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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

 

La segregación ocupacional en razón del género

Ineficiencia, rigidez y discriminación

Asombra ver hasta qué extremo los mercados del trabajo en el mundo se encuentran segregados atendiendo al género de los trabajadores. Según afirma Richard Anker en un libro publicado recientemente por la OIT, de entre todos los trabajadores del mundo no incluidos en el sector agrícola, aproximadamente un 60% están en alguna ocupación en la que como mínimo el 80% de los trabajadores dedicados a ella son de un mismo género, hombres o mujeres. Lo que significa que la mayoría de los trabajadores del mundo desempeñan ocupaciones que el anterior dato permite considerar "femeninas" o "masculinas".

El problema

Esta segregación ocupacional por géneros es una importante causa de ineficiencia y rigidez en el mercado del trabajo. Comporta exclusión y discriminación, así como un desaprovechamiento de recursos humanos, puesto que en la práctica puede darse el caso de que, por razón de su género, se vean excluidas de una ocupación muchas de las personas más capacitadas y adecuadas para desempeñarla. Es, a todas luces, una importante rémora en la economía y afecta negativamente a la competitividad internacional de algunos países. La discriminación en el mercado del trabajo y la desigualdad entre hombres y mujeres tienen también graves efectos negativos sobre las futuras generaciones. Puesto que las decisiones de los padres y de los propios jóvenes sobre la educación y la formación profesional de éstos se basan, en parte, en las oportunidades que ofrece el mercado del trabajo, la segregación ocupacional y la discriminación en el mercado del trabajo afectan negativamente a la cantidad y el tipo de educación y formación que reciben las niñas y las mujeres. Lo cual, a su vez, contribuye a perpetuar las desigualdades entre los hombres y las mujeres tanto en el mercado del trabajo como en sus hogares.

La segregación ocupacional por razón del género es en gran medida un problema de las mujeres, puesto que es más desventajosa para ellas que para los hombres. De entrada, las mujeres están empleadas en una gama de ocupaciones más restringida que la de los hombres. Según el citado libro de Anker, las ocupaciones no agrícolas en que predominan los hombres son unas siete veces más numerosas que aquellas en las que predominan las mujeres. Más aún, las ocupaciones "femeninas" son, en general, menos atractivas, con tendencia a estar peor pagadas, menos consideradas y con menores posibilidades de progresar en ellas. Un ejemplo aludido con frecuencia a propósito del restringido marco e que puede moverse la carrera profesional de las mujeres es el famoso "techo de cristal" que impide a las mujeres ocupar los altos cargos de dirección, tal como lo evidencia el hecho de que casi el 90% de directivos, administradores de alto nivel y personas en puestos legislativos son hombres.

Pero importa advertir que esta segregación ocupacional por razón del género se está convirtiendo en una creciente preocupación también para los hombres. En los últimos años, en efecto, el crecimiento del empleo ha favorecido, en general, a las típicas ocupaciones "femeninas" (como las del sector de servicios), más que a las típicamente "masculinas" (como las del sector manufacturero).

Las causas

Se han propuesto diversas teorías para explicar por qué existe en el mundo tanta segregación en el trabajo por razón del género. Algunos economistas hacen hincapié en el capital humano, y en el hecho de que las mujeres tienden a poseer menos y menos relevantes años de educación y de experiencia en el mercado del trabajo, en comparación con los hombres; como resultado de lo cual, las mujeres tienen diferentes calificaciones e intereses con respecto a los tipos de ocupaciones que les convienen. Otros economistas subrayan la existencia de mercados del trabajo segmentados y que, en comparación con los hombres, las mujeres se enfrentan a una mayor competencia por puestos de trabajo, ya que se "agolpan" en una gama menor de ocupaciones. Estas teorías explican parcialmente la segregación ocupacional en razón del género.

Las teorías feministas y los análisis de género sobre esta cuestión se preocupan principalmente de las variables que no son propias del mercado del trabajo. Destacan que la posición desventajosa de las mujeres en el mercado del trabajo se debe al patriarcado, a la posición subordinada de las mujeres en la sociedad y a las responsabilidades que asumen con las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. Los datos que aporta el libro de Anker corroboran el punto de vista feminista, por cuanto los típicos estereotipos sociales con respecto a las supuestas capacidades de las mujeres (propensión natural a prestar cuidados, mayor destreza manual) se corresponden estrechamente con las características de las típicas ocupaciones "femeninas" (por ejemplo, enfermera y niñera, costurera y mecanógrafa, cajera y contable, etc.). De forma similar, los estereotipos negativos que la sociedad aplica a las mujeres (tales como menor fuerza física, supuesto desinterés por supervisar a otros, etc.) se corresponden estrechamente con aquellas ocupaciones de las que las mujeres tienden a estar ausentes (por ejemplo, trabajadores de la construcción, directivos, supervisores, etc.).

