DACUM (desarrollo de un
currículum) y sus variantes SCID y AMOD
Por: Leonard Mertens*
Noviembre de 1977
Antecedentes
La metodología DACUM, desarrollo de un
currículum en sus siglas en inglés, se caracteriza por establecer una conexión
orgánica y desde su diseño, entre la norma de competencia, expresada en criterios de
desempeño, y la construcción del curriculum que debe de conducir al cumplimiento de la
misma. Esto lo lleva a diferenciar de las metodologías que separan ambos momentos,
convirtiéndolo en un instrumento atractivo para las empresas por reducir la complejidad
del largo proceso que comprende la definición de la norma, la construcción del
currículum, la capacitación-formación basada en ello y la evaluación-certificación.
Lo anterior no significa que únicamente se
aplica a nivel de la empresa, sino también es posible a nivel de la rama de actividad, y
a cualquier nivel jerárquico y/o de complejidad de la función en cuestión.
Los raíces de DACUM se encuentran en
Canadá, en la década de los años sesenta, teniendo su origen en los intentos por
construir una guía currícular que permitiera el involucramiento del capacitando en el
programa de formación y en la definición de los objetivos a alcanzar. Nació a partir de
la inquietud de hacer la capacitación más participativa desde la definición misma de
los contenidos y al mismo tiempo, de orientarla a mejorar los resultados en la
organización. (Norton, 1997)
En los años setenta llegó a Estados Unidos
para incrustarse en la Ohio State University, en el Centro de Educación y Capacitación
para el Empleo. Este Centro se convirtió en el 'alma mater' de DACUM, con más de 500
talleres impartidos durante las últimas dos décadas, tanto en Estado Unidos como en
otros países. Después se han sumado otros institutos y centros a la labor de análisis y
difusión de la metodología.
El mencionado Centro de la Universidad de
Ohio emite un certificado a aquellas personas que han demostrado la capacidad de realizar
un taller DACUM y la construcción del currículum basado en ello. No obstante, en el
tiempo han aparecido variantes a la iniciativa inicial, de las cuales se analizarán aquí
dos. La primera es la metodología del desarrollo sistemático de un currículum (SCID en
sus siglas en inglés) y la segunda es el método llamado simplemente 'un modelo' (AMOD en
inglés). Son dos caminos distintos de desarrollo del DACUM: mientras el primero se
orienta a la profundización de los elementos de currícula obtenidos en la fase previa de
DACUM, el segundo hace hincapié en la facilidad de su rápida aplicación. El elemento en
común entre ambos es que buscan hacer operativa la evaluación del capacitando, factor
que en la fase DACUM no está explicitado. Aunque cabe señalar, que los criterios de
evaluación difieren entre ambos: en el SCID se describen los criterios y evidencias de
desempeño a partir de indicadores medibles, mientras que en el AMOD la referencia es
meramente subjetiva, tanto del instructor como del aprendiz.
A continuación se describen los principales
procedimientos y supuestos teóricos del DACUM, seguidos por SCID y AMOD, para concluir
con una reflexión sobre las fortalezas y debilidades de cada una de ellas.
DACUM
La principal referencia es la versión
metodológica desarrollada por la Universidad de Ohio, en el Centro de Educación y
Capacitación para el Empleo. Para ellos, el DACUM es un instrumento para analizar
ocupaciones y procesos de trabajo, generando insumos para conducir procesos de análisis
funcional, para el diseño de sistemas ISO 9000 o Calidad Total, para poner en práctica
una relación más estrecha entre escuela y empresa, o bien, para desarrollar guías
didácticas basadas en competencia laboral. Es decir, en la medida que DACUM analiza el
proceso productivo y las tareas que se derivan de ello, lo que conduce a la referencia
curricular basada en el trabajo real, se genera también información y conceptos que
sirven de base para la construcción de otros subsistemas de la estrategia de
productividad-competitividad de la empresa, ofreciendo "(..) información precisa y
detallada sobre roles y responsabilidades del personal - procesos de trabajo, sistemas,
funciones y tareas."(Ibídem)
Qué es lo que se debe entender por DACUM no
es tan claro hoy en día, por las adaptaciones e interpretaciones que ha sufrido durante
sus más de 30 años de 'vida'. Para efectos de claridad y precisión del análisis aquí,
con el DACUM nos circunscribiremos a dos componente centrales: a) el taller de análisis
de funciones y tareas; b) el proceso de verificación de las tareas que fueron
identificadas en el taller.
