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Gestión de la formación profesional Stern, D.; T. Bailey y D. Merritt (1996) School-to-work policy insights from recent international developments. Berkeley: National Center for Research in Vocational Education, University of California (supported by The Office of Vocational and Adult Education, U.S. Department of Education).
Este documento expone una de las tendencias más notorias en la evolución de los sistemas educativos de los países industrializados: la integración creciente entre la educación académica y la vocacional. Esta evolución es puesta en el marco de la transformación de las economías capitalistas en función de la búsqueda de mayores estándares de competitividad en los mercados mundiales. El trabajo está formado por seis secciones principales, de las cuales las dos primeras están dedicadas a describir los cambios operados en los sistemas productivos y sus implicancias para la educación en términos de tendencias generales. Las siguientes cuatro secciones están dedicadas, respectivamente, a cada uno de los procesos específicos de cambio y a las particularidades que estos cambios han adoptado, tanto en los países pioneros en implementarlos, como en los que los han seguido. En las nuevas condiciones de la producción, el logro de mejores posicionamientos en términos de competitividad va asociado a la incorporación de tecnologías que requieren de quienes han de emplearlas la capacidad de asimilar nuevos conocimientos, no necesariamente emparentados con el conjunto de calificaciones anteriormente adquiridas. Es en este sentido que se dice que las nuevas economías son intensivas en conocimientos, haciendo necesario un conjunto de transformaciones en los procesos de formación de la fuerza de trabajo. Sólo si la mano de obra alcanza niveles elevados de calidad y eficiencia tendrán lugar ganancias de productividad que redundarán en la conquista de mayores porciones de los mercados internos y externos. Tres son las características de los nuevos procesos de formación que destacan los autores: aprendizaje de por vida, fluidez en el mercado de trabajo (en el sentido de que los puestos tienden a ser temporarios y se diluyen las barreras entre diferentes ocupaciones) y autonomía del trabajador en tanto agente directo de la producción. En este contexto, los sistemas tradicionales de formación, basados en la división de tareas y "clientes" entre la educación vocacional y la académica, no proveen una preparación adecuada para las nuevas condiciones de trabajo. La educación vocacional demasiado focalizada en ocupaciones con futuro incierto corre el peligro de perder una de sus principales ventajas: el learning by doing. En la medida en que el rezago tecnológico de la escuela siga incrementándose (y eso es lo que permite augurar el actual clima de cambio) los egresados de la educación vocacional fracasarán en sus intentos por insertarse en el mundo del trabajo. La educación académica, por su parte, orientada a la preparación para carreras universitarias, ha mostrado deficiencias en cuanto a preparar a sus egresados para aplicar los conocimientos abstractos que dominan o para resolver problemas prácticos. La tendencia actual en los países industrializados de Europa y Asia, así como en Australia y algunas comunidades de Estados Unidos apunta a superar las distinciones entre los currícula vocacional y académico, en combinación con el aprendizaje basado en el trabajo, de modo de preparar a los alumnos y dejarles abierta la opción entre incorporarse a la fuerza de trabajo o acceder a la universidad o a mayores niveles de educación. Por otra parte, se menciona la falta de instituciones que procedan a dar formación sistemática a la fuerza de trabajo, como antes lo hacían los sistemas educativos basados en las calificaciones para ocupaciones específicas,. Ante tal ausencia, la opción más rentable para las firmas (más notoriamente las grandes) consiste en incorporar procesos de aprendizaje on line en el lugar de trabajo, de modo de reducir el costo de oportunidad de la capacitación y asegurar la no obsolescencia de los conocimientos adquiridos. La producción se organiza en equipos de trabajadores con habilidades complementarias, de modo de compartir experiencias y tender a la enseñanza mutua (modelo japonés). La rotación en los puestos de trabajo y la remuneración acorde a los resultados exhibidos en el dominio de cierta habilidad o capacidad de ejecutar una tarea, estimulan y recompensan el involucramiento personal y el interés de los trabajadores. Sin embargo, más allá de las recompensas materiales, los autores sostienen que el verdadero incentivo para que los trabajadores promuevan mejoras y soluciones proviene de la formación. Así es que los cambios en el proceso de trabajo exigen una contraparte en los sistemas educativos. En tal sentido, el documento señala que las políticas recientes en ciertos países industrializados (se mencionan a Australia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Dinamarca, Francia, Corea, España y Suecia), siguiendo a los que se identifica como los más exitosos en materia de formación profesional (Alemania, Suiza, Austria y Japón), han estado orientadas a implementar cuatro tipos de cambios:
