Hay muchos aspectos a considerar en el impacto del conflicto
armado sobre las cuestiones de género. El tipo de conflicto, los
cambios demográficos, el trastorno de la economía y el mercado
del trabajo, así como el propio proceso de paz, tienen profundas
implicaciones para las mujeres y para la estructura de los roles
atribuidos a los géneros, tanto durante el conflicto como después
de él.
La penuria económica, la inseguridad física y el desigual acceso
de las mujeres a los recursos pueden acentuar su vulnerabilidad
durante el conflicto, debido sobre todo al aumento del número
de mujeres que se convierten cabezas de sus respectivas familias.
Al mismo tiempo, se advierte que las mujeres abandonan los roles
que se les atribuyen socialmente para responder a la crisis. Este
cambio en los papeles puede facilitar a las mujeres la entrada
en sectores previamente dominados por los hombres y contribuir
a la ruptura de los estereotipos que las impiden avanzar en los
campos económico, político y social. Es, por lo tanto, una oportunidad
que puede ser capitalizada mediante una promoción del empleo sensible
a las cuestiones de género y mediante programas de formación.
La planificación es capital para conseguir que las implicaciones
de género de los conflictos queden íntegramente reflejadas en
los programas. El empleo de los análisis de género, de estadísticas
diferenciadas (esto es, desglosadas por sexos) y una participación
basada en la comunidad pueden ayudar a resaltar el diferente impacto
del conflicto sobre las mujeres y sobre los hombres. Sirven también
para detectar pasados desequilibrios y disparidades que deberían
corregirse. Para poder emplear estas herramientas sacando el máximo
partido de ellas, habría que formar a los propios planificadores
en los análisis y cuestiones de género, en especial en las relativas
a un medio afectado por el conflicto bélico.
Lo rogramas de reintegración, reconstrucción y construcción de
la paz deberían estar guiados por el propósito de contribuir a
una sociedad más justa y equitativa en la que los grupos anteriormente
marginados, y particularmente las mujeres, se conviertan en protagonistas
del nuevo desarrollo del país. Sin embargo, las urgentes demandas
de los conflictos plantean muchos retos para logro de la estabilidad
y la prosperidad. En el propio nivel familiar, hombres y mujeres
encuentran dificultades para ajustarse y reajustarse al cambio
de papeles que se produce con frecuencia durante una guerra. Pero
también cabe sacar partido de las oportunidades, tales como el
aprendizaje de nuevas habilidades, el cese de la violencia y las
nuevas posibilidades ofrecidas por el mercado.
El desafío consiste en aprovechar al máximo las oportunidades
y superar las cortapisas. Es importantísimo adoptar un enfoque
incluyente y basado en la comunidad para reducir la competencia
entre los diferentes grupos y en el seno de ellos. El recurso
a categorías de población afectada por la guerra artificialmente
creadas enmascara el impacto diferencial de los conflictos sobre
las experiencias de los individuos y puede crear conflictos entre
comunidades en lugar de minimizarlos. Esto es también válido para
los proyectos de las mujeres que excluyen a los hombres. La segregación
de hombres y mujeres refuerza a menudo los supuestos de vulnerabilidad
y de represalias contra las mujeres, y crea conflictos y competición
entre los géneros.
También hace falta combatir los supuestos de género en los programas
de desmovilización, que se dirigen primariamente a los hombres
hasta el punto de excluir a las mujeres excombatientes y a los
familiares de los soldados desmovilizados. Puesto que los esfuerzos
se centran en canalizar la agresividad masculina hacia actividades
productivas, a menudo no se presta atención a las necesidades
y los problemas de las mujeres veteranas de guerra. Más aún: rara
vez se contemplan las implicaciones de la desmovilización para
la familia.
Está claro que los conflictos armados aumentan las vulnerabilidades
en familias, comunidades e individuos, pero no lo están tanto
las capacidades de las personas y de las comunidades. Habría que
identificarlas y los programas deberían de tratar de fortalecerlas
para mejorar la situación actual y reducir el riesgo de futuras
crisis. Reconocer, en particular, las capacidades de las mujeres
podría contribuir a que la ampliación de su papel en la sociedad
encontrara mayor aceptación dentro de ésta.