Las premisas de DACUM y que constituyen sus
sustentos teóricos son tres (Ibídem):
Trabajadores expertos pueden describir y definir su trabajo de
manera más precisa que cualquier otra persona de la organización;
Una manera efectiva de definir una función es describir en
forma precisa las taraes que los trabajadores expertos realizan;
Todas las tareas requieren para su ejecución adecuada el uso
de determinados conocimientos, habilidades y destrezas, herramientas y actitudes positivas
de la persona. Si bien esos no son tareas, sí son el medio o los elementos facilitadores
que permiten un desempeño exitoso.
Estas premisas se basan a su vez en una
mezcla de corrientes teóricas de la escuela conductista y funcionalista, aunque la
última se resiste a incorporar el análisis de tareas, ya que busca expresar el trabajo
en términos de resultados y no en procesos.(Conocer, 1997; Mertens, 1997)
El taller con trabajadores expertos es el
núcleo del procedimiento para poder llegar al mapa DACUM, que es una matriz de funciones
y tareas que el trabajador debe ser capaz de realizar, complementado con la
identificación de conocimientos y habilidades generales, importantes para su trabajo; con
comportamientos sociales requeridos (actitud; trato); con el equipo, los materiales y
herramientas que el trabajador ocupa; y con las tendencias y perspectivas del trabajo para
el futuro inmediato.
Previo a iniciar el taller, se hace un
análisis de necesidades para identificar si los problemas de desempeño que tiene la
organización obedecen, y hasta qué punto, a un problema de capacitación, de gestión o
a otra cosa. De este análisis se deriva también qué funciones u ocupaciones en la
organización debieran ser analizadas en un taller. En los casos piloto de competencia
laboral desarrollados en México por el programa CIMO (Calidad Integral y Modernización)
junto con la OIT-CONOCER, se parte de la identificación de necesidades aplicando la
metodología de la visualización. Se elige un grupo de 20 a 25 personas de la empresa,
compuesto por trabajadores, supervisores y gerentes de diferentes áreas, y durante dos
sesiones de cuatro horas cada una, se trabaja de manera colectiva sobre la identificación
de los principales problemas en la organización, sus posibles soluciones y el papel de la
capacitación en ellos. Todo esto se hace aplicando técnicas visuales y plásticas, de
dibujo, recorte y conjugación de imágenes.(STPS-CIMO, OIT, 1994) De ahí se obtiene una
primera aproximación de los conocimientos y habilidades generales requeridos, así como
de las actitudes y tratos sociales demandados. También permite identificar las áreas
críticas para seguir con DACUM.
Por ejemplo, en el caso de una empresa
fabricante de productos electrónicos se obtuvieron las siguientes áreas de conocimiento
y habilidades generales requeridos, aplicando la metodología de la visualización:
La ventaja de utilizar la metodología de
visualización en esta fase de identificación de necesidades es que se va construyendo
desde el principio el involucramiento y compromiso de los trabajadores con los objetivos
de la empresa, rompiendo barreras en la comunicación, que generalmente existen en las
organizaciones y que son una obstrucción del aprendizaje y el desarrollo de las
competencias.
Una vez identificada el área donde se
aplicará el taller-DACUM, se selecciona a un grupo de trabajadores considerados expertos
por su desempeño demostrado y algunos de sus supervisores, para construir el mapa de
funciones y tareas.
La duración del taller, se estima que no
debe rebasare dos días de trabajo, que de preferencia deben ser consecutivos, guiados por
un facilitador que conozca y domine la metodología y que tenga experiencia en el manejo
de grupos de adultos.
El taller empieza con una tormenta de ideas
sobre todos los trabajos-tareas que se tienen que realizar en el área. El procedimiento
que se suele usar es que los participantes opinen y discutan, mientras que el facilitador
escribe los enunciados de resultados y acciones en tarjetas, colocándolas en la pared sin
un orden en ese instante. Conviene que el faciltador se apoye en alguien que anote los
puntos importantes que vayan surgiendo en las discusiones; también pueden estar presentes
observadores, por ejemplo instructores de capacitación o profesores de escuelas técnicas
para que observen si sus cursos concuerdan con los requerimientos de la práctica
productiva, o bien, personal que se encargará del desarrollo de las guías didácticas a
partir de los resultados del taller.
