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Fecha de actualización:
21/07/2009

 

 

Capacitación y empleo de jóvenes


Jacinto, Claudia y María Antonia Gallart (1998) Por una segunda oportunidad. La formación para el trabajo de jóvenes vulnerables. Montevideo: OIT-CINTERFOR y RET-Red Latinoamericana de Educación y Trabajo.

 

El problema de la exclusión social de los jóvenes en situación vulnerable es un tema dominante para la articulación entre educación y trabajo en América Latina. Quienes desertan de la escuela sólo tienen acceso a trabajos precarios, y en épocas de alta desocupación quedan fuera del mercado laboral. Un desafío de la educación consiste en satisfacer las necesidades de formación de esos sectores. Para responder a ello se constituyó, dentro del ámbito de la RET y como muestra de una constante inquietud de la misma, un grupo de trabajo integrado por investigadores especializados con el fin de realizar una sistematización de experiencias de capacitación de jóvenes pobres llevadas a cabo en una variedad de instituciones en distintos países de la Región. Se generaron así cuatro estudios de caso nacionales, tarea que se completó con la convocatoria a dos seminarios y la elaboración de otros documentos sobre temas pendientes considerados relevantes. Esta publicación incluye los textos seleccionados.

En la primera parte se exponen los resultados de los estudios nacionales abordados desde una perspectiva socio-pedagógica y organizacional; parten de una presentación del contexto del país, describen las experiencias seleccionadas y sacan conclusiones referentes a logros, limitaciones y sugerencias. Sólo se reseñan aquí algunos de los aspectos analizados. Así, el de la Argentina, a cargo de Claudia Jacinto, presenta trece programas con jóvenes urbanos y recomienda que las experiencias se enmarquen en un proyecto institucional que exceda la capacitación puntual y que posea una adecuada capacidad de gestión y de financiamiento. Destaca la relevancia de los roles del coordinador y del instructor, y caracteriza a las experiencias estudiadas, teniendo en cuenta la gestión institucional y curricular y su grado de articulación.

Javier Lasida, Jorge Ruétalo y Elcira Berruti, al presentar el caso del Uruguay, enfocan la formación de jóvenes pobres desde la esfera de la educación no formal. En las conclusiones se detienen en el problema de la falta de atención a las mujeres jóvenes y en la necesidad de focalizar realmente las iniciativas en la población con mayores riesgos de exclusión. Opinan que las experiencias analizadas han logrado desarrollar estrategias educativas flexibles y técnicamente rigurosas, pero a medida que se masifican pierden calidad y no mantienen una conexión sistemática con el mundo del trabajo. Recomiendan las acciones de seguimiento de los participantes.

Para analizar el caso de México, Enrique Pieck Gochicoa selecciona tres programas desarrollados por instituciones gubernamentales. Entre los temas pendientes, el autor destaca: la indagación de los subsegmentos de la población destinataria, la problemática del medio rural donde se registra la tendencia a que los jóvenes interrumpan sus estudios después de la primaria, el autoempleo y sus factores de éxito. Analiza la conveniencia de ampliar los alcances de la educación comunitaria y de la capacitación en el trabajo, y encara el tema de los procesos de aprendizaje, comparando el conocimiento oficial con un conocimiento operativo propio de los sectores de pobreza, el cual debe ser incentivado.

A diferencia del caso anterior, el estudio de Colombia, a cargo de Jaime Ramírez, se centra en iniciativas ejecutadas por ONGs y entidades educativas privadas. Llega a la conclusión de que los programas dirigidos por instituciones educativas convencionales tienden a seguir operando con criterios de oferta, mientras las ONGs innovadoras se centran más en la demanda; se percibe un alto grado de creatividad junto a buena dosis de improvisación, falta de claridad en los objetivos de las estrategias de intervención y carencia de sistemas de información de gestión, seguimiento y evaluación. Las experiencias más promisorias incorporan esquemas de formación-producción, tienen fuerte arraigo comunitario y crean para los jóvenes espacios sociales y afectivos.

Una segunda parte del libro incluye el conjunto de estudios sobre los temas relevantes indagados. Salvo un caso, fueron elaborados por los mismos autores de los documentos anteriores. En "Educación de adultos y formación para el trabajo en América Latina: incidencia y posibilidades en los sectores de pobreza", el investigador compara las ofertas realizadas en distintos países y reflexiona sobre la forma en que los programas de formación para el trabajo incorporan metodologías propias de la educación de adultos o de la educación popular. Se muestra la conveniencia de que el proceso pedagógico esté organizado a partir de la cultura y competencias cognitivas de los propios sujetos, tomando en cuenta el significado que tiene para ellos lo productivo.

