BOLETÍN
151
Trabajo decente y formación profesional
Montevideo: Cinterfor
Boletín Técnico Interamericano de Formación Profesional
Número 151, 2001
ESTE NÚMERO
ÍNDICE
| Oscar Ermida Uriarte |
64 Kb |
Trabajo decente y formación profesional |
Philippe Egger
Werner Sengenberger |
121 Kb |
Problemas y políticas del trabajo decente |
| Madhuri Supersad |
50 Kb |
El papel del Estado y los actores sociales |
| Javier Ferrer Dufol |
29 Kb |
Trabajo decente (digno) y formación profesional |
| José Olivio Miranda Oliveira |
22 Kb |
La formación profesional y el trabajo decente |
|
Enrique Brú
Mario Hugo Rosal
|
36 Kb |
Trabajo decente y la formación profesional en Centroamérica
y República Dominicana |
|
Pekka Aro
|
36 Kb |
Empleo y Formación de Jóvenes |
|
Sara Silveira
Anaclara Matosas
|
48 Kb |
Hacia una formación decente para las mujeres. Avances
y asignaturas pendientes para la participación femenina en la formación
profesional técnica en América Latina y el Caribe |
|
Carlos A. Rodríguez
|
49 Kb |
Salud y Seguridad en el Trabajo: Desafíos para la
formación profesional |
|
Héctor Babace
|
51 Kb |
Formación profesional, seguridad e higiene y trabajo
decente |
|
Hugo Barretto Ghione
|
65 Kb |
Concepto y dimensiones del trabajo decente: entre
la protección social básica y la participación de los trabajadores
en la empresa |
|
María Carmen Ferreira
|
16 Kb |
Trabajo decente y formación profesional: a modo de
conclusión |
| OIT |
|
Juan Somavía
|
61 Kb |
Reducir el déficit del trabajo decente
Promover el trabajo decente en un período de incertidumbre
|
| RESEÑAS DE LIBROS |
|
Hugo Barretto Ghione
|
62 Kb |
La obligación de formar a cargo del empleador. Una
relectura del derecho del trabajo en clave de formación |
ESTE NÚMERO
El número 151 del Boletín Técnico Interamericano de Formación Profesional
está dedicado a la estrecha relación que existe entre los conceptos
de trabajo decente y formación profesional.
Lanzado el concepto de trabajo decente por el Director General de la
OIT en 1999, se ha mostrado como una herramienta necesaria para reunir
estrategias y objetivos dispersos, revalorizando el componente ético
del mundo del trabajo, en esta época de cuestionamiento de los antiguos
paradigmas. Que el concepto es esencialmente fértil y necesario, queda
demostrado por el entusiasmo con que los involucrados en el debate y
desarrollo de las ideas en el mundo del trabajo lo han recibido y se
han lanzado a construirlo desde múltiples perspectivas. Proponer el
trabajo decente como un objetivo fundamental no significa otorgar graciosamente
un don gratuito sino, por el contrario, proclamar ese ámbito como única
forma de lograr que las sociedades se desarrollen, que los sectores
excluidos y desprotegidos se reincorporen a ellas, y de incrementar
la productividad y la riqueza. Qué relación tiene la formación profesional
con este concepto, es justamente lo que indagan y nos proponen los diferentes
trabajos de este Boletín, ninguno de ellos definitivo, dado que estamos
en presencia de un auténtico concepto en construcción, que no pretendemos
estar en condiciones de abarcar totalmente y que, seguramente, en un
futuro cercano, seguirá dando nuevos frutos y aportes valiosos. Vaya
entonces, el presente número, como una contribución a una gran tarea
ya iniciada por Cinterfor/OIT con la publicación del libro Formación
para el trabajo decente, a la que habrán de sumarse, estamos seguros,
numerosos actores.