A partir de esta primera tormenta de ideas,
se procede con la identificación y descripción del título de la competencia, de la
ocupación o de la principal función de un determinado proceso. Al parecer, lo que ha
predominado hasta ahora ha sido tomar como referencia del título una ocupación o puesto,
como se hace tradicionalmente en el análisis ocupacional, por ejemplo, un técnico en
protección de rayos X, un programador de programas de cómputo, un supervisor de línea
en la industria electrónica, un ensamblador/a de productos electrónicos. No obstante,
también es posible tomar como título de la competencia la capacidad de realizar un
determinado proceso, por ejemplo, ensamblar componente electrónicos, desarrollar
programas de cómputo, supervisar personal de línea de producción. Este último estaría
más en concordancia con el análisis funcional.
El paso siguiente consiste en
identificar-definir las funciones que se deben cumplir. Por función se entiende en esta
metodología a un área amplia de responsabilidades que agrupa a varias tareas (en esta
metodología se parte de por lo menos seis tareas por función). Se expresa empezando con
un verbo, debe tener un objeto y generalmente se acompaña por una condición. Por
ejemplo, en la empresa de productos electrónicos, 'soldar componentes y partes
electro-electrónicas'. A partir de los enunciados en las tarjetas en la pared, el grupo
va revisando y analizando cuáles serán las funciones. Aquí es importante distinguir
entre función y tarea: la primera se refiere a un resultado amplio, mientras que la
segunda es un resultado específico y necesario para lograr la primera. Siguiendo con el
ejemplo anterior, una tarea es 'estaña las puntas de los cables'.
Para definir las funciones, se sigue un proceso de discusión
y construcción de consenso entre los miembros del grupo, hasta que sienten haber
terminado con todas las posibilidades. El paso que sigue es ubicar los enunciados de
tareas en cada una de las funciones. Las funciones son puestas en forma de una columna en
la pared, en lo posible siguiendo una secuencia lógica de proceso; en las filas se van
colocando las tareas que corresponden a éstas. Es probable que se requiera de una segunda
ronda de tormenta de ideas.
Los criterios para seleccionar una tarea son
los siguientes:
Representa la unidad más pequeña de una actividad del
proceso con un resultado palpable y con sentido;
Resulta en un producto, servicio o decisión;
Representa una unidad de trabajo asignable a una persona;
Tiene un punto de inicio y fin;
Puede ser observado y medido;
Se puede realizar en un corto período de tiempo;
Se puede realizar independientemente de otras tareas;
Consta de dos o más pasos.
Esta parte se considera la más crítica y
laboriosa dentro del DACUM, porque alrededor de estas tareas se construirá posteriormente
el programa de formación. La pregunta básica a contestar es "¿qué tienes que
hacer para poder cumplir con la función?"; el complemento a está pregunta es la
frase "El trabajador debe ser capaz de ...". Una vez identificadas las tareas,
se trata de ordenarlas en lo posible, según la secuencia requerida para cumplir con la
función.
Se expresan las tareas a partir de un verbo
de acción que claramente refleje un desempeño observable, mostrando un principio y un
fin de una acción, evitando expresiones que incluyan verbos como conocer, entender,
apreciar, entre otros. Ni tampoco se permite incluir conductas, actitudes, habilidades,
equipos e instrumentos de apoyo. Estas, si aparecen para más de una tarea, se incluyen en
una lista por separado.
El verbo se expresa en la tercera persona,
seguido por el objeto sobre el que actúa el trabajador (por ejemplo, en el caso de la
empresa electrónica: cables). La condición son palabras o frases para clarificar y
precisar el enunciado de la tarea (por ejemplo en la electrónica: estaña 'puntas' de
cables). La expresión debe entenderse por si sola y no depender de otras funciones o
tareas. Se sugiere mantener cortas las expresiones, usar una terminología comúnmente
utilizada en el proceso u ocupación, y evitar el uso de dos o más verbos a la vez en las
expresiones.
Importante y a veces difícil es usar los
verbos en una estructura jerárquica: el verbo usado en la descripción de la función
debe ser más genérico en su naturaleza, que los utilizados en la descripción de las
tareas.