En "Los programas de capacitación laboral del modelo Chile Joven en América Latina; una agenda para el seguimiento", el autor indica como factor de éxito que el proyecto se incluya en procesos institucionales amplios que comprometan a todos los sectores alrededor de políticas públicas consistentes e integrales de formación de recursos humanos y de lucha contra la pobreza. Debe además contar con una administración competente, capaz de dar coherencia, continuidad e integralidad a su estrategia de intervención y de realizar sistemáticamente tareas de seguimiento y ajuste que eviten la rutina y la rigidez.

Un documento sobre "La formación y la vinculación directa de los jóvenes con el mundo del trabajo" aborda un estudio comparativo en el Uruguay sobre el modo en que las experiencias de capacitación desarrollan metodologías de acompañamiento para la inserción laboral de los participantes. Después de describir las estrategias desplegadas durante la capacitación, tales como orientación vocacional, pasantías, escuelas de alternancia a nivel rural, el énfasis se pone en el apoyo a la inserción ocupacional posterior, y la manera en que los resultados de las vinculaciones influyen en la evaluación y el rediseño de la formación.

Luis E. Hidalgo y Carmen Espinoza Miranda son los autores de un trabajo acerca de "La capacitación de jóvenes y el desarrollo local en Chile". Partiendo del municipio como espacio de articulación social y económica, analizan los programas de apoyo al desarrollo local y describen experiencias de formación de líderes juveniles. La capacitación de jóvenes debe encararse como un proceso que active sus potencialidades constituyéndolos en sujetos de su propio desarrollo, y como factor de transformación de un entorno donde interactúan las instituciones municipales, los sistema educativos, los propios jóvenes y sus familias.

Un último documento procura avanzar en el concepto de calidad de las experiencias, atendiendo a la heterogeneidad de los contextos y de las poblaciones. Al respecto, señalan que a la eficacia y la eficiencia deben sumarse la pertinencia, en relación a los requerimientos de habilidades y competencias en el mundo laboral, y la relevancia, en relación a las expectativas y necesidades de los propios jóvenes; pero además, por tratarse de poblaciones con difíciles condiciones de vida y capitales culturales y sociales muy vulnerables, también debe incluirse la integralidad como otra dimensión de la calidad.

La Introducción del libro incluye un documento realizado por Claudia Jacinto junto con los tres autores uruguayos, a manera de síntesis del conjunto de estudios. Señalan que un objetivo esencial de las iniciativas analizadas es el logro de la ciudadanía plena además de mejorar la situación educativa y laboral de los jóvenes más vulnerables, entre ellos: los desempleados de bajos niveles educativos formales, los inactivos, las mujeres adolescentes, los pertenecientes a poblaciones rurales o indígenas y los chicos de la calle. Es recurrente el tema de la integralidad de la formación lo cual incluye: un enfoque global que permita el reforzamiento de competencias básicas y orientación socio-laboral y educativa; la articulación de acciones de formación técnica con actividades de otra índole (expresivas, deportivas, culturales); la organización secuenciada de las acciones de menor a mayor nivel de complejidad; y el desarrollo de capacidades amplias y transferibles. En cuanto a las estrategias predominantes, los autores indican la diversificación de la oferta y el surgimiento de nuevos actores en la formación, ocupando un lugar relevante las ONGs con financiamiento estatal, lo que introduce inusuales reglas de juego tales como participación en licitaciones y mecanismos exhaustivos de evaluación. En este contexto, tienen mejores posibilidades las organizaciones con diversidad de programas, con un vasto proyecto institucional, con articulaciones horizontales y verticales que aseguran su sustentabilidad y el mayor impacto, y las que mantienen la vinculación con los destinatarios después de la capacitación. Se destaca también que las experiencias analizadas realizan un aporte a la empleabilidad de los jóvenes pues, más allá de los distintos niveles de calidad en la formación técnica, aportan sustantivamente a la autoestima y a la participación social de los excluidos.

En la presentación de este volumen, María A. Gallart se detiene en los temas no suficientemente profundizados todavía, señalando una serie de desafíos para la formación de jóvenes vulnerables: la adecuada focalización de las ofertas; la capacitación destinada a la población femenina en situación de riesgo; la vinculación de la formación de las habilidades básicas de lectoescritura y matemática con el aprendizaje práctico; una articulación eficiente con el mundo del trabajo que logre evitar la repetición de los ciclos de exclusión; la ampliación de la oferta de especialidades; la sistematización de esfuerzos en la elaboración de materiales didácticos específicos para la población en cuestión; y finalmente la importancia de que los programas instrumenten una adecuada autoevaluación.

 

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