Encrucijadas, Revista de la
Universidad de Buenos Aires. Número especial dedicado al tema "Empleo y
desocupación. Recuerdos del trabajo". Buenos Aires, año 2 número 4, mayo de 1996.
(Año 7 N°2, Diciembre 1996, p.23)
Este número de la revista está dedicado al
tema del empleo y la desocupación. Su introducción señala que, dadas las dimensiones
que la desocupación ha alcanzado en la Argentina, ya no se la puede considerar un
problema que afecta sólo a un determinado sector social. Por el contrario, la carencia
generalizada de empleo y su continuidad en el tiempo introducen modificaciones en las
pautas culturales, generan desequilibrios personales y familiares, dan lugar a exclusión
social, y debilitan las condiciones laborales de quienes aún permanecen dentro del
mercado de trabajo.
El reconocimiento de la multiplicidad de
factores que intervienen en la reducción y precarización del mercado de trabajo obliga a
pensar sobre las estrategias de resolución de forma multisectorial. Los artículos
incluidos en esta publicación responden a esta premisa.
Héctor Palomino y Jorge Schvarzer abren el
debate con un recorrido histórico por las décadas de "pleno empleo" hasta
llegar a la situación de colapso actual, con índices inéditos de desocupación, y
analizan, particularmente, el fenómeno del cuentapropismo. El Ministro de Trabajo,
Armando Caro Figueroa, explica la apuesta central del Gobierno de reformular las reglas
generales del mercado de trabajo para enfrentar el desempleo. Adriana Marshall analiza la
modificación de la legislación laboral y el impacto que ha tenido sobre el nivel de
ocupación. Marta Novick aborda el papel de los sindicatos frente a la crisis, mientras
que Bernardo Kliksberg analiza el vínculo entre pobreza y desocupación en América
Latina. Seguidamente, Alejandro Rofman analiza el impacto del desempleo en la perspectiva
de las economías provinciales; Javier Lindenboim, el crecimiento del sector de
trabajadores precarios; Susana Hintze, la exclusión y vulnerabilidad social derivadas de
la desocupación; Aldo Schlemenson, la profunda crisis personal de quienes quedan fuera
del mercado de trabajo; Alicia Gershanik y Hugo Mercer, los impactos sobre la salud.
Por último, tres artículos abordan
temáticas vinculadas a la calificación y su relación con el mundo del trabajo. Dora
Barrancos trata la cuestión de la formación técnica y tecnológica de las mujeres,
señalando que la falta de oportunidades de calificación técnica y tecnológica es una
de las mayores trabas para la participación femenina en la producción, y que los
importantes cambios que se produjeron en las últimas décadas no alcanzan para revertir
este cuadro. La calificación constituye un derecho de las demandantes de puestos de
trabajo, así como una posibilidad de mejorar la producción y elevar los rendimientos por
parte de los oferentes de puestos de trabajo. Deben realizarse modificaciones en materia
de sistemas formativos, reconociendo que la educación técnica y tecnológica para las
mujeres no resulta de una mera aplicación de los planes generales existentes, sino que la
óptica del género debe incorporarse constitutivamente a sus objetivos y realzar los
procesos pedagógicos. Estas modificaciones deben ser acompañadas por nuevas reglas en el
mercado laboral.
María A. Gallart aborda la relación
necesaria entre capacitación, educación y empleo, señalando que la correcta
articulación entre educación formal general y capacitación para el trabajo con las
necesidades del mercado laboral no resuelve la desocupación, pero actúa sobre ella en,
por lo menos, dos aspectos: permite una respuesta más rápida a las demandas de personal
calificado y contribuye a evitar la conformación de núcleos de desempleados de largo
plazo.
Señala que los chicos que están hoy en día
en la escuela cambiarán varias veces de ocupación y se desempeñarán en organizaciones
muy distintas de las fábricas de las últimas décadas; pero, en todos los casos,
tendrán que manejar un nivel alto de incertidumbre, obtener y procesar información para
tomar decisiones y, muchos de ellos, emplear tecnologías recientes.
La necesidad de un conocimiento compartido
para actuar y ser productivo frente a los cambios tecnológicos y organizacionales, y como
condición de la ciudadanía, se unen para revalorizar la función de la formación
profesional. La misma debe estar focalizada en familias específicas de ocupaciones en el
mundo del trabajo, integrando las competencias, como comportamientos efectivos, con las
habilidades necesarias para el desempeño de las tareas ocupacionales.
Alcira Argumedo aborda el impacto de la
revolución científico-técnica, señalando que junto con otros cambios de magnitud,
impone el conocimiento como el nuevo recurso estratégico que ha de definir el papel de
los distintos países y regiones en el futuro, lo que otorga una importancia central a las
universidades.
Refiere que se calcula que, en no más de
diez años, el 95 por ciento de las tareas normales de una sociedad van a requerir un
mínimo de educación de 10 a 12 años, con un promedio de ocho horas diarias de estudio.
En este contexto, la consolidación de universidades de excelencia y de masas es uno de
los requisitos técnico-económicos para poder desarrollar los nuevos patrones productivos
y de servicios.