Una vez concluida esta fase de
identificación y expresión de las tareas, se prosigue enlistar a nivel de área o
planta, los conocimientos y habilidades generales requeridos en la ocupación; las
conductas y actitudes deseables; herramientas, equipo y materiales; perspectivas y
tendencias a futuro. Los conocimientos y habilidades generales requeridos incluyen
también competencias como toma de decisiones, resolver problemas, y habilidades
interpersonales, que son calificaciones subyacentes de muchas de las tareas que se tienen
que realizar para lograr la función.
La última etapa consiste en verificar y
afinar las funciones y tareas identificadas. En este momento, el rol del facilitador
cambia: de haber sido totalmente abierto y sin haber dado mayor direccionalidad en las
etapas previas, ahora tiene que procurar que se obtenga un producto de calidad. Esto
significa cuestionar expresiones que no son claras y sugerir verbos alternos cuando sea
necesario. Se tiene que insistir en encontrar las expresiones más precisas y
descriptivas, tratando de no extenderse demasiado en palabras para no perder la
focalización.
En esta etapa se busca también dar una
secuencia a las expresiones de las tareas por función, siguiendo el orden del flujo
productivo, de la importancia relativa de la tarea o bien, en orden del grado de
dificultad.
Una vez concluido el mapa DACUM de funciones
y tareas, se puede someterlo a juicio de un conjunto de trabajadores y supervisores, para
verificar la importancia relativa de cada una de las tareas enunciadas. Esto permite
generar una escala de prioridad para orientar a la actividad de formación.
El mapa DACUM, que expresa las funciones y
tareas requeridas para lograr un desempeño destacado del individuo en el área,
representa los enunciados de un curriculum efectivo, basado en la realidad del proceso
productivo.
Faltaría llegar a la definición de los
criterios y evidencias de desempeño, para poder evaluar a la persona y guiar el proceso
de aprendizaje. Para esto se han escogido dos métodos (SCID y AMOD) que podrían seguir
al mapa DACUM, en razón de llegar no solo a los criterios de desempeño sino también a
los insumos necesarios para construir guías de aprendizaje.
2. SCID (Desarrollo Sistemático de
Currículum Instruccional)
El SCID es un análisis a fondo de las
tareas, tomándose como base las tareas enunciadas en el mapa DACUM, o bien, partiendo de
subprocesos productivos identificados por observación y entrevistas directas con personal
de producción y supervisores-gerentes.
Si se toma como referencia el mapa DACUM,
previamente construido siguiendo el procedimientos antes descrito, conviene que se escojan
las tareas más importantes y/o críticas para aplicar el SCID. Esto para evitar que el
personal que participa en el SCID, se canse o sienta el tedio el de repasar tarea por
tarea, aplicando el esquema de análisis que propone el SCID.
También se puede partir de un análisis
previo de identificación de subprocesos, por ejemplo a través de entrevistas y
observaciones de trabajadores 'expertos' en el momento que realizan sus tareas, aplicando
un formato de cuatro pasos (1. Qué hace; 2. Cómo lo hace; 3. Cuál es el objetivo; 4.
Cuántas veces al día lo hace; 5. Qué dificultades enfrenta), se puede construir un mapa
'resumido' de DACUM, partiendo de familias más amplias de tareas que en el caso DACUM y
que conforman sub-funciones o bien, competencias de sub-procesos.
Este último procedimiento se siguió en dos
experiencias piloto en México, llevadas por el CIMO-OIT/CONOCER. Aquí se partió de un
mapa DACUM de funciones y competencias por sub-proceso, construido a partir del esquema
antes mencionado de observación y entrevistas, complementado con los resultados de tres
fases de análisis previas: 1) el autodiagnóstico, para identificar la trayectoria de
innovación de la empresa; 2) la metodología de visualización para identificar áreas
generales de problemas y disfunción; 3) la metodología SiMaPRO (sistema de medición y
mejora de la productividad) para definir y dar seguimiento a los objetivos a perseguir por
el área en cuestión.
El procedimiento SCID es similar al DACUM; se
selecciona un grupo de trabajadores expertos y supervisores, quienes colectivamente
analizan las tareas paso por paso, uniformando entre ellos los criterios acerca de la
ejecución de las tareas, a partir de un consenso que se va construyendo en cada uno de
los componentes del esquema. A diferencia del DACUM, el SCID es más absorbente en tiempo.
La experiencia en México en los casos mencionados, fue de 40 a 50 horas para poder
construir y verificar el formato SCID para un área de producción.
