El contexto de deterioro del
conjunto del mercado de trabajo en América Latina en los años
90 sin duda afecta a las mujeres. El principal indicador de deterioro
para la fuerza de trabajo femenina en ese período es, sin duda,
el fuerte aumento de sus tasas de desempleo (que, para el conjunto
de la región casi se duplican en la década). Esa tendencia es
bastante homogénea entre los 12 países considerados: solamente
en 2 de ellos (Honduras y Panamá) se reducen las tasas de desempleo
femeninas. En los otros 10 las tasas aumentan y, en algunos casos,
en proporciones muy significativas: se triplican en Brasil y casi
se duplican en Argentina y son cercanas o superiores a 15% en
4 países (Uruguay, Ecuador, Panamá y Colombia).
Asimismo, y al contrario de
lo que ocurre con la tasa de participación, la brecha de desempleo
entre hombres y mujeres aumenta considerablemente en el período.
Eso significa que, aunque el problema del desempleo se haya agudizado
tanto para hombres como para mujeres en los años 90, eso fue más
grave para la fuerza de trabajo femenina: mientras en 1990 su
tasa de desempleo era un 20% superior a la masculina, en 1998
esa relación se incrementa a un 47% (Cuadro 2).
Sin embargo, esa no es una
característica común a todos los países considerados. La brecha
de desempleo aumenta en 6 países (Brasil, Honduras, Perú, Costa
Rica, Panamá y Venezuela) disminuye en 5 (Chile, Uruguay, México,
Ecuador y Colombia) y no se altera en uno (Argentina). Un indicador
que no se dispone, pero que complementaría este análisis es el
del subempleo. Las mujeres tienen mayor probabilidad de estar
subempleadas que los hombres, especialmente en momentos de crisis.
Brecha de desempleo y nivel
de ingresos
La tasa de desempleo de las
mujeres en 1998 era superior a la de los hombres en todos los
estratos de ingreso. Para las mujeres pobres, el fuerte aumento
de la tasa de actividad también se refleja en una alta tasa de
desempleo, la que alcanzó a 19,2% en 1998. Esto significa que,
en América Latina, aproximadamente una de cada 5 mujeres pobres
que desean y necesitan trabajar no lo pueden hacer, a pesar de
estar buscando activamente trabajo. Las implicancias de esta situación
son importantes en términos del impacto que estos obstáculos tienen
sobre estas mujeres y sus familias. Un período largo de desempleo
lleva a una disminución en la autoestima de las desempleadas,
y puede traducirse en una aceptación de sueldos muy bajos en puestos
muy precarios, en el aumento de la tasa de inactivadad en función
del desaliento, lo que ayuda a continuar con el círculo de pobreza
de estos hogares.