35. ¿Qué es un sistema
nacional de formación?
La respuesta se divide en dos partes, la primera ofrece una visión
conceptual de sistema de formación y la segunda lo
refiere a la formación por competencias.
El concepto: sistema
El término sistema se utiliza regularmente en diferentes ámbitos,
entre ellos el de la formación profesional. La forma más
usual ha sido a través de la promoción de estructuras
institucionales a las cuales se les atribuye la característica
de sistema.
La referencia más inmediata para la generación de este
modo de organización se toma de la teoría de los sistemas
según la cual, mediante la interacción de las partes estructuradas
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Desde el punto de vista de la teoría de sistemas, las
organizaciones están estructuradas por componentes (subsistemas)
con funciones especializadas que trabajan armónicamente
integradas. Este enfoque ofrece bases para explicar el éxito
o fracaso de una organización a partir, por ejemplo, de
la inadecuada interacción de las partes.
A la luz de esta teoría, una organización es un
sistema social encargado de cumplir un propósito definido
y a cuyos efectos cuenta con diferentes órganos especializados
e integrados sistémicamente, que forman un
conjunto capaz de producir resultados mayores a los que se lograrían
con el funcionamiento aislado de tales órganos.
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en un sistema se puede obtener un efecto en el que, el todo es mayor
a la simple suma de las partes. A este efecto se le conoce como la propiedad
holística o de sinergia.
Sistemas son, para los adeptos a esta teoría, los organismos
vivos, las máquinas y en general todo arreglo que cumpla con
el resultado antedicho conocido como holismo o sinergia.
En el ámbito de las teorías de la organización
se aplicó con asiduidad la llamada Teoría de Sistemas,
en los años setenta. Las teorías sobre el funcionamiento
de las organizaciones se originaron desde los años en que Taylor
y Fayol se dieron a la tarea de explicar los principios fundamentales
que regían a las organizaciones empresariales y las conducían
a una mayor productividad dando origen a la llamada Administración
Científica.
De hecho, el sistema representa, más una característica
perceptible en el funcionamiento, que un concepto sustantivo. La organización
sistémica es perfectamente articulada; la antípoda de
la organización jerárquica y compartimentada donde las
comunicaciones son lentas y la estructura rígida. Una organización
puede ser vista y administrada como un sistema; pero es conceptualmente
erróneo asumir la creación de un sistema para
sustituir una organización.
El sistema nacional de formación
Un sistema de formación profesional es un arreglo organizativo
en el que diferentes actores concurren con ofertas de formación
coordinadas en cuanto a su pertinencia, contenido, nivel y calidad;
de modo que, en conjunto, logren un efecto mayor en el desarrollo de
las capacidades laborales de los trabajadores, que el que obtendrían
actuando separadamente. Cuando el sistema acuerda la utilización
de normas de competencia laboral para fundamentar la elaboración
de programas, la formación, la evaluación y la certificación,
entonces se puede distinguir como un sistema normalizado.
Hablar de sistemas de formación no implica necesariamente la
creación de nuevas instituciones; ante todo se trata de un mecanismo
que cohesiona, articula y regula las múltiples ofertas y niveles
de calidad que existen.
En este caso, el Estado desempeña un papel fundamental convirtiéndose
en promotor y facilitador de las reglas del juego para el sistema y
reservándose la facultad de definir las políticas y directrices,
antes que participar directamente en la ejecución de las acciones.
Una función fundamental de la administración pública
es asegurarse que el mercado de formación funcione adecuadamente.(1)
Pueden distinguirse tres grandes niveles en un sistema de formación.
El nivel político en el que funciona un organismo de dirección;
el nivel ejecutivo conformado por organismos sectoriales representativos
de la producción y los servicios; y un nivel operativo conformado
por las instituciones capacitadoras y los organismos certificadores
y centros evaluadores.
Es necesario que el sistema de formación profesional disponga
de un nivel de dirección encargado de fijar las políticas
y definir los alcances, las prioridades y la asignación de recursos.
Este nivel de dirección es usualmente un escenario participativo,
en el que trabajadores, empleadores y sector gobierno establecen las
reglas del juego, que luego son aprobadas mediante normas
legales. La dirección establece la conformación del sistema
y los encargados de las funciones de formar, evaluar y certificar. La
participación del Estado es altamente deseable, sobre todo porque
es una excelente instancia de regulación de aspectos, como acceso,
equidad, calidad y transparencia.
Sus funciones están encaminadas a la creación de las
condiciones y las reglas generales para el funcionamiento del sistema.
El interés fundamental prevaleciente ha de encaminarse hacia
el mejoramiento de la competitividad a partir de la capacitación
de los trabajadores. Normalmente este nivel toma la forma de un Consejo
de Dirección con la representación de empresarios, trabajadores
y gobierno.
Es aconsejable que el nivel de dirección esté conformado
por los más altos representantes gubernamentales (ministerios),
empresariales (gremios o cámaras) y trabajadores (sindicatos).
Esto garantiza que se mantenga su orientación creadora de marcos
políticos y promotora de consenso.
