Varela N.
Tendencias de la calidad en la formación.
Herramientas. Madrid. n.72, 2003. p. 18-23.
ISSN: 1137-6856
Mediante este artículo, la autora realiza una reflexión
conclusiva de las tendencias de los sistemas de consecución de
la calidad en los procesos formativos. A partir de experiencias de intercambio
de la red Ttnet presenta, en base a trayectorias históricas en
las que recoge un resumen analítico de diferentes aportaciones
acerca de la calidad, las normas y la gestión de la formación,
y deja entrever una nueva cultura de mejora continua que poco a poco
va desarrollándose.
En los últimos tiempos las organizaciones han experimentado
un cambio acelerado, que ha hecho que los procesos existentes como sistema
de organización y funcionamiento se "tambaleen", esto
producido por una necesidad de crear nuevos modelos de gestión
y vías de funcionamiento.
La sociedad de la información y los recursos tangibles están
siendo desplazados por otros elementos en los escenarios organizacionales:
la sociedad del conocimiento, los recursos intangibles y las competencias
como comportamientos observables de los trabajadores. Dos nuevos paradigmas
se imponen: el aprendizaje permanente y la cultura digital (e-learning).
La revolución industrial de principios de siglo XX demandó
y formó a las personas para que "supieran hacer". A
finales de los años 60 aparece la sociedad de la información
que requiere estructuras organizativas más flexibles y abiertas;
la persona ha de "saber pensar y aprender". En los años
90 surge la tercera gran revolución, la sociedad del conocimiento
que demanda de la persona "aprender a desaprender y aprender a
transferir". Para las organizaciones educativas y formativas, esto
supone una cultura curricular nueva: centros de interés, temas
transversales, planteamientos inter y meta disciplinarios, concepto
de competencia más complejo, versátil y polivalente, respuestas
a la diversidad e integración de alumnos, aprendizaje a lo largo
de la vida, transferencias y evaluación de competencias.
El conocimiento es el ADN de las organizaciones. La organización
debe facilitar la capacidad de aprender de la propia organización
a través de su historia y de sus formas específicas: saber
hacer, intangibles, y valor añadido. La formación es uno
de los elementos esenciales para esta organización.
La organización gestiona conocimientos pero no muchas lo generan,
por eso, el gran reto para las organizaciones será crear nuevos
conocimientos como soluciones distintas a problemas diferentes en contextos
cada vez más cambiantes y complejos.
La calidad no es un elemento extrínseco al propio desarrollo
personal y profesional de los miembros de una organización. La
Cultura de la Calidad depende de actitudes, de compromisos, de relaciones,
de condiciones de trabajo. Se debe tener claro que la mejora y la innovación
está en cada una de las personas que integran y desarrollan su
trabajo en las diversas organizaciones, instituciones y empresas.
La calidad se inicia como un sistema de control en la industria para
abaratar costos y adecuar bienes y productos y servicios, con el tiempo
evoluciona, y comienza a incluir las necesidades de los clientes así
como una mayor competitividad de las empresas. En esta evolución
se destacan 3 etapas: la primera desde principios del siglo XX hasta
los años 40; la segunda entre los años 40 y 70; y la tercera
se inicia en los últimos años del siglo XX cuando aparece
la "gestión de la calidad total".
Actualmente, existe un consenso general a favor de la cultura de la
calidad porque es deseable que las cosas mejoren, que las sociedades
progresen, que la calidad de vida aumente en todos los sectores y países.
Para varios autores, este progreso no debe ir unido al aumento de las
desigualdades, ni ser un elemento de discriminación, menos aún
si se está hablando acerca de uno de los derechos básicos
de todo ser humano: el derecho a la educación.
Las organizaciones educativas públicas o privadas, deberían
medir sus resultados, no sólo desde parámetros económicos
a corto plazo, sino en términos de competencia, equidad y de
beneficios sociales, a largo plazo.
En el trabajo y las conclusiones de los talleres que se han desarrollado
en la red Ttnet y en el que participaron grupos de expertos procedentes
de diferentes ámbitos educativos, se contemplaron las variables
más habituales que se han venido teniendo en cuenta en los contextos
formativos. Por un lado, se profundizaron en los criterios e indicadores
de calidad propios de los Formadores y el Proceso Formativo y, por otro,
en el de los Directivos y los Procesos de gestión. Con miras
a tendencias futuras, que en algunos casos son realidades presentes,
se ha avanzado analizando los aportes que las TIC pueden dar a la formación,
así como el impacto que esta formacion tienen en las organizaciones
y en el conjunto de la sociedad.
A través de este artículo, la autora pretende plantear
una aproximación que puede ser de ayuda a la hora de formar a
nuevos profesionales, otorgar distintivos de calidad, establecer estándares
en un centro formativo e incluso reflexionar sobre la propia actuación
docente.