6. REFLEXIONES FINALES
El análisis de competencias ha permitido
inyectar un aire renovador en la pedagogía de la formación;
de hecho ha variado la forma en que se hacen los programas de formación.
Bajo el enfoque de competencias las instituciones formadoras se acercan
a las empresas y trabajadores para elaborar sus programas. Ello le confiere
un alto grado de pertinencia a las nuevas ofertas formativas.
También ha permitido introducir el conocido tema
del reconocimiento de los saberes. Si bien algunas instituciones habían
perfeccionado en los años 70 y 80, mecanismos para evaluar y
"validar" los certificados; ahora se trabaja con la perspectiva
hacia el reconocimiento, la idea de que el trabajo permite desarrollar
y transferir saberes adquiridos los cuales indudablemente son portadores
de competencia laboral.
Quedan aún por resolver algunos grandes desafíos
como por ejemplo la continua optimización de la oferta formativa
por competencias y su relación con las nuevas tecnologías
de información y comunicación y la capacidad institucional
para hacer ofertas formativas abiertas, modulares y flexibles.
Las dificultades en la implementación de sistemas
nacionales de formación y certificación de competencias
En primer lugar la tradicional separación entre
educación y trabajo se muestra como uno de los más difíciles
obstáculos a vencer. No tanto por quienes trabajan de cada lado,
más bien por la tradicional estructura institucional y normativa
que resulta más estable en el corto plazo y plantea los más
grandes desafíos a la flexibilidad.
En segundo lugar el advenimiento de un concepto amplio
y desafiante como lo es la filosofía de la formación a
lo largo de la vida, está siendo asimilado por las autoridades
encargadas del diseño y formulación de políticas
de educación, formación y empleo. El estilo competitivo
de los países es fundamental en esta línea. Se nota como
la mayor exposición a la integración y la competencia
internacional, hace que algunos países reaccionen con más
prontitud. En este sentido son fundamentales los organismos regionales
que, como CARICOM en el Caribe, facilitan la generación de una
estrategia regional para la educación técnica y la formación
profesional.
El futuro promisorio de los marcos nacionales favoreciendo
la formación a lo largo de la vida. Entre la acción efectivista
de corto plazo y la planificación estratégica de largo
plazo
Sobre la base del claro marco institucional que proporcionan
las IFP y de la creciente voluntad de las autoridades nacionales de
la educación y el trabajo, se puede prever un desarrollo promisorio
de los mecanismos de establecimiento de marcos nacionales de cualificaciones.
A lo largo de los más de 50 años de experiencia de varias
IFP, las innovaciones generadas en sus aulas y talleres y la creatividad
de sus docentes y participantes, han prevalecido en un escenario complejo
y de constantes cambios.
Muchos de los programas de desarrollo de competencias
laborales que no se apoyan en IFP sólidas y modernas, tienen
problemas para su sostenimiento cuando termina el ciclo de vida y por
ende el financiamiento del proyecto que les dio origen. En un ambiente
institucionalizado, se generaron los nuevos modelos de formación
por competencia laboral en la mayoría de países de la
región. Ahora con las dos o tres nuevas iniciativas que se vislumbran;
además del claro ejemplo que constituye la región Caribe
para América Latina, es más expedito el camino hacia la
construcción de soluciones institucionalizadas como son los MNC.
Estas vías usualmente requieren procesos de planificación
y ejecución que cubren varios años. Su ejecución
puede verse afectada por la preferencia hacia programas de ejecución
inmediata que suponen la solución de los problemas de la formación
en la generación de más y más cursos de formación.
Una mayor oferta de formación sin duda permite más acceso
y facilita la ejecución de más cantidades de recursos;
pero puede tener problemas para prevalecer después de efectuados
los cursos, si no se enmarca en un contexto que valorice los aprendizajes
y haga realidad la formación a lo largo de la vida. Parece necesario
armonizar los dos caminos y llegar a soluciones de generación
de políticas de mediano plazo que, a la larga, hagan más
efectivas las inversiones en formación. En esta línea
es fundamental el trabajo conjunto entre OIT y otros organismos internacionales
como UNESCO y también organismos de financiamiento como el BID
y el Banco Mundial.
