En general: La mayoría de los trabajadores del
mundo carecen todavía hoy de cualquier forma de protección social
que no sea su capacidad para trabajar y para ahorrar parte de
lo que ganan. Y la masiva incorporación de mujeres al mercado
del trabajo en nuestros días ha puesto en tela de juicio los sistemas
de protección social existentes, tales como el de la seguridad
social. En efecto: la mayoría de los sistemas de seguridad social
que encontramos en todo el mundo fueron creados cuando la proporción
de mujeres en el mercado del trabajo era muy baja. Muchos de ellos
se desarrollaron a partir del modelo tradicional de familia, basado
en el matrimonio, y en el que el hombre era el único que aportaba
ingresos y estaba plenamente integrado en el mercado del trabajo,
en tanto que la mujer se encargaba de las tareas domésticas y
de cuidar a los hijos.
Con el paso de los años, esta idea de la estructura familiar
ha cambiado significativamente debido al importante aumento del
número de mujeres trabajadoras. A esto hay que añadir los cambios
que se han producido en la composición y tamaño de las familias,
resultantes del aumento de los divorcios, de la cohabitación y
de familias monoparentales -en su mayoría a cargo de mujeres-,
así como de las familias con menor número de hijos. También se
han producido cambios radicales en los valores sociales, en particular
en los que subrayan la importancia del individuo y reclaman la
plena igualdad entre los géneros. Estos cambios tienen serias
implicaciones para la seguridad social y la protección social,
que deben acomodarse ahora a las condiciones presentes.
En el sector no estructurado: Los trabajadores
del sector no estructurado se cuentan entre los grupos más numerosos
de los que carecen de protección social, porque están excluidos
de los programas privados y de los patrocinados por los estados,
y en concreto de los de seguridad social. Y las mujeres
que trabajan en ese sector son todavía más vulnerables a múltiples
riesgos debido a su doble papel en el trabajo y en el hogar, así
como a sus altos niveles de exclusión social.
¿Por qué una protección social?
Los mecanismos de protección social tienen una importancia crítica
para garantizar que las personas tengan capacidad de trabajar
y de hacerlo productivamente, que los bienes obtenidos mediante
la remuneración de su trabajo estén protegidos frente a los diversos
riesgos a que se enfrenta la población trabajadora, y que las
personas que no están trabajando tengan medios para conservar
u obtener esos bienes.
La importante contribución de las mujeres a la economía sigue
siendo ignorada en gran parte por el estado y la comunidad, y
apenas se refleja en las estadísticas nacionales y regionales.
Las mujeres, pues, siguen altamente expuestas a un círculo continuado
de pobreza. Tradicionalmente se las ha excluido también de participar
de forma directa en la elaboración de los planes de seguridad
social, aunque con frecuencia son quienes mayor necesidad tienen
de ellos por la múltiple carga que les imponen sus papeles económico,
biológico y social.
¿Qué tienen de malo los sistemas actuales?
En general: Existen mecanismos tradicionales
de protección social (lazos de parentesco, atención de los hijos
a sus padres, fuentes de crédito locales y grupos de ahorro, etc.),
pero que no siempre demuestran su eficacia. Los estudios nos dicen
también que no cabe esperar que las fuerzas del mercado, por si
solas, prporcionen seguridad a los pobres, ni siquiera cuando
existe demanda de ella.
Sin embargo, ocurre con frecuencia que el estado no puede asumir
en su totalidad la carga de procurar una cobertura eficaz a toda
la población, y que es preciso introducir innovaciones en la gestión
y en la financiación. Más aún, la seguridad social patrocinada
por el estado y los planes privados de seguridad social se caracterizan
por la parcialidad respecto del género en sus prestaciones,
que tratan a las mujeres como dependientes y beneficiarias, y
que a menudo sólo abordan las preocupaciones "femeninas"
a través de la provisión de prestaciones por maternidad y/o atención
sanitaria a las madres y los hijos. Es relativamente raro encontrar
mecanismos de seguridad social que contemplen con un perspectiva
integradora los múltiples papeles de las mujeres trabajadoras.
