Jacinto y Gallart(2),
investigadoras vinculadas a la Red Latinoamericana de Educación y Trabajo,
se propusieron, entro otros objetivos, analizar los límites y alcances
de las estrategias de evaluación empleadas en los programas de modelo
Chile Joven y formular propuestas en torno a las metodologías y los
interrogantes abordados en dichas evaluaciones.
Algunas de sus reflexiones finales se estructuran alrededor de las
siguientes preguntas: ¿Cuál es la medida del éxito de estos programas;
cuál es la medida de su calidad? Reconociendo que la respuesta no es
simple, concluyen que: "Si se mira desde el ángulo del aumento
de la eficiencia económica, evidentemente toda acción dirigida a una
capacitación que se adecúe a las transformaciones productivas, hará
una contribución al desarrollo y al mismo tiempo, aumentará la empleabilidad
de los jóvenes." A partir de este reconocimiento, sin embargo,
plantean dos inquietudes que vale la pena recoger. Una de ellas tiene
que ver con la focalización de los programas, y otra con los efectos
de largo plazo de este tipo de intervención, más allá de sus efectos
inmediatos sobre el empleo de los jóvenes.
Con respecto al primer punto, y después de reconocer que..."Si
se mira desde el ángulo del aporte a la equidad, parece adecuado focalizar
un programa de capacitación en la población con mayores dificultades
para insertarse en el mercado de trabajo ... Si bien no hay duda de
que la focalización es bastante adecuada, estos programas parecen responder
mejor a los jóvenes más integrados socialmente y con menores handicaps
de entrada. Poblaciones más marginales necesitarían de políticas integrales
con componentes formativos más amplios y mayor contención social. Por
ello, es preciso mirar en el más largo plazo para asegurar el aporte
a la empleabilidad y a la integración social".
Con respecto al segundo punto, plantean: "La preocupación por
la exclusión social ha llevado a la revalorización de la ciudadanía
como dimensión de las políticas sociales. Podrá objetarse que mirar
los programas desde este punto de vista excede a sus objetivos y alcances.
Pero la relación entre eficiencia económica, la equidad y la ciudadanía
aparece cada vez más estrecha, y siendo la integración uno de los dilemas
principales de las sociedades contemporáneas, cualquier intervención
social, más aún si se dirige a jóvenes desempleados, debería tener en
cuenta ese dilema. En este marco, el interrogante sobre el grado de
éxito de estos programas se amplía. La evaluación debe incluir también
elementos que permitan visualizar si este tipo de intervención es la
mejor entre las alternativas posibles".
Finalmente, hacen hincapié en un aspecto positivo del modelo: "Tal
vez el saldo más positivo de la evaluación de estos programas sea el
reconocimiento que ha posibilitado de sus límites, llevando incipientemente
a reconocer la necesidad de construir sistemas integrados de educación
formal y capacitación laboral en el marco de la educación permanente.
Estos sistemas, que implican la articulación de diversos actores públicos
y privados y el fortalecimiento de nuevas institucionalidades, deberían
posibilitar la conformación de trayectorias formativo-ocupacionales
más acordes con las transformaciones del trabajo y con las necesidades
de integración social de los jóvenes desempleados".
Sobre la necesidad de enfoque integrales
En otro trabajo(3)
su autor resalta que el modelo Chile Joven "... para su adecuado
desarrollo, requiere de un contexto socioeconómico e institucional consistente
con los principios que lo fundamentan y que aporte legitimidad a la
convocatoria de los múltiples actores involucrados; debe estar integrado
en una política coherente de desarrollo de recursos humanos y de lucha
contra la pobreza; y debe contar con una administración competente,
capaz de dar coherencia, continuidad e integralidad a su estrategia
de intervención y de realizar sistemáticamente las tareas de seguimiento
y ajuste permanentes que son necesarias para evitar su caída en la rutina
y la rigidez". En otras palabras, alerta sobre el peligro de que
el modelo se convierta en una intervención del tipo "one shot"
que han resultado ineficaces en otros contextos, como lo demuestra Grubb
para el caso norteamericano(4).
