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Articulación formación - empresas Céreq Centre dÉtudes et de Recherches sur les Qualifications (1996) De la promotion sociale à la formation tout au long de la vie. Marsella
Este documento recoge las principales contribuciones del coloquio sobre la promoción social y la formación continua organizado en 1996 por el CNAM - Conservatorio Nacional de Artes y Oficios (Francia), conjuntamente con el Céreq. Se pusieron de relieve los siguientes temas: Nuevas trayectorias sociales y profesionales, y nuevas modalidades de la formación; Trayectos y formación: su sentido para los individuos y para las empresas; Consecuencias sobre la formación y su organización. El primer tema se desarrolla a partir de una realidad: gran cantidad de adultos sigue hoy su formación por propia iniciativa, con un fin profesional, personal o cultural, inscribiéndose o no en un recorrido de calificación; pero sus motivaciones y trayectorias profesionales no concuerdan con los dispositivos tradicionales de promoción social. Mientras los medios consagrados a la formación continua han aumentado en proporción considerable respondiendo a las necesidades de las empresas, la masa creciente de asalariados más móviles tienen poca oportunidad de acceder a ella. Las grandes transformaciones del mercado de trabajo se producen simultáneamente con un debilitamiento de los lazos entre formación y movilidad profesional ascendente. Al realizar un estudio sobre adultos que buscaban formación por iniciativa personal en diferentes instituciones, los autores constataron que sus motivaciones se han diversificado profundamente. En la línea de promoción más clásica, los individuos aspiran a un rango profesional elevado y el objetivo central de su inscripción en la formación es la obtención de un diploma. Otros planifican progresivamente su carrera y encaran la formación para ir logrando objetivos parciales. Muchos se dirigen a la formación por otros motivos: la decepción ante la actividad profesional deparada por el diploma inicial; la frustración después de una serie de fracasos y la esperanza de un recurso para encontrar un trabajo satisfactorio; como medio de inserción profesional o bien de un enriquecimiento profesional que sea garantía para el futuro. De modo que la formación ya no reviste, en la mayoría de los casos, la finalidad de una promoción social a la manera tradicional. En el debate sobre el tema, una de las intervenciones señala que el mundo profesional está constituido por la combinación de determinados segmentos del mercado de trabajo con determinados tipos de trayectorias y concepciones de la vida profesional. Hay mundos profesionales en expansión: el de la precariedad y el de las redes. Encontrar un empleo o estabilizarse en él pueden considerarse hoy en día como promoción social; en el mundo de las redes, muy extendido en el sector terciario, las relaciones y los diplomas permiten a los individuos reubicarse en caso de desocupación. Frente a ellos, el mundo de la empresa y el de los oficios se están reduciendo. Asistimos a una disminución del porcentaje de individuos que habiendo seguido una formación alcanzan un progreso jerárquico dentro de una empresa; y los recorridos ascendentes dentro de la formación en un oficio parecen bloqueados. Estos cuatro universos corresponden a antiguas segmentaciones en el seno de los asalariados, segmentaciones que han evolucionado mientras el modelo tradicional de formación no se ha adaptado suficientemente. El capítulo dedicado al sentido que tienen las trayectorias y la formación para los individuos y las empresas se inicia planteando la importancia de que la formación continua no sea un señuelo. El concepto de formación permanente surge de una retórica desarrollada por organismos internacionales o supranacionales, los cuales ven en términos a menudo líricos un mañana donde la economía del dinero será reemplazada por una economía del saber y del intercambio de saberes. Esta sociedad futura deberá ofrecer a todos la oportunidad del acceso al trabajo y de crecimiento y éxito personales, sobre la base de un proyecto humanista que ponga el desarrollo económico al servicio del hombre. Pero deberá ser también una sociedad de responsabilidad personal y no de "asistencia". Como bases estructurantes de referencia, el autor se detiene en el lugar que ocupan los diplomas y las competencias. Los primeros revisten especial importancia, particularmente en Francia, tanto en la formación inicial como en la continua, en parte bajo el impulso de los sindicatos que ven en ellos un medio de limitar la arbitrariedad de los empleadores. El concepto de competencia lleva a revisar el fundamento de las calificaciones y produce un movimiento hacia las exigencias requeridas expresadas en términos de capacidad de hacer, más que en términos de conocimientos. Se esbozan posteriormente dos salidas posibles: la reducción del tiempo de trabajo negociando espacios