En su mayoría no las tratan como individuos que necesitan tipos
específicos de seguridad y flexibilidad en el diseño de los planes
para proporcionársela, sino que la ven como parte de una unidad
familiar en la que el hombre tiene la responsabilidad de ganar
el pan.
En el sector no estructurado: Los planes de
seguridad social basados en el empleo (en los que el empleador
y el estado contribuyen con una parte de su costo financiero)
tienen un fallo fundamental con respecto al sector no estructurado.
No existe un empleador claramente definido (la mayoría de los
trabajadores del sector no estructurado son asalariados eventuales
o trabajadores independientes), y en los casos en que sí hay un
empleador (pequeñas empresas y fábricas, trabajadores por contrato,
etc.), la aportación del empleador para la protección social del
empleado rara vez está regulada por las leyes o sancionada eficazmente.
Preocupa en especial la creciente "feminización" de
diferentes formas de trabajo, a menudo las menos protegidas por
los gobiernos en su legislación social y, en consecuencia, donde
la explotación es mayor. Se han denunciado sórdidos ejemplos en
mercados donde no existen prácticamente reglas, donde prevalecen
el destajo y la retribución a tanto por pieza, en las zonas francas
de exportación, y especial en el trabajo a domicilio notoriamente
"invisible". Estos trabajadores tienen jornadas de trabajo
extremadamente largas, y muy a menudo trabajan en condiciones
de lo más deplorables y por un salario misérrimo. Las cadenas
de producción y abastecimiento están notablemente fragmentadas,
lo cual complica aún más la tarea de legislar sobre ellas y la
exigencia práctica de responsabilidades de protección social a
sus trabajadores; e incluso, de existir, sería particularmente
complicado el mecanismo para prestar apoyo financiero y exigir
una participación contributiva para tales planes.
¿Qué progresos se han hecho?
En los países industrializados: Se han logrado
significativos progresos, en particular en el campo de una legislación
encaminada a dar igual trato a los hombres y a las mujeres en
los planes de seguridad social. Sin embargo, a pesar de estos
progresos, todavía existen serias limitaciones en estos planes
debido a la gran proporción de mujeres que trabajan a tiempo parcial,
eventualmente, en empresas familiares o en el sector no estructurado.
En los países en transición: Como consecuencia
de la reestructuración económica, se ha producido una regresión
en la protección social para las mujeres, concretamente en relación
con la atención a los hijos, la asistencia sanitaria y las pensiones
de vejez.
En los países en vías de desarrollo: Los progresos
han sido modestos y el empleo ha aumentado en sectores no cubiertos
por la seguridad social, tales como el no estructurado y el agrícola,
en los que un alto porcentaje de sus trabajadores son mujeres.
Además, los programas de ajuste estructural aplicados en estos
países han traído consigo un aumento del desempleo y de la pobreza,
que afecta gravemente a las mujeres.
¿Que hace falta aún?
Aunque sería deseable introducir el reconocimiento de derechos
a la seguridad social para todos los miembros de la comunidad,
incluidas las mujeres no asalariadas o las que han tenido que
interrumpir su empleo para cuidar a sus hijos, es muy poco probable
que las condiciones económicas y financieras permitan considerar
esta ampliación plena en los próximos años. Por consiguiente,
habrá que elaborar planes de transición, mucho más teniendo en
cuenta que coexisten iferentes generaciones de mujeres que no
han gozado de las mismas posibilidades de acceso a un empleo.
Desde esta perspectiva, debería prestarse especial atención, sobre
todo en los países en desarrollo, a la posibilidad de establecer
sistemas de seguridad locales y de pequeña escala, así como sistemas
menos regulados y basados en las ya existentes redes de solidaridad
para las mujeres. Este tipo de protección a menudo puede ser más
eficaz y más fácilmente adaptable a las circunstancias nacionales
y al sector no estructurado.
