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Fecha de actualización:
12/09/2008

 

 

ISO 9000:2000 en la educación mexicana. Vicente Oria Razo. SEP: México, mayo de 2003

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Introducción

El contenido de este libro, ISO 9000:2000 en la Educación Mexicana, está dirigido a todos los que participamos en esos procesos tan fundamentales
para el desarrollo del país. Maestros, alumnos, padres de familia, empresarios, sindicatos de obreros y empleados y toda organización pública y privada. Todos jugamos un papel en esta gran tarea nacional.

En el presente volumen se reúnen los textos de conferencias, ensayos y artículos periodísticos que desde hace 25 años se han venido dictando en diferentes foros y publicando en revistas y diarios del país. Su contenido está orientado hacia los propósitos de divulgar información, criterios y opiniones sobre sistemas modernos de calidad y la tradición pedagógica mexicana.

La educación de y para la calidad se da solamente cuando las partes interesadas se comprometen y asumen su propia responsabilidad. Es muy fácil, en ocasiones, arrojar reproches a los maestros, en otras a los alumnos y en otras más al gobierno. Estas son visiones carentes de objetividad. La calidad se ha de generar en cada escuela, con la experiencia, la información y el compromiso de su comunidad. La calidad no se importa ni se establece por orden superior. Tampoco se puede calcar o recoger de un tratado o videograma. La calidad es el producto del ingenio creador de quienes laboran en un centro de trabajo. El modelo de calidad en cada escuela debe surgir de los conocimientos y las experiencias de su personal directivo, docente y administrativo.

Para entender correctamente el significado del término calidad, en el texto se explica brevemente el desarrollo de la filosofía de la calidad total y las experiencias en que se sustentó la formulación de las normas y sistemas de calidad ISO 9000. Asimismo, es importante señalar que el gran movimiento para establecer sistemas de gestión y aseguramiento de la calidad se ha extendido a los ámbitos de la vida de las naciones y que en muchas partes del mundo los servicios públicos certifican su calidad en ISO 9000, actualmente en su versión 2000.

En los primeros capítulos se explican los sistemas, normas, principios, guías y esquemas de calidad, así como los procesos y procedimientos en la escuela y las experiencias educativas mexicanas. Al respecto es interesante citar el caso de la maestra Amelia, de la escuela Felipe Carrillo Puerto de Torreón, Coahuila, quien de manera intuitiva y empíricamente había establecido hace 40 años, un sistema ISO 9000 antes de que éste se formulara. La maestra planeaba su trabajo, hacía lo que había planeado y dejaba huella y testimonio de ello. Los resultados eran asombrosos. No tenía alumnos desertores ni reprobados y todos alcanzaban un alto aprovechamiento escolar.

En los capítulos siguientes a los del ISO 9000, el libro se orienta hacia los propósitos de explicar el valor de la educación en el desarrollo nacional para darle un rostro humano. El tema es actual porque en el mundo y en el país la demanda principal para las escuelas es la calidad. Desde hace dos decenios, uno de los objetivos prioritarios en todos los planes y programas del sector educativo es el de elevar los niveles de calidad de la educación. El problema se ha abordado de diferentes maneras. Una de ellas es la de organizar cursos y centros de actualización y superación profesional del magisterio.

Ello es positivo pero no decisivo para garantizar la calidad educativa. Al respecto, conviene citar una receta para la calidad del servicio educativo que formuló en el siglo pasado el eminente educador Carlos A. Carrillo. Afirmaba que para ser buen maestro se requiere una onza de conocimiento de lo que se va a enseñar; dos onzas de buen método para enseñar y siete de buena organización del trabajo escolar. Todo mézclese con 10 onzas de emoción y cariño por las tareas a enseñar.

Hasta hoy se han tratado de introducir al sistema educativo las tres onzas de conocimiento de la materia y el buen método para enseñar, pero han faltado y siguen faltando las otras 17 onzas de buena organización de la calidad de la enseñanza y de emoción en el compromiso de educar.

Son muchos los problemas de la educación que no se han superado, pero el más grave de todos es la evidente falta de fe y de emoción en el poder transformador de la educación. Don Jesús Reyes Heroles, cuando fue titular de la SEP, consideró que una tarea fundamental en el sector educativo es lograr que vuelva esta emoción, este entusiasmo, este phatos, por hoy ausente, con la conciencia de que en la educación se juega nada menos que el destino de México.

El patriarca de la escuela rural mexicana, don Rafael Ramírez, uno de los gigantes en la historia de la educación mexicana, llegó a decir que muchos de los que prestan sus servicios en el campo educacional carecen en absoluto de una teoría general filosófica acerca de sus tareas. Realizan su trabajo mecánicamente para cobrar un sueldo, pero ignoran el significado de lo que hacen.

Para superar la crisis de la educación, modernizarla y elevar su calidad, es necesario crear en todas las escuelas un orden de trabajo y un ambiente de laboriosidad. Pero ello sólo se consigue con la voluntad favorable y la mística de servicio del maestro. No es posible organizar un trabajo creador y fructífero cuando faltan la fe, la emoción, la ideología, la mística, ese phatos al que se refería don Jesús Reyes Heroles.

Todo el contenido de este volumen apunta hacia el objetivo de levantar el interés y el entusiasmo de quienes laboran en el sector de la educación en ofrecer servicios educativos de calidad para desarrollar en nuestro país una sociedad más competitiva frente al complejo mundo de nuestra época. Hoy, en el interior del país y en la vida internacional se compite con la calidad de los bienes y servicios que se ofrecen. Pero esa calidad es obra de los seres humanos. Y las mujeres y los hombres de calidad se forman en los centros escolares.

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