BOLETÍN
144
Los sindicatos y la formación
Montevideo: Cinterfor
Boletín Técnico Interamericano de Formación Profesional
Número 144, setiembre-diciembre 1998
ESTE
NÚMERO
ÍNDICE
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Los sindicatos y la formación es el tema de este número del Boletín
Cinterfor. Una lectura actual sobre la acción sindical en el campo de
la formación profesional es inevitablemente compleja. Esto es así porque
tanto los sindicatos como la formación, se encuentran sumidos en profundos
procesos de transformación.
De un lado, los sindicatos se enfrentan crecientemente a desafíos tales
como los cambios en su base de representación; de características básicamente
industriales, con relaciones de tipo asalariado, empleos formales y
fuerte masculinización, se pasa a un panorama del empleo donde se incrementa
el peso del sector terciario (servicios), escaso empleo, informalidad,
e incremento de las tasas de participación femenina. Mantener la capacidad
de organizar, representar y movilizar a un universo tan heterogéneo,
problemático y cambiante, impulsa ineludiblemente a una redefinición
de las modalidades de acción y organización de los sindicatos.
De otro, la formación profesional ha dejado de ser estrictamente un
campo especializado, para discutirse en función de su aporte a temas
tales como la productividad y la competitividad, el empleo, la equidad
social, el desarrollo y transferencia de tecnología, o el diálogo social.
Se revisan tanto sus enfoques metodológicos como sus supuestos teóricos,
sus formas de organización, financiamiento y gestión, la definición
de sus unidades de atención, entre otros aspectos. Cualquiera sea el
peso que las distintas perspectivas otorguen a la formación, en casi
todos los casos ella viene adquiriendo creciente visibilidad y centralidad
dentro de las diversas estrategias que se plantean tanto gobiernos,
como sindicatos y empresas.
En dicho contexto, el encuentro entre acción sindical y formación es
inevitable. Enunciemos someramente las principales -y más obvias- razones.
Primero, la importancia relativa del «factor conocimiento» dentro de
las nuevas formas de organización de la producción y el trabajo se ha
incrementado notablemente. El control de la información y el conocimiento
pasa entonces a ser estratégico, tanto como antaño fue el control de
la tierra o de los medios de producción. No existe otra vía para el
acceso a un control democrático de este factor que la educación y la
formación.
Si los sindicatos han luchado desde siempre por el acceso universal
a la educación, con tanto más razón la igualdad de oportunidades en
materia de formación se constituye en una bandera de lucha sindical
sumamente actual.
Segundo, la formación ha dejado de entenderse como una actividad preparatoria
para el trabajo, previa a la vida activa, para concebirse como un hecho
permanente o continuo, que tiene lugar a lo largo de toda la vida de
las personas. Esto posee diversas consecuencias, pero dos son especialmente
relevantes desde el punto de vista sindical: uno, que la formación como
actividad comienza a apoyarse en más medios y recursos que en el pasado,
ya no solo se imparte en las entidades de formación, sino también en
las empresas y a través de los más diversos ámbitos de la vida social
y cultural, lo cual viene a constituir una suerte de tejido social y
económico del cual no conviene que quede excluida la parte sindical;
dos, que buena parte de las decisiones comienzan a tomarse en el plano
individual o privado, y en este sentido los sindicatos están llamados
a cumplir un rol de información y orientación que ayude a los trabajadores
a situarse y decidir en contextos crecientemente complejos.
Tercero, esta relevancia de la formación se concreta tanto a nivel
de las grandes políticas como en el de la vida cotidiana de las personas.
Los trabajadores saben que su empleabilidad y la de sus hijos está en
directa relación con los niveles y calidad de la formación adquirida.
Ella se transforma entonces en una demanda creciente para la dirigencia
sindical, y si ellas no dan respuesta a este reclamo, los trabajadores
buscarán formarse por la vía que sea: Estado, empresas, academias, etc.