Por ello, insiste el autor, "es esencial tener en cuenta que la
plena aplicación del modelo supone un cambio fundamental en el marco
institucional de la educación técnica y la capacitación laboral, expresado
en la concurrencia de una pluralidad de ejecutores calificados y que
este requisito no se logra por generación espontánea sino que debe ser
estimulado y apoyado a través de intensos y sistemáticos esfuerzos de
promoción/difusión y de fortalecimiento institucional, los que deberían
ser orientados con especial atención a las ONG y las organizaciones
sociales y educativas cercanas a la población objetivo y comprometidas
con procesos integrales y continuados de desarrollo ..."
"Si se ignora la necesidad de controlar y administrar
la ausencia absoluta o relativa de una o varias de estas condiciones,
situación que es propia de nuestras sociedades en proceso de desarrollo,
se podría caer en el peligro de una difusión mecánica y simplista del
modelo, presionada por el atractivo que el mismo pueda tener como recurso
para acceder a financiación internacional o como instrumento de interpretaciones
populistas de la compensación social requerida por las políticas de
ajuste estructural. En este escenario, el modelo se convertiría en una
moda programática más, de las tantas que han llegado y pasado sin que
la experiencia de su aplicación contribuya ni a mejorar el conocimiento
ni a la superación efectiva de los apremiantes problemas del desempleo
estructural que padecen enormes contingentes de jóvenes pobres de la
región".
La preocupación por los aspectos institucionales del modelo, expresada
por Ramírez, se fundamenta a su vez en otro trabajo del mismo autor(5)
que llama la atención sobre el carácter estructural del problema
del desempleo juvenil en contextos de pobreza, caracterizado por la
existencia de brechas fundamentales entre las competencias requeridas
por los mercados de trabajo y las disponibles por este tipo de población,
lo que a su vez exige para su superación una intervención
integral, intensiva y sostenida en el tiempo, que sólo puede ser asegurada
por sistemas educativos y de formación profesional estables, integrados
y sólidamente anclados en sus relaciones con la sociedad civil y los
sectores empresariales, especialmente en el nivel local.
Acerca de inserción laboral e inserción social
Otro analista(6),
vinculado a una prestigiosa ONG chilena especializada en procesos de
investigación y acción en el terreno educativo que ha participado como
ejecutora en el programa Chile Joven, y que a título individual ha tenido
responsabilidades en evaluaciones externas de algunos componentes del
mismo programa o de programas análogos, parte de una tesis fundamental:
"los procesos de formación para el trabajo de jóvenes vulnerables
deben responder a desafíos múltiples, que no se agotan en la obtención
de un puesto de trabajo o un empleo. Creemos que comprometen también
aspectos de formación general que les aseguren una inserción social
más amplia de la cual dependen sus posibilidades de ejercer sus derechos
ciudadanos y de contribuir al desarrollo cultural de la sociedad a la
que pertenecen". Complementa su tesis con una afirmación cuestionadora,
que refuerza las inquietudes sobre el impacto de largo plazo del modelo:
"Pienso ... que en el caso de este tipo de jóvenes, la mayoría
de las veces la inserción laboral no opera como sinónimo de inserción
social".
En el mismo trabajo, Milos aborda un tema de gran importancia y que
también había sido planteado directa o indirectamente por los autores
anteriormente citados: " existen aún debilidades en la oferta de
formación por parte de los privados, que se expresan en desajustes entre
la formación técnica y la formación social y personal".
En otras palabras, Milos con la legitimidad que le confiere el
hecho de pertenecer a una de las más serias ONG oferentes de capacitación
en Chile, coloca sobre la mesa el tema de la calidad en la oferta
formativa, que es precisamente el punto que discute el siguiente autor.
¿Focalización versus calidad?
