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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

 

Productividad

Dar a todos los trabajadores la oportunidad de aportar todo su potencial

 

La discriminación por razón del género en el trabajo puede tener efectos negativos sobre la productividad. No siempre resulta fácil, sin embargo, identificar las fuentes de discriminación y las formas de mejorar la igualdad de trato, pero la acción encaminada a eliminar la desigualdad basada en el género y a mejorar las oportunidades que se les ofrecen a las mujeres puede significar una importante ventaja para la eficiencia de una organización.

Formas de discriminación

Una buena parte de la discriminación no es deliberada y surge, simplemente, de supuestos tradicionales implícitos acerca de los hombres y de las mujeres, así como de los requisitos atribuidos a ciertas tareas.

La discriminación directa implica que exista, para determinados puestos, una preferencia de los hombres sobre las mujeres igualmente calificadas, y que les sean ofrecidas a las mujeres menores posibilidades de desarrollo. La evaluación es siempre subjetiva hasta cierto punto, y cualidades equivalentes pueden ser consideradas de forma menos favorable cuando quienes las tienen son mujeres que cuando se dan en hombres. Supuestos como que las mujeres son menos ambiciosas que los hombres, menos capaces de hablar en público, menos hábiles para ejercer la autoridad, etc., pueden influir en las tareas encomendadas a las mujeres. Y unas mismas características pueden ser valoradas de forma distinta cuando se dan en mujeres o en hombres; y así, lo que en el hombre cabe ver como capacidad de liderazgo, puede domarse como actitud dominante en la mujer, o una actitud reservada puede interpretarse como sabiduría en un hombre y como timidez en una mujer.

La discriminación indirecta se da cuando los procedimientos y criterios de selección, promoción, acceso a ciertos beneficios, etc., son tales que la mayoría de las mujeres acaban siendo excluidas, aunque no fuera ése el propósito inicial. Los empleados, por ejemplo, pueden ser contratados a través de redes de relaciones profesionales, de forma que para cubrir un puesto determinado tan sólo o muy mayoritariamente se propongan hombres. O que el acceso a determinados beneficios se reserve a empleados con contratos de larga duración o de trabajo a tiempo completo. La discriminación indirecta puede darse asimismo cuando existen unas pautas sociales de comportamiento consideradas la forma recta de actuar..., lo que se da con mayor frecuencia entre hombres que entre mujeres.

¿Cómo puede afectar la discriminación a la productividad?

Remuneración: Para muchas personas, la remuneración es una medida de la justicia, así como del valor que el trabajo que realizan tiene para sus empleadores. La mujeres peor pagadas que los hombres, en igualdad de calificaciones, es probable que se sientan menos motivadas en su trabajo y puede que no permanezcan con sus empleadores el tiempo que lo harían de no ser por eso.

Escoger a la persona más capacitada para el puesto: La discriminación, ya sea directa o indirecta, significa que la contratación y la promoción de los trabajadores se hace sobre un grupo restringido de potenciales aspirantes. Consiguientemente, eliminar la discriminación implica seleccionar a partir de un grupo mayor de personas con talento, con mayores posibilidades de encontrar a la más adecuada para el desempeño del puesto. En muchos casos esto puede requerir procedimientos más sistemáticos y abiertos, lo que redundará tal vez en una mejora del proceso de selección.

Animar a las personas a aportar todo su potencial: Un trabajo bien hecho implica a menudo iniciativa y creatividad, aun cuando se trate de realizar tareas aparentemente simples. Muchas prácticas de administración de recursos humanos se elaboran para animar a los empleados a hacer un buen trabajo ofreciéndoles oportunidades para ejercitar su iniciativa y su creatividad, a la vez que incentivos para hacerlo. Así, por ejemplo, las empresas pueden organizar grupos de resolución de problemas o círculos de calidad, y ofrecer a sus empleados planes para entrar a formar parte del accionariado de la empresa u otros incentivos económicos. Algunos de estos planes, con todo, han tenido un éxito menor del que cabía esperar porque, en los procesos participativos, la dirección de la empresa no implicó a las mujeres en la misma medida que a los hombres. Se formaron equipos, por ejemplo, pero al frente de ellos se colocó a hombres, o no se creyó necesario incluir en los procesos de consulta a determinados departamentos o grupos de calificación laboral..., que casualmente eran aquellos en los que predominaban las mujeres. La preponderancia de las mujeres en trabajos no cubiertos por planes de incentivos económicos puede deberse tanto al hecho de que ocupen los puestos inferiores en la organización de la empresa, como al de que no satisfagan criterios de elegibilidad basados en horas de trabajo, duración de su contrato o veteranía.

Estrés derivado de la discriminación: La sensación de no ser utilizado de acuerdo con la propia capacidad, de verse tratado injustamente o minusvalorado, produce estrés, y las percepciones de discriminación se han asociado a un estrés adicional que afecta a los grupos discriminados. Un medio discriminador fomenta también el acoso sexual, con los negativos efectos consiguientes sobre la salud, el absentismo y los abandonos entre sus víctimas.

Infrautilizando las capacidades de sus empleados y exponiendo a una parte de su mano de obra a la desmoralización y el acaso estresantes, las empresas que practican la discriminación socavan sus propias eficiencia y productividad potenciales. Más aún, en un número cada vez mayor de países, las organizaciones que discriminan pueden hallarse expuestas a costosos pleitos. En cambio, las empresas sensibles a las cuestiones de género se encuentran en mejores condiciones para responder a unos mercados cambiantes, como se ha demostrado por el reciente ejemplo de las empresas manufactureras de prendas deportivas que han desarrollado productos adaptados a la anatomía de las mujeres.

¿Qué puede hacerse?

A la dirección de las empresas tanto del sector público como del privado le corresponde un papel clave en mejorar activamente la igualdad de trato mediante la puesta en práctica en sus organizaciones de medidas que introduzcan la igualdad de oportunidades. Más de dos décadas de experiencias en varios países han permitido identificar cierto número de prácticas eficaces para corregir y prevenir la discriminación en la empresa. Y hay sobradas pruebas de que la políticas tendentes a conseguir un trato igualitario se asocian a un mayor rendimiento.

 

Prácticas para mejorar la igualdad de trato en la empresa

Como ejemplos de prácticas eficaces pueden citarse:

  • Formar a los empleados en el tema de la igualdad de oportunidades

  • Controlar la composición de la mano de obra en todos los niveles

  • Fijar objetivos cuantitativos para mejorar en equilibrio de géneros de todos los niveles

  • Revisar los procedimientos de contratación y promoción

  • Revisar los criterios de elegibilidad para beneficios

  • Asegurarse de que haya mujeres en todos los comités de evaluación

  • Pedir que todas las "listas cortas" de contratación y de promoción incluyan mujeres candidatas

  • Fijar líneas de atención rápidas y procedimientos reglamentados de queja para casos de acoso sexual

  • etc.

En todos los casos, el que la dirección se responsabilice de poner en práctica estas políticas es especialmente importante para que tengan éxito.

 
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