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Fecha de actualización:
21/07/2009

 

 

Formación y trabajo en general


Salazar, Gabriel (1997) Capacitación, competitividad e innovación tecnológica en Chile (1976-1997). Lógicas sectoriales y perspectiva histórica. Santiago: CEPAL y GTZ. (Año 8 N°2, Diciembre 1997, p.3)

 

Este estudio, preparado en el marco del proyecto conjunto CEPAL/GTZ sobre "Políticas para mejorar la calidad eficiencia y la relevancia del entrenamiento profesional en América Latina y el Caribe", analiza las lógicas sectoriales frente a la formación de recursos humanos y la capacitación en Chile, específicamente el sistema nacional de capacitación (SNC) vigente desde fines de la década del setenta. Tras veinte años de funcionamiento, el SNC demuestra una performance insatisfactoria, lo cual ha generado un amplio debate que desembocó en el envío de un nuevo proyecto de ley sobre la materia al Congreso.

El estudio tiene como objetivo reconstituir y examinar las distintas lógicas sectoriales envueltas en la cuestión y en su situación actual, proponer un diagnóstico intersectorial y sugerir ciertas hipótesis explicativas del problema. Lo hace a partir de una revisión de la literatura y el material documental más relevante, y la realización de entrevistas a representantes significativos de los diversos actores involucrados. Analiza en primer lugar las lógicas sectoriales del Estado, los grandes empresarios, los medianos y pequeños, los trabajadores y sindicatos, y los intermediarios.

Con respecto al Estado, se informa que en 1976 el gobierno privatizó la responsabilidad gerencial y administrativa de los servicios nacionales de capacitación; el nuevo modelo transfirió la responsabilidad a las empresas y el financiamiento pasó a estar a cargo del Estado. En el nuevo SNC la organización de las actividades de capacitación se realiza en torno a las necesidades de desarrollo estratégico de las empresas y ya no en torno a las necesidades de desarrollo técnico-profesional del trabajador.

Sin embargo, la capacitación no es sólo una necesidad privada inherente a la lógica productiva de la empresa. También es una necesidad pública, inherente a la formación para el trabajo de las nuevas generaciones y a la incorporación de los sectores marginados del mercado laboral. La satisfacción de estas necesidades no es responsabilidad de las empresas sino del Estado, y se torna más crítica frente al desempleo y subempleo permanentes.

La operatoria del Estado ha establecido dos grandes ramales de acción. En uno se   subvenciona la demanda de capacitación acordada por las empresas. En el otro, se incentiva la oferta de los organismos técnicos de ejecución (OTEs) para formar e incrementar la movilidad laboral de los jóvenes en el extenso hemisferio laboral móvil, microempresarial e informal de la economía; aquí se inserta, entre otros, el programa Chile Joven. Las evaluaciones realizadas señalan que el primero, si bien ha incentivado la participación de la gran empresa, no ha logrado lo mismo con las menores. En cuanto al segundo, las evaluaciones del programa Chile Joven muestran que el mismo no genera una efectiva inserción laboral, y que capacita más en disciplina laboral que en competencias técnicas. 

La lógica de las grandes empresas está en relación directa con las tendencias productivas y organizativas actuales, y en ella la competitividad internacional tiene un lugar primordial. La subcontratación es una práctica generalizada en este marco. Si bien para estas grandes empresas la lógica de la productividad que es la única guía de toda capacitación, la generalización de los esquemas de subcontratación atenta contra la efectividad de dicha capacitación. Esto hace que si bien el SNC está centrado políticamente en la lógica de productividad de las empresas, no logre insertarse productivamente en ella. 
Con respecto a los medianos y pequeños empresarios, se señala que se encuentran frente a diversas dificultades, muchas de ellas provenientes del rol que deben asumir en las cadenas de subcontratación. Específicamente con respecto a la capacitación, su acceso al SNC es restringido, ya que éste se encuentra estructurado en función de las grandes empresas. También se reconoce que el grueso de la capacitación ofrecida para estas empresas se concentra en administración, computación e idiomas, estando los específicamente técnicos poco representados; en general, la utilidad de estos cursos es vista como baja y poco adecuada a sus necesidades específicas.

Desde la lógica de los trabajadores y sindicatos, la trayectoria histórica del SNC evidencia que los trabajadores no han demostrado mucho interés por acogerse a los beneficios que supuestamente les concede el sistema. Para los trabajadores, los factores que frenan su integración a la capacitación son la subcontratación, la flexibilidad del contrato laboral y la índole de la innovación tecnológica, en tanto la nueva lógica de   productividad de las empresas se ha articulado en una relación inversa con la lógica de desarrollo de los trabajadores. Tan inversa que, en muchos sentidos, la conveniencia de aquella se constituye a costa de erosionar los derechos sociales básicos de éstos. En este contexto, para los trabajadores parece más útil una formación profesional sólida que les permita eludir el fárrago de la movilidad transversal e insertarse por arriba, con peso propio, en el sistema laboral; pero este camino está bloqueado por los altos aranceles de la educación superior.

Por último, se aborda la lógica de los intermediarios, es decir, de las instituciones de capacitación que han surgido a partir de la nueva política de capacitación. Estos intermediarios poseen características y capacidades muy diferenciales, y atienden a sectores específicos de clientela. Las grandes organizaciones tienden a operar en el ámbito de la producción, a permanecer en los registros oficiales y a servir las   necesidades estratégicas de las grandes empresas. Las pequeñas instituciones de formación, en cambio, tienden a ganar licitaciones productivas de tipo marginal, a operar fuera de las redes oficiales, y preferentemente, en la capacitación social que administran los servicios públicos. Es decir que el mercado de capacitación ha producido no sólo dos estratos de organismos intermedios diferenciados por su escala de operación, sino una suerte de división de tareas (productivas versus de desarrollo social) que tienden a desenvolverse en direcciones contrarias. Esto revela que los objetivos estratégicos asignados a este mercado no están siendo alcanzados.

Luego de este análisis de la lógica de los distintos actores, el estudio señala que el tema de la capacitación ha sido presentado, en lo explícito, con referencia al interés general de Chile (desarrollo de la productividad y  competitividad) y del trabajador (formación y promoción profesional), y como una iniciativa estatal tendiente a promover la acción (eficiente) del empresario. Sin embargo, implícitamente se ha asumido una concepción ingenua de mercado, según la cual el SNC constituye un mercado sectorial engarzado al  sistema global de los mercados, cuya administración no está a cargo de una voluntad política sino de sus ajustes.

También señala temas ausentes como el escaso gasto social en investigación y desarrollo y su conexión con la innovación tecnológica, o el efecto perverso que ciertas técnicas de reingeniería tienen en la carrera profesional del trabajador, en el nivel socioeconómico del creciente número de trabajadores eventuales, y en la integración efectiva de todos los actores a un proceso nacional de desarrollo productivo y de innovación tecnológica local.

Un último apartado presenta una perspectiva histórica explicativa, donde se da cuenta de la incidencia que la incorporación directa de tecnología foránea tiene en la constitución de las situaciones problemáticas reconocidas en el texto. La inversión en investigación y desarrollo local podría ser la clave para resolver las problemáticas planteadas: mejorar la competitividad internacional, y la posición de sus recursos humanos.

 

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