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Fecha de actualización:
15/10/2008

 

Pobreza, Crecimiento y Formación en América Latina y el Caribe

VI. Lecciones aprendidas

Las transformaciones institucionales en el campo de la formación profesional en América Latina y el Caribe han estado marcadas por un doble carácter de estar simultáneamente vinculadas a objetivos de tipo económico y de tipo social. Desde su origen, la formación profesional fue un instrumento que contribuyó tanto al desarrollo productivo como a promover la integración y cohesión de las sociedades.

En el pasado, las políticas sociales de formación profesional se apoyaron fundamentalmente en las IFP. La experiencia acumulada por éstas en la atención a los sectores en desventaja, más el mandato recibido desde los gobiernos, hicieron posible que se constituyesen en los primeros organismos públicos sectoriales a ser convocados para la promoción de las políticas sociales formuladas para lograr la equidad y superar la pobreza, a través de un esfuerzo educativo.

El surgimiento de nuevos enfoques en materia de políticas de formación profesional, especialmente aquellas dirigidas a los sectores más desfavorecidos, se corresponde con cambios en las concepciones acerca del papel del Estado, reservándole un papel subsidiario, de corrección mediante instrumentos focalizados en poblaciones o sectores específicos de los sesgos e inequidades que resultan del funcionamiento defectuoso de los mecanismos del mercado de la formación y capacitación.

A lo anterior contribuyeron, también, fenómenos tales como el crecimiento del sector informal, las secuelas sociales de las políticas de ajuste económico, y la aparición del desempleo abierto de larga duración. Frente a esta problemática más compleja, la antigua institucionalidad terminó revelando carencias tanto en términos de cobertura como de flexibilidad y pertinencia de su oferta formativa.

Por contraposición a las políticas clásicas, el nuevo enfoque se caracterizó por la preferencia por proyectos y programas focalizados en lugar de las pretensiones universalistas. La función ejecutora fue confiada fundamentalmente a la oferta privada y no gubernamental, que se desarrolla en buena medida con base en este mismo estímulo-. Además se adoptaron criterios de orientación por la demanda y se instaló una nueva y más perfeccionada cultura de la evaluación de las acciones formativas.

Los Ministerios de Trabajo asumieron un papel preponderante en el diseño, implementación y gestión de las nuevas políticas. En algunos países, la mutación institucional fue prácticamente total, mientras que en otros se asiste a una convivencia de la antigua y la nueva institucionalidad. En los casos en que las antiguas IFP lograron sobrevivir, esto fue posible gracias a profundos procesos de transformación institucional guiados, como siempre, por imperativos económicos, productivos y tecnológicos, pero también sociales. Al mismo tiempo, durante los últimos años se asiste a una retirada de varios Ministerios de Educación en el campo de la formación profesional.

La aplicación del nuevo tipo de política social en la formación profesional, permite hoy realizar un balance que contiene aspectos positivos pero también carencias de importancia. Se enumeran a contuación algunos de estos aspectos.

  1. De una parte, las nuevas políticas sociales han permitido expandir la oferta y, en algunos casos, decantarla con base en criterios de calidad. Han abierto espacios para una participación más activa de los actores sociales, tanto en la gestión como en el financiamiento y la ejecución de la formación profesional. Han instalado una cultura de la evaluación que se ocupa más de los logros en materia de salidas ocupacionales que de las estadísticas de acciones realizadas. Y fundamentalmente han sido una presencia crítica y removedora que alentó la innovación y transformación de la gestión de las IFP.
  2. De otra parte, la institucionalidad creada en torno a los Ministerios de Trabajo se ha revelado como frágil. Existe poca capacidad para invertir a mediano y largo plazo en investigación y desarrollo curricular, materiales y recursos didácticos, articulación entre formación y tecnología, formación de formadores, etc. La ejecución de acciones formativas se apoya en un universo de agentes formativos que posee tendencia a la fragmentación y la dispersión, sin capacidad de actuar estratégicamente y con dificultades para la acumulación de conocimientos. Ante el desafío de construir sistemas de formación que posibiliten a todas personas una formación permanente, no ha sido posible conciliar el carácter inmediatista de muchas acciones con itinerarios formativos de más larga duración.
  3. La mayores oportunidades surgen necesariamente de la búsqueda de complementación de esfuerzos, recursos y conocimientos, entre espacios institucionales y actores diversos. La experiencia en este sentido no es abundante y, las más de las veces, cada institucionalidad ha terminado actuando a espaldas de la otra.
  4. Lo que ha sido difícil de concretar en el plano de las políticas generales, encuentra sin embargo espacio para manifestarse a nivel de diversas experiencias concretas. IFP que adoptan nuevos criterios metodológicos y una propuesta curricular más flexible para atender a los sectores de pobreza, sindicatos que gestionan programas financiados por fondos públicos y establecen acuerdos operativos con IFP, espacios de gestión tripartita de la formación administrando programas dirigidos a jóvenes, mujeres, microempresas y trabajadores rurales. Institucionalidades emergentes y aún débiles, pero que constituyen un espacio de aprendizaje en común para actores con tradiciones, puntos de vista e intereses diversos.
  5. El vínculo manifiesto de la formación con los sistemas de relaciones laborales revela que ella se ha transformado en objeto de negociación y concertación. Tanto por el peso que adquiere el factor conocimiento dentro de los procesos productivos, como por su relación con temas tales como empleo, salario, productividad, legislación del trabajo, calidad, seguridad e higiene, etc. Que esta situación motive un interés y participación más activos que en el pasado de parte de empresarios y trabajadores no puede resultar extraño. Pero dicho involucramiento está posibilitado en gran medida por la capacidad de organización y representación de sus intereses que estos actores tienen.
  6. La atención a los grupos en situación de pobreza pasa entonces por estrategias que contemplen más que la simple oferta de cursos, por bien diseñados y promocionados que ellos estén. Para que estas estrategias puedan aspirar a un éxito y sustentabilidad razonables, deben posibilitar también la transformación de estos grupos en actores con capacidad de organización, de representar y defender sus intereses; en definitiva, transformarse en protagonistas y responsables de su propio desarrollo.
  7. En el campo de las IFP se vienen registrando importantes avances en dimensiones tales como la articulación de la formación con los procesos de innovación, desarrollo y transferencia de tecnología, el aseguramiento de estándares de calidad en los procesos de gestión, administración y ejecución de acciones formativas, en el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la formación (multimediales, a distancia, móviles o virtuales), y en la actualización de los contenidos a las transformaciones productivas y tecnológicas. Con diferencias en su grado de desarrollo, las IFP están logrando que la región no esté ausente de los desarrollos más modernos en materia de formación.
  8. Un desafío de gran envergadura, entonces, es que las políticas de formación no se constituyan en factores adicionales de segmentación, mediante mecanismos diferenciales o inequitativos de acceso al conocimiento. Superar este reto pasa necesariamente por una articulación institucional y un acercamiento a la complementación entre los diversos enfoques de políticas de formación. Al margen de que existan acciones inmediatas para situaciones urgentes, los sectores en condición de pobreza merecen tener caminos que les permitan acceder a una formación moderna.

 

Lectura complementaria

(Índice)  (Introducción)  (La formación profesional:entre las políticas productivas y la política social)  (Los cambios en la geografía socioeconómica y su correlato en la institucionalidad de la formación profesional)   (¿Paradigmas en competencia?)  (Implicaciones de las transformaciones institucionales para los actores de la formación profesional)  (Formación y pobreza: rasgos sobresalientes de las experiencias más innovadoras)  (Lecciones aprendidas)

 

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