Abre este Boletín, a modo de introducción, un suscinto pero importante
trabajo de Oscar Ermida Uriarte, El autor nos muestra las implicancias
que tiene la definición de trabajo decente, nos introduce a la formación
profesional como derecho humano fundamental, pero también como estrategia
de crecimiento económico, salvando de un salto las falsas disyuntivas
entre los intereses de los trabajadores y los empresarios. Asimismo,
se demuestra el papel que la formación profesional juega en la consecución
del objetivo del trabajo decente. Aquella es un contenido esencial de
este último. Así se ilustra sobre el aporte de la formación, en tanto
parte del trabajo decente, para enfrentar el trabajo infantil, la discriminación,
el desmantelamiento de los sistemas de seguridad social en el mundo,
el problema de la emigración e inmigración indeseadas, y también como
el único camino para incrementar la productividad y agregar valor a
los productos, a la necesidad de invertir en el conocimiento y a universalizarlo,
como corolario inexorable de las premisas del paradigma de la globalización.
El trabajo presentado por Philippe Egger y Werner Sengenberger,
Problemas y políticas del trabajo decente, bien podría presentarse
bajo el título de "teoría de los nexos". Los autores rehuyen
la generalización de los pronunciamientos teóricos presentes en los
textos constitucionales y convenciones y tratados internacionales, aunque
los toman como punto de partida para la creación de un marco político
para la agenda del trabajo decente. Su aporte se traduce en un rechazo
a una excesiva universalización de un concepto que ellos entienden debe
adecuarse a realidades nacionales y locales, so peligro que el concepto
se vacíe de contenido. En ese ángulo, construyen un modelo pluridimensional
resultante de los diez vectores que configuran el concepto de trabajo
decente (acceso al empleo, trato justo y equitativo, remuneración decente,
condiciones laborales justas, ámbito seguro de trabajo, protección social,
oportunidades de empleo y formación, participación y motivación, y voz
en la participación colectiva), que identifican bajo el rótulo de "anhelos
de la gente" (y que están presentes en la mayoría de los textos
de derechos laborales), con las metas (y, en este sentido, el trabajo
decente pasa a ser un objetivo a lograr) y el marco político necesario
para transformar los anhelos y metas en resultados. Para que esto pueda
lograrse, los autores proponen un solo camino: el institucional. Son
las instituciones (públicas y privadas, nacionales, locales o internacionales,
empresariales y de trabajadores) las únicas capaces de sortear los obstáculos
que se cruzan en el camino, dado que ellas pueden fijarse metas, realizar
mediciones, y pueden ser monitoreadas en su ejecución.
Madhuri Supersad, del Ministerio de Trabajo, Desarrollo de Potencial
Humano y Relaciones Industriales de Trinidad y Tobago, señala que aunque
el término "trabajo decente" no sea tan utilizado,
es fecundo, dado que ya actúa bajo diferentes nombres en los distintos
planes y objetivos que se plantea la Agencia Nacional de Formación de
aquel país: apoyo a sectores desfavorecidos, disminución de la segregación,
apoyo a las normas de competencia y calidad, así como su uniformización
en la región del Caribe, y de fomento a la formación a lo largo de toda
la vida, etc.
El aporte de Javier Ferrer Dufol nos presenta la perspectiva
empresarial en este campo. Podemos, en primer lugar, observar que ya
desde el planteo léxico se observan diferencias. El autor prefiere la
palabra digno a decente :" La expresión trabajo
decente no goza del favor del grupo de empleadores", nos dice;
y más adelante agrega que casi ningún trabajo o actividad puede considerarse
indigno en sí mismo, pero "Otra cosa es que existan estructuras
sociales, culturales o económicas que creen o perpetúen condiciones
indignas de trabajo. En segundo lugar, hay una reivindicación de
la globalización, que se ve como irreversible, en tanto no se perciben
así sus consecuencias "que dependen de la responsabilidad política
de los gobiernos, de las inversiones en educación y en infraestructuras".
También se otorga gran importancia a la formación ("Más
que nunca, hoy día el conocimiento se contrapone a la explotación")
como factor de desarrollo social y personal, e, indirectamente,
como lucha contra la pobreza y la informalidad.
Es alentador que José Olivio Miranda Oliveira, desde una perspectiva
sindical, tienda un puente de unión a la divergencia léxica del artículo
precedente, cuando utiliza las expresiones trabajo digno y trabajo decente
como sinónimos. Como es lógico, su presentación enfatiza en la libertad,
representatividad y responsabilidad sindical, en el diálogo social y
en la reivindicación de la participación de los trabajadores en la gestión
de los sistemas de formación profesional.
