Progreso
Los amplios cambios producidos en
la composición del mercado del trabajo, con el aumento de la actividad
económica de las mujeres en una gama de ocupaciones cada vez más
extensa junto con sus ascendentes niveles de formación, han llevado
a una presión creciente para que se dedique mayor atención al
tema de las mujeres en los puestos de dirección. A pesar de las
desigualdades, las mujeres han hecho en todo el mundo notables
progresos en la conquista de una participación cada vez mayor
en los puestos profesionales y de dirección. En algunos países,
las mujeres ocupan más del 40% de todos los puestos administrativos
y directivos. Y no sólo están ya dirigiendo en muchos países el
30% o más de las pequeñas y medianas empresas, sino que, al hacerlo,
están creando trabajo para otros.
Pero persisten los obstáculos
Y, sin embargo, los resultados de
las investigaciones muestran lo difícil que es traspasar el techo
de cristal. Cuanto más alto es el puesto, más nítida es la brecha
entre los géneros. Los estudios prueban que, aun cuando con frecuencia
las mujeres estén mejor educadas y calificadas que los hombres
en un mismo trabajo, aún siguen teniendo que trabajar y rendir
más que ellos para poder progresar en la empresa.
Un obstáculo sumamente real en la
práctica para que las mujeres alcancen puestos de alto nivel es
la responsabilidad que llevan sobre sus hombros de cuidar de sus
hijos y de realizar las tareas de sus hogares. El trabajo profesional
y especialmente el directivo se caracteriza a menudo
por las largas horas que hay que dedicarle para conseguir reconocimiento
y eventuales ascensos. Las políticas y estructuras de promoción
en las empresas están pensadas con frecuencia para destacar el
periodo comprendido entre los 30 y los 40 años de edad como el
más importante para el desarrollo de una carrera. Pero estos años
son precisamente los que exigen una dedicación más intensiva al
cuidado de los hijos. Así, las mujeres que quieren tener a la
vez una familia y una carrera han de hacer auténticos malabarismos
con pesadas responsabilidades en ambas esferas. La cosa es más
sutil aún porque, incluso las mujeres que no tienen responsabilidades
familiares son vistas como madres potenciales, con el resultado
de que a menudo se presta menos atención a las inversiones requeridas
para ofrecerles formación y oportunidades de progresar en sus
carreras que la que se les brinda a los hombres que desempeñan
su mismo trabajo, lo cual reduce sus oportunidades de ascender
más adelante a los puestos más altos.
Uno de los principales obstáculos
que se oponen al ascenso de las mujeres en la empresa es el estereotipo
sexual con respecto a la capacidad y disposición de las mujeres
a aceptar puestos de responsabilidad, especialmente si eso implica
horarios de trabajo largos, viajes y traslados. Eso supone, para
muchas mujeres, verse situadas en áreas de actividad menos estratégicas,
que no se les confíen tareas variadas y comprometidas, y que no
puedan familiarizarse con toda la gama de operaciones y actividades
de la empresa: factores todos éstos que son cruciales para ascender
a los altos puestos de dirección. De ahí que, en consecuencia,
sus jefes piensen que son pocas las mujeres que tienen la experiencia
empresarial adecuada y que en su mayoría no han pasado el tiempo
suficiente en distintos puestos de mando para poder desempeñar
los máximos cargos directivos: situación que es un perfecto círculo
vicioso.
Un cambio para bien
Afortunadamente, muchas empresas
están comprobando que los talentos y capacidades de la mujer son
útiles para la buena marcha de sus negocios. Por lo que se preocupan
de atraer y retener a las mujeres como profesionales y directivas.
Un paso importante en este sentido es la adopción, por parte de
muchas empresas, de una política de igualdad de oportunidades.
Los enfoques de acción positiva o afirmativa forman ya parte de
una política conjunta de igualdad con el objetivo de nivelar el
terreno de juego para dar a todos la misma oportunidad de ascender
por el escalafón empresarial.
Medidas tales como los acuerdos de
trabajo flexible, formación y adiestramiento, asignación de tareas
variadas y que entrañen nuevos retos, planificación en el desarrollo
de la carrera, así como todo cuanto se hace para promover desde
la empresa políticas favorables a las familias y prevenir el acoso
sexual en el trabajo, son pasos positivos en esta dirección. La
formación en capacidades directivas y en tomar decisiones, y el
adiestramiento en distintas áreas de la propia empresa para que
las mujeres consigan una experiencia y un conocimiento más amplios
de la estructura y funcionamiento de la organización son los instrumentos
claves para darles la confianza en sí mismas, las técnicas, los
conocimientos y los contactos que necesitarán para labrar su propio
futuro.