En un reciente trabajo(7),
los autores, funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo, presentan
un análisis comparativo de tres programas de capacitación de jóvenes
socialmente desaventajados en América Latina: Chile Joven, el Proyecto
Joven (Argentina), que aplica el mismo modelo institucional del primero,
y el PLANFOR, o Plan Nacional de Educación Profesional de Brasil.
El trabajo destaca que los tres programas tienen el mismo objetivo
y la misma focalización poblacional, pero que presentan radicales diferencias
en su estrategia institucional: los dos primeros son ejecutados por
oferentes privados seleccionados mediante mecanismos de mercado, mientras
que en el caso del PLANFOR buena parte de la ejecución recae en las
IFP (fundamentalmente SENAI en el sector industrial y SENAC en lo relativo
a servicios), en este caso actuando como contratistas del Ministerio
de Trabajo del Brasil, que a su vez lo financia con recursos federales
(el Fundo de Amparo ao Trabalhador, FAT).
A partir de la constatación, con base en datos relativamente confiables
tomados de las evaluaciones realizadas sobre los tres programas, que
muestran resultados equivalentes en términos de la empleabilidad alcanzada
por sus egresados, el documento de Castro y Verdisco compara los proyectos
en términos de la calidad de la formación ofrecida y de los mecanismos
de focalización utilizados, concluyendo, en síntesis, que los dos proyectos
"joven" son fuertes en su focalización, pero débiles en su
calidad, mientras que los cursos patrocinados por PLANFOR tienden a
ser de buena calidad pero débiles en su focalización.
Las fortalezas de focalización del modelo "joven" son atribuidas
por los autores a los mecanismos de mercado y de incentivos que fundamentan
su estructura institucional, y que les exigen un enfoque demand driven
mientras que las debilidades de PLANFOR en este mismo frente se
explican por la subsistencia de fuertes rezagos del enfoque supply
driven que afectan al conjunto de instituciones del modelo IFP latinoamericano.
Por otra parte, las fortalezas en calidad de los cursos ofrecidos por
PLANFOR se atribuyen al importante bagaje de recursos técnicos y pedagógicos
de las IFP brasileñas, incluyendo una fuerte conciencia de los valores
fundamentales de la formación, mientras que las debilidades de los oferentes
privados del modelo "joven" son explicadas por los mismos
mecanismos de mercado, que fuerzan una actitud más inmediatista y oportunista(8)
en la selección de cursos, contenidos y en la movilización de recursos
formativos por parte de oferentes que deben controlar cuidadosamente
sus costos fijos, para asegurar la flexibilidad de respuesta y la rentabilidad
privada de su inversión.
Finalmente, los autores concluyen que ambos modelos tienen mucho que
aprender mutuamente, con lo que implícitamente se está afirmando que
sus respectivos esquemas políticos y organizacionales deberían ser insumos
en la construcción de una nueva institucionalidad de formación profesional
en América Latina.
Programas y contexto económico y de empleo en que son aplicados
Al tomar como principal modalidad la capacitación vinculada con la
inserción en empleos asalariados a nivel de empresas del sector formal,
surge la necesidad de plantear la viabilidad a gran escala de esta estrategia.
Un aspecto a considerar entonces respecto de la concepción de estas
líneas de acción es el de su relación con las tendencias de los mercados
de trabajo.
En efecto, si bien el problema de la (in)adecuación de las calificaciones
de los jóvenes a la demanda de las empresas es señalada como causa fundamental
del mayor padecimiento en este sector en materia de desempleo, la mayoría
de los países de la región muestran un panorama en cuanto a demanda
de trabajadores que no permite suponer que la mera resolución del aspecto
de la calificación genere condiciones suficientes para el abatimiento
del desempleo entre los jóvenes.
Los propios responsables del Programa Chile Joven señalan al contexto
de crecimiento que exhibe la economía chilena como un factor clave en
el logro de los éxitos adjudicados al Programa. Si se consideran las
metas cuantitativas que se plantean los proyectos considerados, la capacidad
de absorción efectiva de los jóvenes por parte de las empresas instaladas
resulta al menos cuestionable, visto el patrón de crecimiento sin creación
de empleo.