El sistema requiere contar también con un nivel sectorial
cuyo trabajo se orienta generalmente hacia la determinación de
las necesidades de formación, la elaboración de las descripciones
ocupacionales que pueden convertirse en normas de competencia y la coordinación
de las acciones de formación para un sector económico
específico. Este nivel es ideal para la participación
de cámaras o gremios empresariales y sindicales de carácter
sectorial (por ejemplo, cueros, calzado, plásticos, papel, comercio,
construcción, hotelería, etc.) de modo que organiza en
mejor forma la definición de las normas de competencia, la formación
y la certificación. También es deseable que se integre
con representación tripartita; de este modo la interlocución
que desarrolla se acerca más a las necesidades de sectores económicos
específicos y/o áreas geográficas definidas.
Los organismos del nivel sectorial definen los perfiles de competencia
laboral para las ocupaciones propias de su sector. Estos perfiles se
convierten en normas de competencia si se adoptan de común acuerdo
para los procesos de formación, evaluación y certificación,
generan un lenguaje común para empresarios, trabajadores y entidades
ejecutoras de formación.
Bajo su coordinación se adelantan las actividades de identificación
de las competencias mediante alguno de los sistemas existentes (Análisis
Funcional, DACUM, AMOD, SCID). De esta forma se tiene la ventaja de
establecer las competencias requeridas, directamente en las empresas
pertenecientes al sector ocupacional de que se trate y se desarrolla
su proceso de normalización.
A fin de establecer las competencias en forma adecuada, la representatividad
sectorial garantiza una mayor participación de los empresarios
y trabajadores en los análisis ocupacionales y en la definición
de los contenidos de capacitación.

Un tercer nivel se encarga de la operación; en esta instancia
se llevan a cabo tres funciones clave para el sistema: la formación,
la evaluación de competencias y la certificación.
El nivel de operación cuenta con insumos, claramente definidos
y avalados por los organismos sectoriales, tales como: normas de competencia,
indicadores de eficiencia y calidad, metodologías de acreditación
de calidad, criterios claros de certificación y un sistema de
costos o precios que puede estar complementado con la presencia de subsidios
para facilitar el acceso a los grupos con riesgo de exclusión.
Toma forma también en el nivel operativo, el concepto de certificación;
al respecto, una de las decisiones importantes en el diseño del
sistema se refiere a quién puede certificar y qué se certifica.(2)
Generalmente, los sistemas de formación atribuyen un alto peso
al reconocimiento de las competencias de los trabajadores; en ello radica
el principal valor para los participantes, dado que un sistema claro
de certificación de competencias facilita la movilidad laboral
y en suma, la empleabilidad.
De hecho, no existe una única y mejor fórmula para la
organización de un modelo institucional de formación.
Lo común a todos ellos suele ser la búsqueda de una mejor
calidad, cobertura y pertinencia; obviamente existen diversas modalidades
para alcanzar tales ideales. Al observar la institucionalización
que realizan los distintos países, muchas veces tomados como
modelos inspiradores, se debe tener presente que tal institucionalidad
es resultado de sus prácticas culturalmente asimiladas en el
ámbito educativo y formativo.(3)
También es importante no perder de vista que las recientes reorganizaciones
y preocupaciones por los sistemas de formación se derivan de
diagnósticos nacionales que han revelado, usualmente, algunos
de los siguientes aspectos:
proliferación de ofertas formativas de diferente calidad y poca
coordinación entre sí mismas y con los objetivos nacionales;
inadecuada relación entre oferta formativa y necesidades de la
economía, expresadas en la demanda por trabajadores capacitados;
pérdida o bajo nivel de competitividad de la economía,
a menudo expresada en bajos niveles de capacitación y pobre desempeño
de la productividad;
señales de agotamiento en los actuales sistemas formativos en
uso.
La orientación hacia los resultados, que debe tener un sistema
de formación, es tan crucial que la certificación debe
permitir y alentar la conformación de mecanismos para demostrar
las competencias de los trabajadores, sin importar el modo en que fueron
adquiridas. De este modo se le da cabida a los procesos de autoaprendizaje,
a la experiencia como generadora de competencias y a la flexibilización
en las acciones de capacitación.
Los tres niveles anotados para un sistema de formación, funcionan
coordinadamente y con objetivos y planes articulados. Su autonomía
está dada en su ámbito de operación por la determinación
participativa de las necesidades y acciones. En todo caso funcionan
en ambientes donde se conocen y manejan claramente las reglas y donde
la calidad, la pertinencia y el mejoramiento de las condiciones de acceso
son parámetros en juego. En suma es un escenario en el que todos
tocan siguiendo la misma partitura.(4)
1 Hassan, Abrar, Evolución de los mercados
de trabajo y la política de educación y formación,
CEDEFOP, Revista de Formación Profesional, 1994.
2 En todo caso, las formas institucionales que se adopten
dependen de lo que cada país prefiera. Por ejemplo, en cuanto
a la separación, o no, de la formación y de la certificación.
3 Esta parte se desarrolló con base en: Cuatro
afirmaciones sobre certificación. Todas falsas, Boletín
Cinterfor/OIT Nº153, 2002.
4 Irigoin, María; Vargas, Fernando, Competencia
Laboral. Manual de conceptos, métodos y aplicaciones en el sector
salud, Montevideo, OPS-Cinterfor/OIT, 2002.