2. Sexo y género
Las diferencias existentes entre
los hombres y las mujeres son de naturaleza biológica y de carácter
social:
El término sexo se refiere a unas diferencias biológicamente
determinadas con carácter universal entre los hombres y las mujeres.
El término género se refiere a unas diferencias sociales
y relaciones entre los hombres y las mujeres aprendidas, cambiantes
con el tiempo y que presentan una gran variabilidad entre las
diversas culturas y aun dentro de una misma cultura. Estas diferencias
y relaciones son una construcción social, y han sido aprendidas
a través del proceso de socialización. Son específicas de un contexto
y pueden ser modificadas.
3. Roles de género
Los roles o papeles de género son
comportamientos aprendidos en una sociedad, comunidad o
grupo social dados, en los que sus miembros están condicionados
para percibir como masculinas o femeninas ciertas actividades,
tareas y responsabilidades. Estas percepciones están influenciadas
por la edad, la clase, la raza, la etnia, la cultura, la religión
u otras ideologías, así como por el medio geográfico, económico
y político. A menudo se producen cambios de los roles de género
como respuesta a al cambio de las circunstancias económicas, naturales
o políticas, incluidos los esfuerzos por el desarrollo, los ajustes
estructurales u otras fuerzas de base nacional o internacional.
En un contexto social dado, los roles de género de los hombres
y las mujeres pueden ser flexibles o rígidos, semejantes o diferentes,
y complementarios o conflictivos.
Tanto las mujeres como los hombres
desempeñan múltiples roles o papeles en la sociedad: productivo,
reproductor, director en la comunidad, etc. Percibidos habitualmente
como responsables de ganar el pan de la familia, los hombres están
en condiciones de dedicar más tiempo a un único rol productivo,
y desempeñan sus múltiples roles de uno en uno. En contraste con
ellos, las mujeres suele asignárseles sólo secundariamente este
rol de obtener ingresos; tienen que desempeñar sus roles simultáneamente
y equilibrar las demandas conflictivas de unos y otros dentro
de sus limitaciones de tiempo. En consecuencia, el tiempo de trabajo
de las mujeres y su flexibilidad están mucho más condicionados
que en el caso de los hombres. Por otra parte, puesto que los
hombres y las mujeres han desempeñado históricamente distintos
roles en la sociedad, a menudo tienen que entrentarse a cortapisas
culturales, institucionales, físicas y económicas muy diferentes,
muchas de las cuales están arraigadas en una discriminación y
unas parcialidades sistemáticas.
4. Análisis por género
El análisis por género es una herramienta
para diagnosticar las diferencias entre mujeres y hombres. Contempla
sus actividades específicas, condiciones, necesidades, su acceso
a los recursos y el control que tienen sobre ellos, así como acceso
a los beneficios del desarrollo y a los niveles de dirección.
Estudia estos vínculos y otros factores en el medio y en el contexto
más amplio social, económico.
El análisis por género precisa ante
todo y sobre todo reunir datos desglosados (esto es, separados
por sexos) e información sensible a las cuestiones de género acerca
de la población que se estudia. El análisis por género es el primer
paso de una planificación sensible a las cuestiones de género
para promover la igualdad entre las mujeres y los hombres.
El análisis por género no se limita
a identificar diferencias. De forma más importante, detecta la
política de las relaciones de género y los ajustes que han de
ser realiados por las instituciones para alcanar la igualdad entre
los géneros. Se fija en las desigualdades entre las mujeres y
los hombres, se pregunta por qué existen, y sugiere cómo pueden
reducirse las brechas que los separan. El análisis por género
es asimismo el primer paso para la formación de cualquier política
o elaboración de un programa: el punto de partida desde el que
transformar la naturaleza del desarrollo de una sociedad para
promover la igualdad entre los hombres y las mujeres.