En los países pioneros en implementar estos cambios (Alemania, Suiza, Austria y Japón) la evidencia indica que los jóvenes alcanzan elevados niveles académicos y pasan fácilmente al trabajo (estos países presentan tasas de desempleo entre jóvenes de 15 a 24 años relativamente bajas). Los empleadores han tenido una gran responsabilidad en su entrenamiento a través del sistema dual (en Alemania) y el entrenamiento extensivo de graduados recientes contratados por las empresas (en Japón). En materia de incorporar niveles más elevados de habilidades y conocimientos intelectuales a la educación vocacional, Francia ha implementado en 1986 diplomas secundarios vocacionales que dejan abierta al estudiante la posibilidad de acceder a diplomas técnicos de nivel superior o a la universidad, al tiempo que Alemania procura reforzar aún más los niveles académicos de los egresados de la escuela dual, permitiendo un pasaje más flexible a la universidad. Se busca terminar con el estigma de la educación vocacional como refugio de aquellos incapacitados para la academia, de modo que la educación vocacional deja de ser una alternativa a la académica, pasando a promovérsela. En la misma dirección operan las reformas implementadas en Gran Bretaña, Escocia, Holanda y Dinamarca: en todos estos casos las credenciales vocacionales han sido reformuladas de modo que sirvan para seguir un camino académico. No obstante, ningún país ha eliminado por completo la distinción entre educación vocacional y académica (y aquí identifican los autores una asignatura pendiente para la mayoría de los países). El documento es enfático en señalar que los restantes cambios enumerados son alcanzables sin necesidad de integrar la educación académica y la vocacional, lo cual dejaría sin resolver el que se identifica como el problema de fondo: la subsistencia de sistemas educativos que no preparen a los trabajadores para carreras ocupacionales signadas por el aprendizaje continuo. La implementación de prácticas educativas en establecimientos productivos que son parte integral de, u otorgan créditos para, la formación escolar es una consecuencia natural de las nuevas modalidades de la producción. Estas prácticas permiten unificar la certificación de competencias para asegurarles validez simultánea en los sistemas productivo y educativo. Se han identificado dos tipos básicos para desarrollar conocimientos y habilidades por medio del trabajo. El primero es el sistema de aprendices: estudiantes con características y prerrogativas de trabajadores, que son empleados en empresas como parte de la formación escolar (el modelo clásico es el de la escuela dual alemana, al tiempo que Gran Bretaña, España y Holanda han implementado modalidades de este tipo). El segundo tipo es en realidad la combinación de diversas modalidades, que tienen en común el exigir la realización de prácticas en empresas durante períodos más o menos largos, aunque en una relación menos formal que la del sistema de aprendices de la escuela dual. Estas modalidades están siendo implementadas en Francia, Corea, Suecia, Australia y los Estados Unidos. Otra modalidad que está alcanzando gran difusión es la de empresas basadas en la escuela que, usando y promoviendo la capacidad laboral de los estudiantes, se dedican a la producción de bienes y servicios para la venta. Dinamarca las ha usado como forma de expandir las plazas disponibles para capacitación y complementar los puestos en firmas. También se han registrado casos de esta modalidad en Gran Bretaña, Alemania, e incluso en Singapur, Malasia y Brasil. En consonancia con estos cambios, el rol de los empleadores se ha expandido a la planificación, implementación y monitoreo de los programas de formación. Una de las características distintivas del sistema alemán de aprendices fue siempre el alto grado de participación de los empleadores, característica que está siendo hoy replicada en Dinamarca, Holanda, Gran Bretaña y Australia. En conclusión, la convergencia de la educación vocacional y la académica se presenta como la condición necesaria para la reformulación exitosa de los sistemas educativos. Con ese horizonte, puede afirmarse que todavía ningún país ha llevado a cabo una reforma integral que asegure a sus trabajadores un pasaje continuo y no traumático entre los mundos de la educación y del trabajo.
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