El SCID parte de la concepción de que para
la evaluación del trabajador y para la elaboración de las guías didácticas, es
indispensable pero no suficiente, tener formulados los criterios y evidencias de
desempeño. Considera que para garantizar el desempeño observado, deben cumplirse un
conjunto de factores inherentes al contendido de la tarea: conocimientos básicos
necesarios para poder aprender; conocimientos necesarios para el desarrollo de la
habilidad; el cumplimiento de las normas de seguridad en el trabajo; actitudes y
comportamientos que conducen al desempeño destacado del trabajador; decisiones que el
trabajador tiene que tomar; la información precisada para tomar las decisiones; los
errores y pueden ocurrir cuando la decisión se toma equivocadamente; y, las herramientas,
equipo, maquinaria y materiales (insumos), que intervienen en el trabajo.
Esta información permite establecer los
parámetros bajo los cuales el trabajador debe mostrar su desempeño. También establece
los criterios y evidencias de desempeño complementarios que aseguran, o mejor dicho,
aumentan la posibilidad, que el desempeño esperado pueda lograrse en diferentes
circunstancias y ante situaciones no previstas.
Al mismo tiempo, esta información constituye
la referencia básica para la construcción de las guías didácticas en las que el
trabajador puede apoyarse para guiarse al cumplimiento de los estándares de desempeño
esperados.
Este desdoblamiento del currículum en
estándares de desempeño por un lado y en guías didácticas por el otro, constituye el
atractivo de esta metodología. "En los programas de formación basados en
competencias y orientados al desempeño, los materiales educativos adquieren generalmente
la forma de un perfil de competencias, guías de aprendizaje y formatos modulares. Los
programas de educación y capacitación tradicionales suelen basarse en guías de
currículum, cursos de estudio y planes de estudio." (Norton, 1995)
Siguiendo la lógica del procedimiento
DACUM-SCID, lo conveniente es que los supervisores junto con los trabajadores expertos,
elaboren las guías didácticas y otro material de apoyo, aprovechando al máximo
materiales y recursos existentes y cuando sea posible, apoyándose en especialistas de
pedagogía. Es importante que los últimos se mantengan en su rol de asesor y que no se
conviertan en los principales ejecutores del material. Esto con el objetivo de aumentar la
probabilidad de que el material sea realmente apropiado y utilizado por el supervisor y el
trabajador en la gestión del aprendizaje.
La guía didáctica tiene un diseño básico
que parte del supuesto de que el propio trabajador es quien se responsabiliza y se
estimula a aprender para lograr el desempeño requerido. Esto obedece a que uno de los
aspectos fundamentales del enfoque de formación basada en competencias es el carácter
individualizado de la instrucción. Esta contempla el desarrollo secuenciado de tareas que
el capacitando aprende con la ayuda de módulos didácticos y supervisores / instructores
especializados, lo que le permite avanzar en el aprendizaje a su propio ritmo. En aras de
facilitar ese proceso de aprendizaje, el instructor debe preocuparse de proveer a los
capacitandos una variedad de estilos de aprendizaje, de modo que aquellos puedan optar por
los estilos que mejor se acomoden a su forma particular de aprender. La estructura modular
del material didáctico es para ofrecer 'entradas y salidas' continuas, lo que permite
alcanzar un sistema flexible. (FUNCASE-CFEE, 1994)
Para poder cumplir con el propósito del
aprendizaje individual, la estructura de la guía se centra en el auto aprendizaje, y se
desarrolla a partir de instrucciones estrechamente vinculadas al sub proceso o la
competencia correspondiente.
La guía empieza por explicar cómo el
capacitando debe navegar en la guía, es decir, qué secuencia debe seguir en el
aprendizaje y cómo administrarse en ello. En seguida vienen una serie de hojas de
instrucción, que no explican paso por paso la secuencia de las tareas, sino enfatizan
aquellos aspectos importantes que deben saber y dominar. Menciona también el tipo de
decisiones que tiene que tomar para la realización de las tareas, la consecuencia de
decisiones equivocadas y los elementos de seguridad que se deben cuidar. Todo estos
elementos provienen directamente de la información generada por el formato SCID.
Después de las hojas de instrucción, vienen
los formatos de auto evaluación y de respuesta, que retoman los aspectos críticos del
conocimiento requeridos para la habilidad demandada. Aquí suele aplicarse un cuestionario
de dos opciones u opciones múltiples.