Consideraciones estadísticas

Al presentar o interpretar estadísticas acerca de la segregación ocupacional por géneros, es importante tomar en consideración los detalles de los datos ocupacionales que se analizan, puesto que el nivel de segregación ocupacional por géneros observado es muy sensible a la clasificación de las ocupaciones que se utilice. Por ejemplo, según Anker, el "índice de disimilitud" (el índice de desigualdad que se emplea más comúnmente) en las ocupaciones no agrícolas, varía por término medio entre 0,25 y 0,66, en relación directa con el desglose de los datos utilizados en los cálculos. Y mientras que, utilizando una clasificación ocupacional no desglosada de un solo dígito, las mujeres parecen estar razonablemente bien representadas entre los profesionales, los datos típicos cuando se emplean dos dígitos muestran que la mayoría de las mujeres profesionales o bien son maestras, o bien desempeñan ocupaciones en medicina, odontología y veterinaria. Un desglose más refinado de las clasificaciones revela mayor segregación todavía, puesto que la mayoría de las mujeres que trabajan en ocupaciones médicas, odontológicas y veterinarias son enfermeras y, entre las maestras, es mucho más probable que las mujeres predominen en la educación preescolar primaria, ocupaciones feminizadas en comparación la enseñanza secundaria y la universitaria.

Niveles y tendencias en el mundo

Importa decir que existen grandes variaciones en el mundo en cuanto a los niveles y las tendencias de la segregación ocupacional por razón del género. La región de Asia y el Pacífico presenta el nivel más bajo en promedio, y la región de Oriente Medio y el Norte de África tiene el más alto. Los niveles de segregación son también relativamente altos en otros países en vías de desarrollo, en tanto que los países que componen la OCDE y los países europeos con economías en transición tienden a mostrar unos niveles próximos a la media de todo el mundo. Resulta interesante observar que las altas tasas de segregación ocupacional por géneros que hoy se dan en el mundo solían ser mucho más altas antes: hay pruebas convincentes de que dichos niveles han descendido desde 1970. Según el libro de Anker, de 1970 a 1990 se produjo un descenso de once puntos porcentuales en la proporción de mano de obra no agrícola dedicado a ocupaciones en las que no se da el predominio de un género. Sin embargo, esta espectacular mejora no se encuentra en todas las regiones del mundo. Hubo escaso o nulo progreso en los grandes países del Este asiático, así como en algunos de Oriente Medio y el Norte de África, europeos de la OCDE y de los que viven el proceso de transición a la economía de mercado. Resulta interesante observar que las altas tasas de segregación ocupacional por razón del género que hoy encontramos en el mundo eran mucho mayores antes; hay pruebas convincentes de que han bajado desde 1970. Según el libro de Anker, de 1970 a 1990 se produjo un descenso de 11 puntos porcentuales en la proporción de mano de obra no agrícola empleada en ocupaciones con predominio de hombres o de mujeres. Sin embargo, esta espectacular mejora no se ha dado en todas las regiones del mundo. Ha sido escasa o nula en los grandes países de Asia oriental, así como en algunos de Oriente Medio y Norte de África, europeos integrados en la OCDE y países en transición a una economía de mercado.

El papel de la OIT

En los últimos años, el tema de la segregación ocupacional ha adquirido creciente importancia en el seno de la OIT y de la comunidad internacional con la ratificación de la Declaración de la OIT sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo, puesto que "la eliminación de la discriminación en el empleo y la ocupación" figura como parte de una de las cuatro áreas básicas sobre las que versa dicha Declaración. Es obvio que la segregación ocupacional por razón del género y la existencia de mercados del trabajo segmentados y separados para los hombres y para las mujeres son manifestaciones importantes de esta discriminación. Por consiguiente, en adelante la OIT tendrá que prestar ayuda a sus Estados Miembros para que aumenten las oportunidades y posibilidades de elegir en el mercado del trabajo -tanto para los hombres como para las mujeres- reduciendo la segregación ocupacional por razón del género. Y puesto que la mayoría de los trabajadores del mundo desempeñan su trabajo en ocupaciones dominadas por uno de los géneros, está claro que queda mucho por hacer.

La tendencia descendente de la segregación ocupacional por razón del género en buena parte del mundo es un signo positivo. Es de esperar que no sólo prosiga, sino que se extienda también a todo el mundo.


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