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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

 

El empleo juvenil

Un trabajo decente para las jóvenes

Desempleo en cifras astronómicas

 

¿Un país con una tasa de paro juvenil en 1997, que rebasa el 45% entre las jóvenes? ¿Preocupante? Sí, pero ese país no es el único que presenta tasas muy altas. De hecho, el mismo informe a que nos referimos revela que, de entre los 18 países estudiados, otros dos tenían unas tasas de desempleo juvenil por encima del 25%, que cuatro más rebasaban el 15%, y que en otros siete los jóvenes desempleados alcanzaban o superaban el 10%. Es decir, que en 14 países, de entre 18, el desempleo juvenil se situaba en o por encima del 10%. No es sorprendente, pues, que las autoridades y los planificadores del mundo entero se estén convenciendo de la necesidad de abordar los problemas de empleo específicos de los jóvenes (de edades comprendidas entre los 15-24 años), junto con el problema general de proporcionar un trabajo decente tanto a los hombres como a las mujeres. Los problemas de empleo de los jóvenes, únicos en varios aspectos, tal vez no estén recibiendo la atención que merecen.

Necesidad de datos más precisos

Los problemas del empleo y el desempleo juveniles varían mucho de un país a otro. Dada la gran diversidad de la naturaleza de los mercados del trabajo y de la participación de las mujeres en la mano de obra, es difícil interpretar la información de que se dispone acerca de las situaciones de empleo y de desempleo de las mujeres jóvenes. El problema se complica por la diversidad de definiciones, de límites de edad asumidos y de clasificación y presentación de los datos. Ciertamente se hace muy necesario obtener más datos sobre esa población de entre los 15 y los 24 años, con los adecuados desgloses por edad, género, residencia rural o urbana, nivel de educación, niveles de destreza, estado marital y familiar, así como sus tasas de participación en la mano de obra y las características de ésta.

Tasa de desempleo juvenil por género

Diferenciales por géneros

El gráfico que sigue resume una parte de la información disponible. Sus resultados sugieren que las tasas de desempleo entre las jóvenes son más altas que entre los jóvenes en algunos países, pero no en otros. Es importante subrayar que estas tasas de desempleo son una medida imperfecta, y que las comparaciones están erizadas de dificultades. En comparación con los jóvenes, las mujeres de su misma edad propenden a quedar simplemente fuera de la mano de obra más que a figurar en las estadísticas como desempleadas. También es más probable que las jóvenes asuman empleos a tiempo parcial cuando no tienen oportunidades de trabajar a jornada completa.

Caminos para un trabajo decente

Más que fijarse en la participación en el mercado del trabajo sólo en términos de tasas de desempleo, es útil considerar el proceso que siguen los jóvenes en su paso por distintas etapas del camino que los lleva a la meta de un trabajo decente. En muchos países y para muchos jóvenes, especialmente mujeres, los caminos pueden ser muy ásperos, con muchos obstáculos, retrocesos, salidas y reentradas. Por desgracia, al final del proceso muchas jóvenes no encuentran un trabajo decente.

Para las jóvenes, además, esos caminos a que nos referimos son más escasos que para los muchachos. En la mayoría de los países desarrollados, una joven típica de veinte o pocos años más de edad puede considerarse afortunada si está en situación de elegir entre ampliar su educación o formación profesional y un empleo, aunque existan algunas limitaciones basadas en el género con respecto a sus posibilidades de elección y salidas. Pero las jóvenes de su misma edad en muchos países en desarrollo tal vez no tengan esas opciones. Pueden estar ya casadas, con uno o más hijos; pueden ser analfabetas, o haber abandonado la escuela muchos años antes, y tal vez estén buscando desesperadamente un trabajo del tipo que sea para poder sobrevivir ellas y sus hijos. Puede ser que la tradición le cierre el acceso a la formación y al sector estructurado del trabajo, o que lo tenga restringido por la discriminación por razones de género. Y aunque la situación varía mucho de un país a otro, algunos de los obstáculos que encuentran las jóvenes para conseguir un trabajo decente en los países en desarrollo de todo el mundo son problemas comunes para todas.

Problemas comunes en los países en desarrollo

  • Muchas jóvenes no saben leer o escribir
  • Las tasas de participación de las jóvenes en la mano de obra son muy inferiores a las de los muchachos

  • El matrimonio a edad temprana es la norma
  • A esa edad, muchas jóvenes ya son madres o esperan un hijo
  • Muchas jóvenes padecen el SIDA/VIH

 

Ampliar las oportunidades

Las jóvenes, y en especial las que viven en los países en desarrollo, carecen a menudo de la posibilidad de recibir formación profesional debido a las barreras que se les oponen para acceder a ella, a la discriminación en la selección y a los estereotipos de género existentes. Estos estereotipos de encuentran incluso en la orientación profesional y en el asesoramiento que les dan sus maestros y los servicios de empleo, que las instan a no elegir programas de formación profesional que, sin embargo, les granjearían mayores ingresos a largo plazo y una mejor consideración social. En muchos países, por ejemplo, se anima a las jóvenes a formarse en las tareas relacionadas con el trabajo doméstico, tales como preparación de los alimentos, manufacturas del vestido, bordados, etc., mientras que a los muchachos se les orienta hacia una formación y un empleo de alto grado de destreza y basado en tecnologías modernas. Como resultado de ello, la mayoría de las jóvenes acaban en ocupaciones que requieren escasa capacitación, escasamente remuneradas y sin apenas perspectivas de mejorar.

 

¿Qué pueden hacer las autoridades?

El empleo juvenil no aumentará a menos que se dé un crecimiento económico acompañado por la expansión de las oportunidades de empleo. Por otra parte, a menos que aumente el empleo juvenil en general, no es probable que mejoren las perspectivas de empleo de las mujeres jóvenes. Pero al mismo tiempo es preciso que las autoridades y quienes elaboran los planes económicos pongan en marcha políticas y programas de empleo para la juventud sensibles a las cuestiones de género. Deberían eliminar los obstáculos concretos con que tropiezan las mujeres en el camino hacia un trabajo decente. Estas barreras surgen de los diferenciales de género en el acceso a la educación y a la formación profesional, y de la consiguiente imposibilidad que tienen las jóvenes para beneficiarse de ellas. Si, por una parte, ese mejor acceso ayudaría a aumentar la empleabilidad de las jóvenes, también es cierto que se requiere el complemento de una orientación profesional más adaptada a sus capacidades y necesidades, de datos desglosados por géneros, de sistemas de información sobre el mercado del trabajo, y de servicios de asesoría y de colocación que permitan a esas jóvenes convertir sus aspiraciones en realidad.

 

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