En un marco de concreción, Enrique Brú y Mario Hugo Rosal,
brindan un marco operativo de medición del concepto de trabajo decente,
de utilidad no solo en la región centroamericana, sino fácilmente adaptable
a otras realidades, en lo que representa un paso adelante en la consecución
de este objetivo.
La "paradoja juvenil", esto es, el hecho de que jamás una
generación ha estado tan capacitada como la actual y que sin embargo
concentre un alto porcentaje de la población desempleada del planeta,
es el tema del artículo de Pekka Aro. En este marco, el concepto
de trabajo decente se entronca con la idea de una Red de Empleo Juvenil,
en el entendido de que la formación profesional debe jugar un papel
fundamental, pero no solitario, en la incorporación de los jóvenes al
mundo de un trabajo digno y de las sociedades de las cuales representan
el futuro.
En el siguiente artículo, Sara Silveira y Anaclara Matosas
centran la perspectiva en las discriminaciones de género, que persisten
a pesar de que las trabajadoras ya constituyen el 40 % de la población
económicamente activa del planeta. Constreñidas por la tensión entre
la vida familiar y la realización personal, tal vez como ningún otro
grupo, las trabajadoras son empujadas a la informalidad y las bajas
remuneraciones, a la vez que las mejor formadas entre ellas pugnan por
romper el "techo de cristal" con el cual una segregación
secular intenta impedirles el acceso a los puestos directivos que merecerían
por derecho propio. Es en este sentido que le cabe a la formación profesional
no solo asegurarles un acceso igualitario a la capacitación, sino también
romper la segmentación profesional por género, que a veces las discrimina
aún antes de ingresar al mercado laboral.
El papel de la seguridad y la higiene en la formación profesional,
como vector del concepto de trabajo decente, es analizado en los dos
artículos siguientes. Carlos Aníbal Rodríguez realiza un certero
análisis que trasciende las habituales consideraciones económicas y
probabilísticas que predominan en este campo, reivindicando el cuerpo
del trabajador como "sujeto de sentimientos y creación intelectual",
y no como simple herramienta de trabajo, a la vez que señala las carencias
de la formación profesional en este campo, y propone cambios en la forma
de administrar y valorizar estos conocimientos. Héctor Babace nos
brinda un detallado análisis de los riesgos presentes en la salud e
higiene laborales, así como la normativa legal de diferentes países
en lo que tiene que ver con su protección y prevención, para pasar a
decribirnos la experiencia que el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)
de Colombia, está realizando en lo que tiene que ver con la formación
curricular centrada en este tema.
El estudio de Hugo Barretto Ghione está dedicado a la protección
social básica y los derechos de participación de los trabajadores en
el seno de la empresa, como expresión real del concepto de trabajo decente,
a la vez que niega la dualidad entre trabajadores asalariados y los
numerosos trabajadores arrojados, por así decirlo, a la informalidad
y tercerización, por las nuevas modalidades de producción resultantes
de la desregulación laboral. El objetivo del trabajo decente se refiere
a todos sin excepción, y debe ser garantía de la satisfacción del trabajador.
Finalmente, se presenta una reconstrucción de la intervención de María
Carmen Ferreira en la sesión final de la XXXV Reunión de la Comisión
Técnica de Cinterfor/OIT, que desarrollóse en Brasilia, los días 30
de agosto, 1 y 2 de setiembre de 2001, tratando entre los temas centrales,
el de la relación entre trabajo decente y formación profeisional. Se
incluyen además dos documentos de Juan Somavía, Director General de
la OIT: Reducir el déficit de trabajo decente: un desafío global,
que es un resumen de la Memoria a la Conferencia General de la OIT de
2001, y Promover el trabajo decente en un período de incertidumbre,
reconstrucción de la alocución ante el Foro Global del Empleo, en
noviembre del mismo año.
En definitiva el contenido de este Boletín apunta, junto con Formación
para el trabajo decente, a colaborar en el enriquecimiento del concepto
de trabajo decente y a destacar el papel de la formación profesional
al respecto.
Confiamos que este aporte contribuya al debate de un tema que no está
cerrado y que, más que pretender dar una visión estática, cumpla la
función de un rótulo señalizador: "Atención: gente en obra. Trabajo
decente, concepto en construcción".