CEDEFOP. Agora V: detección, evaluación y reconocimiento
de competencias no formalizadas.
Salónica 15 y 16 de marzo de 1999. 214 p. (Cedefop Panorama series;
46)
El Agora V se ha ocupado del tema detección, evaluación
y reconocimiento de las competencias informales. Se trata de un tema
ya muy debatido entre políticos y analizado por los investigadores
durante la última década. Son escasos sin embargo los
países que han implantado los correspondientes sistemas, aun
cuando sean cada vez más los que están decidiéndose
a ello. También a escala europea puede observarse alguna actividad,
orientada al lanzamiento de iniciativas internacionales en el campo.
Podemos por tanto afirmar que, en la próxima década, los
sistemas de detección, evaluación y reconocimiento de
las competencias no formales serán parte integral de los sistemas
educativos nacionales (y quizás de los europeos). El Cedefop
ha estudiado la cuestión durante varios años con el objetivo
de comparar los diferentes sistemas nacionales y de apoyar iniciativas
de carácter europeo.
Este Agora constituye un esfuerzo para delimitar el trabajo de investigación
desarrollado por el Cedefop y cotejar nuestros resultados con las opiniones
de los agentes sociales y decisores políticos. Con el fin de
continuar nuestra labor investigadora a partir de fundamentos renovados.
También, será ocasión para reunir a los diferentes
protagonistas que intervienen en este ámbito: políticos,
agentes sociales, investigadores, maestros y formadores, trabajadores,
alumnos, etcétera, e intentar superar nuestras diferencias con
el fin de revisar conjuntamente la situación y extraer las conclusiones
más unánimes posibles respecto a las medidas aplicables
en el futuro.
El punto de partida de este Agora será el texto de debate elaborado
por Jens Bjørnåvold en 1997, los informes en número
de tres ya publicados, y el número doce de la Revista
Europea de la Formación Profesional (1997/III).
Como prolongación del tema, el Agora VI de los días 24
y 25 de Junio se centrará en la cuestión de Informar
sobre recursos humanos en las empresas.
La polémica de los últimos años permite observar
la existencia de un consenso difundido en la sociedad en cuanto al uso
de procedimientos de evaluación y reconocimiento para las competencias
informales, y sobre la necesidad de implantarlos. Por otro lado, conduce
a plantear tres cuestiones esenciales:
El consenso
Incluso el trabajador de menor cualificación utiliza durante
el proceso productivo más capacidades técnicas, inteligencia
e iniciativa que lo que el término no-cualificado
hace pensar. En el puesto de trabajo, y también en la actividad
doméstica, durante la vida familiar o el ocio, las personas adquieren
y desarrollan competencias económicas y sociales importantes.
Esta mejora permanente de las competencias y los conocimientos hace
más productivas a las personas y contribuye a desarrollar sus
facultades formativas y sus capacidades transversales o genéricas.
Un sistema que reconozca las competencias reales de una persona, y no
exclusivamente las formales, podrá motivar mucho mejor a dicha
persona para continuar desarrollando sus competencias. Para la empresa,
ello implica menores costes formativos y ahorro en tiempo, lo que a
su vez permite reforzar la motivación del empresario para aceptar
y contribuir al desarrollo de las competencias de sus trabajadores.
La evaluación, validación y acreditación de las
competencias informales cobran por tanto una enorme importancia social.
La validación y acreditación de los aprendizajes no formales
y de base experimental conllevan de hecho diversas ventajas, tanto a
escala individual como social:
(a) permiten detectar competencias ocultas o no utilizadas que pueden
hacerse operativas en interés de una empresa y de la sociedad
en general;
(b) incrementan el nivel de autoestima entre los trabajadores, y les
incentivan a aportar su
inteligencia, inventiva y laboriosidad en su propio interés,
y a la vez en interés de la empresa y de la sociedad como tal;
(c) hacen posible ahorrar tiempo en los currículos de la formación
continua, al reconocer las competencias ya dominadas por una persona,
permitiendo así destinar más tiempo a formarse en materias
realmente desconocidas;
(d) conceden realmente una segunda oportunidad educativa a las personas
que dejaron pasar la primera, ofrecida por el sistema educativo formal;
(e) ...
Tres cuestiones esenciales
(a) Una cuestión de metodologías: ¿Es posible
detectar y medir las competencias no formales de manera
correcta?; ¿Corremos el riesgo de pasar por alto elementos
importantes de ésta formación, debido a que se trata
de una formación muy contextual y heterogénea, difícil
de delimitar o calibrar?
(b) Una cuestión de niveles: ¿Qué niveles o criterios
utilizaremos para evaluar y reconocer las competencias informales?
¿Cómo decidir qué formaciones son buenas o malas,
relevantes o no relevantes? ¿Podemos establecer diferentes
niveles, por ejemplo para las distintas escalas (europea, nacional
o sectorial)?; ¿Son adecuados para este fin los niveles existentes
de cualificaciones nacionales, o bien el hecho de que éstos
hayan surgido (en su mayoría) con referencia exclusiva al sistema
educativo formal dificultará la evaluación y el reconocimiento
de competencias informales?
(c) Una cuestión de valores y legitimación: una vez
detectadas, evaluadas y reconocidas las competencias no formales originadas
por experiencia laboral o durante el ocio personal, ¿qué
categoría debe darse a estas competencias en el mercado de
trabajo, el sistema educativo y la sociedad en general? ¿cuál
es el valor relativo de la formación que tiene lugar en un
contexto informal, en comparación con la que se adquiere en
un contexto formal? ¿Deben dar derecho las competencias no
formales a recompensas en términos salariales, de promoción
o de acceso a la formación posterior, idénticas a las
que implican las competencias obtenidas a través del sistema
regular?
Básicamente, la cuestión de la evaluación y el
reconocimiento de las competencias informales consiste en estudiar la
relación entre diversos tipos y diversos contextos formativos.
¿Podemos mejorar la relación entre la formación
que tiene lugar durante el trabajo o el ocio y la que tiene lugar en
centros escolares? ¿Cómo crear un sistema más flexible
que favorezca la formación permanente y haga posible utilizar
mejor que hoy las experiencias y conocimientos ya disponibles? Y, si
conseguimos crear este sistema, ¿qué efectos tendrá
sobre los mecanismos de recompensa: salarios, promociones, acceso a
formación posterior, fronteras profesionales? (esto último
teniendo en cuenta que numerosas profesiones se basan en una definición
estricta de las competencias necesarias para ejercerlas, lo que con
frecuencia requiere un determinado itinerario formativo predefinido...)
Para acceder al documento completo en formato pdf visite el sitio web
de CEDEFOP:
http://www2.trainingvillage.gr/etv/publication/download/panorama/5132_ES.pd