Aumentar la sensibilidad de los sistemas de información y del
personal del mercado del trabajo con respecto las cuestiones de
género contribuirá a asegurar una representación más adecuada
de las mujeres. Los ministerios de trabajo pueden sacar provecho
de una formación en la sensibilidad hacia los géneros, así como
de la creación de puntos focales de atención a las cuestiones
de género en las oficinas responsables de las políticas económicas
y laborales, así como de una mayor participación de mujeres profesionales
en el desarrollo de tales políticas. Los grupos de la sociedad
civil, entre los que hay que incluir a los sindicatos y a las
organizaciones de mujeres, tienen un importante papel que jugar
abogando por aquellas políticas y prácticas que promuevan la igualdad
de los géneros. Aquí también habría que tomar en consideración
los estatutos y las leyes que han dificultado el acceso de las
mujeres a medios de vida más productivos, como son los derechos
de propiedad y la posibilidad de obtener créditos.
La rehabilitación de la infraestructura física es esencial para
que las mujeres puedan desarrollar sus capacidades productivas
y reproductivas; requiere, por consiguiente, la implicación de
las mujeres en todos los niveles, así como sensibilidad hacia
las dificultades que les plantean sus roles, tales como sus obligaciones
en el cuidado de sus hijos, los agobios de tiempo, las preocupaciones
por la salud, etc. Las destrezas adquiridas a través de estos
programas pueden servir también para lograr las metas a largo
plazo la meta de favorecer el ingreso de las mujeres en profesiones
no tradicionales y más lucrativas.
La formación profesional puede ofrecer a las mujeres la oportunidad
de aumentar sus perspectivas de empleo y de obtener mayores ingresos.
Existen, sin embargo, ciertos factores que dificultan la participación
de las mujeres en estos programas y, en consecuencia, el disfrute
de sus beneficios. Las habilidades para la vida diaria pueden
ser un componente de importante valor añadido en los cursos de
formación profesional. También son asequibles mediante estos programas
una alfabetización y aritmética básicas, información sobre el
cuidado de la salud, etc. Es importante que esa información sobre
la salud, el cuidado de los hijos y otros temas afines sea facilitada
también a los hombres asistentes, porque los papeles atribuidos
a los géneros no cambiarán a menos que se haga el esfuerzo de
extender a los hombres el conocimiento de las "responsabilidades
femeninas".
La microempresa y el microcrédito ofrecen también a las mujeres
la oportunidad de obtener unos ingresos. Existe una evidente necesidad
de investir en formación, asesoramiento e información empresariales,
así como de instituciones microfinancieras flexibles e imaginativas
capaces de ofrecer una financiación, que constituirá la base de
empresas más rentables y de una mayor capacitación económica de
las mujeres.
A medida que los conflictos multiplican el número de personas
vulnerables, se acentúa la necesidad de los sistemas de seguridad
y protección social. Para las mujeres, la ampliación de las coberturas
de la seguridad social y de las prestaciones básicas para vivir
pueden evitarles el recurso a estrategias peligrosas, tales como
el comercio sexual, que incrementan su vulnerabilidad a largo
plazo.
Con su mandato histórico de construir la paz a través del empleo,
y en la igualdad entre hombres y mujeres, la OIT está bien situada
para poner de manifiesto el vínculo existente entre ambas cosas,
abogando por promover el reconocimiento y la participación de
las mujeres en la reintegración, reconstrucción y consolidación
de la paz. En sus servicios de asesoramiento, de control de la
aplicación de las normas internacionales del trabajo y en la provisión
de asistencia técnica en capítulos como la promoción del empleo
y la formación profesional, la OIT puede desempeñar un importante
papel para que sean reconocidos, considerados y abordados los
efectos del conflicto bélico en la problemática de los géneros,
con vistas a crear una sociedad más equitativa y justa.