5. Necesidades en función del
género
Los papeles de los hombres y las
mujeres en las sociedades e instituciones existentes son distintos,
en general. Lo que significa que sus necesidades difieren también
según ellos. Habitualmente se distinguen dos tipos de necesidades:
Las necesidades estratégicas
son todo aquello que hay que remediar para superar la posición
subordinada de las mujeres a los hombres en la sociedad, y tienen
que ver con la potenciación de las mujeres. Varían según el particular
contexto social, económico y político en el que se formulan. Normalmente
conciernen a problemas de igualdad tales como el de capacitar
a las mujeres para que tengan igual acceso a las oportunidades
de trabajo y de formación, a una remuneración igual que la de
los hombres por un trabajo de igual valor, al derecho a la propiedad
de la tierra y a otros bienes de capital importancia, a la prevención
del acoso sexual en el trabajo y de la violencia doméstica, y
a la libertad de elección acerca de su maternidad. Remediarlas
entraña una lenta transformación de las costumbres y los convencionalismos
tradicionales de una sociedad.
Necesidades prácticas,
que nacen de las condiciones reales que las mujeres y
los hombres experimentan por causa de los roles que tienen asignados
en la sociedad. Suelen estar referidas a las mujeres como madres,
amas de casa y proveedoras de las necesidades básicas de la familia,
y conciernen a deficiencias en los medios de vida y condiciones
de trabajo, tales como alimentos, agua, vivienda, ingresos, atención
sanitaria y empleo. Para las mujeres y los hombres que se encuentran
en los niveles socioeconómicos inferiores, estas necesidades están
ligadas a menudo a estrategias de supervivencia. Atender
sólo estas necesidades no hace sino perpetuar los factores que
mantienen a las mujeres en una posición desventajosa en sus sociedades.
No promueve la igualdad entre los géneros.
Las necesidades estratégicas
son todo aquello que hay que remediar para superar la posición
subordinada de las mujeres a los hombres en la sociedad, y tienen
que ver con la potenciación de las mujeres. Varían según el particular
contexto social, económico y político en el que se formulan. Normalmente
conciernen a problemas de igualdad tales como el de capacitar
a las mujeres para que tengan igual acceso a las oportunidades
de trabajo y de formación, a una remuneración igual que la de
los hombres por un trabajo de igual valor, al derecho a la propiedad
de la tierra y a otros bienes de capital importancia, a la prevención
del acoso sexual en el trabajo y de la violencia doméstica, y
a la libertad de elección acerca de su maternidad. Remediarlas
entraña una lenta transformación de las costumbres y los convencionalismos
tradicionales de una sociedad.
6. División del trabajo en función
del género
La división del trabajo entre mujeres
y hombres depende del contexto socioeconómico y cultural, y puede
ser analizada distinguiendo entre trareas productivas y tareas
reproductoras.
Por tareas productivas se
entiende el trabajo realizado por hombres o por mujeres para producir
bienes y servicios, así como transformar materias primas.
La expresión tareas reproductoras
se refiere a la maternidad y a las distintas actividades desempeñadas
en lo que se denomina hoy la "economía de cuidados";
es decir, las muchas horas pasadas cuidando de los miembros de
la familia y de la comunidad, recogiendo combustibles y agua,
preparando los alimentos, cuidando de los niños, de su educación
y salud, y prestando cuidados a los ancianos.
El hecho de que las mujeres se ocupen
tanto de las tareas productivas como de las reproductoras significa
que invariablemente trabajan más horas al día que los hombres.
A menudo las actividades de las mujeres no son remuneradas o se
desarrollan en el sector no estructurado de la economía, sin estar
cubiertas por la legislación laboral. El resultado de ello es
que el trabajo de las mujeres a menudo quede excluido también
de las estadísticas nacionales de empleo y de rentas.
Es preciso revisar todas estas tareas
desde una perspectiva de género, de forma que las funciones productivas
y reproductoras en el hogar, la comunidad o el lugar de trabajo
puedan ser compartidas equitativamente, en la medida de lo posible,
por los hombres y por las mujeres. Este cambio hacia un reparto
equitativo de las tareas requiere compromiso político, imaginación
y perseverancia. Entonces, y sólo entonces, podrá tener lugar
una transformación de las actuales estructuras de la sociedad,
que dará como fruto la plena igualdad entre las mujeres y los
hombres