Si bien la efectivización de las experiencias de práctica laboral puede
ser interpretada como un indicador del éxito en la evaluación que se
haga, resulta necesario relativizarlo. La propia modalidad de intervención
puede generar resultados "ilusorios" en lo inmediato, en tanto
los empresarios respondan a la misma considerando la posibilidad de
acceder mediante los proyectos a mano de obra subsidiada, generando
un efecto meramente coyuntural, que se agota con la vinculación de los
beneficiarios al programa. Según Messina (1995), en relación al caso
chileno la única evidencia sería la del cumplimiento de una experiencia
laboral temporaria por parte de los beneficiarios. Así, el efectivo
impacto ocupacional del programa no podría ser cabalmente evaluado,
tanto en términos de la calidad del empleo logrado como de que el mismo
sea un efecto de la capacitación brindada.
Cabe relativizar parte de las observaciones enumeradas a partir de
un adecuado recorte de los objetivos de los programas. Muchos de estos
presuntos déficit son señalados partiendo de exigir a los programas
respuestas que exceden sus alcances. En efecto, las insuficiencias detectadas
constituyen más bien un alerta acerca de la necesidad de políticas complementarias,
más que una crítica a la eficacia de los programas. Lo que se pretende
es llamar la atención acerca de la necesaria referencia de los análisis
a los impactos razonablemente esperables de estas acciones, y por ende
a las limitaciones de los programas. Ciertamente, esto no reduce la
importancia de enmarcar la consideración de los mismos en un cuadro
más global, donde se incluya la consideración de todo el conjunto de
políticas, sus logros y sus déficit.
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(1) Entendemos por "observadores independientes"
a personas que no tienen responsabilidades administrativas directas
en la administración de los Programas reseñados, aunque como en
algunos casos hayan estado vinculados a instituciones que han
jugado un papel administrativo, cofinanciador o ejecutor en alguno o
algunos de los Programas reseñados.
(2) Jacinto, C. y Gallart, M.A. La evaluación de
programas de capacitación de jóvenes desfavorecidos. Informe de
consultoría realizado para el Instituto Internacional de Planeamiento
Educativo, IIPE/UNESCO. CENEP, Buenos Aires, Noviembre de 1997.
(3) Ramírez, J., "Los programas de capacitación
laboral del modelo Chile Joven en América Latina: Una agenda para el
seguimiento" en Jacinto, C. y Gallart, M.A. (Coord.) Por una
segunda oportunidad. La formación de jóvenes excluidos de la educación
formal. Cinterfor/OIT - Red Latinoamericana de Educación y Trabajo,
Montevideo, 1998.
(4) Grubb, W.N , Evaluating job training programmes
in the United States: Evidence and Explanations. Training Policy Studies
No. 17, ILO. Geneva, 1995.
(5) Ramírez Guerrero, J., "La Formación de transición,
modelo conceptual para una estrategia de intervención contra el desempleo
juvenil de tipo estructural". En Cinterfor/OIT: Juventud,Educación
y Empleo. Montevideo, 1998.
(6) Milos, P., Lo público y lo privado en la formación
para el trabajo de jóvenes en riesgo de exclusión: el caso de programas
públicos de capacitación en Chile. Ponencia presentada en el Seminario
"Lo Público y lo Privado en la Formación para el Trabajo".
Misión de Educación Técnica, tecnológica y Formación Profesional y Programa
de Formación para el Trabajo. Bogotá, Octubre 21/22 de 1998.
(7) Castro, C. y Verdisco, A., Training unemployed
youth in Latin America: Same old sad story? Documento presentado
en la Mesa Redonda "The integration of youth into working life",
organizada por el IIPE y realizada dentro del II Congreso Internacional
sobre Educación Técnica y Vocacional, Seul, Corea, 26-30 de Abril de
1999.
(8)El término "oportunista" no aparece en
el documento reseñado. Obedece a una interpretación del autor del presente
Informe, y se utiliza sin pretenciones valorativas.