Programas como los denominados "trabajo
y familia" o "trabajo y vida" ayudan a los a los
trabajadores a rebajar su estrés y rendir más. En estos programas
suelen incluirse aspectos tales como el permiso por maternidad
y cuidado de la familia, instalaciones y servicios para la atención
de niños y ancianos, y acuerdos de trabajo flexible como el trabajo
a tiempo parcial, el horario flexible, la semana laboral comprimida
y el teletrabajo. Si bien estas medidas se adoptan a menudo con
el propósito de atraer y retener a las mujeres, es importante
animar también a los hombres a hacer uso de estas opciones. También
los hombres pueden tener responsabilidades familiares y necesitar,
por lo mismo, un sano equilibrio entre el trabajo y su vida personal.
Si sólo las mujeres recurrieran a estas opciones, podrían derivarse
efectos negativos para ellas, puesto que tal vez se las considerara
menos comprometidas con sus empleos.
La puesta en marcha de políticas
y programas para combatir el acoso sexual es fundamental para
prevenir actos de comportamiento sexual indeseado en el trabajo,
tanto para los hombres como para las mujeres. Pero tiene especial
importancia para las mujeres que aspiran a puestos de dirección,
predominantemente ocupados por hombres, y en los las mujeres pueden
ser víctimas del resentimiento de algunos hombres, tanto sus subordinados,
sus iguales o directivos de superior nivel.
Estrategias para forjar carreras
profesionales
Entre las estrategias específicas
que se ha comprobado que ayudan a las mujeres a progresar en la
empresa se incluyen la creación de redes de trabajo, el seguimiento
de la carrera, y las tutorías. Es esencial la integración de las
mujeres en las redes o grupos de trabajo que se crean de manera
no regulada en las empresas, puesto que les permite recoger información
valiosa, alcanzar notoriedad y establecer contactos y apoyos que
las ayudarán a alcanzar puestos de alto nivel. Como parte de sus
políticas de recursos humanos e igualdad de oportunidades, las
empresas deberían alentar e invitar conscientemente a las mujeres
a formar parte de esas redes para ayudarlas en sus vidas personales
y profesionales. El seguimiento de sus carreras permite identificar
a las mujeres potencialmente más valiosas y ofrece la posibilidad
de ayudarlas a alcanzar notoriedad y experiencia confiándoles
tareas difíciles y que les supongan un reto. Permite también darles
una formación especial, y una preparación práctica, por parte
de directivos de alto nivel. Normalmente es a los hombres a quienes
se les ofrece tal seguimiento, debido a la percepción tradicional
de que la dirección es una ocupación masculina.
La tutoría es un proceso en el que
directivos antiguos y experimentados (tutores o mentores) dialogan
e intercambian información e ideas con los jóvenes que se piensa
podrán llegar a ocupar puestos de dirección en las empresas. Es
una práctica importante para la trasmisión de la cultura y la
memoria institucional de una empresa. La forma típica de llevarla
a cabo consiste en emparejar informalmente a mayores y jóvenes.
Como estrategia para promocionar a las mujeres, en algunos países
las empresas están introduciendo programas formales de tutoría
para las mujeres potencialmente más capacitadas. Puesto que la
mayoría de los directivos de alto nivel suelen ser hombres, es
importante que esos programas estén estructurados, tengan alguna
limitación temporal y sean controlados para evitar los problemas
sociales asociados al hecho de que un hombre comparta su poder
y su información con una mujer. La tutoría ayuda también a los
hombres que dirigen la empresa a comprender mejor las dificultades
con que se encuentran las mujeres, las diferencias entre los enfoques
masculinos y femeninos, y la importancia de incluir unos y otros
en la marcha de una empresa.
Un buen negocio
Cualesquiera que sean las estrategias
adoptadas, el principal ingrediente para que tengan éxito en atraer
y retener a las mujeres es el firme compromiso de la alta dirección
de la empresa por lograr la igualdad de los géneros, incluyendo
la adopción de un enfoque amplio para garantizar que se lleva
a todos los niveles y que todos los directivos se responsabilicen
de su puesta en práctica. Aparte de los mandatos legales y del
hecho de que están cambiando los puntos de vista sociales sobre
los roles de las mujeres, la motivación más poderosa para que
las empresas promuevan el ascenso de las mujeres a los cargos
directivos es probablemente su convicción de que se trata de un
buen negocio. No se trata sólo de que utilizar el potencial pleno
de las mujeres preparadas y calificadas constituya un ventajoso
valor añadido para la empresa, sino también de que así se mejora
la imagen de la empresa y, eventualmente, la satisfacción de sus
clientes con servicios y productos más "amistosos para las
mujeres". La visibilidad de las mujeres en los puestos de
dirección refuerza esta imagen, especialmente de cara a las mujeres
consumidoras.