¿Un país con una tasa de paro juvenil en 1997, que rebasa el
45% entre las jóvenes? ¿Preocupante? Sí, pero ese país no es el
único que presenta tasas muy altas. De hecho, el mismo informe
a que nos referimos revela que, de entre los 18 países estudiados,
otros dos tenían unas tasas de desempleo juvenil por encima del
25%, que cuatro más rebasaban el 15%, y que en otros siete los
jóvenes desempleados alcanzaban o superaban el 10%. Es decir,
que en 14 países, de entre 18, el desempleo juvenil se situaba
en o por encima del 10%. No es sorprendente, pues, que las autoridades
y los planificadores del mundo entero se estén convenciendo de
la necesidad de abordar los problemas de empleo específicos de
los jóvenes (de edades comprendidas entre los 15-24 años), junto
con el problema general de proporcionar un trabajo decente tanto
a los hombres como a las mujeres. Los problemas de empleo de los
jóvenes, únicos en varios aspectos, tal vez no estén recibiendo
la atención que merecen.
Necesidad de datos más precisos
Los problemas del empleo y el desempleo juveniles varían mucho
de un país a otro. Dada la gran diversidad de la naturaleza de
los mercados del trabajo y de la participación de las mujeres
en la mano de obra, es difícil interpretar la información de que
se dispone acerca de las situaciones de empleo y de desempleo
de las mujeres jóvenes. El problema se complica por la diversidad
de definiciones, de límites de edad asumidos y de clasificación
y presentación de los datos. Ciertamente se hace muy necesario
obtener más datos sobre esa población de entre los 15 y los 24
años, con los adecuados desgloses por edad, género, residencia
rural o urbana, nivel de educación, niveles de destreza, estado
marital y familiar, así como sus tasas de participación en la
mano de obra y las características de ésta.

Diferenciales por géneros
El gráfico que sigue resume una parte de la información disponible.
Sus resultados sugieren que las tasas de desempleo entre las jóvenes
son más altas que entre los jóvenes en algunos países, pero no
en otros. Es importante subrayar que estas tasas de desempleo
son una medida imperfecta, y que las comparaciones están erizadas
de dificultades. En comparación con los jóvenes, las mujeres de
su misma edad propenden a quedar simplemente fuera de la mano
de obra más que a figurar en las estadísticas como desempleadas.
También es más probable que las jóvenes asuman empleos a tiempo
parcial cuando no tienen oportunidades de trabajar a jornada completa.
Caminos para un trabajo decente
Más que fijarse en la participación en el mercado del trabajo
sólo en términos de tasas de desempleo, es útil considerar el
proceso que siguen los jóvenes en su paso por distintas etapas
del camino que los lleva a la meta de un trabajo decente. En muchos
países y para muchos jóvenes, especialmente mujeres, los caminos
pueden ser muy ásperos, con muchos obstáculos, retrocesos, salidas
y reentradas. Por desgracia, al final del proceso muchas jóvenes
no encuentran un trabajo decente.
Para las jóvenes, además, esos caminos a que nos referimos son
más escasos que para los muchachos. En la mayoría de los países
desarrollados, una joven típica de veinte o pocos años más de
edad puede considerarse afortunada si está en situación de elegir
entre ampliar su educación o formación profesional y un empleo,
aunque existan algunas limitaciones basadas en el género con respecto
a sus posibilidades de elección y salidas. Pero las jóvenes de
su misma edad en muchos países en desarrollo tal vez no tengan
esas opciones. Pueden estar ya casadas, con uno o más hijos; pueden
ser analfabetas, o haber abandonado la escuela muchos años antes,
y tal vez estén buscando desesperadamente un trabajo del tipo
que sea para poder sobrevivir ellas y sus hijos. Puede ser que
la tradición le cierre el acceso a la formación y al sector estructurado
del trabajo, o que lo tenga restringido por la discriminación
por razones de género. Y aunque la situación varía mucho de un
país a otro, algunos de los obstáculos que encuentran las jóvenes
para conseguir un trabajo decente en los países en desarrollo
de todo el mundo son problemas comunes para todas.
Ampliar las oportunidades
Las jóvenes, y en especial las que viven en los países en desarrollo,
carecen a menudo de la posibilidad de recibir formación profesional
debido a las barreras que se les oponen para acceder a ella, a
la discriminación en la selección y a los estereotipos de género
existentes. Estos estereotipos de encuentran incluso en la orientación
profesional y en el asesoramiento que les dan sus maestros y los
servicios de empleo, que las instan a no elegir programas de formación
profesional que, sin embargo, les granjearían mayores ingresos
a largo plazo y una mejor consideración social. En muchos países,
por ejemplo, se anima a las jóvenes a formarse en las tareas relacionadas
con el trabajo doméstico, tales como preparación de los alimentos,
manufacturas del vestido, bordados, etc., mientras que a los muchachos
se les orienta hacia una formación y un empleo de alto grado de
destreza y basado en tecnologías modernas. Como resultado de ello,
la mayoría de las jóvenes acaban en ocupaciones que requieren
escasa capacitación, escasamente remuneradas y sin apenas perspectivas
de mejorar.
¿Qué pueden hacer las autoridades?
El empleo juvenil no aumentará a menos que se dé un crecimiento
económico acompañado por la expansión de las oportunidades de
empleo. Por otra parte, a menos que aumente el empleo juvenil
en general, no es probable que mejoren las perspectivas de empleo
de las mujeres jóvenes. Pero al mismo tiempo es preciso que las
autoridades y quienes elaboran los planes económicos pongan en
marcha políticas y programas de empleo para la juventud sensibles
a las cuestiones de género. Deberían eliminar los obstáculos concretos
con que tropiezan las mujeres en el camino hacia un trabajo decente.
Estas barreras surgen de los diferenciales de género en el acceso
a la educación y a la formación profesional, y de la consiguiente
imposibilidad que tienen las jóvenes para beneficiarse de ellas.
Si, por una parte, ese mejor acceso ayudaría a aumentar la empleabilidad
de las jóvenes, también es cierto que se requiere el complemento
de una orientación profesional más adaptada a sus capacidades
y necesidades, de datos desglosados por géneros, de sistemas de
información sobre el mercado del trabajo, y de servicios de asesoría
y de colocación que permitan a esas jóvenes convertir sus aspiraciones
en realidad.