ingresar en el mercado de trabajo.

24. El enfoque del IPEC es crear una alianza social a escala nacional entre todos los actores sociales incluyendo los propios niños trabajadores para poner a punto programas que puedan tener éxito en diferentes medios y sienten las bases de una acción propia para cada nación y sostenible. El IPEC combina soluciones preventivas y curativas, con una atención inmediata en las peores formas de trabajo infantil. El abordar los problemas desde una perspectiva de género implica que todos los entes involucrados en esta tarea se conciencian aún más de la especial situación de las niñas, así como de los vínculos existentes entre el trabajo infantil y el empleo de la mujer.

 

25. Algunas lecciones aprendidas de la puesta en marcha de actividades operativas

  • Todo programa o proyecto tiene que ser abordado con unos objetivos y prioridades claros y bien definidos. Pero, puesto que las cuestiones de género están muy conectadas entre sí, las prioridades individuales tienen que ser enfocadas desde una perspectiva comprensiva e integrada.
  • Hacen falta nuevos marcos y metodología para el análisis de género, de manera que se incluyan aspectos pasados por alto y se reflejen los cambios. No se ha prestado, por ejemplo, suficiente consideración al nexo existente entre reproducción social y actividades productivas, o a los nuevos actores y partícipes que están emergiendo de la sociedad civil. Deberían adoptarse métodos innovadores y participativos.
  • Es preciso generar datos sensibles al género e información para realizar análisis de género, formular políticas y diseñar proyectos. Las estadísticas recogidas deberían reflejar adecuadamente las distintas situaciones de hombres, mujeres y niños, y estar desglosadas por sexo y edad.
  • Hay que desarrollar capacidades para promover la igualdad de género entre aquellos colaboradores que intervienen en la elaboración y la realización de los proyectos, así como fortalecer centros de orientación experta para la integración de las cuestiones de género y las intervenciones específicas en este terreno. Con ello se creará una mayor conciencia de las cuestiones de género, se promoverá la acción y se producirá un efecto ejemplar a través de las redes de contactos.
  • Identificar y divulgar las buenas prácticas. Tanto de los éxitos como de los fracasos pueden extraerse lecciones para superar los problemas y los retrocesos. La viabilidad de repetir un proyecto en otro contexto o en otra región tiene que ser sometida a un cuidadoso examen.
  • El seguimiento de los programas y de los proyectos es esencial para su sostenibilidad. Por ello es preciso crear y aplicar instrumentos adecuados, incluyendo indicadores y objetivos marcados, que permitan controlar los efectos y evaluar los impactos de los proyectos y de los programas.

Indice

 

 

 

Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
Avda. Uruguay 1238 - Montevideo - Uruguay - Tel: (5982) 908 6023 - 902 0557 - 908 0545 - Fax: (5982) 902 1305
oitcinterfor@oitcinterfor.org -   webmaster@cinterfor.org.uy

Copyright © 1996-2009 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad