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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

 

La formación profesional para las mujeres

Un mundo imperfecto

En un mundo perfecto, no haría falta plantear el tema de la formación profesional para las mujeres. Todas las personas, sin distinción de género, no sólo tendrían acceso a esa formación, sino también a un mercado del trabajo que valoraría exclusivamente la calidad del trabajo realizado. No existiría ningún tipo de discriminación en el empleo y la ocupación.

Pero sabemos que éste no es un mundo perfecto, sino más bien un mundo en el que existen barreras muy reales para las mujeres que quieren acceder al mercado del trabajo. Incluso cuando cuentan con las mejores calificaciones técnicas, han de afrontar retos enormes, que van desde compaginar sus responsabilidades en el hogar y en el trabajo hasta el acceso a la formación profesional, pasando por la segregación de ocupaciones en razón del género. En consecuencia, la formación profesional de las mujeres no es una panacea, pero sí una parte importantísima de un proceso que hay que vincular a reformas sociales y económicas para promover la igualdad entre los géneros en el mundo del trabajo.

 

La situación

Hay tres situaciones en el mundo que constituyen importantes puntos de partida para explorar los temas relativos a los programas de formación profesional para las mujeres y los criterios que podrían hacerla más accesible a las mujeres.

  • Situación 1: Las ocupaciones dominadas por hombres son siete veces más comunes que las dominadas por mujeres
    La segregación por razones de género en las destrezas laborales viene promulgada por consideraciones sociales y culturales, y juega un papel clave tanto en las posibilidades de formación profesional asequibles para las mujeres como en la selección de materias impartidas por las instituciones de formación. Para romper el ciclo de un empleo segregado por géneros hace falta una abanico de políticas que lo faciliten, tales como programas de igualdad de oportunidades y leyes en contra de la discriminación, así como sistemas más eficaces de información sobre las carreras en todos los niveles de la sociedad. Por ejemplo, campañas nacionales de sensibilización pública, que den notoriedad a las mujeres que han conseguido éxitos significativos en ocupaciones tradicionalmente no femeninas, lo que ayudaría a proponerlas como modelos que otras mujeres pueden emular.
  • Situación 2: Se considera que las mujeres ofrecen un alto riesgo para invertir en su formación profesional, por lo que los empleadores a menudo se muestran reacios a invertir en programas de formación para ellas
    Las instituciones de formación profesional pueden ser el único medio que tienen las mujeres para desarrollar capacidades técnicas. Es importante conseguir que estas instituciones pongan en marcha programas flexibles de formación profesional y servicios de información al alcance de las mujeres. Así es probable que estén mejor preparadas para acceder y reincorporarse al mercado del trabajo, que tal vez deban abandonar varias veces durante su vida laboral por razón de sus responsabilidades familiares, para adaptarse a nuevas situaciones de trabajo, para responder a la necesidad de actualizar sus destrezas, etc. Tan importantes como los programas de formación son los sistemas de asesoramiento y de información a los que puedan recurrir las mujeres cuando los necesiten. Proporcionarles consejo y apoyo en los niveles previos y posteriores a su formación profesional es de todo punto necesario, y debería ir acompañado de unos programas de formación que sean sólidos en sus contenidos, flexibles en sus tiempos, y orientados hacia el mercado del trabajo. Cuanta mayor información se facilite a las potenciales estudiantes, mayor será su capacidad de tomar decisiones con respecto a sus posibles ocupaciones.
  • Situación 3: En muchos países los sistemas de formación profesional están mal preparados para responder adecuadamente a la demanda de destrezas que se da en distintos sectores; capacitaciones básicas, como la formación en el uso de ordenadores, desarrollo de cualidades interpersonales y capacidad analítica, a menudo se ignoran en los currículos de la formación profesional
    Las instituciones de formación profesional suelen centrarse demasiado a menudo en los cursos largos y "tradicionales" de capacitación ocupacional. Compaginar estos planes de estudios con la formación en destrezas especializadas e impartidas en cursillos breves requerirá cambiar su estructura organizativa. En particular, habrá que reformar la formación y los currículos de los instructores, para combinar capacidades técnicas y analíticas. En los programas de formación de esos instructores se les deberá concienciar sobre las dificultades sociales y las responsabilidades familiares con que tropiezan las mujeres a la hora de formarse profesionalmente. Y, además, el currículo de todos los instructores debería incluir conocimientos sobre el aprendizaje de los adultos, que va más allá de las actividades dirigidas por el instructor y que se diferencia de la formación que requieren los jóvenes.

     

Cauces para el cambio

La puesta en marcha de programas de formación profesional para las mujeres no eliminará por sí sola la discriminación de las mujeres en empleo. Pero, además de desarrollar sus capacidades laborales, estos programas especialmente concebidos para ellas pueden proporcionar un ámbito que fomente el diálogo sobre las políticas a seguir y promueva el desarrollo social y económico. Unidos a las reformas sociales, los programas de formación profesional para las mujeres hacen mucho más que capacitarlas para el trabajo, puesto que ofrecen un potencial enorme para integrar las cuestiones de género no sólo en la formación impartida, sino también en el mercado del trabajo. Los programas de formación profesional, a través de consejos asesores tripartitos, brindan cauces para el cambio. Más aún, fortalecer la capacidad de las instituciones que imparten formación profesional en la tarea de formar y educar a las mujeres beneficia a todos sus usuarios y desencadena la reforma de la propia institución.

 

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