de formación y la constitución de redes de intercambio de saberes, las cuales harían accesible la educación-formación a una base fuertemente ampliada de población, apoyándose sobre las nuevas tecnologías de información y comunicación. Acerca del tercer gran tema, las consecuencias para la formación y su organización, se plantea que estaríamos en un período intermedio entre dos etapas: la de la promoción social de los años sesenta y la formación a lo largo de toda la vida, proyecto y utopía del siglo venidero. Se hace necesario interrogar a las instituciones de formación para abrir la "caja negra" de la promoción social actual, analizando las nuevas modalidades de la formación y la transformación de la oferta, y otorgando la debida relevancia a las relaciones entre formación inicial y continua. Proponen los autores un análisis de las modalidades de formación en varias etapas sucesivas partiendo de un hecho: los nuevos usos de la formación (transferibilidad de saberes, proyectos individuales, consideración de los problemas de migración de los individuos) son una respuesta a nuevas necesidades (evolución permanente, reconversión, utilización del tiempo libre, demandas de personas que ya tienen alto nivel de formación). Después de indagar acerca de los efectos de las transformaciones sobre los actores sociales implicados, su actividad y sus roles, acerca de las consecuencias sobre el sistema jurídico-institucional, la gestión y las fuentes de financiamiento de la formación continua y acerca de las prácticas pedagógicas y la certificación de las adquisiciones profesionales, se estará en condiciones de centrar la mira en las entidades dispensadoras de formación. Estas deberán experimentar profundas reestructuraciones: concentración y disminución de organismos, mejor gerencia de los recursos educativos, ductilidad en el análisis de las situaciones de trabajo, diagnósticos y métodos, proposición de trayectorias pertinentes y adaptables. Todo lo cual llevará a un cambio en la organización: reducción de la dimensión presencial, fácil acceso a lugares de consulta, mayor espacio para orientación, guía y evaluación, y la modificación del perfil de los formadores-facilitadores. Un último capítulo de la publicación obra a manera de síntesis de los temas analizados, centrándose en las dificultades y el porvenir de la formación continua. Se constata en primer lugar que el deterioro del mercado de empleo lleva a que no pueda disociarse la problemática de la promoción social de la problemática de la exclusión. Se ha modificado el concepto mismo de promoción social, la cual no puede ya concebirse como un movimiento lineal ni definitivo, y ha pasado a representar un progreso individual que puede producirse simultáneamente con la degradación social de otro asalariado. La nueva situación del mercado de trabajo acarrea al menos tres consecuencias sobre los trayectos profesionales. Aumenta su complejidad y precariedad pues requieren conocimientos ajustados de la realidad local, las ramas y las empresas; por otra parte, la interrupción del trabajo y de la relación con la empresa en época de desempleo supone un riesgo. En segundo lugar se detectan dificultades para el reconocimiento de la experiencia adquirida en la formación, por varios motivos: la pérdida del esquema tradicional según el cual a una escala progresiva de formación correspondía una escala paralela en las trayectorias de empleo; el valor social otorgado al diploma inicial; y la carencia de un sistema automático de reconocimiento. Una tercera consecuencia es el aumento de la presión sobre el trabajo propio (más horas ocupadas) o de los compañeros (incremento de sus obligaciones para reemplazar al que está en formación). Frente a los cambios en las relaciones con la situación de empleo, la formación debería acrecentar recursos tales como orientación personalizada, autoformación, formación en alternancia, trayectos individuales y modularización. Al referirse al financiamiento, se ponen de relieve las incertidumbres cuando se trata de formación por iniciativa privada. Con respecto a los actores, se afirma que las empresas tienen hoy un papel crucial facilitando la formación de sus empleados, cooperando con la financiación, el reconocimiento de los aprendizajes y el monitoreo de la evolución de los dispositivos de formación. Finalmente se expresa que el porvenir de la formación continua puede visualizarse desde dos perspectivas: unos la ven como una posible fuente de emancipación, como un derecho disponible para todos. Otros la ven como una obligación para individuos totalmente dominados por fuerzas socioeconómicas, como una variable de ajuste de los sistemas productivos. Cualquiera sea el panorama futuro, son indispensables una serie de modificaciones en el contexto donde se inscribe la formación, tales como la disminución del tiempo de trabajo y una organización laboral que le sea favorable.
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