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2. Las organizaciones de empleadores y la formación profesional Actualmente, en todos los países de la región, los empleadores son estimulados a asumir una posición preponderante en varios planos y, entre ellos, en el de la formación profesional. En éste, la situación se entronca con una dilatada trayectoria de participación empresarial. En términos históricos, el movimiento de creación de las instituciones de formación profesional de la región tiene un punto de partida claro en la creación de dos entidades brasileñas asociadas a las organizaciones de empleadores: el Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial -SENAI- en 1942, y el Servicio Nacional de Aprendizaje Comercial -SENAC- en 1946. Estas instituciones, que como experiencias pioneras forjaron una profunda huella en la región, fueron desde su nacimiento adscritas a las respectivas confederaciones y federaciones de empleadores de los sectores industrial y comercial, carácter que mantienen hasta el día de hoy. A lo largo de las décadas siguientes, el sector empresarial continuó teniendo un marcado protagonismo en el campo de la formación profesional, y si bien la mayoría de las instituciones que posteriormente se fueron creando no siguieron el esquema de gestión adoptado aquellas entidades brasileñas, optaron por mecanismos tripartitos donde el sector empresarial aportó de forma permanente a su desarrollo y fortalecimiento. Los cambios ya anotados en cuanto a las formas de inserción internacional de las economías de la región, a través de estrategias de apertura comercial, trajeron como consecuencia nuevos imperativos y desafíos. Entre ellos importa destacar los relacionados con los ritmos de innovación tecnológica y las demandas de adecuación y actualización en términos de las calificaciones requeridas. Así la capacitación aparece como un elemento central dentro de las estrategias de incremento de la productividad y de mejora de la competitividad empresarial. Esto llevó a que las empresas y sus organizaciones incrementaran aun más su involucramiento en temas como la gestión, el financiamiento, y las metodologías de la formación, participando de modo más activo en las instituciones de formación profesional. Y, liderando también, procesos por los cuales muchas de las antiguas entidades públicas pasaron a ser directamente gestionadas por las organizaciones de empleadores o, como en otros casos, donde se produjo el surgimiento de instancias dedicadas a la formación y capacitación desde las propias organizaciones empresariales. En todo caso, y cualquiera sea el carácter de las entidades de formación (público o privado), aquellas que han logrado mayor vigencia y adecuación al actual contexto productivo, laboral y tecnológico, deben en todos los casos su éxito a un permanente diálogo e interacción con las empresas, las cuales han pasado a constituirse como sujetos prioritarios de atención de tales entidades. Al margen de estas iniciativas y esfuerzos de carácter corporativo, existe también una extensión de las prácticas de formación y capacitación desarrolladas por las propias empresas. En algunos casos apelando a la contratación de servicios externos y, en otros, desarrollando su propia capacidad endógena, generando un fenómeno cada vez más extendido a la vez que empíricamente asociado a las estrategias más exitosas de competitividad. El interés empresarial por la formación supera, por otro lado, al concepto de una herramienta destinada exclusivamente a la elevar la calificación de los trabajadores. Muy por el contrario, ella es entendida como un instrumento que también debe contribuir a la elevación de las capacidades del personal intermedio, superior y aun de los propios empresarios. Pero la influencia del actor empresarial en la formación alcanza todavía a más aspectos que los directamente relacionados con su gestión, financiamiento y ejecución. Las organizaciones empresariales han logrado también imprimir sus propias concepciones y visión de la formación en los más variados ámbitos de discusión en el tema, sea que se hable de acuerdos nacionales o sectoriales, tripartitos o bipartitos, o de la negociación a nivel de empresa. Probablemente sea en este aspecto donde se constata un mayor nivel de asimetría entre la influencia alcanzada por las organizaciones empresariales y la lograda por los sindicatos de trabajadores, asimetría que sólo en los últimos años comienza a mostrar algunos signos de moderación, en virtud de las nuevas iniciativas desarrolladas por los sindicatos a que se hacía referencia en el apartado anterior. Entre otros ejemplos de participación e iniciativa empresarial en el campo de la formación profesional en América Latina y el Caribe, se pueden mencionar los siguientes:
La principal conclusión que puede extraerse de este breve panorama de la participación empresarial en la formación profesional, es que dicho actor se ha consolidado como un protagonista fundamental en este campo, y probablemente sea el que relativamente ha incrementado más su capacidad para incidir en él, sea en términos de infraestructura, conocimientos, conceptualización o influencia política. Lo dicho no debería llevar, no obstante, a que se obvien dos grandes problemas que subsisten tras esta fuerte influencia empresarial en la formación. El primero de ellos es que, desde el punto de vista de los intereses generales de la sociedad, conviene que los otros intereses involucrados también desarrollen una capacidad cierta de incidir activamente en la decisiones de diverso nivel sobre formación, si es que se desea preservar su doble función de aportar tanto a la competitividad y productividad empresarial, como a la integración, cohesión y equidad social. El segundo problema radica en la propia heterogeneidad del universo empresarial de la región. En este sentido, existe evidencia contundente de que son todavía sumamente amplios los sectores empresariales excluidos de las oportunidades de acceso a la tecnología, al crédito y a la capacitación. En la medida en que dichos sectores, constituidos por micro y pequeñas empresas, formales e informales, no sólo ocupan a la gran mayoría de la población activa de nuestros países, sino que además son los únicos que registran algún margen de crecimiento del empleo (aunque sea precario), está claro que deben ser objeto de políticas activas que contribuyan a su modernización. Muchas de las mencionadas instancias empresariales realizan acciones dirigidas a dichos sectores; sin embargo parece evidente que la superación de estas situaciones requiere una combinación de esfuerzos, recursos y experiencia que debe provenir, no sólo de las propias organizaciones empresariales, sino además de los Estados, las organizaciones de trabajadores y las entidades de la sociedad civil.
Introducción: Las expresiones del cambio | I. La formación: un hecho laboral, tecnológico y educativo | 1.Formación y relaciones laborales | 2.Formación y procesos de innovación, desarrollo y transferencia tecnológica | 3.Formación y educación a lo largo de toda la vida | II. El nuevo panorama institucional de la formación americana | 1.Acercamiento a una tipología de arreglos organizativos de la formación en América Latina y el Caribe | 2.Ampliando las fronteras de la formación: arreglos que fortalecen su vínculo con los sistemas regulares de educación media técnica y tecnológica | 3.La financiación de la formación profesional en América Latina y el Caribe: ¿Sólo un problema financiero? | III. Participación y descentralización | 1.Las organizaciones de trabajadores y la formación profesional | 2.Las organizaciones de empleadores y la formación profesional | 3.La oferta privada y no gubernamental de formación y capacitación | 4.La gestión local de la formación: un espacio para más actores y oportunidades | IV. Conclusiones
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