Si bien es cierto que las ONG se han mostrado eficaces a la hora
de abordar estas necesidades, también lo es que el problema en
conjunto requiere una legislación y unos planes patrocinados por
el estado, así como nuevos esquemas y nuevas formas de participación
en ellos por parte del sector privado. Un ejemplo venturoso de
esto último es el de la Asociación de Mujeres Empleadas por
Cuenta Propia (SEWA) en la India. Es hoy uno de los programas
de seguridad social contributiva mayores y más amplios para las
mujeres que trabajan en el sector no estructurado. Asegura actualmente
a 32.000 trabajadoras y, significativamente, se puso en marcha
con el apoyo inicial del gobierno.
El plan SEWA tiene significativas implicaciones para la financiación
y la dirección de una seguridad social para los trabajadores de
todo el mundo ocupados en el sector no estructurado. Sus lecciones
y su estilo de dirección muestran el camino para programas basados
en la ocupación y en la comunidad, tanto en países en desarrollo
como en los industrializados.
¿Qué está haciendo la OIT?
La Unidad STEP (siglas en inglés de Estrategias e Instrumentos
contra la Exclusión social y la Pobreza) de la OIT está estudiando
programas en otras partes del mundo, espacialmente en África y
Latinoamérica, donde son notablemente distintos las instituciones
y los mecanismos de financiación para el sector no estructurado,
aparte de existir otros retos.
El programa previsto del Departamento de Seguridad Social está
estrechamente vinculado a uno de los objetivos estratégicos de
la OIT: "Reforzar la cobertura y la eficacia de la protección
social para todos". Tendrá un claro impacto sobre el desarrollo,
porque mejorará las condiciones de empleo de una gran parte de
la mano de obra fuera del sector estructurado. Además, absolutamente
todas sus actividades garantizarán que las mujeres tengan igual
acceso que los hombres a la protección social y que no estén en
desventaja por sus responsabilidades domésticas y del cuidado
de sus hijos. El programa estará orientado hacia estos fines.
Se resumen aquí brevemente la orientación y el enfoque del programa,
para que estos puntos sirvan como recomendaciones y directrices
potenciales para otras organizaciones preocupadas por este importante
problema.
El reto
El reto sigue siendo encontrar un enfoque apropiado en el nivel
de la comunidad que asegure una masa de riesgos proporcionada,
con la garantía de que la sostenibilidad del sistema no se pone
en peligro. Hacen falta mecanismos financieros innovadores y y
un estudio del empleo de la ayuda al desarrollo. Y aunque gran
parte de la seguridad comunitaria puede basarse en mecanismos
de puesta en común de riesgos a través de la solidaridad y de
la ayuda del estado, esto no excluye la participación del sector
privado cuando sea conveniente.
Esta aproximación a la seguridad social con un enfoque integrador
de distintos puntos de vista ha sido beneficioso para las ONG,
puesto que la vinculación de planes bancarios a la seguridad ha
aumentado la participación en los respectivos programas... y ha
suscitado asimismo mayor interés por la afiliación sindical, allí
donde existían sindicatos. El trabajo de la Unidad STEP, del Departamento
de Seguridad Social y de otras iniciativas de investigación y
de elaboración de políticas en todo el mundo han marcado el inicio
de un cambio en el énfasis puesto por los gobiernos, las ONG y
las organizaciones internacionales. Hay que atender a los intereses
de todos los componentes de la fuerza del trabajo, en especial
a los de los trabajadores del sector no estructurado, a los que
de ordinario no se presta atención.
Pero tal vez el dato más significativo se que los estudios de
investigación llevados a cabo han puesto de relieve que los
trabajadores pobres pueden y desean pagar por servicios que
consideran importantes, eficientes y sensibles a sus necesidades,
y en cuyas elaboración y eficacia puedan ellos implicarse directamente.
¿Se dan cuenta de esto los gobiernos y el sector privado?