Sigue el formato de la evaluación de las
habilidades adquiridas y demostradas en la práctica, empezando de nuevo con una auto
evaluación, basándose en los criterios de desempeño de la competencia. Para finalizar,
se describe la forma cómo el supervisor/instructor aplicará el examen de ejecución,
explicitando el estándar de ejecución que se comprobará según criterios descritos en
la guía y conocidos por el capacitando. El examen de habilidad consiste en dos partes: 1)
una evaluación global por parte del instructor, refiriéndose al dominio de cada paso
contemplado y explicitado en el análisis de la tarea, aplicando una escala del 1
(insuficiente) al 4 (excelente); 2) una evaluación de los puntos críticos en la
secuencia de la ejecución del subproceso, aplicando simplemente el si/no.
Es importante subrayar, que al menos a nivel
operario, la evaluación por parte del instructor debe centrarse en la ejecución y
no en el examen de conocimientos. El conjunto de elementos de instrucción y evaluación
conforman el plan de instrucción-formación, cuya estructura se debe empezar a diseñar a
partir del análisis de las tareas en el formato SCID, el cual se va ajustando y
adquiriendo forma en la medida que se avanza en la elaboración del material didáctico.
3. El AMOD ('Un Modelo')
El AMOD se define como un modelo, de los
tantos que existen, de la metodología DACUM. Fue desarrollado en Canadá como una
versión alternativa y complementaria del mapa DACUM; el AMOD tiene a su vez una variante
elaborada especialmente para ser utilizado a través del correo electrónico, llamado
IMOD. Este último conviene usarse cuando se trata del desarrollo de currícula de
funciones que ocupan muy pocas personas en la organización, generalmente de gestión y de
apoyo como: el área de finanzas de una empresa; el área administrativa; gestión de
recursos humanos; entre otros. (Adams, 1995)
El AMOD parte de los mismos principios
básicos que el DACUM, de que son los trabajadores expertos quienes mejor pueden expresar
las competencias requeridas en el trabajo o la función. La diferencia con DACUM y
especialmente con SCID, radica en que el AMOD busca establecer una relación directa entre
los elementos del currículum, expresados en la forma de un mapa DACUM, la secuencia de
formación y la evaluación del proceso de aprendizaje. Para lograr esto, pone mucho
énfasis en la interacción entre los actos de autoevaluación por parte del capacitando y
la evaluación del instructor / supervisor, aplicando una escala de calificación que
suele variar de entre 3 a 6 niveles:
0= no puede desempeñar la tarea o
subcompetencia;
1=puede ejecutar la tarea, pero necesita
supervisión;
2= puede realizar la tarea con adecuda
velocidad y calidad.
Esta escala de 3 puntos puede ampliarse a
seis, abriendo los intervalos entre el 1 y 2; del 2 y 3; y, de 3 en adelante.
El proceso de implementación consiste en una
dinámica de autocalificación y calificación, acompañada por actos de instrucción por
parte del supervisor o trabajador experto. La certificación lo hace el comité de
expertos (supervisores, trabajadores) apoyado por una persona externa, por ejemplo el
gerente de recursos humanos de la empresa, que debe cuidar los procedimientos.
Todo la metodología empieza y termina con
este comité de expertos. El primer paso es construir el mapa estilo DACUM, a partir de
una tormenta de ideas y un proceso de ordenamiento de las competencias generales y las
respectivas habilidades o desempeños de que están compuestas.
El comité AMOD se ubica físicamente al
frente de una pared, mientras que el facilitador apunta las expresiones de desempeño
(expresiones de acción) en una tarjeta, colocándolas en la pared. El siguiente paso es
la identificación de las aréas generales de competencia, que se van colocando en el lado
derecho de la pared. En seguida, se van ubicando las habilidades o subcompetencias,
ordenándolas de la derecha a la izquierda: la más difícil o la última en la secuencia
lógica del proceso, se coloca de lado derecho, junto a la expresión de la competencia
general; la más fácil o el primero en el orden lógico del proceso, del lado izquerdo,
alejado de la competencia general.