¿Cómo podrían entonces los sindicatos prescindir de tamaño desafío?
Cuarto, como ya se ha dicho, la formación ha pasado a ser parte fundamental
de las políticas de empleo, de desarrollo tecnológico, de incremento
de la productividad y mejoramiento de la competitividad. Los sindicatos
luchan por la creación de más puestos de trabajo y, a la vez, por una
mayor calidad de ellos. Hablar hoy día de empleos dignos y de calidad,
es hablar de empleos para los que se requieren niveles cada vez más
altos de calificación. Lo contrario sería apostar a la informalidad
y la precarización.
La modernización en América Latina y el Caribe presenta hoy dos caras:
una progresiva, basada en la calificación, la calidad y estrategias
de competitividad de largo plazo y sobre bases genuinas; y otra, precaria,
informal y espuria, basada en bajos salarios, desregulación laboral
y la depredación de los recursos naturales. Los sindicatos apuestan
decididamente por el primer tipo de modernización y procuran, por diversos
medios, hacerse de las herramientas necesarias para fortalecerla. En
tal panorama, entender de formación y actuar en ella, es ineludible.
Quinto, la formación es un campo particularmente propicio para el desarrollo
y fortalecimiento del diálogo social. Y cuando se dice diálogo social,
se dice fortalecimiento de la democracia y de las posibilidades de ejercicio
pleno de la ciudadanía.
Resulta un dato de la realidad que el actor sindical se encuentra hoy
en una situación de debilidad relativa. Ello se debe tanto a los cambios
anotados en su base de representación, como por el hecho de que los
márgenes de acción para incidir decisivamente a nivel de la economía
se vienen reduciendo drásticamente. Esto ha llevado a que muchos sindicatos
en la región y en el mundo, no hayan tenido más opción que adoptar posturas
defensivas que han sido, las más de las veces, derrotadas. El problema
del empleo es, a este respecto, particularmente dramático: no pocos
sindicatos se han visto obligados a renunciar a conquistas históricas
en materia de derechos y salario con el fin de intentar defender las
fuentes de trabajo en franca reducción.
Dialogar y negociar en tales condiciones de debilidad merma las posibilidades
de plasmar un diálogo social efectivo, sustentable y equitativo. En
tal sentido, la formación aparece como uno de los últimos espacios donde
los sindicatos pueden aún sentarse a negociar en condiciones de igualdad.
Aun cuando puedan estar guiados por intereses diferentes, lo cierto
es que el campo de la formación es particularmente fértil para el establecimiento
de acuerdos entre empresarios y trabajadores. Es, también, una herramienta
fundamental -más cuando ellas escasean- para que los sindicatos logren
incidir de forma decisiva en la vida de las empresas y en las decisiones
sobre política económica y social.
Sexto, desde la perspectiva de la formación, el aporte del punto de
vista sindical resulta necesario, útil y beneficioso. A la formación
le ocurre lo mismo que a la tecnología (en realidad ella misma es parte
del proceso de transferencia de tecnología a las empresas y a los trabajadores):
no es ni buena ni mala en sí misma, no está -a priori- al servicio de
unos intereses o de otros. La formación posee la virtud de aportar a
objetivos diversos, algunos tradicionalmente asociados a la visión empresarial,
y otros más cercanos a la de los sindicatos. Sirve para incrementar
la productividad y la competitividad, y puede ser también una herramienta
al servicio de la igualdad de oportunidades, la cohesión y la integración
social. La ausencia del aporte sindical en la gestión de la formación,
inevitablemente habrá de producir sesgos que repercutirán negativamente
en la concreción de objetivos que, por su propia naturaleza, son patrimonio
de la sociedad toda.
En este número del Boletín Técnico Cinterfor/OIT, hemos querido dar
cuenta de los múltiples esfuerzos, tanto a nivel de desarrollo conceptual
como de la propia acción de los sindicatos, que éstos vienen realizando
a nivel de América Latina, el Caribe y la Unión Europea.
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