Evidencias sobre el impacto: entre la certeza de
los diagnósticos y la necesidad de nuevos esfuerzos para la evaluación
de impacto
Muchos de los proyectos que se emprenden en el área
de la formación se alimentan de un claro y bien sustentado diagnóstico
sobre la insuficiente formación y la necesidad de ampliar las
posibilidades de acceso a los trabajadores, o también la necesidad
de mejorar la calidad de la oferta formativa. Sin embargo no se conoce
mucho sobre los efectos e impactos después de ejecutado el proyecto.
Lamentablemente no están muy generalizadas las
prácticas de evaluación de impacto. Su costo muchas veces
persuade su realización. Además los esfuerzos técnicos
que entrañan, muchas veces superan las capacidades institucionales.
En esta línea conviene realizar actividades que apoyen la formación
de cuadros técnicos encargados de aplicar con frecuencia evaluaciones
de seguimiento e impacto de la formación. La disciplina que supone
la aplicación de mecanismos de evaluación requiere ser
analizada y evaluada a la luz de nuevos indicadores de medición
como los que se utilizan en la encuesta internacional sobre alfabetización
que aplica la OCDE.
Es necesario revisar las metodologías en uso
y ampliar la visión de la evaluación para que incorpore
el efectivo desarrollo de competencias; dando cabida a la medición
de otras variables que ahora se imponen con la idea de la formación
a lo largo de la vida.
Algunas cuestiones sobre la certificación
de competencias
Los modelos de certificación han seguido la evolución
de las prácticas educativas, a su vez surgidas de valores y herencias
culturales históricamente acumuladas. Cada sistema expresa las
creencias nacionales sobre lo que un modelo de formación debe
lograr. Trasponer esa expresión de un país a otro, sin
una adecuada revisión, puede ser poco exitoso.
La certificación de habilidades constituye
una importante herramienta en este proceso, en el sentido que
soluciona un problema de información, haciendo que la
calidad y la cantidad de las habilidades de los trabajadores
sea observable por los posibles empleadores. Sin embargo, la
certificación requiere una decidida participación
institucional de las empresas, los trabajadores y los sindicatos
en el diseño del contenido y los mecanismos de acreditación.
|
Fuente: Márquez, Gustavo. Capacitación
de la fuerza laboral en América Latina: ¿Qué
debe hacerse? Banco Interamericano de Desarrollo. 2001.
De hecho, no existe una única y mejor fórmula
para la organización de un modelo institucional de formación.
Lo común a todos ellos suele ser la búsqueda de una mejor
calidad, cobertura y pertinencia; obviamente existen diversas modalidades
para alcanzar tales ideales. Al observar la institucionalización
que realizan los distintos países, muchas veces tomados como
modelos inspiradores, se debe tener presente que ésta es resultado
de sus prácticas culturalmente asimiladas en el ámbito
educativo y formativo 24.
¿Quién debe reconocer las competencias?
Certificar la competencia laboral es más que
un proceso de verificación basado en una evaluación. El
reconocimiento de las competencias, sirve de poco si no se convierte
en la base para que el trabajador reconozca también sus limitaciones
y se le ofrezcan las opciones de formación para superarlas.
El reconocimiento de las competencias tiene otras características
que se podrían resumir en:
- Una sólida estructura institucional:
Representada por la participación de actores sociales en la
identificación de las competencias y su normalización;
la definición de los procesos y procedimientos y la referencia
a equivalencias educativas de los certificados de competencia en lo
que muchos países llaman un "marco nacional de calificaciones".
También la solidez hace alusión a la capacidad de la
institución certificadora para ofrecer oportunidades de formación
y desarrollo a quienes son evaluados. Las experiencias en la región
tratan de que la certificación no sea tan solo un filtro sino
un mecanismo de promoción de oportunidades de aprendizaje.
