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Fecha de actualización:
21/07/2009

 

 

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Básica, Revista de la Escuela y del Maestro, 2(7), septiembre-octubre de 1995. Publicada por la Fundación SNTE para la Cultura del Maestro Mexicano, México DF. (Año 7 N°2, Diciembre 1996, p.24)

 

Este número de la revista dedica su sección central, denominada "Cuarto de máquinas" a la formación para el trabajo. Su editorial, preparado por María de Ibarrola, destaca los grandes cambios a los que estamos asistiendo en este final de siglo, entre los cuales sobresalen los de la producción económica. Estos cambios plantean nuevas exigencias a la educación de la población, en lo que se refiere a: a) el papel otorgado al conocimiento en el desarrollo económico; b) el concepto y contenidos de la formación para el trabajo; c) el papel predominante que desempeñan las instituciones escolares y su organización en la eficiencia y calidad de la formación para el trabajo, unido a la coresponsabilidad del sector laboral en ello.

Si bien se reconoce que el papel determinante de la tecnología en la productividad económica actual hizo evidente que el conocimiento es el factor educativo específico que permitirá contribuir al desarrollo económico, y que la tecnología invade todos los ámbitos de la vida cotidiana y alcanza a todos los sectores de la población, también se observa que no sucede lo mismo con su dominio, por lo que su generalización entre todos los miembros de la población de un país es el gran desafío. La escuela, como principal institución procesadora del conocimiento y poseedora de un mayor alcance social, recupera con esto un papel prioritario.

Al respecto, la autora destaca que la profunda desigualdad estructural que se da en las oportunidades de acceso al trabajo entre países y al interior de los mismos, genera dudas y cuestionamientos respecto de las relaciones que se podrán establecer entre la educación y el acceso al trabajo. En efecto, los principios pedagógicos proponen una nueva educación básica obligatoria, más prolongada, generalizada, sólida, desarrolladora de capacidades y centrada en la democratización del conocimiento, mientras que el sistema económico se perfila cada vez más como una estructura excluyente, exigente de conocimientos complejos, pero sólo como equipamiento personal para una feroz competitividad de cuyo resultado aceptará a unos pocos.

Hay que redefinir, entonces, el planteamiento con el que se debe enfocar la contribución de la educación a la solución del problema económico fundamental: no se trata de adaptar a toda costa a las nuevas generaciones a las exigencias de un mundo laboral que por naturaleza excluirá a una buena parte de la población, sino de prepararlas para construir socialmente oportunidades de trabajo que permitan a todos generar las condiciones de vida confiables y dignas y los medios para lograr una distribución justa, democrática y equitativa de los beneficios del desarrollo.

En segundo lugar se presenta el artículo "Educación básica y formación para el trabajo" en el que María A. Gallart plantea que, en el nuevo contexto social y productivo, los alumnos que hoy están en las escuelas ingresarán a un mercado de trabajo en el que deberán manejar un nivel alto de incertidumbre, obtener y procesar información para tomar decisiones y, en muchos casos, emplear tecnologías recientes. Ante esto, la formación profesional tradicional no basta; es necesario que los futuros trabajadores adquieran las competencias básicas que les permitan aprender y recapacitarse cuando les sea necesario.

Al respecto destaca la importancia de las denominadas competencias de empleabilidad, es decir aquellas necesarias para conseguir empleo en un mercado moderno y para poder capacitarse posteriormente. Entre ellas se encuentran las llamadas fundacionales: capacidad de expresión, de aplicar la matemática a problemas concretos y resolverlos, la capacidad de pensar. Además de éstas es posible enumerar una serie de competencias más específicas, tales como la habilidad para el manejo de recursos, de trabajar en equipo, enseñar y aprender, de manejar información, entre otras. Es importante que toda la población adquiera esas competencias de empleabilidad, tanto por razones de equidad, para evitar la marginación, como por razones de productividad, para que la fuerza laboral pueda recapacitarse de acuerdo con los cambios y las nuevas oportunidades.

Esta situación plantea dos interrogantes. El primero es saber para quiénes son importantes estas competencias; al respecto, los estudios sobre historias de vida de trabajadores de los sectores formales e informales muestran que si bien la importancia de cada una de estas competencias es diferente en cada sector, todas ellas son relevantes en ambos.

El segundo se refiere a la manera de desarrollar estas competencias en las escuelas tal cual son hoy en día y con los planes de estudio actuales. Al respecto se sostiene que, dado que una competencia implica la capacidad de actuar aplicando saberes, hay tres condiciones del aprendizaje que resultan claves: la transversalidad que asegure que los saberes se apoyan unos a otros y se cruzan en la aplicación a problemas reales; el intercambio continuo entre la escuela y la vida cotidiana (la realidad extraescolar, el mundo del trabajo); que en los problemas que se manejen en clase entren elementos de incertidumbre, sea como variables desconocidas o difíciles de aprehender, sea como métodos a elegir o descubrir.

Para finalizar, la autora reafirma la importancia de la enseñanza básica para formar a los trabajadores, dado que en América Latina es la única institución que está en todos lados; es el único nivel educativo al que tiene acceso la mayoría de la población; y para muchos niños será el ciclo terminal de estudios.

María G. Díaz Tepepa es la autora del tercer trabajo, "Una estrategia de alternancia para fortalecer el bienestar familiar y comunitario", que presenta una experiencia de alternancia educación-producción en escuelas de la Sierra Norte Oriental del Estado de Puebla, poniendo énfasis en el desarrollo local. El planteamiento curricular de esta experiencia se traduce en la construcción de una "situación educativa" basado en un modelo agronómico alternativo que contempla la lucha por la autosubsistencia, la utilización de tecnologías locales, el respeto y preservación del equilibrio ambiental, la vocación y el potencial productivo de los grupos campesinos.

En ella la alternancia educación-producción se define como un vínculo entre dos lógicas: de enseñanza y de producción, tratando de articular los contenidos de la enseñanza con los ciclos productivos de los cultivos y de la crianza de animales, y de buscar los procedimientos más idóneos para la enseñanza y el aprendizaje de manufacturas. Señala al respecto que los talleres resultan ser la forma de enseñanza más conveniente para articular la capacitación y la producción, y que las rutinas de producción son un eje conductor de la capacitación, en tanto su lógica permite ordenarla.

Por último se presenta el trabajo "Lengua escrita y preparación para el trabajo: competencia comunicativa" de Judith Kalman. En el artículo, luego de plantear que la escuela tiene funciones mucho más amplias que formar para un puesto de trabajo, se analizan los alcances y limitaciones de las propuestas curriculares mexicanas para la enseñanza de la lengua, poniendo énfasis en la necesidad de implementar el abordaje de competencias comunicativas.

Señala que más que preguntarse cómo la escuela puede preparar al alumno para leer y escribir en el trabajo, se debería reflexionar acerca de cómo enseñar diferentes procesos comunicativos que involucren la lectura y la escritura y que puedan servir de experiencia al alumno para usarlos en diferentes contextos sociales. Esto significa ampliar y variar las experiencias de los educandos con la lengua escrita de tal manera que los prepare para participar en múltiples situaciones y contextos. En términos pedagógicos, esto implica desarrollar auténticas oportunidades de participación para los alumnos de todos los niveles.

 

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