Una vez establecidos las 'bandas' o 'filas'
de subcompetencias requeridas para alcanzar la competencia general, se pasa a la siguiente
etapa. Consiste en comparar el orden de las subcompetencias de una 'fila', con las demás
subcompetencias, ubicadas en las filas de las otras competencias generales. El objetivo de
este ejercicio es establecer el orden integrado entre todas las subcompetencias: con qué
se empieza, como se sigue y con qué se termina. Esto no necesariamente es pasando de fila
en fila, terminando uno y empezando con el otro, sino construyendo familias o 'clusters'
de subcompetencias pertenecientes a las diferentes competencias generales, que determinan
el orden que se recomienda al capacitando de seguir para llegar a dominar las competencias
generales. Es también el orden que el instructor puede seguir para ir de lo fácil a lo
difícil, de lo general a lo particular, del práctico a lo teórico o bien, al revés; es
decir, de acuerdo a como el comité de expertos considere que es lo más apropiado para el
aprendizaje.
Una vez construido el mapa AMOD, verificado y
probado en la práctica, de que efectivamente cubre todos los aspectos importantes de la
competencia y que las personas entiendan sin problemas las expresiones de desempeño del
mapa, se procede al proceso de autoevaluación e instrucción. El mapa AMOD es entregado a
los trabajadores quienes empiezan calificándose a si mismos, con la escala previamente
explicada, y bajo el criterio subjetivo: 'Qué calificación me daría el supervisor en
cada uno de las subcompetencias mencionadas?' Acto seguido, el calificando analiza su
calificación con la del supervisor y empieza un acto de instrucción por parte del
último en aquellas subcompetencias donde es necesario.
Cada vez que el trabajador siente que ha
mejorado el desempeño en una subcompetencia determinada, se recalifica a si mismo y lo
confirma con el supervisor o instructor. Una vez que se ha cumplido exitosamente con cada
una de las subcompetencias, el capacitando pasa a presentar sus calificaciones al comité
de expertos quién lo evalua y valida, para que se le otorgue u certificado de habilidades
en la función.
La ventaja del proceso de calificación por
puntos, es que permite al supervisor o instructor rápidamente hacer un diagnóstico de
las principales debilidades de formación del personal y actuar con un programa de
capacitación-instrucción en las áreas o campos donde más se requiere
El AMOD es muy práctico y rápido, lo que
permite dar respuestas a muy corto plazo de cómo formar al personal, sobre todo si es de
nueva entrada, y para estructurar un programa de formación.
En México se experimentó el AMOD en el
marco de las experiencias piloto a nivel empresa de CIMO-OIT/CONOCER, en un ingenio
azucarero. Hubo la necesidad de formar en corto plazo a 15 operadores de máquinas que
alzan la caña cortada en el campo. Se tenían identificados a 30 muchachos, a un
instructor experto en el manejo del equipo y la premura de que en 15 días se tenía
previsto el inicio de la capacitación, sin tener un programa estructurado. Se optó por
el método AMOD y se instaló un mini-comité de expertos, compuesto por el instructor, un
operario 'experto' y dos personas del departamento de campo del ingenio. En dos días se
construyó el curriculum del operario de la máquina alzadora, con una escala de
calificación de 3. S empezó el curso de formación, dando a todos los participantes el
mapa AMOD y el instructor avanzó el curso siguiendo las subcompetencias identificadas en
dicho mapa. Al final del curso de dos semanas, de teoría y práctica, y con las
calificaciones de cada participante, pudo seleccionar a los 15 participantes que mejor
resultado habían demostrado, basándose en el mapa AMOD.
4. Ventajas y Desventajas de DACUM,
SCID y AMOD
Ventajas:
Las ventajas que tienen en común las
tres metodologías, son:
Se genera una interacción y sinergia grupal;
Se capitaliza y aprovecha el potencial de la tormenta de
ideas;
Se construye un consenso grupal, con productos que los actores
comprenden;
Hace participar y comprometer al supervisor y al trabajador;
Apunta a un desempeño superior del personal;
Compatible con la visión de que el supervisor es el principal
instructor del trabajador;
Los talleres constituyen actos de formación para los
integrantes, permitiendo uniformar los criterios entre gerentes, supervisores y
trabajadores expertos, sobre lo que es 'un buen desempeño' del personal;
Se hace rápido y a bajo costo.