- un marco coherente (una estructura ocupacional)
que permita a cualquiera reconocer el contenido de la ocupación
que se está certificando (se han definido así las cualificaciones
nacionales en Inglaterra, o la matriz de cualificaciones en México,
otros países están actualizando sus Clasificaciones
de ocupaciones)
- la garantía de legitimidad y valor del
certificado. Ello significa que lo valore el empresario, el trabajador,
el Estado. El valor de un certificado se puede asemejar a modo de
gráfico al dinero. Un billete no vale más por su diseño,
colorido o tamaño sino por el valor que le asigna la sociedad
y la economía que lo utiliza.
- derivarse de un mecanismo sencillo, no burocratizado
y menos costoso para el usuario que otras alternativas. Siguiendo
con la metáfora del dinero25
la gente lo usa porque encuentra que es un mejor referente que cambiar
directamente manzanas por queso, o sal por arroz.
- tener legitimidad y credibilidad. Es decir,
nacer de un mecanismo institucional creíble y socialmente reconocido.
Si existen muchos tipos y fuentes de certificados, pronto los malos
certificados desplazarán a los buenos. Mucha gente no tendrá
más remedio que acudir a las certificaciones de menos calidad
que seguramente serán más accesibles y menos estrictas.
- facilitar la transparencia. Ello implica que
un trabajador sepa lo que el certificado dice de él, lo que
se espera de su desempeño; así como el empleador pueda
ver, sin lugar a dudas, el tipo y alcance de las competencias poseídas
por el trabajador.
- permitir la configuración del concepto
de aprendizaje permanente. Porque efectúa el reconocimiento
de todos los saberes y valora los conocimientos y las aptitudes adquiridas
en todos los ámbitos de la vida pero también se articula
con la oferta de oportunidades de formación, que permitan complementar
las competencias aún no poseídas. El proceso de reconocimiento
de competencias debe ofrecer todas las posibilidades educativas y
formativas, para motivar al candidato hacia su desarrollo profesional.
Crear una cultura del aprendizaje implica ampliar las oportunidades
de formación.
En este aspecto las experiencias en América Latina
están mostrando que lo más importante no es quién
certifica, sino cómo se desarrolla el proceso. Dicho de otro
modo, un proceso de evaluación con calidad, puede ser perfectamente
desarrollado por la misma institución que realizó la formación.
Se trata de garantizar elementos como la confiabilidad, imparcialidad
y validez; pero además la disposición de ambientes pedagógicos
apropiados, la conexión con las empresas, el conocimiento sobre
evaluación y en esto, las instituciones y centros de formación
tienen grandes ventajas.
| "Un órgano certificador
podría proveer capacitación; si lo hace deberá
demostrar claramente como maneja la separación entre evaluación
y capacitación para asegurar la confidencialidad, objetividad
e imparcialidad"26. |
En la discusión sobre la adopción o la
adaptación hay que introducir este argumento ya que en muchos
casos se tiende a trasladar automáticamente la lógica
de la certificación de procesos y bienes al ámbito de
la certificación y reconocimiento de las capacidades de las personas.
Las instituciones de formación están muy bien equipadas
para desarrollar el proceso de la formación y la evaluación
que conduce al certificado es, ante todo, formativa.
El papel del Estado en la determinación de los
niveles de calidad y de los caminos que hagan posible la conformación
de marcos nacionales de formación sugiere la necesidad de contar
con un órgano rector que regule las modalidades, niveles, formas
de acceso, determinación de estándares, equivalencias
y demás aspectos necesarios para configurar escenarios de formación
a lo largo de la vida. Ese papel se complementa con instituciones de
formación eficientes en la provisión de los programas
y su evaluación.

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24. Vargas, F. Cuatro afirmaciones
en torno a la certificación. Todas falsas. Boletín
No. 153.Cinterfor/OIT, 2002.
25. Desarrollada por Jean Bjornavold en varios documentos
para CEDEFOP.
26. Norma ISO 17024 "Requerimientos generales
para organismos que operan sistemas de certificación de personas".