Aparte de los puntos mencionados, la ventaja
del SCID es la forma sistemática y profunda del análisis de la tarea o subcompetencia,
generando la información necesaria para construir los elementos de competencia laboral
coincidentes con la metodología del análisis funcional, identificando los criterios y
evidencias de desempeño, los conocimientos y actitudes requeridos, las decisiones que
debe tomar. Al mismo tiempo, genera los insumos para la elaboración de guías didácticas
y material de apoyo
La ventaja de AMOD es la agilidad que ofrece
para conectar la normatividad de las competencias con la formación y la evaluación;
puede responder muy rápido a una necesidad de estructurar, guiar y administrar la
formación y el aprendizaje.
Las Desventajas:
Las desventajas que las tres
metodologías tienen en común son:
No parten de la función global de la empresa; esto lleva al
riesgo de no incluir competencias que se deriven de ella; por ejemplo, la capacidad de
trabajar por objetivos de la organización.
La descomposición de la función del área o de la ocupación
en tareas, lleva al riesgo de que se visualice el trabajo en una forma atomizada, cuando a
la empresa le interesa no tanto el desempeño en una tarea, sino el resultado integrado u
holístico.
La disfuncionalidad, - los problemas, las situaciones no
previstas y operaciones no requeridas -, no aparecen con facilidad en el análisis, y así
tampoco la mejora continua desde una perspectiva amplia;
No necesariamente los trabajadores expertos son capaces de
saber qué es lo que los hace de alto desempeño en su trabajo; la afirmación de que sí
son capaces, parte del supuesto cuestionable que su desempeño es fundamentalmente el
resultado de un conocimiento explícito y no de una base de conocimientos implícitos o
subyacentes;
Las expresiones de las tareas deben ser en términos de
acción y resultado; actitudes, liderazgo, comunicación y otros elementos relacionados
con la capacidad de interacción social, no se consideran tareas en estas metodologías,
mientras que para las empresas modernas estas variables son cada vez más importantes por
el impacto que tienen en el aprendizaje de la persona y de la organización;
El riesgo existe que los participantes en los talleres no son
representativos para la función y las competencias del área en su totalidad.
Las desventajas de DACUM son:
Se queda en el curriculum; no deriva a normas de desempeño ni
a una estrategia de formación y evaluación;
Difícil de convertirlo en un instrumento de gestión del
aprendizaje de personal en la actividad cotidiana por parte del supervisor o instructor;
Los conocimientos y actitudes requeridas se quedan sin
referencia específica, convirtiéndose fácilmente en un listado abierto de
requerimientos.
Las desventajas de SCID son:
Puede resultar en un proceso largo para los integrantes del
grupo 'experto'.
Suelen repetirse conocimientos y habilidades requeridas en
diferentes subcompetencias o tareas, lo cual demanda un esfuerzo integrador adicional para
establecer el programa o plan de capacitación;
Se genera mucha información que después debe convertirse en
un instrumento de gestión práctica;
Las desventajas de AMOD son:
No lleva a una clara definición del estándar de ejecución
requerida ni tampoco a los conocimientos subyacentes y las actitudes; esto dificulta
hacerlo compatible con el análisis funcional, por ejemplo;
En relación al punto anterior, existe el riesgo de que
predominará la subjetividad en la evaluación y con ello, la posibilidad de un conflicto
de relación laboral;
Genera poca información para desarrollar guías didácticas
de apoyo al desarrollo de la competencia.
Balance
Algunas de las desventajas mencionadas
pueden ser manejadas, haciendo adaptaciones ligeras a las metodologías, sin que se
pierdan de vista los aspectos que constituyen sus ventajas. Por ejemplo, en el marco de
las experiencias piloto CIMO-OIT/CONOCER se han aplicado el SCID y el AMOD no de manera
aislada, sino como parte de una aproximación que toma en cuenta los objetivos de la
empresa, la trayectoria de innovación en tecnología y organización, así como las
disfunciones que los propios capacitandos han identificado en la organización de la
producción y el trabajo. También se han incluido como funciones la capacidad de cumplir
con acciones de comunicación y de actitudes. De esta manera se ha podido contrarrestar de
alguna manera las desventajas y aprovechar las ventajas, que si han mostrado ser
importantes a nivel de la empresa. Aspectos como la participación del personal, la
profundización de las competencias, el ordenamiento rápido de una estructura curricular,
son de gran valor en la organización y una condición para que una estrategia de
implementación de gestión de recursos humanos por competencia, resulte atractiva para la
empresa.
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